[R-P] Info 131 PETROLEO / URUGUAY
José María Cavalleri
ingcavalleri en hotmail.com
Mie Dic 7 15:54:29 MST 2005
PETROLEO / URUGUAY
Por unos pocos pesos
Por Eleuterio Fernández Huidobro
Resumen: el autor de la presente nota es miembro del Senado
de la República Oriental del Uruguay donde preside la Comisión de Defensa.
Pertenece al Movimiento de Participación Popular (MPP) del Frente Amplio
(FA)
y fue fundador del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaro.
Analiza frecuentemente los problemas energéticos actuales.
Es coautor de Memorias del Calabozo, y junto con el senador Enrique Rubio
(FA)
escribió en 2003 Los Negocios de ANCAP en la Argentina.
FRENTE A LAS PLAYAS QUE SÓLO USAMOS PARA BAÑARNOS EN VERANO, TENÍAMOS UN
TESORO: fue después de las elecciones, corrían los tiempos ya tan lejanos
del Hotel Presidente, cuando el comandante en jefe de la Armada andaba
presuroso tratando de conseguir unos pocos pesos para contratar de apuro los
servicios de un providencial buque oceanográfico ruso, que la buena suerte
puso en el puerto de Buenos Aires para realizar trabajos por cuenta de una
entidad científica alemana.
Este barco venía como anillo al dedo: durante años la Armada Nacional,
sorteando diversos escollos burocráticos (que son los peores para la
navegación), había trabajado en el relevamiento batimétrico de nuestra
plataforma continental, buscando demostrar científicamente su borde, y
también unos buenos corredores de aguas seguras para beneficio del acceso a
nuestros puertos y la navegación por nuestros mares.
Ese trabajo estaba casi terminado pero faltaba su complemento: el
relevamiento geofísico que corroborara mediante los datos del subsuelo, la
extensión indiscutible de dicha plataforma.
La importancia de ese trabajo era y es estratégica: gracias a ello Uruguay
puede concretar ante las Naciones Unidas la reivindicación territorial más
grande de su Historia, extendiendo soberanía más allá de nuestras doscientas
millas hasta las trescientas cincuenta (unos setecientos kilómetros mar
adentro desde nuestras playas) ganando, de paso, las riquezas presentes o
futuras atesoradas en esas aguas, la superficie del suelo y las del subsuelo
correspondiente.
El costo de traer desde lejanos países el o los buques capaces de realizar
el relevamiento geofísico hubiera sido enorme y en esa tarea se encontraba
el país cuando apareció el buque ruso que, traído desde muy lejos por cuenta
de otros, podía por muy poco dinero realizar rápidamente e! trabajo que
Uruguay necesitaba. Al mismo tiempo al buque ruso le venía bien porque
aprovechaba su presencia en la zona con más trabajo y, por lo tanto, más
ganancia.
Tengo por cierto que por aquellas horas anduvieron muy especialmente
iluminados Gonzalo Fernández, Tabaré Vázquez, Jorge Batlie y, lo más
importante e insólito, Isaac Alfie que, apenas con leves gruñidos de
protesta, aflojó los inexorables nudos de la casi vacía bolsa.
Ya se había dado el buque a la mar en su tarea, con oficiales uruguayos a
bordo, cuando las monedas llegaron. De otro modo es muy probable que los
rusos hubieran arrojado al mar y por babor a los malos pagadores que, como
hemos dicho, estaban inermes en manos de un ministro de Finanzas asediado
por diversos procuradores.
ASI SE ESCRIBIÓ LA HISTORIA
El trabajo de campo (mejor dicho de mar) terminó en los alrededores del fin
de año pasado, pero la interpretación técnica de los datos recogidos y
enviados a Alemania demoraría hasta entrado este año.
Pues bien: parece que esa información vital está llegando y con ella el
conocimiento de lo que los uruguayos, nuestros hijos y nietos y biznietos,
tenemos en esa femenina mar, a la que por tantísimos años le hemos dado
irresponsablemente la espalda. Ella nos demuestra una vez más su generosidad
despreciada: por muy pocos pesos conseguidos de apuro y a los porrazos (se
llegó a pensar en hacer una colecta si el ministro no aflojaba) nos venimos
a enterar por primera vez en siglos que ahí nomás, frente a las playas que
sólo usamos para bañamos en verano, teníamos un tesoro: cierto yacimiento de
gas de unos 7.000 kilómetros cuadrados.
Dicho sea de paso y al margen: Petrobrás, que invirtió en Gaseba y en
Conecta, ¿lo sabría? Parecen adivinos. Rompimos nuestros diques y astilleros
(sobreviven heroicamente algunos), nuestra marina mercante de ultramar y de
cabotaje, nuestra flota y nuestra industria pesquera también las rompimos
(salvo raras excepciones, entre ellas los pescadores artesanales, esos panas
que tenemos tirados en las playas) Descuidamos nuestros intereses en el
Atlántico Sur y no le damos la importancia debida a nuestra presencia en la
Antártida, lugares todos ellos donde nos esperan (quién sabe por cuánto
tiempo más) grandes riquezas. Tenemos la mayoría de nuestros puertos
abandonados a niveles de lástima. Nuestra navegación y nuestras pesquerías
fluviales y lacustres en el mismo estado.
El hecho de que nuestra principal flota sea la dedicada a transportar
turistas desde y hacia Buenos Aires, con ser mejor que nada es una estampa
elocuente. Algo así como si los uruguayos encandilados por las "luces del
centro" v otras frivolidades, le tuviéramos miedo al agua... O bronca. Y,
sin embargo, desde épocas inmemoriales resulta evidente que tenemos un
destino marítimo envidiable.
Pero como nunca es tarde cuando la dicha es buena, y porque tampoco hay mal
que por bien no venga, los trepadores precios del petróleo nos van a obligar
tarde o temprano a revitalizar el transporte por agua y el ferrocarrilero
(otro desastre vandálico)
Dicen algunos bancos europeos que el barril de crudo llegará a más de cien
dólares en pocos meses, y le contestan otros analistas que eso es imposible
por la sencilla razón de que si traspasa los setenta y se mantiene cierto
tiempo en ese rango, la economía mundial se derrumbará antes de poder
comprar barriles a cien dólares. Algo así como que resulta imposible
sostener que un enfermo llegará a tener sesenta grados de fiebre: se muere
antes.
Y entonces a lo largo y ancho del mundo (salvo acá) en materia de política
energética se agrega la extremada urgencia de severas medidas de ahorro y el
cambio urgente de las políticas de transporte y vivienda. El planeta no
soporta ya más ni el despilfarro de energía propiamente dicha ni tampoco
cierta irresponsable y alegre "civilización" en materia de transporte basada
en un petróleo barato que se fue para no volver. Mejor dicho: se quemó.
Porque ni aun disponiendo por arte de milagro, nuevamente, de petróleo
ligero, podríamos quemarlo como antes. Porque ahora somos seis mil millones
de habitantes y creciendo; tanto en cifras de población como en consumo
energético: la atmósfera no permite tamaña "quemazón"
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