[R-P] ¿UN MUNDO FELIZ?
Alberto Franzoia
albertofranzoia en yahoo.com.ar
Mie Ago 10 16:14:57 MDT 2005
Hace algunos días mi amiga y compañera Stella Menucci
me envió un reportaje que Dolores Vidal le realizó al
filósofo Guido Mizrahi. A partir de sus respuestas me
surgieron algunas reflexiones (que titulé ¿UN MUNDO
FELIZ?) que intentan dar otra vuelta de tuerca sobre
una temática convocante para las mujeres de las capas
medias, pero que tal como el filósofo la aborda puede
conducir a grandes equívocos, desplazando el eje del
debate hacia cuestiones colaterales.A continuación
presento el reportaje completo (con la autorización
Stella) y mis reflexiones. Pero antes de hacerlo
quisiera agradecer públicamente a todos aquellos que
se han comunicado con mi dirección personal de correo
electrónico, para realizarme comentarios y aportes a
raíz de mi artículo "Apuntes sobre democracia y
terrorismo". Especialmente agradezco al compañero
Marcelo Gil por la difusión del mismo en distintos
espacios digitales y a Jota Jota por materiales que me
ha enviado para nutrir mi visión sobre el tema.
EL SIGLO XXI SERÁ FEMENINO
Dolores Vidal.
Entrevista al filósofo Guido Mizrahi, opina que hoy
las mujeres son las transformadoras de la cultura.
Además, su visión de la vida en pareja y el sexo.
Durante los últimos tres meses casi 200 personas lo
siguieron todos los martes en el Centro Cultural
Recoleta. Allí, en un ciclo de conferencia preguntaba
con actitud filosófica ¿Qué significa vivir? Y frente
a un auditorio repleto, Guido Mizrahi (39), con una
maestría en filosofía de la universidad de Paris
IV-Sorbonne, indagó en temas como los sentimientos, el
dolor, el inconsciente y el amor para hallar alguna
respuesta a ese eterno interrogante. Es que Mizrahi
pertenece a una nueva generación de pensadores que
liberan a la filosofía de los claustros académicos y
la acercan a la gente común al bucear en cuestiones
clave de toda existencia humana. "¿De qué sirve este
saber si está divorciado de la trama de la vida?.Ahora
hay un auge de filósofos que le imprimen un sentido
nuevo, entonces la gente se acerca", dice. En su
departamento de la avenida Santa Fe (y con un té verde
de por medio), opina, además, sobre el avance de la
mujer, su protagonismo en este siglo recién iniciado,
la sexualidad y los nuevos desafíos de la pareja.
En sus conferencias usted se animó a vaticinar que el
siglo XXI será femenino, ¿a qué se refiere
exactamente?
Va a ser femenino porque vamos a terminar con esta
división de dos atribuciones muy separadas: hombre/
mujer. El hombre va a integrar lo que rechazaba dentro
de sí: su aspecto femenino. Eso le va a dar una vida
más conectada con sus sentimientos. Y la mujer ya está
integrando y activando sus atributos masculinos que
son muy saludables para su vida. Históricamente, a
esos atributos se los colocó en el género hombre pero
no son propiedad del varón. Se van a ir borrando estas
grandes separaciones que más que unir, dividen.
¿Por qué piensa que el ser humano camina hacia la
integración, hacia un equilibrio interior?
En el siglo XX emerge la conciencia de lo femenino,
esta marca una madurez de la humanidad. El varón está
agotando sus energías para habitar la tierra y
necesita que las energías femeninas se vayan
expandiendo. La expansión de la mujer es la expansión
de la conciencia y de la energía amorosa en la tierra.
Todavía es un despertar incipiente y coincide con la
agonía del hombre masculino que ignora qué otras
guerras organizar, aún quedan ciertos trasnochados del
viejo poder patriarcal... Pero los grandes ilusos del
siglo XX que llevaron a masas enteras a situaciones
desastrosas dejaron un gran aprendizaje. Por eso, el
estado próximo de la humanidad es la integración, la
conexión de lo femenino y masculino.
