[R-P] Condolezza y Sarkosy, o la lógica de los conversos
C J Lazor
clazor en ciudad.com.ar
Vie Dic 2 07:26:00 MST 2005
Difícilmente puedan hallarse casos tan puntuales de similitud como la que
existe entre los dos principales funcionarios públicos que tienen a su cargo
la resolución de los conflictivos problemas que hoy padecen sea Francia como
los Estados Unidos. Y como nunca, ha acontecido que tal semejanza se haya
manifestado en forma tan contundente en un mismo día a través de
resoluciones y declaraciones sumamente similares en cuanto a la expresión de
un mismo espíritu.
Así pues la secretaria del Estado norteamericano Condoleezza Rice acaba de
confirmarnos, de manera por lo demás provocativa y audaz, que su país piensa
seguir utilizando las bombas de fósforo blanco en la guerra de Irak, a pesar
de todas las incalculables matanzas que las mismas ya han provocado en la
población civil, tal como fuera señalado en forma puntual en nuestro
anterior comunicado. Nos alega la dulce funcionaria que su país necesita de
mucha iluminación nocturna para aplicar en los territorios "liberados" a fin
de poder dar de una vez por todas con las "armas de destrucción masiva",
lamentando de todos modos los "daños colaterales" que tan humanitaria
búsqueda pudiera ocasionar. Asimismo, también con una desfachatez similar,
nos ha confirmado que piensa seguir aplicando de la misma manera su política
de "justicia universal", secuestrando a cualquier sospechoso de "terrorismo",
sin importar el lugar en donde el mismo se encontrare y sin inquietarse
tampoco por el tiempo de cautiverio clandestino que se le aplique al
detenido, del cual puede ignorarse tranquilamente su paradero, instándonos
además a no preocuparnos por ello en tanto se hallaría bajo el cobijo de una
muy democrática protección. De tal manera el imán egipcio Abu Omar ha sido
secuestrado por la CIA en febrero de 2003 en la ciudad de Milán (ninguna
protesta significativa al respecto por parte de los peleles Fini y
Berlusconi) y del cual lo único que se sabe de boca de la funcionaria es que
se encuentra en muy confortables y democráticas condiciones de detención,
siendo por lo tanto torturado tan sólo "un poco", pues son respetados los
derechos del detenido quien podrá hacer cesar inmediatamente la molesta
sesión en el momento en que manifieste a sus también demócratas carceleros
sentir un dolor intenso que le atraviesa por todo el cuerpo. Ello por
supuesto cesará a partir del instante en que, con sus "confesiones", evite
futuros magnicidios por parte del terrorismo islámico y permita de una vez
por todas dar con las "armas de destrucción masiva" que le quitan el sueño
al presidente Bush. Tal como vemos, la lógica de Condoleezza no es muy
distinta en sus fundamentos de la que sustentara entre otros nuestro
vernáculo teólogo de tal religión, el ex presidente Alfonsín, cuando
afirmara que: "Con la democracia todo se puede".
De la misma manera, del otro lado del Océano, el ministro del Interior
francés Sarkozy, luego de haber provocado agresivamente a sus connacionales
descendientes de inmigrantes estimulándolos así a incendiar varios miles de
vehículos y generando un verdadero motín en distintas ciudades de Francia,
(del que por otro lado participaron también varios ciudadanos nativos de tal
país, muchos de ellos "arios" y por lo tanto coherentes y funcionales con la
herencia jacobina inaugurada desde 1789 en tal país); una vez apaciguada la
asonada, halló las excusas suficientes para endurecer su política
anti-inmigratoria con leyes que harían enrojecer de envidia al mismo
"derechista xenófobo" Le Pen. Entre las incalculables reglamentaciones
limitativas establecidas a fin de evitar que su nación siga siendo
"invadida" por inmigrantes de países marginales, entre los cuales también
se incluye al nuestro, del que llega a decirse (obviamente que sin la más
mínima reacción de nuestros "gobernantes", siempre muy ágiles en cambio en
receptar carnalmente nuevas "inversiones"), que si se abren las fronteras de
par en par, "treinta millones de argentinos, entre otros, invadirían
nuestros territorios" (1). Resulta sumamente risueña la legislación
propuesta a tal fin, la que entre otras cosas establece límites a los
matrimonios entre franceses y extranjeros (sin importar la nacionalidad de
los mismos para no "discriminar" una vez más a los ya discriminados) a fin
de evitar que por dicho procedimiento estos últimos adquieran la
nacionalidad del país huésped y de este modo acrecienten la
"extranjerización de Francia", como si acaso tal país no fuera en los hechos
una colonia más de la civilización norteamericana. Por lo cual, con la
excusa de evitar los "matrimonios por conveniencia", aunque tan sólo con
extranjeros, una persona vería limitada así su libertad de casarse con quien
quiere. Es curioso que ello suceda en el país declarado cuna y campeón de
los derechos humanos y de la antidiscriminación, de la misma manera que
también son sumamente absurdas e ilógicas las aviesas violaciones a los
mismos defendidas por la Rice.
