[R-P] Un cuento ?? de E.Fernandez Huidobro: "Barranca abajo"

Julio Fernández Baraibar juliofernandezbaraibar en alternativagratis.com.ar
Vie Feb 11 11:47:54 MST 2005


Sí, el cuentito es muy lindo y está bien escrito. Pero me suena  a elegía
nostálgica de un mundo ya inexistente que no le dio a Uruguay otra cosa que
su separación de la Argentina, su carácter semicolonial y su dependencia del
Reino Unido.
Don Zoilo apoyó abierta y decididamente la dictadura estanciera de
Bordaberry y metió en un pozo a Huidobro y sus compañeros.
Ese mundo al que el autor demuestra tanto afecto, ese falso bucolismo
agrario, ese seudo tolstoianismo ha sido la garantía de un Uruguay
imperturbable.
No digo que la ocupación imperialista de los campos uruguayos mejore la
cosa. Lo que digo que don Zoilo y su clase fueron incapaces de hacer algo
parecido al servicio del país y su desarrollo. La prueba de ello es el
atraso de invernador en el que vive don Zoilo: cucardas, mate y un banquito
bajo el ombú. De haber servido para algo, don Zoilo debería haber invertido
y modernizado su campo, aumentado su productividad, introducido el teléfono
y la radiocomunicación, incorporado nuevas tecnologías y no pasarse la vida
bajo el ombú tomando mate al pedo, y apoyando la dictadura que garantizaba
su parasitaria renta agraria.
Si ahora vinieron los yanquis y el capital financiero a quedarse con su
estancia, diría que se joda, si no fuera por el hecho de eso jode también al
conjunto de los orientales. Pero la verdad no se me cae ninguna lágrima por
la desaparición de tan estéril paradigma del atraso y la dependencia.


