[R-P] Fidel Castro - 60 aniversario de su ingreso a la Universidad

edgar smith condornacional en yahoo.com.ar
Mie Dic 7 10:31:27 MST 2005


Queridos estudiantes y profesores de las universidades
de toda Cuba;

Queridos compañeros dirigentes y demás invitados que
han compartido con nosotros tantos años de lucha:

Ahora viene el momento más difícil, que es el de decir
unas palabras en esta Aula Magna, donde se han
pronunciado tantas palabras. Un mundo de ideas le
viene a uno a la mente, y es lógico, ha pasado algún
tiempo.

Ustedes han sido muy amables al recordar hoy un día
muy especial: el 60 aniversario de mi tímido ingreso a
esta universidad.

Por ahí anda una foto, yo la miraba:  un jacketcito;
cara así, no sé si de bravo, de malo, o de bueno, o
indignado, porque esa foto no la sacaron el primer
día, yo creo que ya tenía unos cuantos meses, y yo
empezaba a reaccionar contra tantas cosas como las que
estábamos viendo.  No era un pensamiento formado ni
mucho menos; era un pensamiento ávido de ideas, pero
también de deseos de conocer; un espíritu tal vez
rebelde, lleno de ilusiones, de ilusiones no puedo
decir revolucionarias, habría que decir lleno de
ilusiones y de energía, también posiblemente de ansias
de lucha.

Bueno, había sido deportista, había sido escalador de
montañas. Hasta me habían convertido primero -ni sé
bien por qué- en una especie de teniente de
exploradores y después, más tarde, me hicieron general
de exploradores. Así que cuando yo era estudiante
preuniversitario me habían dado más grados que los que
tengo hoy (Risas), porque fui después Comandante, pero
nada más que Comandante, y eso de Comandante en Jefe
no quería decir más que era Comandante jefe de aquella
pequeña tropa de alrededor de 82 hombres, con los que
desembarcamos del Granma.

Ese nombre nace después del desembarco, el 2 de
diciembre de 1956.
Entre los 82 alguno tenía que ser jefe, después le
pusieron "en".
Así, poco a poco, de Comandante jefe pasé a Comandante
en Jefe cuando ya había más Comandantes, porque era el
grado más alto durante mucho tiempo. Recordaba esas
cosas.  Uno tiene que pensar qué era, en qué pensaba,
qué sentimientos albergaba.

Tal vez circunstancias especiales de mi vida me
hicieron reaccionar. Pasé algún trabajo desde muy
temprano y fui desarrollando, quizás por ello, el
oficio de rebelde.

Por ahí se habla de los rebeldes sin causa; pero a mí
me parece,
cuando recuerdo, que era un rebelde por muchas causas,
y agradezco a la vida haber seguido, a lo largo de
todo el tiempo, siendo rebelde, aun hoy, y tal vez con
más razón, porque tenga más ideas, porque tenga más
experiencia, porque haya aprendido mucho de mi propia
lucha, porque comprenda mucho mejor esta tierra en que
nacimos y este mundo en que vivimos, hoy globalizado y
en minutos decisivos de su destino.

No me atrevería a decir en minutos decisivos de su
historia, porque su historia es mucho más breve, es
realmente ínfima comparada con la vida de una especie
que en años muy recientes, tal vez desde hace 3 000, 4
000 ó 5 000 años, comenzó a dar los primeros pasos
después de su larga y breve evolución; digo larga y
breve, porque evolucionó hasta convertirse en ser
pensante tal vez en algunos cientos de miles de años,
y al cabo de la existencia de la vida en este planeta,
que afirman los conocedores, si no me equivoco,
surgió, me parece recordar, hace 1 000 ó 1 500
millones de años, primero surgió la vida y después
surgieron millones de especies, y nosotros no somos
más que
eso, una de las muchas especies que surgieron en este
planeta, y por eso digo que, tras una breve y a la vez
larga vida,  hemos llegado a este minuto, en este
milenio, que dicen que es el tercer milenio desde el
inicio de la era cristiana.

¿Y por qué tantas vueltas en torno a esta idea? 
Porque me atrevo a afirmar que hoy esta especie está
en un real y verdadero peligro de extinción, y nadie
podría asegurar, escuchen bien, nadie podría asegurar
que sobreviva a ese peligro.