Pero resulta más curioso aun -y aquí es donde se encuentran las similitudes
entre ambos gobernantes- constatar el vínculo que existe entre tales
acciones punitivas y "discriminatorias" dirigidas hacia determinados grupos
y el origen étnico que poseen sus ejecutores. Condoleezza y Sarkozy forman
parte ellos también y de manera ostensible de minorías poblacionales dentro
de su propio país, las que en otras épocas padecieron una serie de
persecuciones de un tenor muy similar con el que ellos hoy en día castigan a
las restantes y aun a sus mismos connacionales, arribando incluso a extremos
pocas veces vistos y superando en algunos casos a las circunstancias
dolorosas que padecieran sus propios antepasados. Bien sabemos que en el
primero se trata de una descendiente de libertos, formando parte así de una
comunidad racial que hasta hace pocos años era segregada y perseguida en los
Estados Unidos, y a su vez que Sarkozy, quien hoy se destaca por castigar
con leyes severísimas a los inmigrantes extranjeros a los que trata incluso
con sumo desprecio y agresividad, es hijo de una familia polaca radicada en
Francia en décadas pasadas, no perteneciendo por sus rasgos, de la misma
manera que la negra respecto de sus compatriotas norteamericanos, a los
arquetípicos del francés medio y poseyendo incluso ciertos caracteres
ashkenazis que resaltan a simple vista en su expresión facial.
Por lo que cabe preguntarnos entonces ¿cuáles son las razones que explican
que paradojalmente tales medidas represivas sean efectuadas justamente por
descendientes de minorías históricamente segregadas en el propio suelo?
Diríamos que son múltiples, pero tratando de remitirnos a la que
consideramos como la principal, podría sostenerse en primer lugar que la
actitud de tales personas no se diferencia mayormente, salvo en la
resonancia alcanzada, de otras del mismo tenor también acontecidas en el
viejo continente. Tal por ejemplo el caso de los famosos Judenrat, es decir
de aquellos guardianes judíos de los campos de concentración que maltrataban
a sus propios connacionales con una saña que en algunas circunstancias era
mayor que la aplicada por el más feroz de los nazis. O también,
remitiéndonos a un plano social, a los casos tan comprobados de ciertos
obreros explotados a quienes determinadas circunstancias azarosas y
excepcionales los enancaron a la misma situación del patrón capitalista. Se
ha constatado también que los mismos actúan con una aun más multiplicada
saña explotadora que la que había poseído aquel que los oprimía
anteriormente, representando todo ello además un acto de resentimiento, de
reacción, así como de catarsis liberadora por la que se pretende hacer
padecer a otros los mismos males que ellos habían soportado. Sucede aquí en
los casos mentados que el siervo o el esclavo, o el oprimido, en su
reacción, en vez de negar la esclavitud, la servidumbre, o la opresión, en
el fondo, tras haberlas padecido severamente, ha terminado sucumbiendo al
adaptarse plenamente al espíritu de las mismas, pasando así de estar
sometido a la persona del patrón a estarlo en cambio al principio que éste
aplicaba a su respecto; lo cual es en el fondo peor porque mientras el amo
siempre es tal y por consiguiente no tiene necesidad de demostrarlo, el que
llega a serlo por primera vez siente un deseo perentorio de hacerlo notar
por doquier.
Ha sido también lamentablemente en el marco de tal espíritu simplemente
revanchista que se ha movido la inmensa mayoría de los movimientos
pretendidamente contestatarios del sistema, entre los cuales ocupa un lugar
privilegiado el marxismo, el que se expresara no tan sólo en el momento de
alcanzar el poder del Estado a través de la constitución de sus distintas y
odiosas nomenklaturas, sino en la actualidad con su permanente exhibición de
fanáticos conversos al capitalismo de mercado al que en otras épocas habían
negado incesantemente y hasta con violencia. De la misma manera podemos
reiterar aquí que los problemas de la inmigración marginal y del
"terrorismo", que tanto afligen a nuestros nuevos conversos, no se
resuelven expulsando y combatiendo a tales figuras, entrando de este modo a
formar parte también los que así lo hacen del sistema padecido con
anterioridad, sino a las causas que las han generado. Ni el terrorismo ha
surgido por un odio gratuito hacia el Occidente y la Cristiandad, tal como
nos quieren hacer creer algunos esquemáticos y maliciosos adeptos de la
doctrina del "choque de civilizaciones", ni tampoco el inmigrante se
encuentra en Europa simplemente porque es él el que lo ha determinado
libremente, tal como insiste toda la propaganda xenófoba de nuestros días.
Ha sido el consumismo desaforado el que lo hizo venir y el que a su vez lo
explota miserablemente. Consumismo del europeo y del yanqui que quieren
gozar ilimitadamente de cosas superfluas y que precisa de sudacas, chicanos
y de magrebíes para la realización de las tareas serviles que le interfieren
con el logro de su felicidad vacuna, y consumismo del inmigrante atraído por
tales quimeras que produce la americanización de la cultura que también
padece en sus países originarios. A su vez el "terrorista" es el que se
defiende de tal invasión.
Un movimiento que desintoxique al mundo del demonismo económico y
tecnológico es la única alternativa.
(1) Ha sido manifestado textualmente en la obra del antiislamista francés
Guillaume Faye, "La colonización europea", texto muy considerado por el
ministro Sarkozy y reproducido por el autor francés Hervé Blanchat, en su
obra Las claves del fenómeno Le Pen, traducida a nuestra lengua y vendida
sin inconvenientes en nuestro medio. Cabe recordar aquí nuestra
pormenorizada crítica al autor Faye reproducida en estas mismas páginas y
defendido en cambio calurosamente por el filósofo güelfo peronista vernáculo
Alberto Buela quien ha salido recientemente en defensa de tal postura ante
nuestra crítica.
Buenos Aires, 1-12-05
Marcos Ghio
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