Es esperanzador, ¿pero no es una utopía creer que
vamos hacia una cultura más amorosa?
Sí, es esperanzador, pero tiene un sustento real. Esto
no es una profecía. Esto se ve en muchas vidas
individuales. Por ejemplo, cuando vemos que una mujer
a los 60 años puede hacer un cambio total de vida.
Cuando toma la decisión de conocerse, de entender su
existencia, de saber quién fue su madre, cómo se
relacionó con su padre, qué heridas conserva de su
niñez. Esto es el conocimiento de sí mismo, algo que
la filosofía propone desde hace dos mil años al ser
humano y nunca como hoy tuvimos tantas herramientas
para lograrlo.
¿Y cuáles son esas herramientas?
El ser humano tiene que transformarse por los procesos
que vive, por las cosas que le pasan, y no por medio
de mensajes, profecías o escuelas. El sufrimiento, por
ejemplo, puede llevar a un estado de mayor conciencia
y plenitud. Hoy tenemos herramientas (terapias, por
ejemplo) para curarnos, para cambiar, para alcanzar un
vínculo más sano con los demás. Esto empieza a darse
en algunas personas que irán contagiando a otras. Este
es un momento de quiebre, de caída, de ruptura.
¿Con qué estamos rompiendo?
Estamos saliendo de un período llamado patriarcal en
donde el hombre utilizó el poder sobre la mujer para
compensar la no integración de sus aspectos femeninos.
Y estamos entrando en un momento donde nos empezamos a
dar cuenta de esta situación. ¿Quién hubiera imaginado
hace más de un siglo las conquistas que lograron las
mujeres? Nadie lo predijo. Y en los próximos 100 años
vamos a desarrollar algo más, algo que va a sumar a
estas conquistas: las mujeres estando más activas, más
atentas, más despiertas, van a querer hombres más
amorosos, más despiertos, más atentos. Y lo van a
lograr, antes que nada, educando de una manera
distinta a sus hijos, que ya lo están haciendo, y esto
se va a ir transmitiendo. Lleva tiempo.
Sin embargo, el vínculo varón-mujer está complicado:
divorcios, fobia a la intimidad, miedo al compromiso,
mucha soledad.
Sí, es cierto, hoy tenemos más divorcios que
casamientos. Pero yo soy muy optimista en relación a
esto. Estamos en un momento donde las relaciones son
más auténticas. Antes había un hombre que vivía con su
mujer pero tenía cinco amantes. Y esa mujer vivía con
gran sufrimiento, relegada a muy pocas cosas en su
vida. Hoy los hombres se tienen que empezar a dar
cuenta de que necesitan relaciones más sanas para no
buscar amantes. Porque la relación consciente con otro
es una relación de profundidad y compromiso. El que
está sano se puede comprometer consigo mismo, con su
mujer, con su trabajo, con sus hijos, con la vida.
Estamos apuntando a que haya mayor conciencia y eso le
da a uno mayor compromiso. Ya no puede esconder la
suciedad por debajo de la alfombra. La mujer estando
más despierta no va a vivir toda una vida, como
nuestras abuelas, engañada durante años por su hombre
y sufriendo. Ahora las mujeres están atentas, no
porque no quieren que
las engañen, sino porque ellas no quieren tener una
vida engañosa.
¿Y cómo serán los acuerdos amorosos de estas
relaciones más conscientes y lúcidas?
Los seres humanos hasta aquí estaban condenados por el
matrimonio a una única relación. ¿Por qué nos abrirnos
a la idea de que el ser humano en su curso vital tenga
varias relaciones, cada una de las cuales lo ayude a
crecer? Así no se va a vivir con tanto trauma el hecho
de terminar una relación e iniciar una nueva. Nosotros
somos una generación en tránsito, todavía se vive con
mucha culpa dejar una relación con hijos y empezar
otra.