Bueno, que la especie no sobreviviría es algo de lo
cual se habló hace 2 000 años, porque recuerdo que
cuando era estudiante oí hablar del Apocalipsis,
profetizado en la Biblia, es como si hace 2 000 años
algunos se dieran cuenta de que esta débil especie
podría un día desaparecer.

Desde luego, también los marxistas.  Recuerdo muy bien
un libro de
Engels, Dialéctica de la Naturaleza, donde hablaba de
que algún día el Sol se apagaría, que el combustible
que alimenta el fuego de esa estrella que nos ilumina
se agotaría y dejaría de existir la luz del Sol.  Y
entonces me queda una pregunta, que tal vez ustedes, o
los profesores de ustedes, o miles y cientos de miles
de ustedes se la hayan hecho alguna vez, y es la
pregunta acerca de si existe o no la posibilidad de
que esta especie pueda emigrar a otro sistema solar.

¿Nunca se lo han preguntado?  Pues en algún momento se
lo van a
preguntar, porque uno se pregunta muchas cosas a lo
largo de la vida, pero se las pregunta sobre todo
cuando hay una razón para
preguntárselas. Y creo que el hombre nunca tuvo más
razón para hacerse esta pregunta, porque si aquel que
era marxista se planteó el problema de la desaparición
del calor y la luz solar, y como científico planteó
que un día no existiría el sistema solar, nosotros
también, como revolucionarios, y echando a volar la
imaginación, tenemos que preguntarnos qué pasará y si
hay alguna esperanza de que esta especie escape y se
vaya a otro sistema solar donde haya o pueda haber
vida.

Lo único que sabemos hasta ahora es que hay un sol a
cuatro años luz, entre los cientos de miles de
millones de soles que existen en ese enorme espacio,
del que no sabemos todavía bien si es finito o
infinito.

Por lo poco que sabemos de física, de matemática, de
la luz y la
velocidad de la luz, y los que viajan a los planetas
más cercanos,
donde no encuentran nada, y los que viajaran a Venus 
-creo que Venus fue en tiempo de los romanos la diosa
del amor-, los que allí tengan el privilegio de
llegar, van a encontrar unos ciclones que son no sé
cuántos cientos de veces peores que el Katrina, el
Rita, o el Michelle, o el Mitch, y todos los demás
similares que cada vez con más fuerza nos azotan,
porque se afirma que la temperatura en Venus es de 400
grados, y son masas de aire o de atmósfera pesada en
constante soplo.

Los que han ido a Marte, que decían que era un
lugarcito donde podría haber existido la vida -Chávez
habla de que posiblemente existió allí la vida, él
bromea con eso-, y se fue, desapareció todo, andan
buscando si hay una partícula de oxígeno o alguna
huella de vida.

Bien, todo puede haber ocurrido, pero lo más probable
es que no
hubiese existido vida desarrollada en alguno de esos
planetas. El
conjunto de factores que hicieron posible la vida se
dieron al cabo de miles de millones de años en el
planeta Tierra, esa frágil vida que puede transcurrir
entre limitados grados de temperatura, entre unos
pocos grados por debajo de cero y unos pocos grados
por encima de cero, ya que nadie sobrevive a una
temperatura en el agua de 60 grados; bastarían 20
segundos sin protección alguna y ya ningún ser humano
vive, bastarían unas decenas de grados bajo cero, sin
calor artificial y no podría sobrevivir.  En ese
limitado margen de temperatura se dio la vida.

Estamos hablando de la vida, porque cuando hablamos de
universidades hablamos de la vida.

¿Qué son ustedes?  Si me hicieran una pregunta ahora
mismo, yo diría que ustedes son vida, ustedes son
símbolos de la vida.

Aquí hemos estado hablando de acontecimientos de
nuestras vidas, de nuestra universidad, de nuestra
Alma Máter, de los que llegamos hace algunas decenas
de años y los que están hoy aquí, que ingresaron en el
primer año o que están a punto de graduarse, o algunos
se han graduado ya y están desempeñando funciones que
otros, con menos experiencia, no podrían realizar.

