[R-P] Buela: José Luis Torres
edgar smith
condornacional en yahoo.com.ar
Mar Ago 23 11:36:08 MDT 2005
José Luis Torres(1901-1965): El fiscal de la década
infame
Alberto Buela(*)
Se destacó por su producción de denuncia en torno a
los grandes negociados que signaron la, bautizada por
él, Década Infame. Y en el orden ideológico es el
fundador junto con su entrañable amigo y compadre
Carlos Montenegro(1904-1953) del nacionalismo
anitimperialista hispanoamericano. Y así como el
pensador boliviano fue el teórico del Movimiento
Nacionalista Revolucionario, Torres lo fue del GOU y
del golpe de Estado de 4 de junio de 1943.
La Gran Prensa internacional, los mass media diríamos
hoy, (la nacional es un epígono de ella) tiene dos
armas contundentes: una, la propaganda mediante la
cual vende lo que quiere, crea arquetipos de hombres e
insufla ideales que solo benefician al poder
financiero que las sustenta. La otra es el silencio.
Silenciar la denuncia que la afecta, omitir una
noticia que la daña, ignorar la voz de un hombre que
dice: lo que todos quieren decir. Es esta última la
mejor arma, la más poderosa de las dos.
Así, en el momento de la propaganda la Gran Prensa se
mueve con soltura, con agilidad, es el momento del
ataque a las conciencias, de su manifestación y
consecuentemente, de idiotización del lector. En el
segundo momento, el del silencio, ella se halla
abroquelada. Ha sido afectada en su poder. Le han
cortado algún tentáculo. Su detractor no ha podido ser
sobornado de ninguna manera, pues él es un hombre con
principios y que vive en función de un ideal. Luego,
hay que evitar que se lo conozca, pues reconociéndolo,
sus principios y sus ideales se tornarán peligrosos
para el statu quo reinante, hoy expresado a través del
llamado pensamiento único y políticamente correcto.
Es este, sintéticamente, el mecanismo de los
embaucadores de conciencias y José Luis Torres con
sus vida y su muerte, es un ejemplo irrevocable de lo
que este enfrentamiento acarrea. Sobre él escribió
Arturo Jauretche: “No hay ningún periodista argentino
que no haya querido escribir su necrológica. Pero no
hay ningún periódico argentino que haya querido
recogerla. Este silencio que ha habido para la muerte
de José Luis Torrres, prueba simplemente que murió en
su ley. Esto es lo que se llama aquí “libertad de
prensa”. Libertad de los intereses antinacionales y
antipopulares, para impedir que tenga medios de
expresión lo nacional y popular”(1).
Vida y obra de Torres
Nació en la ciudad de San Miguel de Tucumán el 21 de
enero de 1901, fue su madre una mujer de condición
humilde, siendo su padre un ingeniero del ferrocarril,
Domingo Torres, que lo reconoció como hijo. Sus
estudios llegaron a cuarto grado del colegio primario,
lo que habla a las claras del carácter autodidáctico
de su formación.
“Ya a los 14 años, recuerda la segunda señora de
Torres, se unió a la acción anarquista para realizar
la primera huelga violenta en el Ingenio Ledesma de
Tucumán, a fin de conseguir el salario de 3 pesos para
los obreros del surco”.
Al tiempo comienza a trabajar para el periódico
tucumano El Orden. Es allí donde aprende el oficio de
periodista y desde donde empieza, ya a los 18 años, su
primera campaña periodística contra los que serán sus
enemigo de por vida: la oligarquía maléfica y los
perduellis, como los identificará años más tarde en
libros homónimos.
Pasados los 20 años se trasladó al norte donde
contrajo enlace con una mujer del lugar de quién tuvo
la menos un hijo, Domingo. Ahí, nos cuenta Torres “En
Salta y Jujuy fui director de diarios, obrero de
ingenio, motorista de automóviles de alquiler(tachero,
diríamos hoy), y siempre por temperamento, por
vocación y por deber, agitador de rebeldías(2).
Enviudó relativamente pronto, hecho que lo movió a
retornar a Tucumán. De allí en más su figura comienza
a adquirir dimensión política propia, y así lo vemos
en 1932 cumpliendo funciones de ministro de gobierno
de Juan Luis Nogués, quien a juicio de un oligarca de
la talla de Juan Simón Padrós: “ Renunció a la
tradición legada por sus mayores, junto con su sangre
y su apellido”. Y ello por qué. Porque Nogués y Torres
como su ministro, llevaron a cabo el único gobierno de
provincia que defendió la autonomía federativa de la
misma contra la voluntad inconstitucional del
testaferro Agustín P.Justo y su patrón el
requeteoligarca Centro Azucarero Tucumano. Este
enfrentamiento motivó la intervención de la provincia
ante el silencio cómplice del Congreso de la Nación.
