[R-P] Un aprista sobre Alan García y Humala
edgar smith
condornacional en yahoo.com.ar
Sab Dic 17 08:07:05 MST 2005
¿Paredón o restructuración del poder político en el
Perú?
por Marco Antonio Flores, marcoludmila en msn.com
Alan García ha sostenido que si la clase política no
sintoniza con el país, el no dudaría en ¡disolver! el
congreso. A continuación se produjo un gran “debate
constitucional” en torno a la viabilidad de la
propuesta del compañero-presidente. ¡Debate esteril!
Porque si la intención del compañero-presidente fuera
realmente honesta, le hubiera sido suficiente decir,
sin ninguna inspiración aprista que le haga pecar de
“exceso de ideología”, que el APRA estaría dispuesta a
proponer formalmente la revocatoria de los
congresistas que no cumplan con su trabajo, que es la
de proponer y crear leyes en beneficio del país.
También nos dijo García que rebajaría los sueldos de
los congresistas y que todos ellos se irían al seguro
social a ser atendidos como cualquier hijo de vecino.
Es decir, para García el problema de la democracia y
la gobernabilidad del país se reduce a una iniciativa
presidencial destinada a “cortar” sueldos y personas
en el Congreso de la República o a echar a andar
soluciones efectistas tan pequeñas como su
credibilidad. Ni más ni menos la clásica y raquita
visión cuantitativa o simplona, que siempe ha sido la
solución de los que no quieren cambiar nada en el
Perú.
Semanas después (el último miércoles) se presenta en
“Prensa Libre” el congresista Jorge del Castillo, y a
lo largo de una entrevista en la que se abordó el
mismo tópico no ofreció, por lo menos, la solución
cuantitativa o la simplona planteada por el
compañero-presidente. Para ser más exactos, el
congresista del Castillo no ofreció solución alguna.
Estuvo muy ocupado tratando de probar que él no es de
derecha y que García y Maurico Mulder no están
ubicados a su izquierda (de hecho, la única que estaba
ubicada cerca de él, pero fuera de las cámaras, fue su
hija política, a quien llevó a Canal 4, parece ser,
como “prueba fehaciente e rirreprochable de la
renovación” (???) del Aprismo).
Ahora bien, con ese “eficaz” discurso político el
“candidato natural” del Aprismo ha bajado del segundo
puesto de las preferencias electorales al tercero;
mientras que el parlamentario Jorge del Castillo, que
“no sabe, no opina” representa a un congreso de la
república que ha obtenido el ridículo índice de
aprobación de 6% de la ciudadanía que sí sabe y además
opina abrumadoramente contra la clase política que
representan precisamente Alan García y Jorge del
Castillo.
En contraste, el otro candidato presidencial, es decir
aquél que César Zumaeta culpó inteligentísimamente de
haber estado bebiendo, como él, de la misma mamadera
del estado (“a confesión en rueda de prensa, relevo de
prueba”), o sea Ollanta Humala, le ha dicho a la
ciudadanía que él fusilaría a García, a Jorge del
Castillo, a Zumaeta y a toda la clase política del
país, y de la nada, como si fuera un milagro morado en
pleno diciembre, de 0% Humala saltó espectacularmente
al segundo puesto de las preferencias electorales y,
probablemente, ya está liderando la intención de voto
a nival nacional.
¿Qué nos está diciendo todo esto? Hay muchas formas de
responder a esta pregunta, dependiendo, claro está, de
lo que realmente se defiende. La lectura que hace la
clase política es tan chata como sus intereses
particulares: “¡Humala es un facista, nos quiere
matar!” La lectura de un gran número de militantes
apristas, manifestada el último domingo en sus
accidentadas elecciones internas, es tan sectaria como
sus mentes afiebradas por la expectativa de un puesto
de trabajo y ha sido esta: “A más ¿calumnia? (ya es
muy difícil creer eso) más clase política tradicional
(o sea, más patrones potenciales)”. Y la lectura
hepática del pueblo del Perú es tan extrema como sus
necesidades y su odio por García, del Castillo,
Zumaeta y cía. y ha sido la siguiente: “¡A
fusilarlos¡”.
Es esta la disyuntiva, triste e irresponsable, a la
que ha llevado a toda la nación la clase política del
Perú, especialmente a los más olvidados, al sur andino
pobre y mil veces humillado o al Perú rural que se
solamante se menciona y recuerda en los hermosos
discursos de la políticos acaudalados. Y no solamente
con sus torpes acciones, sino con la estupidez con la
que la clase política interpreta el “fenómeno Humala”
en el debate electoral, colocando el tablero de la
discusión, vistas sus raquíticas propuestas
interesadas y culpables, sobre un dificil ángulo que
empuja al país entero a una solución radical y que se
grafica claramente en las siguientes expresiones:
“¿Qué hacemos? Los fusilamos a todos ellos votando por
Humala o los premiamos a todos ellos llevándolos de
regreso a Palacio de Gobierno o al Congreso de la
República”.
La solución es, desde hace mucho tiempo y sigue
siéndolo, la restructuración del poder político del
país, la recomposición cualitativa de su democracia
falaz por una más real que definitivamente integre al
quehacer político nacional a las organizaciones
sociales del país y jubile a su clase política. Lo
dijo Haya de la Torre en 1931 y se le olvidó a García,
para no pecar de “exceso de ideología” y recibir el
amén de Washington. Lo dijo Víctor Raúl en todos
aquellos magníficos libros que no ha leído Jorge del
Castillo, porque no tiene ningún tiempo, ocupadísimo
como está en controlar el APRA como si fuera su feudo
o para no pecar de radical y ser bienvenido en los
CADES empresariales y en el directorio del Banco de
Crédito. Lo dijo el fundador del APRA y lo ignoran
olímpicamente la gran mayoría de una militancia
aprista senil, improvisada y entregada a la búsqueda
de satisfacciones personales que cubran sus
necesidades inmediatas, sin principios e ideales y
sumergida en el arribismo y el oportunismo rabón.
Por ello es bastante claro para el país (menos para la
militancia aprista), primero, que García y del
Castillo son la misma cosa. Segundo, que ellos
representan a la clase política culpable de la pobreza
que vive la nación. Y tercero, que deben desaparecer
de la arena política nacional. Lo que no está claro
aún es cómo deshacerse de ellos, es decir o
fusilándolos salvajemente como lo plantea Humala y el
voto ciudadano que lo respalda o removiéndolos a
través de una sana reestructuración del poder político
en el país, como lo propuso Haya de la Torre desde
1931.
En conclusión, creo, amable lector que me ha seguido
con paciencia hasta el final de este extenso artículo,
que para evitar el paredón lo mejor para García será
empezar a pecar cuanto antes de “exceso de ideología”
y citar a Haya de inmediato; para Jorge del Castillo,
tomar un curso de inmersión del ABC del Aprismo y
enfriar sus relaciones con Dionisio Romero; para la
militancia aprista, ver más allá de sus narices y
pensar en el Perú; y para César Zumaeta…para César
Zumaeta…¿Qué hacemos con César Zumaeta? ¡Caramba,
César, lo siento mucho!
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