Yo trataba de recordar cómo eran aquellas
universidades, a qué nos
dedicábamos, de qué nos preocupábamos.  Nos estábamos
preocupando de esta isla, de esta pequeñita isla.  No
se hablaba todavía de
globalización, no existía la televisión, no existía
Internet, no
existían las comunicaciones instantáneas de un extremo
a otro del
planeta, apenas existía el teléfono, y, si acaso,
algunos aviones de hélice. Al menos en mis tiempos,
allá en 1945, nuestros aviones de pasajeros apenas
llegaban a Miami y con mucho trabajo, aunque cuando
era escolar de primaria escuchaba hablar del viaje de
Barberán y Collar, allá en Birán se afirmaba:  "Por
aquí pasaron Barberán y Collar", dos pilotos españoles
que cruzaron el Atlántico y siguieron hacia México;
pero después no hubo más noticias de Barberán y
Collar, todavía se discute en qué lugar cayeron, si en
el mar entre Pinar del Río y México, o en Yucatán o en
algún otro lugar.  Pero nunca más se supo de Barberán
y Collar, que habían cometido la osadía de cruzar el
Atlántico en un avioncito de hélice que se había casi
recién inventado.  Fue a principios del siglo que
acaba de pasar cuando se inició la aviación.

Sí, acababa de ocurrir una terrible guerra, que costó
alrededor de 50 millones de vidas, y estoy hablando
del momento aquel, en 1945, cuando yo ingresé en la
universidad, el día 4 de septiembre; bueno, ingresé en
esa época, y ustedes, desde luego, se han tomado la
libertad de celebrar aquel aniversario cualquier día,
puede ser el 4, puede ser el 17, puede ser en
noviembre, puede ser hoy, en que ustedes escogieron
esta fecha, porque son tantas conmemoraciones que
ustedes no podían dar tantos actos ni yo tampoco
asistir a tantos actos, y el dolor más grande de mi
vida habría sido no asistir, especialmente en este
momento, a un acto en el Aula Magna, invitado por
ustedes.

Yo todos los días tengo muchos actos, todos los días
converso horas y horas con masas, especialmente de
jóvenes, con masas de estudiantes, o con brigadas
médicas que marchan a cumplir gloriosas misiones que
casi nadie más es capaz de cumplir en este mundo al
que me estoy refiriendo, ahora, porque ningún otro
país podría enviar a un hermano pueblo de
Centroamérica 1 000 médicos, como los que en este
momento se enfrentan allí al dolor y a la muerte,
frente a la más grande tragedia natural ocurrida en
ese país desde que se recuerda.

Una por una, a cada una de esas brigadas, les he
hablado, las he
despedido; o a las que marchan hacia el otro lado de
la Tierra, a 18 horas de vuelo, donde ha ocurrido,
casi simultáneamente, una de las más grandes tragedias
humanas que ha conocido nuestro mundo en mucho tiempo,
no recuerdo otra, por el lugar en que se produce, por
el pueblo humilde que golpea, pueblo de pastores que
viven en altísimas montañas, y vísperas de un
invierno, allí donde el frío es muy elevado, donde la
pobreza es grande y donde el mundo insensible que
derrocha un millón de millones de dólares cada año en
publicidad para tomarle el pelo a la inmensa mayoría
de la humanidad -que, además, paga las mentiras que se
dicen-, convirtiendo al ser humano en persona que, al
parecer, no tuviera ni siquiera capacidad de pensar,
porque las hacen consumir jabón, que es el mismo jabón
con 10 marcas diferentes, y tienen que engañarla,
porque ellos pagan ese millón de millones, no lo pagan
las empresas, lo pagan aquellos que adquieren los
productos en virtud de la publicidad; este mundo
insensible que gasta un millón de millones de dólares
cada año en objetivos de carácter militar -ya son dos
millones de millones-; este mundo insensible que
extrae de las masas empobrecidas, de la inmensa
mayoría
de los habitantes del planeta, varios millones de
millones de dólares cada año, y permanece indiferente
cuando le dicen que allí han muerto alrededor de 100
000 personas, entre ellos, tal vez, 25 000 ó 30 000
niños, o donde hay más de 100 000 heridos, y la gran
mayoría sufriendo fracturas de hueso en los miembros
superiores e inferiores del cuerpo, y de los cuales,
si acaso, se habrán operado un 10%, donde hay niños
con miembros mutilados, jóvenes, mujeres y hombres,
ancianos.

Ese es el mundo en que estamos viviendo, no es un
mundo lleno de
bondad, es un mundo lleno de egoísmo; no es un mundo
lleno de
justicia, es un mundo lleno de explotación, de abuso,
de saqueo, donde un número de millones de niños mueren
cada año -y podrían salvarse-, simplemente porque les
faltan unos centavos de medicamentos, un poco de
vitaminas y sales minerales y unos pocos dólares de
alimentos, suficientes para que puedan vivir.  Mueren
cada año, a causa de la injusticia, casi tantos como
los que murieron en aquella colosal guerra que
mencioné hace unos minutos.