Es decir, encuentros amorosos sin la ilusión ni la
promesa de amor eterno.
Es que la vida es un aquí y ahora. El concepto del
tiempo es un concepto del patriarcado. ¿Quién dijo que
el tiempo existe? Es una forma de dominio, de control.
Pero sí existe nuestro tiempo vital, el tiempo
biológico.
Sí. Pero el hecho de tener que organizar y controlar
la vida hasta el último día de la existencia es un
concepto que pesa mucho sobre el individuo. Y lo
importante es que la elección amorosa esté más en el
tiempo presente que en el futuro. Cuando el hombre
empieza a vivenciar el presente, la relación con el
otro cambia. Es más importante la presencia a jurarse
amor de por vida. Eso es lo que cuenta: lo pequeño de
cada día. Es un certificado de mayor garantía que la
promesa de un amor hasta la muerte.
¿Y por qué hay tanto desencuentro entre hombres y
mujeres?
Es que la mujer busca una nueva relación con el
hombre. La mujer busca una relación espiritual donde
el amor y el goce físico no estén desvinculados. Los
hombres todavía están lejos de comprender esta
propuesta.
¿Por qué?
Porque la mayoría se encuentra desubicado en cuanto al
rol que debería cumplir. Hay una brecha muy grande en
la generación anterior y ésta. El hombre antes estaba
asociado a la autoridad, la rigidez, a ser proveedor
pero había carencias muy importantes alrededor de eso.
Nuestra generación
está pagando los platos de la generación precedente.
Pero va a haber un reencuentro entre el varón y la
mujer para experimentar un amor más consciente, más
real, menos apasionado.
¿Menos sexual?
No, tal vez más apasionado en lo sexual porque cada
día hay mayor conocimiento del cuerpo. La cama va a
ser el altar del siglo XXI. El hombre y la mujer
gozando de sus cuerpos. Pero hoy el sexo tampoco es
pleno, basta ver la abundancia de pornografía.
¿Y por qué no lo es?
No hay una sexualidad madura ni plena porque no
tenemos seres humanos sanos y plenos. El cuerpo puede
sentir mucho más de lo que nos permitimos. La lógica
sería esta: el sexo es el sentimiento expresado en su
máximo poder y belleza. Es lo más espiritual que tiene
el hombre, es el encuentro más íntimo. Pero los
varones entendieron siempre a la espiritualidad como
algo alejado del sexo. Y hoy lo seguimos viendo como
algo coyuntural, no le dedicamos tiempo. El
crecimiento interno de los seres humanos va a dejar
paso a una sexualidad más expansiva, donde haya un
encuentro íntimo que exprese la máxima espiritualidad.
Todavía vemos al sexo como algo muy corpóreo, fálico,
genital.
¿Y también lo vivimos bajo las leyes del éxito y el
consumo?
Absolutamente. El sexo no es sólo excitación genital,
sino un encuentro afectivo, amoroso. Estamos
aprendiendo de otras culturas que han concebido el
sexo como un encuentro espiritual.
¿Como lo que enseña el tantra, por ejemplo?
Sí, claro. Pero en la cultura occidental el cuerpo
está desvalorizado. Nuestra cultura le ha dado mucho
lugar a la mente, que es proclive a ilusionarse y
reprimir afectos. El cuerpo, en cambio, con su sentir
lleva a lugares más espirituales. Probablemente
asistimos a la agonía de esta cultura que comenzó hace
tres mil, cuatro mil años. Tal vez sea el nacimiento
de una nueva civilización que integre Oriente y
Occidente.
Y de cara al futuro, ¿cuál es el mayor desafío de la
mujer hoy?
Conquistarse a sí misma. Y alguien puede conquistarse
cuando cura sus heridas emocionales. De eso se trata.
