[R-P] N Galasso: San Martín
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Vie Ago 19 14:36:53 MDT 2005
Junto a San Martín, en la lucha por la unidad
latinoamericana
Por Norberto Galasso
Buenos Aires, 17/08/05.- En momentos como éstos -en
medio de la crisis que sufrimos los argentinos- puede
parecer una frivolidad ocuparse del general José de
San Martín. Sin embargo, una correcta revaloración de
los personajes históricos -en este caso, nada menos
que el "Padre de la Patria"- aporta claves importantes
a los replanteos políticos de hoy.
La historia mitrista -aun predominante en escuelas,
medios de difusión, calles y plazas- nos habla de "un
gran argentino que dio libertad a Chile y Perú". Sin
embargo, cabe preguntarse: ¿era San Martín "un
argentino", si por tal entendemos, como lo quiere la
historia oficial, un hombre blanco, "civilizado",
ajeno a la América morena? Si tenemos presente el
medio cultural en que nació y vivió sus primeros
cuatro años (1777-1781) estaba marcado por la cultura
guaranítica, lo cual le da un perfil más bien
paraguayo. Si, por otro lado, observamos su hogar, la
mayor parte de su infancia, su adolescencia, su
juventud, sus estudios y la primera novia, sus 30
batallas en Europa y sus veintidos años de vida
militar en España era, más bien... un gallego. Así lo
recuerda María Rosa Oliver, en sus memorias,
reproduciendo un juicio de su tatarabuela: "El tío
Pepe era un ordinari o... Hablaba como un gallego" .
¡Y cómo iba a hablar si a los 34 años, había pasado 27
en España!
Un siglo atrás, sin los conocimientos de psicología y
sociología de los cuales disponemos hoy, podía
aceptarse la leyenda de este oficial del ejército
español que un día -ya veterano de guerra- siente "el
llamado de la selva misionera" y decide regresar a su
país natal para pelear contra el mismo ejército en el
cual ha llegado a teniente coronel. Esa tesis es hoy
insostenible. ¿Por qué viene entonces San Martín, al
Río de la Plata, en 1812?
En primer término, digamos que San Martín forma parte
de esa España popular que se levanta contra el invasor
francés, en 1808, constituyendo juntas democráticas,
insuflada del liberalismo revolucionario de 1789. El
pueblo español lucha por la soberanía pero también
contra el viejo orden de escudos y blasones de la
España reaccionaria. Allí pelea San Martín y cuando su
causa está casi derrotada en la península, se traslada
a América, para proseguir aquí la misma lucha contra
el absolutismo, en la línea de la revolución de Mayo
que no fue fundamentalmente separatista -como pretende
Mitre- sino democrática, por el gobierno popular en
lugar del Virrey, dejando la ruptura con España para
decidirla según los acontecimientos (razón por la cual
recién la declara en 1816). Ese militar -que no podía
ser antiespañol despu és de haber luchado 22 años bajo
la bandera española- era, sí, enemigo de la España
negra, monárquica, de la nobleza y la Inquisición,
tanto allá como aquí y partidario de la revolución
popular, aquí como allá, integrante de una vasta
oleada revolucionaria que abarcó tanto a España como a
América, entre 1808 y 1811.
Ese carácter de revolucionario hispanoamericano lo
trae a San Martín al Plata y luego lo lleva a Chile,
donde llega enarbolando una bandera que no es la
argentina sino la del Ejército de los Andes, pues se
trata de un ejército argentino-chileno, y después, a
Perú, enarbolando bandera chilena. En ambos casos,
procede como jefe de un ejército latinoamericano, del
mismo carácter del que quería construir el Che, en
Bolivia, cuando fue asesinado. Por eso, abominaba de
quienes, como Rivadavia, se subordinaban al capital
extranjero y denigraban a indios, negros y gauchos que
eran "mis paisanos", como él decía. Y cuyo apego a la
libertad exalta en ese bando famoso propugnando "ser
libres", aunque tengamos que andar "en pelotas". De
ahí también su condena a quienes, por oponerse a
Rosas, apoyaron la prepotencia de las escuadras
francesa e inglesa, en el Río de la Plata.
Este es el San Martín verdadero, el que quería retar a
duelo a Rivadavia, el que contradecía a Sarmiento
respecto a Rosas, el amigo de Bolívar cuyo retrato
tenía en su dormitorio, frente a su cama, para
contemplarlo con afecto, el amigo del pueblo que se
declaraba "enemigo de toda aristocracia" y del invasor
extranjero, mientras redoblaba esfuerzos por la Unión
de la América morena.
Ese auténtico San Martín -rescatado ahora del
vaciamiento a que lo sometió Mitre- se incorpora hoy a
nuestra lucha contra el Imperio, por la liberación y
la unión de nuestros pueblos, así como también por la
realización de las profundas transformaciones
económicas y sociales que urgen.
Pero para que abandone la estatua de bronce y rompa
las verjas que hoy cercan los monumentos es preciso
concluir con una historia falsa, donde "los héroes"
son los amigos del extranjero, despreciativos de
nuestro pueblo y partidarios de la libre importación
que es el ALCA que hoy nos amenaza. Hay, pues, que
rever muchas "verdades consagradas" en el camino hacia
las verdades populares que iluminarán necesariamente
los tiempos por venir
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