"Partido de los rusos" en Israel [Re: [R-P] El "Gurú" de Bush]

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Mar Feb 15 08:15:17 MST 2005


Respuesta a: [R-P] El "Gurú" de Bush
Remitido por: Julio Fernández Baraibar
Fecha: Lunes 14 de Febrero de 2005 
Hora: 23:44
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La posición existencial y política de los judíos de Rusia siempre fue 
muy compleja.  Judíos eran algunos de los principales dirigentes del 
partido bolchevique, partido que era una verdadera creación nacional 
rusa:  Trotsky, Zinoviev, Kaménev, y muchos otros.  Del propio Lenin 
se afirma que tenía algún ascendiente judío.  También eran judíos la 
mayoría de los grandes dirigentes de la socialdemocracia rusa, Mártov 
en primer lugar.  

De paso, y lo decimos porque no carece de importancia en nuestra 
historia:  la socialdemocracia rusa no era _exactamente igual_ a sus 
equivalentes occidentales.  La historiografía stalinista oscureció a 
Mártov y sus compañeros, pero fue para Lenin un enorme dolor su 
emigración en tiempos de la guerra civil, su vinculación con la 
socialdemocracia alemana, y finalmente la muerte en el exilio de 
quien había sido su principal compañero de juventud.  

Seguramente los leninistas no hubieran permitido la transformación de 
esos socialdemócratas en "demonios reformistas", ya que valoraban a 
muchos de quienes los habían dirigido.  Quizás Trotsky, curiosamente, 
ayudó en su flamígera prosa a establecer un canon "anti-martoviano" 
que Lenin hubiera preferido no dar a luz.  Posteriormente, la 
burocratización stalinista, plagada de socialdemócratas de la famosa 
"Promoción Lenin", dicho sea de paso y no gratuitamente, se 
apoderaría cruda y groseramente del tajante estilo de Trotsky para 
volverlo... contra Trotsky mismo.  Incluidas las acusaciones de 
"judío".

Lo irónico es que buena parte de la burocracia llegada con la 
Promoción Lenin y otros elementos pequeñoburgueses a la conducción 
del Partido Bolchevique era también judía.  Mólotov, por empezar, era 
judío.  Si no me equivoco, también Vishinsky.  Infinitos fueron los 
burócratas y administradores menores de origen judío en la casta 
social que se apoderó de la Rusia de Lenin y Trotsky bajo la 
"rusificadora" mirada gélida de Stalin.

Buena parte de los judíos de Rusia, durante ese largo período de 
"guerras de la Convención" que se extiende entre la era heroica y 
bolchevique y la caída final de la URSS, ingresó a la misma 
burocracia y a las élites intelectuales que, cada vez que les 
convenía, lanzaban campañas antisemitas.  Estas campañas, a partir de 
la Segunda Guerra Mundial, enfatizaban los vínculos de los judíos 
soviéticos con el Estado de Israel y los EE.UU., vínculos que al 
mismo tiempo (por una combinación contra natura de motivos 
revolucionarios y reaccionarios) la propia burocracia stalinista 
había fomentado en su momento.

La cosa viene de lejos.  Aún en tiempos de Lenin la ingeniosa 
"República del Extremo Oriente" con que los bolcheviques se hicieron 
con el control de las regiones más lejanas de Siberia fue el invento 
de un bolchevique judío que había llegado desde su exilio en EE.UU., 
y a quien se conocía con un apodo que quería decir, más o menos, "el 
norteamericano".  Había entre los socialistas de la Rusia 
prerrevolucionaria (y aún hasta los tiempos de la Guerra Civil) la 
idea, común en Occidente por entonces, de que los EE.UU. eran un 
verdadero faro de libertad con el cual una Rusia socialista podría 
quizás hasta llegar a llevarse bien.  Esta idea era particularmente 
fuerte entre los judíos, por motivos que comento a continuación.

Los judíos de Rusia estaban tironeados por múltiples fuerzas:  la 
descomposición del régimen feudal en Europa Oriental los hacía 
víctimas privilegiadas del odio campesino, especialmente en Ucrania;  
el zarismo aprovechaba y fomentaba ese odio, tomando a los judíos -
meros intermediarios entre el gran señor y el siervo, salvo 
excepciones- como causantes universales de los males de pueblos cuyo 
verdadero drama era el predominio de un régimen condenado por la 
historia;  otros judíos, desperdigados en múltiples aldehuelas por la 
vastedad de Podolia, Galitzia y el Jersoneso, sobrevivían en los 
múltiples oficios artesanales del Medievo que el crecimiento de la 
economía capitalista iba destrozando en forma implacable:  sastres, 
remendones y violinistas vivían en carne propia el ocaso del mundo 
que los había engendrado.  Algunos se refugiaron en un lirismo 
místico, otros se hicieron socialistas, otros emigraron.  Las tres 
líneas, de un modo u otro, siempre estuvieron interconectadas.

Los más de los emigrantes huyeron hacia Estados Unidos, donde se 
asentaron en torno a Nueva York (tras la catástrofe judía de Europa 
Central, la ciudad más judía del mundo, dato que conviene no 
olvidar);  otros, hacia Europa Occidental, desde donde solían partir 
hacia Inglaterra y de allí a Sudáfrica;  otros, vinieron al Río de la 
Plata (hace dos días tuve la inolvidable experiencia de enterarme de 
que hay un periodista deportivo radial en Uruguay, que hace notas en 
vestuarios, que responde al inimitable nombre de Walter Rabinovich).  

