[R-P] Habrá una bomba demográfica, pero de despoblación

edgar smith condornacional en yahoo.com.ar
Dom Ago 14 08:29:52 MDT 2005


Habrá una bomba demográfica, pero de despoblación

Manipular la población puede suponer una bomba de
relojería a largo plazo, que estallará en las manos de
nuestros propios hijos dentro de treinta años. El
profesor de origen canadiense don Alban DEntremont,
que actualmente enseña Geografía Humana en la
Universidad de Navarra, comenta para Alfa y Omega los
últimos datos de la ONU sobre la población mundial.
 09/05/2005: 


¿Qué se deduce a nivel mundial del último informe de
la ONU sobre la población? ¿Nos estancamos, caminamos
hacia una debacle de la población, o no hay motivo de
alarma?

Por este informe, está claro que la ONU se ha dado
cuenta, por fin, de los múltiples problemas que se
derivan, no de la supuesta superpoblación del mundo,
sino de la previsible infrapoblación y de los
desequilibrios que van a ser el resultado directo del
descenso de la natalidad, que conlleva necesariamente
una penuria de juventud y un aumento de la proporción
de población envejecida, sobre todo en los países del
ámbito occidental, y notablemente en Europa. Esta
dinámica a la baja acarrea muchos problemas, sobre
todo el aumento de las proporciones de gente en edad
avanzada, lo que hace dispararse los costes sociales.
Es imposible que una población se estanque mediante el
control de la natalidad; de forma inexorable, este
control acelera el envejecimiento y, a la larga, hace
aumentar las tasas de mortalidad. En ausencia de una
fuerte natalidad o de otros factores, como por ejemplo
la inmigración, a la postre la población no se
estanca, sino que no se renuevan las generaciones y la
población total decrece, ya que la mortalidad llega a
superar a la natalidad. Estamos en camino hacia esa
situación, que se puede producir en menos de 30 años
en Europa, si no cambian las tendencias actuales. Hay
motivo de alarma, puesto que las señales son
inequívocas; pero no tiene por qué producirse una
debacle, ya que estamos a tiempo para invertir las
tendencias negativas actuales, aunque de momento no se
está produciendo dicha inversión.

¿Por qué cree usted que los Gobiernos del primer mundo
y las principales empresas multinacionales están tan
interesados en el control de la población, sobre todo
en el tercer mundo? ¿Por qué las presiones son cada
vez mayores sobre Hispanoamérica?

No me gusta hablar de estos aspectos, que no son
estrictamente científicos, y menos enjuiciar las
motivaciones de los demás, aunque sí parece que éstas
sean poco éticas. Está bastante documentado el hecho
de que hay muchos intereses económicos y políticos por
parte de Gobiernos y empresas occidentales, que se
benefician del mantenimiento del statu quo en cuanto
al reparto de poder y de influencia en el mundo. Esto
implica controlar, entre otras cosas, los efectivos de
población en los países del tercer mundo, que según la
mentalidad antinatalista son contemplados como
competidores en los mercados mundiales.

En este sentido, Iberoamérica y Asia son vistas como
las principales amenazas respecto de la estabilidad
actual de la estructura económica y política mundial.
Pero no hace falta recurrir a una intencionalidad
supuestamente poco recta para advertir de los
problemas derivados del control demográfico en el
mundo; la misma demografía basta para alertarnos de
las consecuencias altamente negativas de este control.

La preocupación por el control de la población, ¿es
original de la era moderna, o ha sido una constante en
la Historia? ¿Cree usted que hay relación entre los
partidarios del control de la población y ciertos
movimientos ecologistas?

Thomas Robert Malthus, a principios del siglo XIX,
intentó demostrar que el control de la población es
una constante histórica desde los tiempos más
antiguos, y que el control de la natalidad es una
condición indispensable para la supervivencia de la
Humanidad. Fracasó totalmente en sus apreciaciones y
en sus premisas de partida. Puede ser cierto que los
sujetos individuales hayan controlado su fecundidad a
título personal en el ámbito íntimo desde los albores
de la Humanidad, pero los intentos generalizados de
control masivo son un fenómeno del siglo XX. Respecto
de los ecologistas, yo tengo publicado un artículo
titulado La ecología como excusa demográfica, así que
queda bastante claro que yo pienso que hay mucha
coincidencia entre los planteamientos neomalthusianos
y el pensamiento de no pocos ecologistas, sobre todo
de aquellos que militan en organizaciones no
gubernamentales que preconizan abiertamente el control
de la natalidad, o acaso la idea de que la especie
humana se halla en una situación de igualdad, pero no
de superioridad, respecto de las demás especies
animales y vegetales. Esto no quiere decir que todos
los ecologistas sean controlistas, pero sí hay muchas
coincidencias, por regla general.

