[R-P] El Caso Burresi, Primera Sentencia de Mons. Levada

ana graciela real educba2003 en yahoo.com.ar
Jue Ago 25 22:13:04 MDT 2005


El Caso Burresi, Primera Sentencia de Mons. Levada

Llama la atención la severidad de Doctrina de la Fe
contra el P. Burresi, al condenarlo por diversos
delitos, entre ellos algunos de carácter sexual. 
En apariencia, el Papa Benedicto ha decidido ser
implacable con los que cometen estas gravísimas
faltas.

El 19 de julio, el diario católico Avvenire publicó la
nota siguiente cuya fuente es la Secretaría General de
la Conferencia Episcopal Italiana (CEI).

De acuerdo con el decreto dado a conocer por la
Congregación para la Doctrina de la Fe, con fecha del
27 de mayo de 2005, se comunica que se han tomado las
siguientes determinaciones canónicas en lo referente
al P. Luigi (Gino) Burresi, de la Congregación de los
Siervos del Corazón Inmaculado de María:

1- Revocación de la facultad de escuchar confesión de
cualquier fiel en cualquier parte, según lo provisto
en los cánones 966 y 969 del Código de Derecho
Canónico;

2- Prohibición definitiva de desempeñar cualquier tipo
de ministerio espiritual, dirección espiritual de
cualquier tipo, ya sea de laicos o de miembros del
clero o personas consagradas.

3- Revocación de la facultad de predicar, según los
cánones 764 y 765;

4- Prohibición de celebrar los sacramentos y
sacramentales en público;

5- Prohibición de otorgar entrevistas, escribir en
periódicos, diarios, panfletos, en Internet o
participar en programas de radio o televisión, sobre
cualquier tema que involucre la doctrina, la moral o
los fenómenos mísiticos o sobrenaturales.

“Esto se da conocer para la comprensión y el beneficio
de los fieles."

Entre las razones de la determinación tomada, el
decreto de la Congregación de la Fe cita abusos en las
confesiones y en la dirección espiritual. 
Pero fuentes vaticanas han confirmado que a estas
razones deben agregarse acusaciones de abusos sexuales
realizados por el P. Burresi contra antiguos
discípulos o seminaristas durante los años 1970 y '80.

El decreto del Vaticano no ha sido publicado. 
Pero el semanario norteamericano "Nacional Catholic
Reporter" obtuvo una copia y su corresponsal, John L.
Allen realizó un informe para la newsletter "La
Palabra de Roma", el 22 julio.

El decreto contra el P. Burresi es el primero que se
emite desde que la Congregación para la Doctrina de la
Fe bajo el Pontificado de Benedicto XVI. 
Y es el primero que lleva la firma del nuevo prefecto,
ex obispo de San Francisco, William J. Levada. 
Fue aprobado personalmente por el Papa el 27 de mayo,
cuando recibió en audiencia al Secretario del
Dicasterio, Mons. Angelo Amato. 
La aprobación papal, "en forma explícita" no admite
apelación posible.

Como documento contra el fundador de una orden
religiosa, basado en acusaciones que se remontan a
décadas atrás, vinculadas con abusos sexuales contra
sus discípulos, el decreto contra el P. Burresi tiene
como precedente un caso análogo, pero de mucha mayor
trascendencia. 
Este, también, está bajo examen de la Congregación de
la Fe: es el caso del P. Marcial Maciel Degollado,
fundador de los Legionarios de Cristo.

No sería sorprendente que la severidad adoptada contra
el P. Burresi sea el preludio de acciones rigurosas
que se vayan a tomar contra el P. Maciel.

El P. Burresi, que actualmente tiene 73 años, fue
hasta 1992 miembro de los oblatos de la Virgen María,
una orden fundada en 1816 por el sacerdote italiano
Bruno Lanteri. 
Hombre de gran devoción a las revelaciones de Fátima,
Burresi se hizo sacerdote a edad relativamente
avanzada, en 1983, pero incluso antes de esto había
ganado fama de director espiritual y místico, lo mismo
que por sus visiones y estigmas.

En pequeña escala, su popularidad se parecía a la del
P. Pío de Pietrelcina. Aunque no demasiado pequeña:
cientos de personas de Italia y de más allá de las
fronteras venían a diario buscando confortación,
incluyendo a prelados de alto rango, políticos y
embajadores. 
Desde la lejana Filipinas, la ex presidente Corazón
Aquino envió un mensajero a fin de que este hombre,
rodeado de un aura de santidad, bendijera para ella un
rosario.

