[R-P] Depredación ictícola en Santa Fe y Entre Ríos
Nestor Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
Mar Ago 9 08:29:11 MDT 2005
[Mientras nos llevan al conflicto con Uruguay, los ecologudos no
dicen una palabra sobre esta depredación, mucho más grave por
insidiosa y sutil, que sufre la fauna del Litoral.
Aquí se demuestra sin lugar a dudas que el argumento parcialmente
válido de que las papeleras son plantas contaminantes encubre, en
realidad, el horror ante la implantación industrial, cualquiera sea
su tipo.
Seremos los nacionales quienes tengamos que exigir la instalación de
papeleras no contaminantes, integradas a un sector papelero
diversificado que agregue hasta la última gota de valor a la pulpa de
las maderas de la cuenca del Plata.]
ROSARIO, 9(PSI).- LA PESCA A DESTAJO PONE A LA FAUNA DEL PARANÁ AL
BORDE DE LA EXTINCIÓN. (INFORME).
Algo similar a lo que pasó con el caladero en Mar del Plata años
atrás, está ocurriendo en la región, también por la permanencia de
funcionarios corruptos en el área correspondiente. El diagnóstico es
inequívoco y unánime: el Paraná está a punto de quedarse sin peces.
La punta del iceberg es la captura indiscriminada del sábalo que es
la base de la pirámide ictícola del río.
Este pez, menospreciado en el mercado local, es el segundo pescado
argentino que más se exporta después de la merluza, y su demanda se
multiplicó al menos por tres luego de la devaluación. El negocio está
cuestionado no sólo por los ambientalistas, sino también por los
propios pescadores, los comerciantes a pequeña escala, funcionarios
de Santa Fe y Entre Ríos y hasta por dueños de frigoríficos que
exigen "transparentar en forma urgente la actividad pesquera". El
titular de la Fundación Proteger, Jorge Cappato, es contundente: "El
río está al borde del colapso. Algunos dicen que en cinco años, otros
que en diez, pero todos coinciden en que si no se racionaliza la
actividad se pierden la flora y la fauna del río".
Todo esto se hizo público esta semana que pasó, después de que los
pescadores entrerrianos cortaron por tercera vez el puente Rosario-
Victoria. Una protesta que, según dicen muchos, se armó a pedido de
los frigoríficos molestos por el acuerdo firmado entre las provincias
de Santa Fe y Entre Ríos, que fijó en 42 centímetros la medida mínima
para la captura del sábalo. De las dos provincias sale casi la
totalidad del pescado de río que se exporta. Y como mínimo la
actividad tiene un manto de sospechas sobre sus espaldas: todos los
involucrados admiten que para responder a la demanda externa se están
capturando ejemplares muy por debajo de la talla permitida y que para
pescarlos se emplean mallas con aberturas inferiores a las
reglamentarias. Sin embargo, al momento de establecer
responsabilidades los pescadores le echan la culpa a los acopiadores,
los acopiadores a los frigoríficos, y estos últimos a los organismos
del Estado que no controlan. En el medio de esta cadena, hay un
negocio que sólo entre enero y junio de este año dejó 5 millones de
dólares -según datos del Senasa- y un recurso natural que empieza a
escasear. Así, a falta de ejemplares grandes se explotan los más
pequeños sin dar lugar a que los peces puedan reproducirse.
Las exportaciones de sábalo pasaron de las 13 mil toneladas en 1998 a
las 34 mil toneladas en el 2004. Aunque este número no incluye la
cantidad que se pesca para el consumo interno, ya supera con creces
el límite de 20 mil toneladas por año que los científicos fijan como
tope para mantener el ecosistema del Paraná. Es que el sábalo juega
un papel clave: no sólo se alimenta de la materia orgánica que
arrastra el río, sino que sus huevos y crías sirven como sustento a
otras especies como el dorado o el surubí. "Esto es como bombardear
las maternidades", grafica Rubén Castro, pequeño acopiador y vendedor
rosarino con más de 30 años en el rubro. "El problema es que este
negocio está entroncado con la política, hay rumores de que se pone
plata acá y allá, y nunca hay controles. En unos años liquidan el
Paraná", sentencia. Según Castro, se paga entre 80 centavos y un peso
el kilo de sábalo y se lo vende a otro intermediario, que se encarga
de llevarlo al frigorífico, donde el kilo de pescado vale entre 1,20
y 1,50 peso. Todo depende del día y la cantidad de piezas que se
ofrezcan.
