[R-P] Mas de los cagatintas y picapleitos contra la ley anti-off shore

INFOR-MET rmermet en yahoo.com.ar
Mar Feb 22 05:15:11 MST 2005


Nielsen ascendió: Ahora es una especie de mezcla de
Franco y Peron, o sea, el demonio en persona...
Vale la pena ver como se ve la película, del otro lado
del mostrador... 
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La nueva regulación para las off shore, entre Kafka y
Orwell

Por Fabián Rodríguez Simón 
Para LA NACION

La resolución 02/05 de la Inspección General de
Justicia (IGJ), que prohíbe la actividad de sociedades
off shore en la Capital Federal, combina a Kafka con
Orwell, una ideología propia del franquismo de los 50
con un oportunismo demagógico desmesurado incluso para
los altos parámetros a que estamos habituados los
argentinos. Además, aplica una presunción de ilicitud
generalizada a los actos de dicho tipo de sociedades
contraria a varios principios de orden constitucional.
¿Cuáles son las consecuencias prácticas de esta
resolución? 


Espanta inversores, quienes buscan, además de
rentabilidad, seguridad jurídica y facilidades para
operar en las jurisdicciones en las que harán
negocios. Y el avance estatal sobre aspectos privados
de los negocios, la desmesurada profusión
reglamentaria y la atribución por parte de
funcionarios de tercera categoría de facultades
legislativas no son características que resulten
demasiado atractivas en ningún escenario. 


Aumenta los costos de las inversiones, ya que los
inversores extranjeros o aquellos argentinos que
quieren invertir aquí utilizando vehículos societarios
que oculten su nacionalidad verán incrementados sus
costos por los complejos requerimientos documentales e
informativos que establece la resolución. 


Complica operaciones en ejecución, afectando la
actividad económica. ¿Qué ocurrirá, por ejemplo, con
el fondo de inversiones de Caimán que haya firmado un
boleto de compraventa en uno de los nuevos desarrollos
inmobiliarios de Puerto Madero? ¿Podrá escriturar sin
adecuarse? ¿Resolverá el contrato por cambio de
circunstancias? 


Fomenta la impunidad y la corrupción. Cuantas más
leyes hay, menos se cumplen; cuantos más sospechosos
hay, menos culpables se encuentran. 

Aun cuando para controlar el cumplimiento de todas las
resoluciones que emite la IGJ adquiriera las
dimensiones de la KGB o del tristemente célebre FBI de
J. Edgar Hoover, más que eficacia generaría -como
ocurrió en los organismos mencionados- un altísimo
nivel de corrupción que perjudicaría a los inversores
y a la gente común y beneficiaría a los
narcotraficantes y lavadores de dinero, que comprarían
la sofisticación o protección necesaria como para
seguir operando. 

Aunque la presunción de que, en general, las
sociedades off shore son utilizadas para "violar la
ley" es tan ridícula que no vale la pena refutarla (¿
a qué cartel colombiano pertenecerán los 16.000
inmuebles de la Capital Federal que, según informan
los medios, se hallan registrados a nombre de tales
sociedades?). Cabe señalar con preocupación la
obsesión del director general, Ricardo Nissen, por las
actividades privadas. 

Protección de identidad 

Son imposibles de enumerar las causas y razones,
sensatas o disparatadas, pero todas lícitas por las
que inversores, nacionales o extranjeros, pueden
elegir para hacer negocios un vehículo societario que,
como las compañías off shore, proteja su identidad y
limite su responsabilidad. Que haya delincuentes que
aprovechen tal privacidad para actuar es una
consecuencia indeseada y repugnante de tal operatoria.


Es indudable que malvivientes de toda laya se ocultan
detrás de las paredes de sus guaridas para tramar y
perpetrar horrendos crímenes, pero creer que todo lo
que un ciudadano hace tras las paredes de su casa es
sospechoso y proponer transparentarlo para evitar
delitos es un exceso absolutamente inconducente. 

Claro que, como no hay mal que por bien no venga y
como el poder de la IGJ se limita a la Capital
Federal, es probable que los inversores off shore
expulsados del Edén porteño por las flamígeras
resoluciones de Nissen, encuentren refugio en paraísos
provinciales con administraciones dispuestas a
recordar aquel consejo que, según Suetonio, dio el
emperador Vespasiano a su hijo Tito: "Pecunia non
olet", ("el dinero no tiene olor"), por lo que no
importa su origen. 

El autor es socio del estudio jurídico Llerena y
Asociados, especialista en derecho bancario y
corporativo. 


 
http://www.lanacion.com.ar/economia/nota.asp?nota_id=681672

LA NACION | 22.02.2005 | Página 3 | Economía 



	

	
		
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