La mujer está en un proceso de curación. Hay madres
más conscientes que educan a hijas aún más
conscientes, que no van a depender tanto de un hombre,
que saldrán a buscarse a sí mismas. El propio dominio
les permite afirmar su deseo, tener una relación a la
par con el hombre, y ubicar al mundo que las rodea
según su propia medida. Eso me parece una experiencia
maravillosa: la expansión de ella como mujer sana,
espiritual, plena, consciente. Bella en todas
existencia, sin que necesite un espejo o un hombre al
lado que la refleje.
Ellas al poder
"La mujer tiene los pies más en la tierra que el varón
-opina Mizrahi-. El hombre vivió de muchas ilusiones
sobre la tierra, con muchas fantasías. ¿Y qué pasa
cuando nos damos cuenta -como ahora- de que esas
fantasías provenían de una psique no integrada o
dominadora como la del varón? Antes buscábamos
convencernos de ideales, esos ideales fracasaban y
volvíamos a crear otros. Eso ahora se está
desmoronando: el varón ya no tiene la energía para
generar nuevas ilusiones. Y la mujer sabe mejor cómo
vivir en la tierra, es menos propensa a vivir de
ideales, está más presente en su cuerpo, en sus
actividades, en la crianza concreta de sus hijos, en
que la vida se relaciona con la muerte. Ella vive esa
conexión todos los meses. Y ahora necesitamos
conectarnos con lo real, lo concreto, lo cotidiano
para tener un mundo con menos violencia y mejor
distribución de la riqueza. En fin, un mundo más
habitable".
¿UN MUNDO FELIZ?
Lic. Alberto J. Franzoia
Entre los temas que nos plantea el filósofo Guido
Mizrahi nos encontramos con la posibilidad cierta de
una nueva civilización, en la que tanto el desarrollo
creciente de la mujer con su concepción realista de la
vida, más la integración entre lo femenino y lo
masculino (dos entidades claramente diferenciadas y
complementarias pero que, a su vez, anidan dentro de
cada ser humano), como también lo occidental y lo
oriental, nos permitirá arribar a un mundo, con menos
violencia, mejor distribución de la riqueza y más
pleno en el plano de la individualidad. Mizrahi, sin
decirlo, nos sugiere que las revoluciones no son
necesarias para cambiar el mundo. Discurso muy
conveniente para seducir a un auditorio de damas y
señores de clases y capas sociales acomodadas, con
inquietudes intelectuales políticamente correctas.
Aquellas que desde su "realismo" sueñan con un mundo
más justo y democrático, pero sin poner en cuestión la
vigencia del capitalismo globalizado como sistema que
nos integra y margina, nos construye y destruye
simultáneamente.
Siguiendo la lógica de Mizrahi podemos acordar en el
desarrollo de su temática, conque la mujer ha
conquistado espacios a los que no tenía acceso, y que
se ha liberado progresivamente de la pareja
tradicional entendida como espacio de poder en el que
el hombre ejercía su dominio. También es cierto que la
mujer intenta unir la sexualidad con la
espiritualidad, terrenos habitualmente divididos en la
visión masculina de la relación. Con lo que está
promoviendo un nuevo tipo de pareja, rompiendo con la
hipocresía que generó la dicotomía entre mujer legal y
mujer legítima. Esa dicotomía tan funcional a las
necesidades del "macho" de otros tiempos, quien a
pesar de ello tenía garantizado para el día de su
muerte aquel famoso epitafio: ejemplar padre y esposo.