El director de Fiscalización de la Secretaría de la Producción de
Entre Ríos, Jorge Florean, es el primero en admitir que el negocio se
mantuvo fuera de norma durante mucho tiempo. "Cuando asumimos hace un
año y medio, encontramos tal desmanejo y descontrol que me dieron
ganas de llorar", recuerda el funcionario. Según datos de la
secretaría entrerriana, el año pasado se exportaron desde esta
provincia 13 millones y medio de toneladas de pescado; sin embargo,
Florean dice que no conoce qué cantidad de dinero significa eso de
ganancia para los exportadores ni cuánto recibe la provincia por la
transacción económica.
Lo que sí sabe el director entrerriano es que en diez años la talla
del sábalo bajó en unos diez centímetros. "Si seguimos así, para el
2015 vamos a tener un pez de 20 centímetros o menos", pronostica.
"Dicen que el foco más problemático está en Victoria, pero la verdad
es que en toda la costa, tanto de Entre Ríos como de Santa Fe, se
está encontrando mercadería que no se puede capturar".
Desde la otra orilla, el secretario de Medio Ambiente santafesino,
Marcelo Terenzio, también reconoce que durante mucho tiempo no hubo
reglas de juego claras para la pesquería, pero rescata el acuerdo
alcanzado con Entre Ríos para fijar el tamaño mínimo de las piezas y
realizar operativos de control en conjunto. "Hoy se está ordenando la
actividad", se defiende, y rápidamente agrega que "si hoy se cortan
puentes y se discute sobre el tema es porque hay controles". Producto
de estos operativos, en lo que va del año se decomisaron en la
provincia unas 60 toneladas de pescado y unos 35 mil metros de
mallas, lo que suma unos 5 kilómetros de redes. "Estuvimos en
Coronda, donde nunca se había controlado, y encontramos una malla de
2 kilómetros cruzada en el río. Y en el Paraje los Zapallos
(departamento Garay) detectamos la instalación de frigoríficos
directamente sobre la orilla del río", denuncia Terenzio.
Del lado entrerriano dicen que las inspecciones también dieron sus
frutos.
A fin del mes pasado se suspendió al frigorífico Epuyén, donde
hallaron 90 mil kilos de sábalo más pequeños de lo permitido.
En Santa Fe, el mayor tráfico de camiones con pescado se da en la
ruta Nº 1, en el corredor que se extiende desde la capital hasta el
norte de la provincia. Según las autoridades, desde que sale del río
hasta que llega al frigorífico el pescado se somete a una serie de
controles para garantizar, justamente, que los ejemplares tengan las
medidas reglamentarias. El primero está a cargo de los municipios, en
los puertos, cuando los pescadores descargan. Allí se extiende a los
transportistas una guía de fiscalización, sin la cual los camiones no
pueden circular por la ruta, que es custodiada tanto por la Dirección
de Seguridad Rural de la policía como por inspectores de Medio
Ambiente.
Además, estos últimos inspeccionan las cámaras de los frigoríficos. Y
al momento de embarque, el Senasa vuelve a controlar la carga. Ahora
bien, si existen todos estos controles, ¿cómo puede ser que se
comercialicen piezas de escaso tamaño? Terenzio no elude la pregunta:
"Es que encontramos comunas que emiten guías con pescado fuera de
medida. También es difícil encausar los controles porque cuando los
hacemos a la mañana, los camiones pasan a la tarde, y si vamos de
tarde, pasan a la noche. Además, cuando el pescado está listo para
exportar el Senasa no controla el tamaño y tiene sólo dos empleados
para todos los frigoríficos santafesinos".
