[R-P] "A los Iguales" por Eleuterio F.Huidobro (Muy bueno)

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Jue Feb 10 06:38:53 MST 2005


Te has negado a cerrar los ojos, muerto mío, abiertos
ante el cielo como dos golondrinas"

A los iguales

Faltan escasas horas para que el martes 15 de febrero
de 2005 se instale el Parlamento electo el 31 de
octubre de 2004. Esta XLVI Legislatura será un hecho
histórico y todos sabemos en Uruguay por qué. Aquí
será un Parlamento jamás visto. Me tocará estar allí
por obra de la gente que así lo quiso. Hace poco más
de un año, en diciembre de 2003, decíamos en el
Palacio Peñarol, en oportunidad de un decisivo
Congreso del Frente Amplio, que "se podía renunciar a
todo menos a la victoria".
 
ELEUTERIO FERNANDEZ HUIDOBRO (*)

Hace pocos días y según las versiones de prensa
(porque no estuve presente) Galeano y Saramago
debatieron en Porto Alegre (en el Foro Social Mundial)
acerca de la utopía.

Galeano repitió que ella está en el horizonte y que a
medida que avanzamos se aleja logrando así lo más
importante: caminar. Ya lo había dicho Don Quijote:
"Lo importante es el camino Sancho, no la Posada".
Machado, por su parte, postuló que no hay camino: que
se hace al andar.

Por su parte Saramago reclamaba ver las crueles
realidades contemporáneas proclamando que hoy para la
enorme mayoría de la humanidad, utopía es comer
mañana. Yo agregaría que si no se come no habrá nada.

Sin embargo, y pidiendo disculpas por mis
inexactitudes en la glosa de un debate tan fermental,
opino que ambos tienen la razón. 

Para mí son necesarias e inseparables ambas posturas.
No tenemos por qué optar. Es más: en la opción está la
equivocación. El idioma tiene dos conjunciones: la
letra "o" es disyuntiva. La "y" es copulativa. 

Hemos pagado demasiado tributo erróneo a la "o".
Fuimos esclavos de la "o" con resultados espantosos.
Si por algo debemos optar es por la "y". Habría que
hacerle un monumento.

Dentro de pocos días también estará nuevamente entre
nosotros Fidel Castro quien el 5 de diciembre de 2004,
en otro Congreso (el de los Jóvenes Comunistas
Cubanos), dijo:

"Y digo ideas porque esta lucha de la que estamos
hablando va a ser fundamentalmente una lucha de ideas;
no serán guerras. Los problemas del mundo no se
resolverán con armas nucleares, es imposible, ni se
resolverán mediante guerras; e incluso digo más, no se
resolverán mediante revoluciones aisladas que, en el
orden implantado con la globalización neoliberal,
pueden ser aplastadas sencillamente en cuestión de
días o cuando más de semanas".

No creo que Fidel haya renunciado a su utopía; estoy
convencido de que mira muy bien la realidad y, por
verla, sabe y tiene la obligación de elegir los
caminos que por entre ella conducen al horizonte.

Porque también hay tozudos senderos que, sin dejar de
ver el horizonte, y tal vez viéndolo mejor que nadie,
conducen por las cumbres al abismo. Hay
desgraciadamente atajos y callejones que no tienen
salida o, lo que es peor, conducen al degolladero.

Un 10 de noviembre de 1938 más de veinte mil judíos
fueron arrestados en sus casas de Berlín para ser
llevados a lugares de nombre espantoso: Dachau,
Buchenwald... Esa noche quedó bautizada para siempre
como la de los cristales rotos (Kristallnacht)

En esas mismas tinieblas, Pérez Madrigal, un miserable
paniaguado publicista radial de Franco, transmitía
desde Burgos, "Que los judíos son rojos, lo sabe todo
el mundo. Que los judíos sean valientes, que los
judíos sean soldados, nadie se lo cree".