Sus cuarteles generales están en los alrededores de
Tivoli, en las afueras de Roma, en el área de San
Vittorino, donde hoy en día se erige un santuario
mariano en forma de cono, hecho de vidrio y cemento. 
Fue construido con las contribuciones de sus devotos.
"El hermano Gino", como todos le decían, inicialmente
recibía a sus visitantes en una construcción de madera
y chapas, pero la congregación de los Oblatos la
reemplazó por un seminario internacional. 
Porque el P. Burresi era también un hombre de gran
atracción para las vocaciones religiosas.

Esto sucedió hasta mayo de 1988, cuando dos y luego
cinco de sus más jóvenes seguidores pusieron fin al
encanto. 
Ellos le relataron a sus superiores de la congregación
que en muchas oportunidades el sacerdote los había
llevado a su habitación y abusado sexualmente de
ellos. 
Cuando se puso esto por escrito, los relatos mostraban
una suerte de fascinación y culpa. 
Por ejemplo: "El P. Gino me besaba y a la vez me decía
cosas maravillosas: “Dejate tocar por Dios. Amar no es
un pecado”. 
Yo estaba confundido y paralizado. 
Sabía que era un estigmatizado, alguien que tenía
contacto directo con la Virgen María. 
Así que yo me sentía culpable, que no podía ser lo que
yo creía que él era, porque si él hubiese sido así,
Dios no lo hubiese elegido como ministro suyo en la
tierra. Me decía a mí mismo: ¡cuán malvado y corrupto
soy, veo malicia incluso en los abrazos afectuosos de
un santo".

Después de que formularon las acusaciones, los
superiores de los Oblatos se pusieron en acción de un
modo inmediato. 
El 6 de junio de 1988 enviaron al P. Burresi en avión
a Viena, y lo trasladaron al monasterio de Loreto, en
Austria. 
Al día siguiente, el superior general de la orden, el
argentino Julio Cura, envió el dossier con las
acusaciones al prefecto de la Congregación de los
Religiosos en el Vaticano, por ese entonces el Card.
Jerome Hamer.

Pero el secretario de la congregación por ese tiempo
era Vincenzo Fagiolo, un futuro cardenal, que
simpatizaba con el acusado. 
"Ha venido a mi con frecuencia, incluso para
confesarse", reveló pronto el P. Burresi. 
El, en tanto, ya había pasado las fronteras de Austria
y regresado a Italia, a Montignoso di Gambassi Terme,
en la diócesis de Volterra, en la región de la
Toscana. Reside allí desde entonces.

El hecho es que el Vaticano puso la investigación de
ambos, el P. Burresi y los superiores de los Oblatos,
bajo la autoridad de un inspector, Marcel Gendrot,
miembro de la Compañía de María. 
Después de una investigación que duró dos meses,
Gendrot concluyó a favor del P. Burresi y su retorno a
San Vittorino, y escribió un informe con una
reprimenda para los superiores de la orden.

Entonces los superiores apelaron al Papa Juan Pablo
II. 
Esta apelación, de fecha 22 de noviembre de 1988,
tiene tres páginas. 
Es una lista de acusaciones: consumación de actos
homosexuales con numerosos jóvenes, secuestro con
fines sexuales, violación del secreto de confesión. 
Refuta al inspector Gendrot por ocultar los hechos en
su investigación. Solicita al papa que retire la
responsabilidad de la investigación del caso a Hamer y
Fagiolo y la haga recaer en el Prefecto de Doctrina de
la Fe, Joseph Ratzinger o en una comisión especial.

La respuesta llegó el 3 de enero siguiente: apelación
denegada. 
Y no solo eso, El P. Cura y los otros superiores de
los Oblatos fueron relevados de sus cargos. 
Gendrot fue promovido al cargo del Inspector a cargo
de la Orden. 
El caso permaneció en las manos de Hamer y Fagiolo. 
La única concesión fue una investigación suplementaria
confiada a tres cardenales, los cuales ya han muerto. 
Giuseppe Caprio, Opilio Rossi y Luigi D'daglio. Ellos
escucharon solo a uno de los siete testigos acusadores
iniciales (fueron finalmente once). 
Un año después, en febrero de 1990, concluyeron
permitiendo al P. Burresi permanecer donde estaba, en
Montignoso, y continuar su trabajo allí, con la única
consigna de no trabajar ya con jóvenes ni en la
captación de vocaciones.

Pero el P. Burresi tomo la iniciativa en sus propias
manos. 
En 1992 dejó la orden de los Oblatos y fundó una nueva
congregación, los Siervos del Corazón Inmaculado, con
ramas tanto masculinas como femeninas. Hoy la orden
cuenta con 150 miembros.

