[R-P] Ahora por izquierda
Ezequiel Beer
ebeer en telecentro.com.ar
Mar Dic 20 03:07:32 MST 2005
Pagina 12. 20/12/2005
EL TITULAR DE SOCIOLOGIA, LUCAS RUBINICH
"El centroizquierda tiene que meter las patas en el barro"
El sociólogo Lucas Rubinich analiza las limitaciones de la construcción de
centroizquierda. Advierte sobre las carencias de los partidos políticos
tradicionales, la falta de alternativas y sobre el riesgo de los liderazgos
individuales.
"Hace falta una autocrítica. Si el centroizquierda es sólo derechos
ciudadanos, respeto institucional, anticorrupción, entonces el Banco Mundial
es de centroizquierda", provoca el director de la carrera de Sociología de
la Universidad de Buenos Aires, Lucas Rubinich. Rubinich es responsable de
la revista Apuntes de investigación y titular de Sociología general. Para
poder pensar en una nueva fuerza de centroizquierda, sostiene la necesidad
de una revisión de experiencias como el Frepaso. Rubinich considera que es
necesario comenzar a "hablar en serio" de centroizquierda, lo que implica
cuestionar "el modelo de acumulación económica".
-¿Cómo se puede pensar la situación actual de los partidos políticos?
-El radicalismo ha quedado prácticamente en la inexistencia; el peronismo es
una federación de partidos provinciales y los partidos que podían haber
aparecido como una tercera fuerza se disolvieron. Hay una crisis muy
profunda de la forma de organización del sistema político, producto de la
trayectoria de los grandes organizadores de ese sistema. Cuando la
transformación neoconservadora se realiza de la mano de uno de los grandes
partidos que había reivindicado la justicia social, cuando un partido que
tomaba como herencia la reforma del '18 tiene una mirada educativa
compatible con las visiones neoliberales, se afectan fuertemente sus
tradiciones y su identidad. También cuando aparece como alternativa el
Frepaso y tiene como identidad básica esa recuperación de valores
ciudadanos, anticorrupción, anticlientelismo y no cuestionamiento de la
política económica. Yo creo que el apoyo a Domingo Cavallo del Frepaso fue
la disolución de una alternativa de centroizquierda. Entonces, los sectores
sociales van a mirar con desconfianza los partidos políticos, porque tanto
los dos partidos mayoritarios como lo que se presentó como alternativa
tuvieron ideología de partido único.
-¿Por qué el proceso actual está centrado sobre figuras?
-El panorama actual está centrado sobre figuras políticas porque hay
ausencia de partidos. La mirada antipolítica tuvo una repercusión popular en
2001, pero -para no ser ingenuos- tenía un trabajo ideológico de algunos
sectores de la derecha que promovieron una idea antipartido. Esto es mucho
más beneficioso para alguien que no tiene una tradición partidaria y para
los sectores que tienen poder económico, pero no una repercusión popular.
Una figura con financiación puede hacer una buena campaña. En la crisis de
los partidos, las figuras individuales circulan con mayor facilidad.
-¿Cómo condiciona esto la situación social?
-En un contexto de pérdida de sentido y de fragmentación social, la
interpelación política es un problema muy grande. ¿A quién se interpela
cuando hay fragmentación? Se interpela clase media fragmentada, clase obrera
fragmentada. Los desocupados son una categoría estadística. No son un
colectivo social en el sentido estricto. No interpelás a la clase obrera
organizada. Ante la ruptura de los grandes colectivos sociales, producto de
las transformaciones económicas y de la exclusión social, hay entonces un
problema de interpelación política. A esto se suma la pérdida de capacidades
estatales. El programa de transformación neoconservadora que se dio a nivel
internacional -muchas veces de la mano del centroizquierda (el PSOE español,
el partido socialista francés)- no produjo transformaciones tan radicales
como las de la Argentina. La venta de organismos del Estado ha logrado una
pérdida terrible de capacidades y las instituciones tienen tal desprestigio
que es muy difícil controlar algunas zonas del Estado: Policía Bonaerense,
Cromañón.
-¿Cómo se puede leer, desde esa perspectiva, el juicio a Aníbal Ibarra?
