[R-P] OLLANTA HUMALA, EL CHÁVEZ PERUANO (La Tercera de Chile)

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Mie Dic 7 12:12:07 MST 2005


OLLANTA HUMALA, EL CHÁVEZ PERUANO 

Un ex teniente coronel nacionalista y que hace campaña
con un discurso antichileno es el nuevo "outsider" en
la elección presidencial peruana, como antes lo fueron
Fujimori y el propio Toledo. Ollanta Humala ya va
segundo en las encuestas, y -con su discurso populista
estilo Chávez- entusiasma a muchos electores que no
confían en la democracia.


 Por Álvaro Vargas Llosa
La Tercera - Chile
Fecha edición: 04-12-2005

  
Desde hace algunos años los peruanos se preguntaban:
¿Y quién será el "outsider" esta vez? Acostumbrados a
un electorado que hace "desconocidas", como los
caballos, presentían que, al igual que Alberto
Fujimori en 1990 y Alejandro Toledo en 2000, alguien
vendría a poner las cosas de cabeza esta vez también.
Y así ha ocurrido. Ollanta Humala está ya en segundo
lugar en los sondeos, pero es como si estuviera
primero. El candidato nacionalpopulista tiene ese
impulso que los estadounidenses llaman momentum".

No hay en su caso nada que, aparentemente no hayamos
visto varias veces en la historia de América. Es más:
tres dictadores del Perú fueron, como Humala,
agregados militares en París antes de dar su golpe de
Estado: Benavides, Sánchez Cerro y Velasco. Digo
"aparentemente" porque sí hay una novedad importante:
el golpe de Ollanta es democrático. Y allí radica el
significado de su respaldo. Suele decirse que el suyo
es un voto "antisistema". Yo iría más lejos: es un
voto antidemocrático en un sentido literal. Un sector
amplio del pueblo peruano se rebela contra la
democracia, como los fascistas de los años 20 y 30 en
Europa, desde adentro del sistema. 

"¿Ustedes quieren democracia?", parecen decir. "Muy
bien", prosiguen, "aquí la tienen". Y se vuelcan en
favor de quien representa una apuesta por el
militarismo seudoprogresista que irrumpió en América
Latina con Omar Torrijos en Panamá, continuó con un
Velasco en Perú y desembocó, hace siete años, en el
triunfo de Hugo Chávez en Venezuela. El orden militar
y el Estado populista son la cara que adopta por ahora
el golpe democrático de los peruanos. 

Los mismos resortes que movieron a muchos a volcarse
con Fujimori en 1990 los llevan ahora, no sabemos si
irreversiblemente, a los brazos de Humala. Aquello fue
una reacción contra la democracia de los años 80. Esta
es una reacción contra la democracia del nuevo
milenio. Las diferencias entre ambas -la primera
estuvo marcada por la inflación y el terrorismo de
Sendero Luminoso- no son, para efectos del análisis,
más importantes que lo que hay en común: una absoluta
incapacidad para dar al ciudadano sentido de
pertenencia al marco institucional, al Estado-nación,
que en teoría es el suyo. El último ensayo por lograr
eso, el proceso descentralizador impulsado por el
gobierno de Alejandro Toledo, ha sido el mismo fiasco
que tentativas anteriores. El peruano de a pie ve con
rencor al juez, al policía, al parlamentario, al
ministro, al Presidente. Pero también al sector
acomodado de la sociedad civil: el empresario, el
abogado, el periodista. Y ve como a un país extranjero
el festín de cifras macroeconómicas que les habla de
un PIB lozano.

VOTO RECHAZO 

Desde hace algunos años es frecuente que en las zonas
más pobres los ciudadanos se tomen la justicia por su
propia mano. Ello dice mucho acerca de lo que piensan
del Estado que dice representarlos. Humala es la
figura -pudo ser otra- que viene a darles a los
ciudadanos hastiados de una "democracia" en la que
sólo ven corrupción y politiquería, una irracional y
ciega sensación de revancha. No extraña que en la
última encuesta casi el 60 por ciento de sus votantes
afirmen que el respaldo a Humala es "por rechazo"
antes que "por convicción". Muchos expresan ese
rechazo yéndose del país: la emigración crece
vertiginosamente, al punto que la población solía
aumentar a un ritmo de 2% al año y, según el último
censo, lo hace ahora a un ritmo de 1,4%. Se ha ido
medio millón de peruanos en esta nueva democracia. Los
que no se fueron, votan por Humala sin saber que ya lo
ha hecho antes muchas veces.