¿Qué mundo es ese?  ¿Qué mundo es ese donde un imperio
bárbaro
proclama el derecho de atacar sorpresiva y
preventivamente a 70 o más países, que es capaz de
llevar la muerte a cualquier rincón del mundo,
utilizando las más sofisticadas armas y técnicas de
matar?  Un mundo donde impera el imperio de la
brutalidad y de la fuerza, con cientos de bases
militares en todo el planeta, y entre ellas una en
nuestra propia tierra, en la que intervino
arbitrariamente cuando el poder colonial español no
podía sostenerse y cuando cientos de miles de los
mejores hijos de este pueblo, que apenas tenía un
millón de habitantes, habían perecido en una larga
guerra de alrededor de 30 años; una Enmienda Platt
repugnante en virtud de una resolución de igual
repugnancia que, de forma traidora, otorgaba el
derecho a intervenir en nuestra tierra cuando a su
criterio no existiese suficiente orden.

Ha pasado más de un siglo y todavía ocupa por la
fuerza ese pedazo de territorio, hoy vergüenza y
espanto del mundo, cuando se divulga la noticia de que
fue convertida en un antro de torturas, donde cientos
de personas, recogidas en cualquier lugar del mundo,
están allí, no los llevan a su territorio porque en él
puedan existir algunas leyes que les creen
dificultades para tener ilegalmente por la fuerza
secuestrados y durante años, sin ningún trámite, sin
ninguna ley, sin ningún procedimiento a aquellos
hombres, que, además, para asombro del planeta, han
estado siendo sometidos a sádicas y brutales torturas.
 Y de eso se entera el mundo cuando allá en una cárcel
en Iraq estaban
torturando a cientos de prisioneros del país invadido
con todo el
poder de ese colosal imperio, y donde cientos de miles
de civiles
iraquíes han perdido la vida.

Cada día se descubren cosas nuevas.  Hace poco se
divulgaron las
noticias de que el gobierno de Estados Unidos  tenía
cárceles secretas en los países satélites del este de
Europa, esos que allí votan en Ginebra contra Cuba y
la acusan de violación de derechos humanos; al país
donde nadie conoció jamás un centro de tortura a lo
largo de 46 años de Revolución, porque jamás en
nuestro país se violó aquella tradición sin
precedentes en la historia de que ni un solo hombre
haya sido torturado, o se haya conocido -al menos
nosotros- la tortura de un solo hombre; y no seríamos
nosotros los únicos en impedirla, sería nuestro pueblo
que adquirió hace rato un concepto altísimo de la
dignidad humana.

¿Quién de nosotros, quién de ustedes, cuál de nuestros
compatriotas admitiría tranquilamente la historia de
un solo ciudadano torturado, a pesar de los miles de
actos de barbarie y de terrorismo cometido contra
nuestro pueblo, a pesar de los miles de víctimas
ocasionadas por la agresión de ese imperio que durante
más de 45 años nos ha bloqueado y ha tratado de
asfixiarnos por todos los medios?  Y ahora dicen los
muy descarados -como decía recientemente uno allí
frente a la votación aplastante de 182 miembros de las
Naciones Unidas, con una abstención- que las
dificultades son resultado de nuestro fracaso, y un
gran cómplice de ese bandido, que es el Estado pro
nazi de Israel, apoya el bloqueo. Hay que decirlo así,
porque aquellos que tales crímenes cometen lo hicieron
en nombre de un pueblo que durante más de 1 500 años
sufrió persecución en el mundo y fue víctima de los
más atroces crímenes en la Segunda Guerra Mundial, el
pueblo de Israel, que no tiene ninguna culpa de las
salvajadas genocidas, al servicio del imperio, que
conducen al holocausto de otro pueblo, el pueblo
palestino, y proclaman también el derecho repugnante
de atacar sorpresiva y preventivamente a otros países.

Ahora mismo el imperio amenaza con atacar a Irán si
produce
combustible nuclear.  Combustible nuclear no son armas
nucleares, no son bombas nucleares; prohibirle a un
país producir el combustible del futuro, es como
prohibirle a alguien que explore en busca de petróleo,
que es combustible del presente y llamado a agotarse
físicamente en poco tiempo.  ¿A qué país en el mundo
se le prohíbe buscar combustible, carbón, gas,
petróleo?