El director de Fiscalización entrerriano también admite que no cuenta
con los recursos para hacer todos los controles necesarios. Apenas,
dice que cuenta con 20 inspectores para toda la provincia y que debe
destinar varios a puntos fijos de tránsito como las cabeceras del
puente Rosario-Victoria; de Zárate-Brazo Largo y del túnel
subfluvial. "Para los frigoríficos me quedan tres y en Victoria
afecté a agentes jóvenes que no son de la ciudad", confía. Y en Santa
Fe hay además otro escollo: la Secretaría de Medio Ambiente no puede
multar a los frigoríficos ya que esto no fue estipulado cuando se
sancionó la nueva ley de pesca. "Podemos decomisar pescado o sacar
mallas, pero eso no duele, porque es gratis. La multa es lo que
duele, y ahí estamos rengos", reconoce. Mientras tanto, el sábalo se
sigue pescando, aunque muchos estiman que no será por largo tiempo.
Depredación. "Vamos a secar el río" El dueño de un frigorífico cuenta
los pormenores del negocio de la pesquería.
Roberto Mendoza lleva 40 años dedicándose a la pesquería. Su familia
fundó el Frigorífico El Timón de la ciudad de Villa Constitución, una
de las primeras plantas dedicadas exclusivamente a la exportación de
pescado.
Durante el 2004, de las cámaras de El Timón salió el 20 por ciento
del total de sábalo exportado en el país, lo que representa unas
6.800 toneladas. Mendoza conoce muchas de las argucias que rodean el
negocio del pescado en la provincia, denuncia que muchos frigoríficos
pescan ejemplares fuera de medida, que algunos tienen protección, y
reclama que se transparente la actividad. "Porque si seguimos bajando
la medida de los sábalos que se pescan vamos a secar el río",
asegura, y advierte que "estas cosas pueden pasar sólo con la
anuencia de alguien". "En los últimos años, la única empresa que está
cayendo en la producción es la nuestra porque respetamos la medida de
pesca", indica el comerciante que además participa del Consejo
Provincial Pesquero, organismo que reúne a funcionarios de la
Secretaría de Medio Ambiente, frigoríficos, acopiadores, pescadores,
ambientalistas, especialistas, senadores y diputados. Para Mendoza el
problema del sábalo es una cuestión matemática.
"Antes de la devaluación había tres frigoríficos pescando y
exportando pescado. En ese momento hacíamos 7 mil toneladas anuales.
Ahora pasamos a exportar 33 mil toneladas, cuando pienso que es
imposible superar las 20, y hay 15 frigoríficos exportando pescado.
Es simple: la mitad sobramos", explica.
Siguiendo este razonamiento, cada una de estas empresas necesita
llenar sus cámaras. "Y la única forma de mantener la captura de peces
es pescando ejemplares de menos de 40 centímetros.
Esto lo saben todos pero nadie quiere involucrarse en el problema",
se queja, y agrega que, con esta sobreexplotación, "ganan los
importadores" porque la abultada oferta baja el precio del pescado. Y
con la misma naturalidad desliza los beneficios non sanctos que se
obtienen del comercio fuera de regla. "Se dieron certificados para
exportar a galpones que adentro tenían nada más que un container. En
los frigoríficos hay sábalos de mucho menos de 40 centímetros. Y
cuando hay un operativo en una planta ya lo sabe todo el mundo. ¿Qué
quiere decir esto? Que el negocio lo está haciendo el Senasa, Los
Pumas (dirección de seguridad rural de la policía encargada de
custodiar las rutas), algún picarón de la Secretaría de Medio
Ambiente. Porque si pasan estas cosas debe existir la anuencia de
alguien", concluye.