Después en 1933, el que va a ser reconocido como El
fiscal de la década infame, viaja a Buenos Aires
donde se radica definitivamente, pues consideraba que
“la cabeza de la hidra estaba aquí”. Al viajar a
Buenos Aires, cumplidos los 32 años, Pepe Torres ya
está formado y la influencia del nacionalismo porteño
y oligarcón es casi nula. Su nacionalismo fue siempre
de Patria Grande, debido sobre todo por sus contactos
permanentes con lo que fuera para nosotros el Alto
Perú, esta vinculación existencial con la América
profunda lo hizo el más americano de los hombres de su
generación por lo que se emparenta mucho con Manuel
Ugarte, un hombre de la generación anterior. Esto me
trae a la memoria una anécdota: “No, Sandino no es
comunista, como dice la propaganda yanqui, Sandino es
nacionalista como nosotros”. Era la voz áspera de un
hombre gravemente enfermo que había dado su vida y sus
bienes(de pobre que era fue a parar al osario público)
por su patria y por su pueblo. De la mano de Pepe
Taladríz el hermano de Domingo el imprentero del
nacionalismo peronista estaba ahí parado, inmóvil, un
joven de escasos 17 años conmovido por la situación y
las denuncias que salían a borbotones de la boca de
ese viejo gruñón. Ese hombre era José Luis Torres y
era la primera vez que lo vi allá por 1963.
Comienza con su llegada a Buenos Aires su período más
fértil y combativo, pues junto con las denuncias del
negociado de la venta de tierras de El Palomar(origen
de la fortuna de Roberto Noble y de Clarín); de la
estafa de la conversión de la deuda pública externa de
la provincia de Buenos Aires en 1935; del Instituto
Movilizador; de la ley de Coordinación de Transportes;
de los monopolios del gas y teléfonos, hace campaña
periodística contra la CADE, el grupo Dreyfus, el
engendro de creación del Banco Central por parte de
Inglaterra y la denuncia de la Banca Bemberg, prepara
el clima de lo que él llamaba la Revolución Nacional
de 1943 y el posterior gobierno del General Perón.
En cuanto a su vida privada, el hecho más
significativo por esa época es su enlace en 1940 con
Brígida Sal que lo acompañará hasta el resto de sus
días y de quien tendrá una hija que agregará alegría a
su carácter ya jovial. En una carta desde Mar del
Plata fechada el 26-12-74 la viuda nos contará que
“vivo prácticamente en la casa de mi hija ayudándole a
manejar los mellizos”.
Si bien en el 43 publicó su primer libro Algunas
maneras de vender la patria, es recién en el período
que va del 43 al 53 donde Torres halla relativa
tranquilidad para dejar por escrito sus experiencias,
luchas e ideales. Así, Los perduellis(1943), La Década
Infame(1945), La Patria y su Destino(1947), Seis Años
después(1949), Nos acechan desde Bolivia(1952), La
Oligarquía Maléfica(1953) son algunos de los títulos
más salientes de su producción.
Pero José Luis Torres no es un hombre de partido sino
de la Nación y ante la burocratización del peronismo,
compuesta por esa camándula de adulones y alcahuetes
que siempre rodearon a Perón, alzará nuevamente su
pluma, o colaborará con sus pocos ahorros, en defensa
de los intereses nacionales y populares.
Es por lo demás conocida la colaboración desinteresada
que prestó al gobierno de Perón, quien incluso más de
una vez lo mandó llamar a fin de que lo informara
sobre temas de vital importancia para el país. Es
plausible que haya sido Torres, quien redactó el
borrador de la proclama del GOU del 4 de junio de
l943, habida cuenta que era Perón quien lo visitaba
junto a otros oficiales en su casa de la calle Perú
casi Independencia.
Con posterioridad a la revolución del 55 edita la
revista Política y Políticos, que tenía como leyenda
“ni con unos, ni con otros”, de la que logran salir
ocho números hasta que es cerrada por orden del
almirante Rojas. En ella Torres, que era su único
redactor y escribía con estilos diferentes para darle
mayor relieve, estigmatizó la revolución triunfante
desde todos los ángulos, bautizándola como “revolución
fusiladora”, nombre con que años más tarde se la
identificó definitivamente. Es éste, otro de los
rasgos del “Loco Torres” como lo llamaban sus amigos,
el poder sintetizar en un nombre preciso y apropiado
hechos, personas y épocas. Así, a él se debe la
caracterización de “Década Infame” al período del 32
al 43; “Oligarquía maléfica”, al sector social de
mayor recursos que se enriqueció a costillas del
pueblo en ese período y “Perduelio”, al aparato
financiero y legal montado por los enemigos internos
de la patria para su liquidación.
Clausurada la revista viaja a España, pues sostenía
que: la cabeza de la hidra está en Europa y yo tengo
que ir a cortarla allá. Se entrevista con Pío Baroja,
el inconformista ibérico autor del inhallable ensayo
Comunistas, judíos y demás ralea.
Sin embargo, a los dos meses, él que había sido un
hombre todo vigor y dinamismo, regresa desanimado y
sin fuerzas. Ya había comenzado a desarrollarse la
larga y penosa enfermedad que le resultará mortal. Y
así, mostrando un desinterés total, confiesa: Como
Carlos Guido Spano, me corto la coleta y me meto en la
cama a leer. No escribo más.
Luego de casi una década de oscuridad y silencio,
fallece en Buenos Aires, el 5 de noviembre de l965, en
la pobreza más absoluta. Sus amigos entre ellos Pepe
Taladriz, realizan una colecta para comprar el cajón.
Sus restos descansan en el osario público del
cementerio de la Chacarita.
Mas, como el mismo lo previera, no murió del todo,
pues “Hasta después de muerto ha de prolongarse en el
tiempo la consecuencia de mi esfuerzo”.
1.- Jauretche, Arturo: periódico “Prensa Argentina”,
Bs.As. 5-11-65.-
2.- Torres, J.L.: La Década infame, Bs.As., Freeland,
1973, p. 26.-
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