[R-P] Jorge Abelardo Ramos y los Carrera
Nestor Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
Vie Dic 9 08:05:09 MST 2005
Respuesta a:"[R-P] Cancilleria, Carrera y Nueva "
Enviado por:INFOR-MET
Con fecha:9 Dec 2005, a las 12:51
> CITANDO LA FUENTE,EL MATERIAL DE ESTA LISTA ES DE LIBRE REPRODUCCIÓN
>
> CARRERA Y RREE
>
>
>
> El exHotel Carrera ya alberga a la Cancillería. Se
> mantiene el nombre del prócer quien, durante, su
> mandato funda el Ministerio de RREE. Todo un símbolo:
> [...] con su gobierno comienza la
> intromisión, en Chile, de EEUU. Asesorándolo está el
> cónsul Joel Roberto Poinsset quien inspira el
> Reglamento Constitucional de 1812 que establece
> formulaciones lesivas a la Iglesia.
Cuando Jorge Abelardo Ramos, en su _Historia de la Nación
Latinoamericana_, edición 1968, juzga a los Carrera, no le otorga
valor a las "formulaciones lesivas a la Iglesia", y relativiza
el vínculo con Poinsett. Asigna mucho más importancia a la caída de
los Carrera como inicio del ciclo de intromisión inglesa, y juzga con
benevolencia la "intromisión" de Poinsett, que por lo demás,
como demuestra, no era la única ni la más caradura.
Para ese Ramos de 1968 es Carrera -no O'Higgins, cuyos méritos no
niega pero coloca en otro orden- el verdadero motor de la revolución
americana en tierra chilena (junto a Manuel Rodríguez, por supuesto).
Esto está directamente vinculado, a su vez, con su concepción de la
historia española y en particular de la guerra de la independencia
americana como parte de esa historia:
"Al conflicto de clases sociales y de razas que lleva en su entraña
la lucha por la independencia, se añadirá otro dilema: godos y
liberales, ya que habrá americanos absolutistas y españoles liberales
enfrentados en América. También en las Indias se librará un episodio
del duelo español: ser de una vez por todas una Nación, o retornar a
la petrificación austro-borbónica del Imperio negro, con el pillastre
de Fernando VII a la cabeza [p.106]
[...]
La inutilidad de rejuvenecer España desde la cúspide sin tocar su
estructura profunda, se puso de relieve con la muerte de Carlos III
en 1788. Tan solo un año más tarde, el triunfo de la Revolución
Francesa indicaba el ocaso del absolutismo. Nada podía esperarse ya
de él cuando la burguesía y las clases populares entraban en la
historia. La era borbónica había llegado muy tarde a la vida
española y se agotaba rápidamente. [...] [p. 109]
[...]
Era un hecho admitido para los latinoamericanos de la época [de
Miranda] que el absolutismo español cerraba toda posibilidad de
acuerdo con la metrópoli. Para contribuir a la emancipación de las
colonias americanas se imponía la alianza con Inglaterra, con Estados
Unidos o con ambas potencias a la vez. Esto ha valido a Miranda
(también a San Martín y a Bolívar) la acusación de actuar al servicio
del poder británico.
Sin embargo, si se tiene en cuenta la situación internacional de la
época, no se puede poner en duda el patriotismo de los tres
personajes aludidos [...] el primer enemgio de América Hispánica era
el absolutismo español. De este hecho irrebatible se derivaba una
conclusión política elemental. El adversario de España era visto
como nuestro amigo. [p. 113]
[...]
En Chile, al sobrevenir la revolución, los intereses terratenientes
vinculados con el sistema [p.187] exportador impuesto por los
españoles y que subordinaba la venta del trigo chileno a los
comerciantes godos del Perú, rompen esa maquinaria declarando
abiertos los puertos de Valdivia, Talcahuano, Valparaíso y Coquimbo
al comercio libre con las naciones extranjeras. Pero los
terratenientes, en general, fuera de tales exigencias, carecían de
fervor revolucionario. Será [...] José Miguel Carrera, brillante
oficial en la guerra nacional española, quien encabeza la revolución
en Chile. Los carrera pertenecían a lo que Segall llama la "fracción
burguesa más progresista" de la época, pues curiosamente, en Chile
existía una burguesía minera de importancia, interesada en el
comercio con el Pacífico y cuyas relaciones con el pujante
capitalismo norteamericano constituyen el telón de fondo de la
política chilena en la primera década revolucionaria. La lucha entre
Carrera y O'Higgins, vinculado este último a la Logia Lautaro de San
Martín, respaldada a su vez por los intereses británicos, se explica
a la luz de las íntimas relaciones mantenidas entre José Miguel
Carrera y el agente diplomático norteamericano Joel Roberts Poinsett
[...] un pilar del partido carrerista [1] [...] O'Higgins, por su
parte, que ante la amenaza española disputa el poder con Carrera,
formaba parte del sistema terateniente-liberal interesado en la
relación con el Imperio Británico y en su apoyo al movimiento de la
Independencia. [p. 188]
[...]