¿Por qué en países de Europa, como Francia, donde la
población envejece a marchas forzadas, se están
liberalizando cada vez más los métodos antinatalistas?
¿Cree usted que los Gobiernos europeos no tienen
todavía verdadera conciencia del peligro que supone el
envejecimiento de la población, o es que las
estrategias electorales están por encima de las
preocupaciones por el bien común a largo plazo?

Usted pone el dedo en la llaga de la incoherencia de
los Gobiernos europeos ante los problemas de la
penuria demográfica; es decir, reconocen que hay
problemas derivados del descenso de la natalidad, pero
no ponen los remedios, que en un principio sólo pueden
ser fomentar la fecundidad o estimular la inmigración.
Pero en ambos aspectos parece que los Gobiernos de la
Unión Europea -también en España- se inhiben por
razones que yo desconozco, aunque está claro que los
dirigentes políticos conocen perfectamente los
peligros del llamado invierno demográfico que se está
gestando en nuestro continente. Causa auténtica
sorpresa la inhibición de los políticos en este
ámbito; tengo la impresión -¡ojalá me equivoque!- de
que los dirigentes de todo el espectro político, como
usted sospecha, tienen miedo a la hora de manifestarse
con rotundidad en favor del estímulo de la natalidad o
de la acogida de inmigrantes, por temor a expresar
opiniones impopulares que harían perder votos. Yo,
personalmente, creo que esto no sería cierto, es
decir, que la verdad expuesta con sencillez no
espantaría al electorado, mientras que las medias
tintas y la política de avestruz no hacen más que
exacerbar el problema y confundir a los ciudadanos. Yo
opino que esta inhibición respecto de la verdad es un
fraude, o en todo caso una vía equivocada, que sólo
puede acarrear mayores disfunciones. Yo apostaría por
una defensa coherente, inequívoca y rotunda del
incremento de la natalidad, siempre -claro está- que
venga acompañada de una política fuerte y generosa de
fomento a la familia y a la procreación.
Alternativamente, apostaría por una política fuerte y
generosa de fomento y acogida de inmigrantes, lo que
tampoco se está haciendo en el momento actual, y no
deja de causar asombro en vista de lo que sabemos a
ciencia cierta acerca de las consecuencias sumamente
negativas de la desnatalidad en Europa.

Por último, usted definió hace tiempo el
neomalthusianismo como una religión. ¿Podría explicar
esto más detalladamente?

Todas las religiones tienen una serie de elementos que
las caracterizan, como por ejemplo un cuerpo de
doctrina, creencias, dogmas, profetas, libros
sagrados, mandamientos, liturgia, ritos, finalidad,
etc. En este sentido, el neomalthusianismo, más que un
movimiento basado en hechos reales comprobados
científicamente, gira en torno a una serie de
supuestos (doctrina, creencias) basados en el
pensamiento de Malthus (profeta), que en su famoso
Ensayo sobre el principo de la población (libro
sagrado) dicta unas reglas fijas (mandamientos) y una
serie de métodos (liturgia, ritos) para llevar a cabo
el control de la natalidad, cuya aplicación es
absolutamente necesaria e inamovible (dogma) para la
supervivencia de la Humanidad (finalidad).

Por esto digo que es una religión, que tiene millones
de adeptos que han hecho un acto de fe en el
pensamiento de Malthus, sin haber comprobado la
falsedad de ese pensamiento, ni admitido la bondad de
los argumentos contrarios, que no parten de creencias,
sino de hechos científicamente comprobados. Esto
explica, en parte, la gran cantidad de seguidores que
tiene este movimiento, cuya adhesión no obedece a un
raciocinio consciente, sino a una fe ciega, a una
defensa del control de la natalidad, basada en una
convicción que tiene dificultad a la hora de admitir
la opinión contraria, a pesar de las pruebas. Con esto
no quiero decir que los antinatalistas sean personas
que obran de mala fe, y mi experiencia es que la
mayoría siente un auténtico interés sincero en ayudar
a los demás. Pero están equivocadas en sus
planteamientos y en sus métodos: el neomalthusianismo
no es un movimiento científico, sino una religión,
pero falsa.

Solidaridad.net 




	


	
		
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