A aquel país lo conocemos bien, es un país de 70
millones de
habitantes, que se propone el desarrollo industrial y
piensa con toda razón que es un gran crimen
comprometer sus reservas de gas o de petróleo para
alimentar el potencial de miles de millones de
kilowatts/hora que requiere con urgencia de país del
Tercer Mundo su desarrollo industrial. Y ahí está el
imperio queriendo prohibirlo y amenazando con
bombardear.  Hoy ya se debate en la esfera
internacional qué día y qué hora, o si será el
imperio, o utilizará -como utilizó en Iraq- al
satélite israelí para el bombardeo preventivo y
sorpresivo sobre centros de investigación que busquen
obtener la tecnología de producción del combustible
nuclear.

En 30 años más, el petróleo, un 80% del cual está
actualmente en manos de países del Tercer Mundo, ya
que los otros agotaron el suyo, entre ellos Estados
Unidos, que tuvo una inmensa reserva de petróleo y
gas, le alcanza apenas para algunos años, por lo cual
trata de garantizar la posesión del petróleo en
cualquier parte del planeta y de cualquier forma, esa
fuente energética, sin embargo, se agota y a la vuelta
de 25 ó 30 años solo quedará una fundamental, aparte
de la solar, la eólica, etcétera, para la producción
masiva de electricidad, la energía nuclear.

Está lejano todavía el día en que el hidrógeno,
mediante procesos
tecnológicos muy incipientes, pudiera ser fuente más
idónea de
combustible, sin el cual no podría vivir la humanidad,
una humanidad que ha adquirido determinado nivel de
desarrollo técnico.  Este es un problema presente.

Nuestro Ministro de Relaciones Exteriores acaba de
cumplimentar la
invitación de visitar a Irán, ya que Cuba será sede de
la próxima
reunión de Países No Alineados, dentro de un año, y
aquella nación
reclama su derecho a producir combustible nuclear como
cualquier
nación entre las industrializadas y no ser obligada a
destruir la
reserva de una materia prima, que sirve no solo como
fuente
energética, sino como  fuente de numerosos productos,
fuente de
fertilizantes, fuente de textiles, fuente de infinidad
de materiales que hoy tienen un uso universal.

Así anda este mundo.  Y veremos qué ocurriría si se
les ocurre
bombardear a Irán para destruir cualquier instalación
que le permita la producción de combustible nuclear.

Irán ha firmado el Tratado de no Proliferación, como
Cuba lo ha
firmado.  Nosotros nunca nos hemos planteado la
cuestión de la
fabricación de armas nucleares, porque no las
necesitamos, y si fueran accesibles, cuánto costaría
producirlas y qué hacemos con producir un arma nuclear
frente a un enemigo que tiene miles de armas
nucleares. Sería entrar en el juego de los
enfrentamientos nucleares.

Nosotros poseemos otro tipo de armas nucleares, son
nuestras ideas; nosotros poseemos armas del poder de
las nucleares, es la magnitud de la justicia por la
cual luchamos; nosotros poseemos armas nucleares en
virtud del poder invencible de las armas morales.  Por
eso nunca se nos ha ocurrido fabricarlas, ni se nos ha
ocurrido buscar armas biológicas, ¿para qué?  Armas
para combatir la muerte, para combatir el SIDA, para
combatir las enfermedades, para combatir el cáncer, a
eso dedicamos nuestros recursos, a pesar de que el
bandido aquel -ya no me acuerdo cómo se llama el
tipejo que han nombrado, no sé si Bolton, Bordon, qué
sé yo-, nada menos que representante de Estados Unidos
en Naciones Unidas, un supermentiroso, descarado,
inventor de
que Cuba estaba investigando en el Centro de
Ingeniería Genética para producir armas biológicas.

También nos acusaron de que estábamos colaborando con
Irán,
transfiriendo tecnología con aquel objetivo, y lo que
estamos es
construyendo, en sociedad con Irán, una fábrica de
productos
anticancerígenos, eso es lo que estamos haciendo.  Y
si también lo
quieren prohibir, ¡váyanse para el demonio o para
donde quieran irse, idiotas, que aquí no van a asustar
a nadie! (Aplausos.)

Discurso de Fidel Castro Ruz, Presidente de Cuba, en
acto por aniversario 60 de su ingreso a la
universidad, efectuado en el Aula Magna de Universidad
de La Habana. 17 de noviembre de 2005.


	


	
		
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