[R-P] Energía Nuclear Info 115

José María Cavalleri ingcavalleri en hotmail.com
Vie Ago 19 08:19:29 MDT 2005


Energía Nuclear

  Por Hugo Palamidessi*
  Resumen: este trabajo fue presentado en las Jornadas del Plan Fénix II,
organizadas por la Universidad de Buenos Aires, entre el 2 y 5 de agosto 
pasado

Estamos llegando al fin de la era del petróleo barato y el aumento incesante 
del consumo energético mundial obliga a intensificar el desarrollo de todas 
las fuentes primarias accesibles. El gas, en gran medida, y el carbón -éste 
en los países que poseen grandes reservas del mismo, y utilizando las 
técnicas más avanzadas- son las fuentes principales que sostendrán gran 
parte de ese consumo, sustituyendo progresivamente al petróleo. Detrás de 
ellas, la energía nuclear se ha convertido en la fuente de mayor 
contribución para la producción de energía eléctrica en forma masiva y 
disponible regularmente en casi cualquier punto geográfico del planeta. La 
atención del problema de la contaminación ambiental y el calentamiento 
global también impulsan, además de las "nuevas" energías renovables -solar, 
eólica- el uso de las centrales nucleares, que no emiten gases de efecto 
invernadero ni componentes de lluvia ácida.

Luego de más de 40 años de experiencia, se han reducido los costos de 
instalación, puesta en marcha y operación de las centrales nucleares, y en 
muchos países que no poseen reservas importantes de otras fuentes primarias, 
se comparan ventajosamente en términos económicos con otras centrales, si se 
consideran los costos del impacto y la reparación ambientalLa 
nucleoelectricidad supera el 50% en la producción eléctrica en varios países 
de Europa y promedia el 17% en el mundo, en el que hay aproximadamente 430 
centrales funcionando. En varios países se modernizan las existentes 
aumentando su potencia o prolongando su vida útil por 20 años más (más de 30 
centrales en EEUU están en ese proceso). Al mismo tiempo ha ido aumentado la 
eficiencia: en el año 2004 el factor de carga de más del 40% de todas las 
centrales nucleares ha superado el 85%.

Argentina ha experimentado -desde la creación de la Comisión Nacional de 
Energía Atómica (CNEA) en 1950- un considerable desarrollo de las ciencias 
básicas y la tecnología relacionadas con la energía nuclear. Desde mediados 
de la década de los ´60 ha venido adquiriendo experiencia en el diseño, 
montaje, construcción y operación de las centrales nucleares con reactores 
moderados y enfriados con agua pesada y elementos combustibles de uranio 
natural. La central nuclear Atucha I (CNA I, de 357 MW) entró en servicio en 
1974 y la central nuclear Embalse (CNE, de 648 MW) en 1983. Paralelamente se 
desarrolló la explotación del uranio, la tecnología de fabricación de los 
elementos combustibles y se adquirió la planta de producción de agua pesada. 
En este proceso -financiado por el erario nacionaly liderado por CNEA- 
diversas empresas privadas argentinas proveyeron equipos y servicios a la 
actividad nuclear y asimilaron tecnologías desarrolladas y experiencia en 
gestión de grandes obras que aplicaron luego en emprendimientos propios. 
Para la producción en el sector nuclear se crearon empresas mixtas de CNEA 
con firmas privadas para la fabricación de combustibles (Fábrica de 
Aleaciones Especiales -FAE- y Combustibles Nucleares Argentinos -CONUAR-) o 
en sociedad con provincias (ENSI, para la producción de agua pesada, INVAP 
constructora de reactores experimentales, equipos de medicina nuclear y 
otros). Hoy día, empresas argentinas exportan productos y servicios técnicos 
de diversa aplicación, con tecnologías originadas en desarrollos de CNEA y, 
en algunos casos, con su participación directa.

No obstante, desde mediados de los años 80 varios de los proyectos propios 
de CNEA se fueron demorando y algunos finalmente se abandonaron, en gran 
medida por la reducción del presupuesto. Más tarde, el proceso de 
privatización de empresas y organismos estatales impulsó la división de CNEA 
(1994) con la creación de Nucleoeléctrica Argentina -la empresa operadora de 
las centrales nucleares- y la Autoridad Regulatoria Nuclear, a cargo del 
control de la seguridad y de la regulación sobre las instalaciones 
nucleares. Finalmente el intento de privatización -que apuntaba 
principalmente a las centrales nucleares pero abarcó también otras 
actividades (producción de radioisótopos, plantas de irradiación) - fracasó. 
Pero la ofensiva contra los organismos del Estado en el sector se tradujo -a 
lo largo de la década pasada- entre otras consecuencias, en una fuerte 
reducción del personal (de más de 6000 a 3300 personas en la actualidad), el 
abandono de la minería del uranio, la paralización total de la obra, ya muy 
demorada, de la tercera central nuclear Atucha II (CNA II, la postergación 
del programa de gestión de residuos). A pesar de la buena performance que 
mantuvieron en ese lapso las centrales CNA I y Embalse (factor de carga 
promedio 1990-1999 de 75,5% y 89,4%, respectivamente) , al crecer sólo el 
parque térmico convencional e hidráulico, se redujo la participación de la 
nucleoelectricidad en la generación, del 17% aproximadamente en 1990, a la 
mitad en el período 2000-2004.