Cinco años más tarde, sin embargo, en 1997, la
Congregación para la Doctrina de la Fe abrió otra
investigación sobre él. 
El caso fue concluido en 10 de mayo de 2002, con un
decreto firmado por Ratzinger y el secretario del
Dicasterio por aquella época, Tarcisio Bertone, actual
Cardenal Arzobispo de Génova.

La sentencia toma en consideración el hecho de que las
acusaciones se realizaron pasando por sobre el
estatuto de limitaciones, de modo que no se condena ni
castiga al P. Burresi. 
Pero el informe de 20 páginas que acompaña el decreto
-que también es conocido por el Nacional Catholic
Reporter, contiene pasajes dignos de ser citados. 
Fue firmado por los cuatro prelados a cargo de llevar
adelante la investigación, encabezados por Velasco de
Paolis, actual obispo y secretario de Supremo Tribunal
de la Signatura Apostólica.

El informe ofrece una lista de acusaciones contra el
sacerdote: violación del secreto de confesión, uso
ilegítimo de información revelada durante confesión en
contra del penitente, difamación, violación del
derecho de privacidad, incitación a la desobediencia
contra sus superiores, falso misticismo, falsas
alegaciones de apariciones y mensajes sobrenaturales.

Admite que el estatuto de limitaciones ha hecho
prescribir las acusaciones. Pero, sin embargo solicita
a la Congregación de la Fe promover sanciones
administrativas contra el P. Burresi. Por la siguiente
razón.

"No debe olvidarse que durante este proceso algunos
[de los discípulos de Burresi] dijeron que el acusado
'saldría adelante triunfante y más estimado que nunca,
así, sin sombra alguna, y más glorioso que antes. 
[Ellos dijeron] que el Secretario de Estado defiende
al P. Gino teniendo así éste la victoria asegurada'. 
Si no se limita su libertad ministerial simplemente
porque los delitos probados han prescripto [por el
estatuto de limitaciones], probablemente la sentencia
de este tribunal será usada como un instrumento de
propaganda a favor del acusado. 
Tendrá la posibilidad de continuar haciendo daño a
personas psicológicamente débiles que se pongan bajo
su dirección espiritual".

El apoyo ya explicitado de la Secretaría de Estado al
P. Burresi -que es referido en este informe- es otro
de los elementos que vincula a este caso con el del P.
Maciel.

En efecto, dos de los prelados que trabajan en la
Secretaría de Estado pertenecen a estas órdenes. 
Angelo Tognoni es miembro de los Siervos del Corazón
Inmaculado de María, fundado por Burresi, y Donal
Corry pertenece a los Legionarios de Cristo, fundado
por el P. Maciel.

Y eso no es todo. Los Legionarios de Cristo han
tenido, por muchos años el apoyo personal del
Secretario de Estado, Angelo Sodano.

La confirmación de este apoyo a los Legionarios en su
entredicho canónico se tuvo el 20 de mayo, poco
después de que se publicara un artículo dedicado a la
investigación de Maciel, iniciada por la Congregación
de la Doctrina de la Fe.

Gracias a un fax enviado a ellos sin firma pero con el
sello de la Secretaría de Estado, los Legionarios de
Cristo publicaron un informe de prensa que sostenía
que:

"En este momento no hay proceso canónico alguno sobre
nuestro fundador, el P. Marcial Maciel, L.C. ni será
iniciado ninguno".

En realidad, el fax de la Secretaría de Estado era
menos categórico respecto al futuro. En italiano
decía:

"Non vi è nessun procedimento canonico in corso né è
previsto per il futuro nei confronti di p. Maciel".

La fórmula "non è previsto per il futuro" es de uso
común en el Vaticano para indicar que ciertas acciones
están en el ámbito de las probabilidades, pero todavía
no se han tomado decisiones formales al respecto.

Lo que es seguro es que la investigación preliminar en
el caso Maciel ha ido avanzando hasta la falsa
negación del 20 de mayo, con acumulación de
testimonios y documentos. 
Y es en base a esta investigación que la Congregación
de la Doctrina de la Fe -no la Secretaría de Estado-
decidirá sobre el proceso canónico contra el fundador
de los Legionarios de Cristo.

El caso Burresi enseña una lección. Parecía haber
descartado definitivamente los cargos con la sentencia
favorable del 10 de mayo de 2002. 
Pero el caso fue reabierto, y se llegó a una
conclusión mucho más severa -siendo Ratzinger el
presidente del tribunal. 
En la actualidad, Ratzinger es Papa.



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