Julio Fernández Baraibar
fernandezbaraibar en yahoo.com.ar

>
> Este viejo tupamaro, sabe escribir muy bien.
> Vean si no...
> ======================================================
>
>
> - BARRANCA ABAJO
>
> Don Zoilo, doctor veterinario por más señas, levantó
> densa polvareda por el camino que da entrada a la
> estancia heredada de su abuelo pero dejó mansita y
> cansada la cuatro por cuatro contra el palenque de la
> cabaña. Preparó el mate, miró de reojo las cocardas
> ganadas en el Prado y buscó la sombra del ombú para
> sentarse a su amparo en el banquito que también fue
> del abuelo.
>
> Se sentó a esperar a los gringos. Esperó sentado a los
> inversores.
>
> La primera sorpresa, casi una decepción, fue ver
> llegar en un pitucazo mercedes benz blanco con vidrios
> negros a un ingeniero agrónomo cajetilla y para colmo
> porteño, acompañado por un conocidísimo abogado
> uruguayo proveniente del rancio potrero de la Ciudad
> Vieja. No le conoció Don Zoilo, a pesar de que fueron
> compañeros en el liceo, otra actividad que no fuera
> bancaria y contaba la leyenda que cuando le ofrecieron
> trasladar sus oficinas a las torres del World Trade
> Center, el togado se negó terminantemente alegando que
> las mismas quedaban "campo afuera".
>
> Viendo el panorama, los invitó a entrar en la oficina
> de las cocardas y les mandó servir coca cola light
> bien fría (en la estancia había de todo). Se sintió
> desacomodado y hasta con un poquito de vergüenza por
> el barullo de los horneros en la cumbrera.
>
> Vino por la ventana un leve aroma a bosta fresca
> cuando el abogado comenzó a explicar el negocio. Don
> Zoilo comprendió, por la cara, que ese aroma no era
> perfume para el ingeniero agrónomo que mientras
> hablaba el abogado fue desplegando una enorme foto
> satelital de su campo.
>
> Tan detallada que hasta se veía su banquito de tomar
> mate. ¡Me han espiao los potreros! - pensó Don Zoilo
> mientras veía con asombro aquel mapa.
>
> Pudo saber que tenían otros más detallados,
> penetrantes y perfectos. Llenas de colores
> indescifrables para él pero elocuentes para ciertos
> misteriosos especialistas, aquellas extrañas fotos
> mostraban no sólo el campo sino la vitalidad del
> campo.
>
> Mejor o peor dicho: la vitalidad actual y potencial de
> cada parte del campo, hondonada, monte, colina...
>
> Al principio no entendió cuando le propusieron
> arrendarle dos "melgas". Don Zoilo creía que le
> querían arrendar a muy buen precio todo el campo, pero
> no era efectivamente así: querían nada más que dos
> "melgas". Y solamente para plantar soja. Hablando en
> plata, le habían estudiado el campo tan a fondo que de
> él solo les interesaba las partes que traían allí, en
> las fotos del satélite chismoso, meticulosamente
> dibujadas. No eran rectilíneas ni mucho menos; tenían
> las formas abstractas de la capacidad latente en la
> tierra para brindar buenas cosechas de soja. Por el
> arriendo de cada hectárea de las llamadas "melgas", le
> ofrecieron a Don Zoilo un montón de billetes verdes de
> espesor alucinante.
>
> En el resto del campo (que era la mayor parte) podía
> seguir haciendo lo que se le diera la gana pero, si
> seguía con la ganadería, corría por su cuenta alambrar
> cada "melga" para que no pudiera el mas mínimo animal
> invadir el suculento plantío.
>
> Como negocio, parecía redondo.
>
> Pero como cuando la limosna es grande hasta el rico
> desconfía y como a Zoilo lo habían embromado ya varias
> veces, le quedó la mosca de un temor zumbando en los
> oídos del alma. Igual decidió firmar. Era mucho el
> dinero.
>
> Tomada la decisión y ante una seña, bajó del mercedes
> benz un joven escribano que hasta entonces estuvo
> emboscado detrás de los vidrios negros.
>
> Ya traía el contrato pronto y, por las dudas, para
> cualquier agregado, enristraba una temible "note book"
> de última generación que andaba a pila, a energía
> solar y a dínamo. Propia para trabajar en los más
> inhóspitos confines del planeta, se conectaba a
> internet y a las oficinas de la Ciudad Vieja tanto de
> Montevideo como de Buenos Aires y San Pablo por el
> mismo satélite de las fotos.
>
> Don Zoilo firmó. El mercedes blanco tragó a los
> inversores y se alejó de apuro dejando atrás nada más
> que polvareda. Los hechos posteriores fueron
> vertiginosos y más alucinantes que los dólares.
>
> Un día, y con previo aviso para evitar problemas, vio
> venir desde abajo del ombú a dos extraños aviones que
> volando bajito mearon sobre las "melgas", densas
> garúas de glifosato. Al poco tiempo aquella nutrida
> llovizna dejó los campos sin brizna viva de pasto y
> fue entonces cuando por el camino vino una caravana de
> maquinaria agrícola no identificada: ovnis pero del
> agro; platos voladores que jamás había visto ni
> sabido. Enormes y carísimos, fueron pasando frente a
> sus ojos atónitos haciendo temblar la tierra y los
> cimientos del casco de su estancia rumbo a las
> "melgas": iban casi vacíos.
>
> Desiertos, después supo que tamaños armatostes venían
> dirigidos por GPS también desde el mismo putísimo
> satélite. Fueron implantando soja sin tocar la
> superficie calva del campo mientras Don Zoilo de pie
> sobre el banquito, "bombeaba" la maquinaria viendo
> cómo seguían las más leves curvas de nivel a toda
> velocidad sin equivocarse.
>
> Mientras (según luego supo) los rayos laser permitían
> esa maravilla, las vacas de Don Zoilo, pero también
> las mulitas, los caballos y hasta las yaras, huían
> espantadas con sus crías campo afuera de la "melgas"
> buscando refugio en el monte hasta más ver.
>
> Camiones cisterna, taller, y de abasto, de una muy
> bien montada cadena logística, llenaron de polvo el
> amargo mate de Don Zoilo.
>
> Después volvieron varias veces los raros aviones
> reiterando lluvias químicas sobre las leguminosas
> transgénicas que fueron creciendo como leche hervida
> hasta henchir las chauchas de anheladas semillas.
>
> Cuando el satélite dio la orden de la cosecha, la
> cabeza de Don Zoilo, ni sus ojos, dieron abasto para
> mirar en todo sentido el enorme despliegue de otras
> máquinas, todavía más extravagantes que las
> anteriores, y el de todo tipo de camiones que le
> fueron sacando al campo, rumbo a lejanos silos, la
> generosa vitalidad muerta.
>
> Ese aquelarre agrícola de máquinas y rendimientos se
> repitió muchas veces: varios años.
>
> Los caballos mansos devinieron caborteros cuando quiso
> ensillarlos para salir a recorrer el resto de su
> estancia. Fue casi imposible arrimar el ganado a las
> mangueras. Se fue poniendo chúcaro a fuerza de susto.
>
> Hasta que un día hubo un grave problema: uno de los
> especialistas que dirigían aquello (esta vez se
> trataba de un gringo pura sangre, rubio y malhablado),
> pasando a toda velocidad contra el banquito, el ombú,
> el mate amargo y Don Zoilo, les gritó: - ¡Salga de ahí
> viejo de mierda! Lo fue a buscar, hubo reyerta y el
> gringo al hospital de donde salió de milagro. El Juez
> de Paz y el Comisario taparon todo. La familia
> convenció a Don Zoilo: lo llevaron a un apartamento
> muy coqueto en la rambla de Malvín... Para que pudiera
> ver el mar tan infinito como sus pampas. A veces
> también verde. Lo único que llevó fueron el banquito
> bajo de su abuelo, el mate y las cocardas (que colgó
> en las paredes del living). Seguía cobrando la renta
> de las "melgas" cuando lo encontraron colgado en la
> ducha del baño. Para subirse usó el banquito: como
> siempre.
>
> La vieja sirvienta contó que antes de entrar pidió un
> vaso de agua fría que bebió con fruición. Como si
> tuviera muchísima sed.
>
> Nota: La policía nunca entendió por qué Don Zoilo dejó
> su título de propiedad en el hueco donde va el papel
> higiénico.
>
> ELEUTERIO FERNANDEZ HUIDOBRO
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