Pero en esas mismas horas a las orillas del Ebro y
peleando más que heroicamente era exterminada la
Compañía judía "Botwin", del Batallón "Palafox", de la
XIII Brigada Internacional "Dombrowski", formada
mayoritariamente por voluntarios comunistas polacos. 

Murieron peleando juntos, con heroísmo alucinante,
polacos y judíos. 

Los prisioneros capturados fueron fusilados de
inmediato también juntos. Muy pronto los pocos polacos
sobrevivientes tampoco tendrían a dónde ir.

Seis días después de la Kristallnacht, la XIII Brigada
Internacional, ya sin extranjeros, será la última
unidad republicana en retirarse a la otra orilla del
Ebro cubriendo a todos los demás. Unos meses antes
fueron los primeros en pasarla audazmente rumbo al
otro lado. 

A las cuatro de la mañana de ese día ellos volaron el
último puente. Ciento treinta mil hombres de ambos
bandos, por lo menos, quedaron heridos o muertos en
aquel camposanto donde la aviación y otras armas
modernas hicieron estragos.

Checoslovaquia recién había sido entregada junto con
España y después de Austria, en un intento francés e
inglés, ciego, loco y desesperado, por evitar lo
inevitable: la enorme carnicería de la Segunda Guerra
Mundial que estallará fatalmente en pocos meses a
pesar de tanto vano afán malgastado en preservar la
utopía de la paz.

Sin embargo, Gandhi, el apóstol de la no violencia,
apoyaba a esos heroicos combatientes de España: no
mascaba vidrio.

El terrorismo de los grandes bombardeos aéreos sobre
poblaciones indefensas, y en masa, fue inaugurado
allí: Guernika, Madrid, Barcelona, Valencia... Con
todo su horror, será una pálida demostración comparada
con la hecatombe que reventará en cuestión de meses
como huracán de la muerte sobre las ciudades de
Europa.

Fue maravilloso en esos días el trabajo de la central
obrera controlada por los anarquistas en Cataluña:
realizaron milagros de producción industrial para que
a los combatientes del frente, controlado por los
comunistas, no les faltara nada (aunque la
superioridad material del enemigo resultó
incontrastable), les iba la vida a todos ellos en la
retaguardia y en el frente y cuando lo que se va es la
vida se dejan de lado las cegueras voluntarias. 

Su consigna entonces fue la de Buenaventura Durruti;
la que humildemente, ante la indigencia creciente y
ante la amenaza de dejar de existir como país, pedí
prestada en el Congreso del Frente Amplio:
"Renunciamos a todo menos a la victoria".

Fui muy criticado entonces por gente que, estoy
seguro, no recordaba la prosapia (en algunos casos
increíblemente "suya") de esa consigna.

Miguel Hernández tenía un hijo de diez meses enfermo
cuando el 19 de octubre de 1938 (un mes antes de la
Kristallnacht y de la crucial retirada del Ebro) fue a
Orihuela en busca de medicinas. La retaguardia
republicana sufría las consecuencias de la nueva
manera de hacer la guerra y él, que nunca las eludió
ni las eludirá, las soportaba enteras. 

Cuando regresó, el niño había muerto y entonces mi
enorme hermano nos dice:

"Te has negado a cerrar los ojos, muerto mío, abiertos
ante el cielo como dos golondrinas; su color, coronado
de junios, ya es rocío alejándose hacia ciertas
regiones matutinas.

Hoy, que es un día como bajo la tierra, oscuro, como
bajo la tierra, lluvioso, despoblado, con la humedad
sin sol de mi cuerpo futuro, como bajo la tierra
quiero haberte enterrado". 

Vaya entonces esta mi poltrona de hoy reiterada en el
Senado de la República, dedicada al hijo concreto de
Miguel que la hizo posible y, en él y por él, a todos
los demás iguales que ustedes saben. *

 

(*) Senador de la República. Escritor.
 

 




	

	
		
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