[R-P] El antichavismo como negocio

edgar smith condornacional en yahoo.com.ar
Jue Ago 18 10:08:22 MDT 2005


El antichavismo como negocio 
EARLE HERRERA* 

13 DE AGOSTO DE 2005

El antichavismo no es un fenómeno homogéneo,
monolítico. Lo hay para todos los gustos y colores, e
incluso, con evidentes contradicciones antagónicas
entre sus distintas ramas y derivaciones.

Mientras las ciencias políticas y siquiátricas
encuentran una clasificación más o menos válida y
aceptable, se puede precisar de manera empírica que,
al lado de las tendencias ideológicas, clasistas,
caprichosas o racistas, convive una rama mercantil que
ha hecho del odio a Chávez un negocio próspero y
redondo. A este avispado sector, más que el valor de
uso, le interesa el valor de cambio del antichavismo.

De ninguna manera se trata de una estratagema nueva u
original. Durante los años de la guerra fría muchas
personas y organizaciones hicieron del anticomunismo
una empresa rentable. La caída del muro de Berlín
resultó para ellos una catástrofe peor que para los
mismos comunistas.

Se les acabó la manguangua. Aquí en América, junto a
los luchadores ideológicos contra Fidel Castro,
floreció un anti-castrismo mercantil que creó
fundaciones y ONGs, luego convertidas en auténticos y
grandes emporios empresariales.

Lo mismo está pasando en Venezuela. Unos cuantos
vividores, con visión y olfato para el desplumaje de
su especie, se dieron cuenta de que el odio a Chávez
podía resultarles una mina. Pusieron manos a la obra y
decidieron vivir y nutrirse de los antichavistas
furibundos y fanáticos.

Lo único que debían hacer era alimentar periódica y
puntualmente ese odio, en una suerte de círculo
vicioso que ellos denominan, con petulancia y
pedantería, "circuito comercial". Cuando observan que
hay un reflujo en la histeria contra el líder
bolivariano, de inmediato activan sus inyecciones de
ponzoñosos mensajes antichavistas.

Estos empresarios del odio y la tontería ajena conocen
y se valen de todas la técnicas del marketing. Usan
los medios de comunicación con eficacia para "vender"
su producto, crean falsas necesidades y exacerban el
síndrome de abstinencia.

Emplean la publicidad, el contacto personal, foros,
seminarios, congresos, análisis transaccional,
tormentas de ideas y retiros espirituales. Venden y
suministran a sus clientes una mezcla de odio y miedo,
ilusión y frustración, impotencia y rechazo. Como
señuelo, ofrecen una lucecita al final del túnel que
sólo existe en sus mentes perversas y avaras.

Este antichavismo mercantil o mercenario -vaya usted a
saber- vive de sus propios congéneres y de la
inversión extranjera, principalmente gringa. Digo
inversión porque los financistas foráneos, cuando
envían los billetes verdes, calculan sus ganancias a
futuro. Uribe y Aznar también les han arrimado la bola
para el mingo. Con el antichavismo como insumo, han
nacido docenas de ONG unipersonales que reciben parte
del mercado y los aportes.

Son franquicias de maletín que presentan informes
piratas y reciben su mascada. Más de un pelabolas
crónico ha encontrado su pozo de petróleo con la sola
invención de una "organización no gubernamental". Su
materia prima es el odio a Chávez, algo que cultivan
con esmero de horticultor y colocan con la habilidad
de vendedor de pólizas de seguro.

Las estrategias de mercadeo traspasan las fronteras y
copian técnicas de las transnacionales, como la
Hallyburton del vicepresidente estadounidense Cheney,
que destruye países y luego monopoliza su
"reconstrucción". Vuelve a destruir para volver a
"reconstruir", dejando atrás una estela de cadáveres y
ruinas.

El negocio antichavista hace lobby internacional,
logra entrevistas en la Casa Blanca, negocia premios
en España, tiene su nómina de palangristas, atiza los
rumores, propaga chismes en organismos multilaterales,
resucita a insepultos cadáveres políticos, fomenta el
miedo y alimenta el odio. Los mercaderes del negocio
antichavista calculaban mantener próspera la empresa
por lo menos hasta el 2021. Pero su clientela empieza
a recelar.

La credibilidad, que es vital para mantener un
producto en el mercado, en este caso el odio, ha caído
en picada. Los inversionistas gringos que apostaron al
11-A, al sabotaje petrolero y la guarimba, están
decepcionados de sus socios criollos. Además, muchos
de éstos se alzaron con los dólares sin hacer el
trabajo ni entregar cuentas.

Hoy se observan nuevas iniciativas para el
relanzamiento del odio, pero la clientela opositora,
defraudada e intoxicada más de una vez con esa
mercancía, se muestra escéptica y apática frente a un
producto que enriquece a pocos y decepciona a muchos.
Una estafa.

Earle Herrera
Periodista y profesor venezolano

 

  



	


	
		
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