¿QUIÉN ES HUMALA? 

¿De dónde sale? Es un militar de ancestros ayacuchanos
-y por la vía de su madre, también italianos- nacido
en Lima hace 42 anos que alcanzó el rango de teniente
coronel como artillero. En su servicio no hubo grandes
indisciplinas. Pero sí hubo, como en el caso de Hugo
Chávez, la pertenencia a una suerte de logia al
interior del Ejército conocida como "MEC", acrónimo de
"Militares Etnocaceristas". El nombre es un homenaje
al mariscal Juan Avelino Cáceres, héroe de la Guerra
del Pacífico con Chile que lideró una guerra de
guerrillas cuando la clase dirigente se había rendido
(luego fue un pésimo Presidente).

Su momento estelar llegó en octubre de 2000, el día en
que Vladimiro Montesinos se fugaba a Panamá -hecho que
despierta muchas suspicacias-, cuando se levantó
contra Fujimori, junto con casi 70 hombres, en el
departamento de Tacna, colindante con Chile. Durante
cuatro semanas, él y su hermano Antauro deambularon
por el sur, tomaron brevemente una mina y se
incrustaron en la retina nacional. Como Chávez, los
Humala fueron amnistiados por la democracia naciente.
Ollanta fue enviado al exterior y uno de sus seis
hermanos, el cabezacaliente Antauro, lanzó un
movimiento "etnocacerista" apoyado por reservistas del
Ejército que se ha encargado todos estos años de
mantener vivo el recuerdo de lo ocurrido a fines del
2000.

Los "etnocaceristas" recorrieron el país vendiendo el
pasquín "Ollanta" a un sol y cosquilleando en miles de
ciudadanos el resentimiento contra lo establecido,
contra Chile y contra la economía moderna. Hoy,
Antauro está preso y Ollanta se ha desmarcado de él,
pero es evidente que la asociación con su hermano ha
tenido un efecto benéfico en el amplio segmento de
peruanos que se sienten excluidos. Es cierto que
Ollanta asusta a un sector de clase media (su hermano
Antauro hablaba de "fusilar a los corruptos" y fue
responsable, tras un breve episodio golpista en la
localidad de Andahuaylas durante este gobierno, de la
muerte de cuatro policías)). Pero en el sector que
interesa a Ollanta, la asociación de su nombre
(literalmente "guerrero que todo lo ve") con la
movilización "etnocacerista" ha servido para colocarlo
en boca de mucha gente rápidamente.

EL ETNOCACERISMO 

La figura central en la familia Humala es el padre,
Isaac, un delirante ex militante comunista que lleva
algunos años predicando un nacionalismo de corte
racista, algo que él justifica, porque "de las cuatro
razas que existen en el mundo, la cobriza es la
marginada". La ideología "etnocacerista" -si puede
aplicarse ese adverbio a su prédica- es nacionalista,
entendiendo por nacionalismo un rechazo de la
influencia europea y extranjerizante en general que se
asocia con la Colonia. Hablan, como Velasco, de
"peruanizar" las empresas, de un Estado que "debe ser
padre" y de "reivindicar al indio". Ollanta es la cara
más sofisticada del "etnocacerismo" -de allí que haya
eliminado de su Partido Nacionalista Peruano el
prefijo "etno"-. Desde París y Seúl, se distanció del
mensaje violentista de Antauro y ahora que está bajo
cuestionamiento público dice que nunca ha hablado "de
estatizar empresas" y que no está por la violencia ni
por destruir la democracia. Su paso por París junto a
su esposa, Nadine Heredia, una muchacha joven, le
sirvió para continuar estudios de ciencia política y
dotarse de un aire más cosmopolita que el de su
hermano Antauro. Es el eterno lobo con piel de
cordero. 