No es menos cierto, además, que el hombre se encuentra
desubicado ante el nuevo rol de la mujer y el tipo de
pareja propuesta. Sin embargo, esta liberación
femenina, siendo un proceso necesario que celebramos,
de ninguna manera es suficiente como para generar una
auténtica liberación social, sino que tomándola en
forma aislada sólo puede representar una adaptación a
las nuevas necesidades del capitalismo posmoderno. La
inserción laboral de la mujer, básicamente de las
capas medias occidentales, y mucho más aún en los
países dominantes, no forma parte de un rosado proceso
de crecimiento individual y general, sino que responde
a las necesidades de incorporar más trabajadores
calificados (provenientes habitualmente de las capas
medias) y de ampliar el mercado de consumidores
"aptos" que tiene el sistema. Si bien este ingreso al
mundo laboral de la mujer modifica las relaciones de
pareja, dándole al grupo femenino una autonomía de la
cual carecía para favorecer lazos más igualitarios, de
ninguna manera esto conducirá necesariamente al
desarrollo de mujeres y hombres realmente sanos y
plenos. La mayor igualdad por un lado no sé da en
todos los sectores sociales, ya que su radio de
influencia no va más allá de capas medias con un
importante capital cultural disponible, y por otro
lado no modifica sustancialmente la relación de
dependencia existente entre clases y países. Mal se
puede hablar, por lo tanto, de un mundo con paz y
mejor distribución de la riqueza si no se modifican
estas asimetrías estructurales.
Parece que el triunfo de ese "realismo" femenino del
que nos habla Mizrahi, que actuaría como garante de un
mundo mejor, no es otra cosa que la bienvenida al fin
de las utopías. Y esas utopías, relatos ideales de la
historia, o según nuestra visión grandes proyectos
para una realidad a ser construida, a su vez, parecen
haber sido patrimonio de un enfoque masculino de la
misma. Qué curioso, el filósofo formado en París
pretende con esto elogiar a la mujer y no hace más que
descalificarla. El realismo del que nos habla no es
otra cosa que conservadurismo, o en el mejor de los
casos reformismo pequeño burgués. Afortunadamente la
historia de la humanidad está plagada de mujeres que
vivieron para luchar por una utopía, como Rosa
Luxemburgo o Eva Perón, por citar tan solo dos
ejemplos representativos. Y para desgracia de la
humanidad también han existido mujeres con poder,
representantes del statu quo, que lejos de expresar
esa conciencia amorosa, típicamente femenina según
Mizrahi, han oprimido pueblos como lo ha demostrado
sobradamente la señora Margaret Thatcher, por citar
otro ejemplo. ¿Será que la dama de hierro sólo
desarrolló su costado masculino, o simplemente actuaba
como representante del imperialismo inglés?
Nos enteramos, por lo tanto, para tranquilidad de no
pocos integrantes de su políticamente correcto
auditorio, que un mundo más femenino, con los pies
sobre la tierra, sin tantos ideales absurdos, es lo
que nos conducirá a la paz y la justicia social. Si
le incorporamos al capitalismo (concepto que no
menciona ni una sola vez en su discurso) esa cuota de
realismo supuestamente femenino más una pizca de sexo
oriental, un mundo más feliz es posible. ¡Qué manera
tan sofisticada de vender pescado podrido! Nada mejor
para estimular la distracción posmoderna que estos
discursos elaborados por nuevos filósofos, que sacan
su disciplina del ámbito académico para trasladarla a
la calle, volviendo sencillo lo complejo, para que
todos lo entiendan. Qué pena, sin embargo, que la
sencillez no sea utilizada para favorecer el
desarrollo de una conciencia genuinamente
transformadora del mundo, conciencia que anida en los
procesos de liberación nacional y social que se harán
cada vez más presentes en nuestro siglo XXI. Sólo en
el seno de dichos procesos, a partir de los lazos de
solidaridad social que promueven (y que son a su vez
los únicos que los hacen posibles), la mujer junto con
el hombre hallará la posibilidad cierta de
desarrollarse como un ser más libre y autosuficiente,
más sano y pleno. Por lo tanto, no nos engañemos, el
decir simple de Mizrahi lejos de ser realista oculta
una ideología gatopardista que apuntala a los países y
clases dominantes: cambiar algo para que nada cambie.
La Plata, agosto de 2005
Alberto J. Franzoia
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