[R-P] E. Lacolla El reino de la fuerza bruta ( =?ISO-8859-1?Q?Ir=E1n?=)

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Lun Ago 15 08:05:48 MDT 2005


Respuesta a:"[R-P] E. Lacolla El reino de la fuerza bruta  (Ir"
Enviado por:José María Cavalleri
Con fecha:14 Aug 2005, a las 12:28

Lacolla:

> Desprovista del componente ideológico que la había habitado y hasta
> cierto punto justificado hasta 1989, la política internacional se
> redujo a una cruda cuestión de relaciones de fuerza.. No es que esta
> ecuación estuviera ausente en el pasado, 

Hasta aquí, pensaba que Lacolla comparaba el mundo actual con su más 
cercano equivalente, el de las grandes potencias imperialistas 
empantanadas en la sangre y el barro de la Primera Guerra Mundial.

Pero el hombre me sorprende;  estaba pensando, exclusivamente, en el 
período de la confrontación EE.UU.-URSS:

> pero la presencia de diversas
> concepciones del mundo parecía por entonces conferirle un sentido: el
> proporcionado por el esfuerzo en diseñar una sociedad diferente y
> mejor. 

Al margen de distinciones morales, lo cierto es que -como bien lo 
entendieron siempre los halcones de la Guerra Fría- la presencia de 
la URSS era un contrapeso a la expansión imperialista, y en 
particular de los EE.UU., mientras que la contraria no era válida 
porque en realidad no había expansión soviética.  El imperialismo es 
inherentemente expansivo, y no era así con el régimen soviético, al 
que (sin que esto implique juicio alguno sobre este régimen) en un 
sentido estricto la expansión le era una enorme incomodidad, por 
decir lo menos.

Es decir que la dimensión moral tenía un correlato geopolítico 
concreto que solo quienes aceptan la tesis de los "dos imperialismos" 
pueden negar.  No había solamente "enfrentamiento ideológico" sino 
también una situación geopolítica específica, vinculada con ese 
enfrentamiento ideológico aunque en modo alguno reducible a la 
ideología.

El correlato geopolítico demuestra que la equiparación entre la URSS 
y los EE.UU, era una trampa que, en el fondo, redundó en un 
ablandamiento de ls proverbial capacidad analítica de la Izquierda 
Nacional.

Era fácil dejarse llevar por el pensamiento nacionalista burgués y 
derivar dócilmente hacia la afirmación de que en la arena bipolar se 
enfrentaban dos imperialismos.  Para ello, bastaba con dejar de ser 
marxista.  Porque el imperialismo, para los marxistas, no es algo 
aplicable a cualquier régimen sino específico del modo de producción 
capitalista.  La verdad es que _no_ había dos imperialismos, y por lo 
tanto a nosotros no nos "daba lo mismo" el resultado final de la 
Guerra Fría, aún cuando los estados stalinistas (o del "campo 
socialista" en general) y sus admiradores locales siempre estuvieran 
en la vereda de enfrente del pueblo argentino.  

Asumir que "nos daba lo mismo" era, para un socialista 
(particularmente para uno de Izquierda Nacional), algo así como 
afirmar "agachate que vienen los indios", hacerse el boludo para 
encontrar orejas que te escuchen en tiempos difíciles.  Era poner la 
conveniencia táctica por encima de la realidad más general.  Pero lo 
que se venía era el imperialismo, y no los indios.  

Hacerse el gil en este asunto solamente sirvió para -si se era 
consecuente- terminar del lado de los enemigos de la Patria.  Porque 
la especificidad del imperialismo es que es un sistema internacional 
_que se infiltra dentro del tejido político nacional_, y si uno es 
anti-imperialista en el plano interno no puede dejar de serlo en el 
externo.

En tiempos de reacción, la agachada es una postura muy cómoda, y no 
fueron pocos los que cayeron en ella.  Pero "la única verdad es la 
realidad", y la realidad era que, contra lo supuesto por el propio 
General Perón y lo asumido en su nueva identidad por antiguos 
ultrarrevolucionarios devenidos en reformistas (no solo de la 
Izquierda Nacional;  pero los demás no interesan en lo más mínimo), 
había algo más que "dos imperialismos".  Como bien dice Lacolla, 
había dos proyectos de construcción de la vida social:

> Hoy, los proyectos se reducen, no a la construcción de algo
> nuevo, sino a asegurar la permanencia de lo que ya existe.
> 

Aquí me distancio un poquito de Lacolla.  De lo que se trata es de 
seguir retornando a 1916, no de "mantener lo que ya existe".

Sin la idea de la confrontación planetaria entre capitalismo y 
socialismo (y éste es el legado "maldito" del marxismo) la política 
internacional vuelve a ser el campo hobbesiano de mutua agresión que 
ya habíamos conocido, ése anterior a la Revolución de Octubre, que 
intentó transformarla en campo de batalla entre un mundo sin 
explotadores y un mundo basado en la succión de sangre humana.  

En realidad, bajo las actuales condiciones, la posesión de vectores y 
explosivos nucleares es la única garantía que tiene un país del 
Tercer Mundo de no ser agredido por los EE.UU. o Europa Occidental 
(no olvidar, por asordinada, la presencia militar permanente de 
Francia en sus antiguas colonias -hoy semicolonias- africanas, 
americanas, etc.)

Ése es, hoy, el límite a la barbarie imperialista:  el temor a que 
alguien se atreva a aquello que la URSS no se atrevió, a la guerra 
termonuclear revolucionaria.  A la simple posición siguiente:  "la 
única defensa que tenemos contra ustedes es la bomba atómica;  pongan 
un pie en nuestro territorio, y la usaremos".

Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar

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"La patria tiene que ser la dignidad arriba y el regocijo abajo".
Aparicio Saravia
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