Los Carrera eran propietarios del yacimiento Tamaya así como de
laboreos en Atacama y Coquimbo, en el Norte chico de Chile. Su caída
no sólo supondrá la hegemonía terrateniente y conservadora en la
política chilena del siglo XIX, sino tambiénla pérdida de la
influencia norteamericana en ese Estado en el mismo período. [...]
Fray Antonio Orihuela, franciscano partidario de los Carera, exigirá
en el Congreso de 1811 la entrega de la tierra a los inquilinos, o
campesinos pobres, con el manifiesto propósito de romper la espina
dorsal del latifundismo y crear las bases de una [189] economía
agraria burguesa como fundamento de la revolución. Se tendrá
presente que los latifundistas, peninsulares o criollos, vacilaron
largo tiempo en declararse patriotas pues salvo las regulaciones del
comercio, eran leales vasallos del Rey. Cuando los ingleses
manifestaron inequívocamente su apoyo y la espada de San Martín zanjó
toda duda, los terratenientes se hicieron ardientes patriotas, sin
abandonar su condición de campeones de la inmovilidad social.
Por su parte, Carrera encontró en la Secretaría de Marina de los
Estados Unidos el apoyo necesario para fletar la Expedición
Libertadora de Chile. Pero esta fuerza será desarmada y puesta fuera
de la ley, junto con su jefe, por los logistas probritánicos de
Buenos Aires.
A partir de 1820 los ingleses controlan todo el comercio de
exportación e importación chileno, así como también la minería del
país. El trágico destino de los Carrera, los más notables jefes
políticos y militares de la revolución, se une al asesinato del
guerrillero Manuel Rodríguez, caudillo de los sectores más populares
del país y enemigo asimismo de O'Higgins y la aristocracia. [...] [p.
190]
Cuando los partidos de la lucha por la independencia -carrerinos y
o'higginistas- fueron desalojados del poder por innecesarios, se
apoderó del gobierno de Chile una sólida clase social que no ha
soltado sino raramente el control del país desde esa época: una
rancia combinación de comerciantes y terratenientes conservadores,
desplegados en diversos partidos, pero unidos todos en la continuidad
de un orden estable [...] aborrecían todo cambio y en particular toda
intervención del "demos", todo gran proyecto nacional, todo
atrevimiento histórico. Apretada entre la montaña y el Océano, fue
esa oligarquía chilena, de maneras cultas y alma petrificada, la
tenaz defensora del patriotismo aldeano más obtuso.
Era perfectamente natural que semejante clase social encontrase su
gran hombre político en un comerciante de Valparaíso, el puerto
extranjero por excelencia de Chile, el Buenos Aires del Pacífico.
Ese hombre fue Diego Portales [...] Desconfiaba de O'Higgins
únicamente porque Carrera había muerto; porque detrás de O'Higgins
advertía la sombra de Bolívar en el Perú. [p. 328]"
N O T A
[1] Ramos tampoco ignora que Poinsett participó de la redacción de
la Constitución de la Patria Vieja chilena. Pero si vamos a atacar a
Carrera por ello, habrá que hacer lo mismo con O'Higgins, quien,
según relata Ramos y la brevedad de su epigrama hace omitir a Godoy,
recibió del agente inglés Worthington una constitución completa _y el
manifiesto de su promulgación_.
Poinsett, en realidad y nuevamente según Ramos, "era el típico
diplomático yanqui de la era anterior al poder mundial de los Estados
Unidos. Todos sus quebraderos de cabeza se originaban en sus
sistemáticas derrotas ante la diplomaica inglesa en la América del
Sur. El cruel destino de Poinsett lo persiguió de Chile a México,
adonde legó tan solo para caer en la trampa de las intrigas
británicas" [p. 296]
En otro libro (creo que _Revolución y Contrarrevolución en la
Argentina_) Ramos plantea que a su juicio el papel de los EEUU en los
años tempranos de la Revolución Americana era positivo (porque
ofrecía algún apoyo a los que no querían quedar en el buche inglés).
No por nada en estas orillas el federal popular, americano y
revolucionario Manuel Dorrego mantenía buenos contactos con los
norteamericanos que había conocido en Baltimore durante el exilio al
que lo empujaron los rivadavianos, mientras que los federales
aristocráticos, bonaerenses y conservadores mantuvieron buenos
vínculos con Inglaterra .
¿En cierto modo, quizás se podría establecer un paralelismo entre
Dorrego (o Moreno) y los Carrera, equivalente al que podría
establecerse entre Cornelio Saavedra (o, salvadas las distancias,
Rosas) y O'Higgins?
Este correo lo ha enviado
Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
[No necesariamente es su autor]
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"La patria tiene que ser la dignidad arriba y el regocijo abajo".
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