-Cuando las instituciones son creíbles socialmente y productivas
culturalmente, las personas se sienten parte. Cuando se deterioran, lo que
se da son salidas individuales. No hay partido, no hay Legislatura, no hay
gobierno. Hay individuos que realizan sus trayectorias de acuerdo con
situaciones coyunturales. Lo que ocurre en la Legislatura es la
escenificación del deterioro cultural en la Argentina. Cuando funcionan bien
las instituciones tienen un sano poder inhibidor: uno diría "un legislador
no puede hacer cualquier cosa". Pero en un contexto de crisis, donde se caen
las paredes simbólicas, pueden ir para cualquier lado.
-En este panorama, ¿qué posibilidades de cambios profundos tiene Kirchner en
el sistema de partidos?
-No puede construir sobre un liderazgo carismático solamente, sino que va a
necesitar de algo parecido a un partido. Si no puede construirlo, la
situación es difícil. Refundar un partido supone tener la voluntad política
y generar espacios donde existan mínimas posibilidades de discutir algunas
cuestiones trascendentales.
-¿Se puede avanzar desde el panorama actual hacia dos bloques de
centroizquierda y centroderecha?
-Los sectores progresistas que podrían agruparse necesitan de definiciones
muy claras. Sobre todo una autocrítica de lo que es el centroizquierda.
Porque centroizquierda, como lo definía (derechos ciudadanos, respeto
institucional, anticorrupción) es el Banco Mundial. Si nada más es esto,
entonces el Banco Mundial es de centroizquierda. El centroizquierda hasta
ahora no cuestiona el modelo de acumulación económica. Se tiene que hablar
en serio, porque ya la población se ha alejado bastante del sistema
político. No se puede hablar compatiblemente con ciertas olas
internacionales, hay que hablar en serio. Y esto no supone hacer un programa
de extrema radicalidad. Supone que no podemos hablar focalizadamente de una
política social, sino que tenemos que relacionarla con las políticas
económicas. Esto es básico para reconstituir un polo progresista.
-¿Y qué ocurre con la centroderecha?
-La derecha puede tener una mirada tolerante y democrática en algunos
mínimos espacios de la Ciudad de Buenos Aires. La derecha moderna se termina
en el grupo Festilindo de Macri. A nivel nacional, junta dinosaurios
impresentables. Pueden lograr algún apoyo, pero no van a tener una
incidencia importante.
-¿Cómo analiza la conformación del nuevo gabinete de Kir-chner?
-Sin ninguna duda, tiene significación que el ministro de Relaciones
Exteriores sea Jorge Taiana, que tiene una trayectoria progresista
reconocida. Puede continuar con la política del anterior canciller, pero la
figura de Taiana es más simbólica. En el caso del Ministerio de Economía,
hay una apuesta a la decisión política. No sé si hay más izquierda y más
derecha en el nuevo gabinete, me parece apresurado hacer esa evaluación. En
la cancha se verán los pingos.
-¿Qué significado tiene la designación de Chacho Alvarez?
-Es un reacomodamiento frente al duhaldismo. No es un rescate de figuras,
sino parte de una construcción difícil. Se construye con los frepasistas que
quedaron y los ex duhaldistas. No creo que tenga una gran significación
particular lo de Chacho Alvarez.
-¿Qué rol va a jugar el peronismo en una posible centroizquierda?
-El peronismo es los peronismos. Entonces, ¿cómo van a actuar los distintos
sectores? Hay posibilidades de acrecentamiento de algunas medidas
progresivas en la medida en que haya un PBI alto y una situación económica
favorable. Pero si el crecimiento económico no continúa, esos sectores del
peronismo pueden escaparse a una solución de derecha.
-¿Qué lugar pueden ocupar el ARI o el socialismo en ese escenario?
-El problema está en si se proponen como una alternativa moral, porque la
anticorrupción no organiza política. El salto positivo de la centroizquierda
se da en Rosario, porque hay una política real. No se puede hacer política
massmediática, como en algún momento propuso el Frepaso. Política real
supone crear militantes y hacer trabajos concretos en territorios, recuperar
un grado de empatía con los sectores populares. Para decirlo con una
metáfora populista: meter las patas en el barro sin tener miedo de
contaminación.
Reportaje: Werner Pertot.
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