Pone el acento nacionalista en temas fronterizos, por
ejemplo. Cuando se le ha preguntado si un gobierno
suyo podría reavivar los conflictos, ha respondido que
sí, "a menos que sigamos con los pantalones abajo".
Critica los acuerdos de Itamaratí que pusieron fin al
conflicto de 1995 con Ecuador y fustiga la
"penetración chilena" en la economía peruana. Sin
embargo, ha dicho que si la Conaie indígena logra
gobernar Ecuador y Evo Morales lo hace en Bolivia, "se
pueden diluir los problemas". Ello indicaría que la
ideología populista de corte socializante es un factor
más importante que el nacionalismo. Mejor dicho: su
nacionalismo es, como el de Chávez, expansionista. Ve
una Sudamérica regida por gobiernos afines, enfrentada
a Estados Unidos. 

Hasta ahora, Humala ha eludido presentar un plan de
gobierno. No le hace falta y sólo le traería
problemas. ¿Para qué quiere un plan de gobierno un
candidato que crece como la espuma en los sondeos?
Primero, sedujo al sur serrano, luego conquistó la
zona central del país arrebatándole simpatizantes a
Fujimori y ahora sus números son relativamente buenos
en todas partes, incluyendo una Lima poblada de
inmigrantes provincianos. Los organizadores de la
reunión anual de ejecutivos y empresarios que suele
ser la tribuna desde la cual los candidatos exponen
sus planes de gobierno le pusieron en bandeja un
pretexto para eludir la cita al extenderle una
invitación que, a diferencia de los candidatos Lourdes
Flores, Alan García y Valentín Paniagua, le planteaba
compartir una mesa con candidatos "chicos".
"Es como si me invitaran a una casa y me dijeran que
coma en la cocina", respondió. Ese pequeño incidente
atrapó con humor el desfase entre el Perú de los
oligarcas y el de los marginales que explica su
peligroso avance. 

¿Cuáles son las relaciones de Humala con Venezuela?
Nadie ha podido determinar los detalles a ciencia
cierta, aunque Ollanta ya ha admitido haber viajado a
Caracas -lo hizo hace pocas semanas- y ser un
admirador del venezolano. Consulté a funcionarios del
Departamento de Estado y del Departamento de Defensa a
propósito de las persistentes informaciones sobre el
apoyo de Chávez a Humala. Insisten en que "lo está
asistiendo", pero prefieren mantener "por ahora en
reserva" los detalles de sus informaciones, como lo
han hecho con respecto al apoyo que recibe Evo Morales
en Bolivia. Por el momento, prefieren esperar a que se
desinfle, pero acopian información. 

Lo importante no es la relación ya existente con el
gobierno de Chávez, sino la que vendrá ahora que la
candidatura de Humala se ha disparado. Todos los
ingredientes del militarismo socialista de Chávez
están en Humala, quien últimamente ha empezado a
enfatizar -por primera vez- la idea de la "integración
latinoamericana". En la familia nacionalpopulista a la
que pertenece, eso significa una alianza geopolítica
entre líderes afines a través del manejo férreo de sus
Estados para gobernar todo, incluyendo la economía.
Humala, como se ha puesto de moda hacerlo, ataca la
globalización, pero ya no opone a ella un modelo
autárquico, sino "latinoamericano". La súbita
"bolivarianización" de su discurso delata vasos
comunicantes a tener en cuenta.

A Humala le queda un escollo -la inscripción oficial
de su candidatura- y una prueba de fuego: preservar su
éxito durante cuatro largos meses, hasta las
elecciones. Con respecto a lo primero, la Onpe ya ha
determinado que tiene el número de firmas necesarias
para inscribir a su partido, pero el Jurado Nacional
de Elecciones evalúa si cumple los otros requisitos.
Si no se inscribe su candidatura, a ojos del ciudadano
anti-democrático se tratará de una confirmación de que
las instituciones oficiales son una farsa que esconde
privilegios. Lo otro -mantener el ritmo- es más
complicado. 

Precisamente porque su candidatura expresa un rechazo
a lo establecido, estar expuesto durante tantos meses
a la figuración mediática puede restarle a Humala la
cualidad de "outsider". La política peruana tiende a
convertir al "outsider" en "insider" velozmente. Lo
que le interesa es ser un rumor que va corriendo de
pueblo en pueblo, no una cara paseando de canal en
canal.

Es pronto para pronosticar nada. Pero una cosa es
cierta: a poco más de cuatro meses de las elecciones,
el Perú apuesta una vez más por la barbarie. La
contenta barbarie.





	


	
		
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