Pero la mayoría se quedó en Rusia.  En realidad, no exactamente en 
Rusia sino en Polonia y Ucrania:   el reaccionario período histórico 
que atravesamos ha llevado a muchos -en particular a judíos 
neoconservadores en EE.UU. e Israel- a añorar las grandezas del 
Imperio de los Romanov;  recordemos entonces que este maravilloso 
engendro histórico y social tenía, entre otras virtudes, la de 
prohibir a los judíos la residencia fuera de un área conocida como 
"el Palio", que se limitaba a sectores de Ucrania y Polonia, y 
excluía los centros más dinámicos de la Rusia moderna como San 
Petersburgo o Muscú.  

El Palio, por supuesto, era poroso.  Los judíos más avispados y 
afortunados llegaron a comprar la ruptura del cerco residencial:  
estos miembros de la burguesía rusa no eran más ni menos despiadados 
que sus colegas ortodoxos (o, en el Báltico, católicos y 
protestantes), pero también servían de blanco para el odio popular 
contra el explotador.  Las prácticas de estos antecesores de 
Chernomyrdin, Jodorcovsky o Berezovsky nutrían el odio de las masas 
urbanas con tanta fuerza como el puño implacable del mínimo 
comerciante, el prestamista, el molinero o el administrador de campos 
judío (al servicio del terrateniente polaco o austríaco) lo hacían 
con el antisemitismo endémico en las poblaciones campesinas de 
Ucrania y Polonia.  

De vez en cuando, el zarismo brindaba salida tóxica a tales 
sentimientos por medio de cacerías de judíos (pogromos) organizadas 
por agentes policiales.  De allí que algunos teóricos occidentales 
del socialismo definieran al antisemitismo como "el socialismo de los 
tontos".

Simultáneamente, en las ciudades fortísimamente rusificadas de 
Ucrania (en especial, de Ucrania oriental), buena parte del 
proletariado era judío.  Y la intelectualidad del Imperio, por otro 
lado, también albergaba muchísimos judíos (muchos en el portuario y 
cosmopolita asentamiento de Odessa).  

Revolución socialista, stalinismo, socialismo en un solo país,  
putrefacción burocrática, Guerra Mundial, destalinización, 
coexistencia pacífica, y, finalmente, caída del poderoso experimento 
de Octubre, afectaron a todas y cada una de estas capas del judaísmo 
soviético de un modo diferenciado y complejo.  

Solo algunos miembros de la intelligentsia y de la burocracia 
constituyeron el núcleo central del nuevo período abierto bajo 
Yeltsin.  Hubo entre ellos no pocos judíos, a los que no les costó 
mucho desempolvar las viejas habilidades comerciales adquiridas 
durante el Medievo para enriquecerse en las nuevas circunstancias.  
De hecho, siete de los ocho "oligarcas" rusos son judíos.  Y muchos 
judíos de la URSS, que la imbecilidad stalinista había lanzado a los 
brazos de los EEUU (como el caso de Sharansky, que no fue el único), 
optaron por emigrar hacia Israel.

Pero no todos los que lo hicieron pertenecían a la "onorata societá" 
de los liquidadores del experimento soviético.  Muchos, por el 
contrario, huían de las peores consecuencias del derrumbe de lo que 
aún sobrevivía del asalto al Paraíso, y no estaban solos en la 
voluntad de huir.  Pero tenían una ventaja adicional: una de las vías 
de escape con que contaban los judíos (y que no dejaba de irritar a 
sus compatriotas no judíos, que carecían de ella) era la emigración a 
Israel.  Ahora que Putin está restaurando la majestad rusa, buena 
parte de esos migrantes está retornando a un país que solamente 
habían abandonado por desesperación.

Pero están los otros.  Los que Sharansky representa con toda 
claridad.  Esos son los que aprovecharon la doble nacionalidad rusa e 
israelí para fugar divisas, organizar redes de trata de blancas, de 
narcotraficantes y de espionaje político.  Los que formaron el núcleo 
más duro (y repentinamente ultrarreligioso) de los asentamientos en 
territorios claramente palestinos.  Los que estrecharon más aún el 
vínculo entre Israel y los EE.UU.  Y los que más han batallado para 
consolidar el giro reaccionario que afecta, inexorablemente, a la 
judería norteamericana.

Esos tipos son los que constituyeron el "partido de los judíos rusos" 
en Israel.  En cierto modo, es el primer partido no exactamente 
sionista de los judíos israelíes.  Se ha sacado toda máscara.  Es de 
ellos que hablan las notas de El Mercurio.

No son, como creía Ford, la expresión del "Judío Internacional".  Son 
la expresión del capital imperialista.  La más cruda.  Las de un 
ministro sionista, cuya relación con el imperialismo norteamericano 
equivale a la que puede tener Ian Paisley con el imperialismo inglés: 


> Sus pecados en la ex URSS habían sido intentar emigrar a Israel y
> asociarse a la causa projudía en ese país

Desconozco cuál será para "El Mercurio", fuente citada por Julio, la 
"causa projudía".  Puedo asegurar, sin embargo, que el sionismo no es 
una "causa projudía".


Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar

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"Sí, una sola debe ser la patria de los sudamericanos".
Simón Bolívar al gobierno secesionista y disgregador de 
Buenos Aires, 1822
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