Hoy, la meta principal y urgente de la actividad nuclear, es retomar la obra 
de la central nuclear CNA II, que incorporaría 730Mw en un plazo aproximado 
de 4 años y medio. La Secretaría de Energía ha expresado que la decisión es 
definitiva en ese sentido, pero dos años después de iniciados los estudios, 
no hay todavía pasos definitorios en la organización de cómo se gestionará 
la obra, ni sobre la participación de los proveedores del diseño original de 
la planta. Este último es un punto crucial, porque si bien la Secretaría de 
Energía ha asegurado que la obra se hará con o sin dicha participación, la 
alternativa puede influir apreciablemente en el plazo y costo, y también en 
el plantel de personal profesional y técnico argentino que debe participar. 
Son de reconocer las dificultades que presenta reprogramar una obra de esta 
magnitud, aún estando bastante avanzada su construcción, teniendo en cuenta 
la complejidad del diseño y el prolongado atraso que arrastra su 
culminación. Sin embargo, en todo el lapso de estancamiento de la obra, las 
autoridades no han tomado las acciones necesarias para preservar 
adecuadamente los planteles de profesionales.

Para sostener en el mediano plazo la participación de la energía nuclear 
también es importante decidir a la brevedad, si será factible y económico 
realizar una modernización de las centrales CNA I y Embalse, y obtener 
autorización regulatoria para prolongar la operación aún más allá de la vida 
útil teórica, lo cual debe programarse con antelación.

Pero no debe condicionarse a estos primeros pasos la actividad en el sector. 
Simultáneamente se debe avanzar hacia una participación adecuada de la 
nucleoelectricidad en la oferta de energía eléctrica, programando desde ya 
la incorporación de nuevas centrales. Para contar con un parque armónico de 
generación eléctrica conviene contar con un peso relativo de una fuente de 
energía de base que, como la nuclear, sea confiable en cuanto a su 
performance técnica y con costos de operación relativamente estables. En el 
parque térmico convencional la mayoría de las centrales son operadas con gas 
natural, cuyo suministro está sujeto a las restricciones que en nuestro país 
provocan primordialmente la falta de inversión en gasoductos y la atención 
de los compromisos de exportación asumidos por los operadores privados. 
Cuando debe recurrirse al fuel oil, el costo del combustible altera 
sensiblemente los costos de producción de la energía eléctrica. La 
hidroelectricidad está condicionada por la irregularidad de los regímenes 
hidrológicos, aún cuando contribuyen centrales de distintas cuencas.
En nuestro país la potencia instalada y la energía generada en el Sistema 
Argentino De Interconexión (SADI) están divididas como indica la tabla 
siguiente (enero-mayo 2005). Las cifras señalan la mayor eficiencia de la 
potencia instalada nuclear, ya que su disponibilidad casi duplica la del 
resto del parque en su conjunto.

Tipo de fuente % Potencia instalada % Energía generada
Térmica (c/hidrocarburos) 55.0 63.3
Hidráulica 40.7 28.9
Nuclear  4.4 8.1

El consumo de energía eléctrica en el país aumenta en una proporción mayor 
que el crecimiento del PBI y del consumo energético global. Una proyección 
de la evolución económica de los últimos años permite esperar en los 
próximos años un aumento del consumo entre 5000 y 8000 Gwh anuales. Si se 
estableciera como mínimo sostener una participación de la fuente nuclear del 
orden del 15 al 17% de dicho incremento, esto implicaría un aporte adicional 
promedio de entre 800 y 1200 GWh anuales de origen nuclear (entre el 15% y 
17% es el máximo histórico, alcanzado entre 1984 y 1991). Con los módulos 
actuales de centrales nucleares esto resulta en la necesidad de instalar, a 
partir de los niveles de consumo actuales, una central nuclear cada 4 años 
aproximadamente. Con el crecimiento del parque, el incremento será mayor y 
este período se irá acortando. Con este ritmo, sólo se lograría ir 
recuperando paulatinamente la participación de la nucleoelectricidad en la 
generación eléctrica. Aún considerando la entrada en servicio de CNA II, 
dados los tiempos de diseño, construcción y puesta en marcha de una central, 
ya debería estar en ejecución el proyecto de la cuarta central nuclear.

Argentina produce el combustible nuclear que consume, a través del aporte de 
las empresas Dioxitek (fabricación del dióxido de uranio), FAE (aleaciones 
especiales) y CONUAR (elemento combustible). Al mismo tiempo se continúa 
trabajando en el desarrollo de nuevos combustibles y en elevar el 
rendimiento con el uso de uranio levemente enriquecido (ULE), que ya se ha 
incorporado al elemento combustible de CNAtucha I. Sin embargo la materia 
prima básica, el concentrado de uranio, se importa desde 1995, cuando CNEA 
decidió suspender la explotación de la mina y de la planta de concentración 
de Sierra Pintada en San Rafael, Mendoza, que abastecían el total del 
producto. En ese momento el concentrado de uranio costaba en el mercado 
mundial U$10/libra ($22/kg), en 2005 cuesta U$29/libra ($169/kg). Sin 
embargo, todavía hoy, después de intentarlo desde el 2002, CNEA no ha 
conseguido autorización para reactivar Sierra Pintada, donde podría producir 
el concentrado a un precio muy inferior y contribuir al desarrollo de la 
zona. Tampoco se ha podido avanzar en la evaluación del yacimiento de Cerro 
Solo en Chubut, cuyas reservas se estima que serían suficientes para 
abastecer, junto con Sierra Pintada, el combustible para toda la vida de las 
centrales CNA I, Embalse y CNA II. Es perentorio que CNEA reinicie la 
explotación y concentración de mineral de uranio de Sierra Pintada y el 
desarrollo del yacimiento Cerro Solo. Si ello no se encara urgentemente, se 
corre ya el riesgo de que empresas mineras privadas extranjeras -que ya 
hacen cateos alrededor de las zonas mencionadas y de otras ya reconocidas 
por CNEA, p. ej. en Chubut, Santa Cruz, Córdoba- accedan a la explotación 
del uranio. A partir de la reforma de 1991 de la Ley de Minería, el uranio 
no es ya un mineral estratégico: el Estado ya no es el dueño del mineral 
extraído y CNEA, en su representación, sólo retiene la primera opción de 
compra a las empresas, por lo cual podría tener que pagar el uranio nacional 
a precios internacionales. En vista de la evolución del mercado mundial de 
energéticos y de la experiencia argentina en la privatización de los 
hidrocarburos, se estima necesario una reforma del Código de Minería que 
revierta esta situación.

La ampliación propuesta del parque nucleoeléctrico requerirá aumentar la 
producción de uranio y elementos combustibles, y disponer de diversos 
servicios tecnológicos e insumos que puede proveer la industria nacional 
para la instalación y posterior operación de las centrales. Pero la 
previsión más urgente es la de conservar la capacidad técnica para el 
desarrollo de las actividades de la industria nucleoeléctrica, así como de 
las de otras aplicaciones de la energía nuclear: reactores de investigación, 
equipos de diagnóstico y terapia radiante, radioisótopos y equipos de uso 
industrial y agropecuario.

El plantel de científicos y técnicos de la actividad nuclear sufrió una 
importante disminución, en su mayor parte en la CNEA; además, la edad 
promedio del personal supera los 50 años. Es urgente, en paralelo con la 
reactivación de las actividades, recomponer la carrera profesional e 
incorporar científicos y tecnólogos jóvenes para sostener la expansión de la 
energía nucleoeléctrica así como la capacidad de proveer bienes y servicios 
tanto al mercado nacional como internacional. La actividad nuclear es uno de 
los pocos sectores productivos que atesora saber científico y técnico en 
manos del Estado en su mayor parte, y no debe perderlo.

Recapitulando, las tareas a encarar son :

En el corto plazo (2005-2006): reanudar la obra de CNA II, reactivar la 
explotación de Sierra Pintada por CNEA, y avanzar en el fortalecimiento de 
los planteles profesionales.

En el mediano plazo (2006-2008): resolver (y de estimar conveniente, 
comenzar) la extensión de vida de CNA I y Embalse, iniciar las obras de la 
cuarta central nuclear, y comenzar a definir un plan de construcción de 
centrales en un plazo de 15 a 20 años, con la previsión de los recursos 
humanos y la provisión de uranio -yacimiento Cerro Solo y otros- y de 
elementos combustibles y agua pesada. Continuar con los desarrollos de 
elementos combustibles y de reactores avanzados de investigación y baja 
potencia.

En el largo plazo: ejecutar el plan de incorporación regular de nuevas 
centrales nucleares, definiendo los tipos y módulos de centrales a instalar, 
desarrollando el tipo de combustible y de los elementos combustibles, para 
conservar un alto grado de autoabastecimiento.

*Secretario General de la Asociación de Profesionales de CNEA y la Actividad 
Nuclear.

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