En Helvecia se quieren sumar dos frigoríficos. Una multisectorial
integrada por pescadores, comercio minorista, turismo, cabañeros,
clubes de caza deportiva y la Confederación Argentina y Santafesina
de Pesca, entre otras entidades, se reunió el viernes pasado en
Helvecia (unos 200 kilómetros al norte de la capital provincial) para
denunciar que la instalación de dos nuevos frigoríficos de pescado en
esa localidad incrementará "aún más el saqueo y vaciamiento total del
Paraná". Al mismo tiempo, durante el encuentro se recordó que la
pesca es el motor de la incipiente industria turística desarrollada
en las localidades del norte provincial, y si desaparece, se pierden
también los ingresos que deja la actividad recreativa. En la reunión,
a la que se sumaron legisladores de distintos sectores y funcionarios
comunales, se pidió al gobernador su intervención para impedir la
instalación de frigoríficos pesqueros en la localidad de Helvecia,
como así en toda la provincia de Santa Fe. Durante el encuentro,
representantes de la Federación Santafesina de Pesca y Lanzamiento
advirtieron que "estos establecimientos pretenden establecerse en la
región costera para procesar sábalos prometiendo mano de obra, pero
en realidad este tipo de mano de obra será un verdadero salvavidas de
plomo para todas las familias costeras que subsisten a partir de
pesca". A esto se sumaron comerciantes de la incipiente industria
turística de la zona costera, quienes también señalaron que la
actividad corre serio peligro a partir de que la pesca -una de las
actividades más promocionadas- podría desaparecer si es que se
continúa depredando el río.
Depredación. Jorge Cappato, de la Fundación Proteger, advierte sobre
el futuro El ambientalista advierte sobre la posibilidad de un
desastre que producirá un desastre social. "Si no se racionaliza la
pesca, se pierde la flora y la fauna del río, con todo el desastre
social que esto implica", disparó Jorge Cappato. El ambientalista es
el titular de la Fundación Proteger de Santa Fe, una organización que
brega por la preservación de la cuenca media del Paraná.
Sin embargo, el especialista hace una aclaración: "Nuestra principal
defensa es el hombre, porque cuando se termine de destruir la fauna
del río, ¿dónde van a ir a parar las miles de familias que viven del
pescado?". Además asevera que los cortes del puente Rosario-Victoria
son parte de la estrategia de empresas "sucias" y advierte que la
provincia no puede negociar con la "ilegalidad".
-¿Los cortes del puente Rosario-Victoria pusieron sobre el tapete el
negocio voraz del sábalo?
-El problema es que no existe un sindicato de pescadores, entonces la
provincia no puede negociar con la ilegalidad. Esto es preocupante,
porque no se puede legislar en el puente Rosario-Victoria. Todo el
mundo conoce que este es el modus operandi de las industrias sucias,
que usan a quienes dependen de ellas como si fueran un grupo de
choque. Estos pescadores ni siquiera son empleados de los
frigoríficos, son trabajadores informales. Lo primero que hicieron
los frigoríficos de Entre Ríos fue amenazar con echar a todo el
personal por las clausuras que sufrieron, son industrias al borde de
la ilegalidad.
-¿Estamos hablando de los frigoríficos que exportan pescado?
-El problema tiene un solo nombre: la exportación del sábalo. Hoy es
el pescado más exportado en Argentina después de la merluza, pero ni
siquiera hay registros ciertos en Santa Fe.
-¿Este auge apareció con la devaluación?
-El negocio ya estaba, pero con este cambio, tres a uno, se potenció.
Lo llamamos la verde fiebre del sábalo, porque es una exportación a
granel. Se disparó el tonelaje anual y se dispararon los nuevos
mercados. Me gustaría que el Ministerio de la Producción santafesina
diga exactamente de qué se trata, porque se está hablando de un
negocio de entre 150 y 200 millones de pesos entre las dos
provincias, es lo que estamos estimando...
-Es mucho dinero...
-Claro, y uno se pregunta si pagan retenciones y cuánto le deja esta
actividad a la provincia. La pregunta es qué vamos a hacer
socialmente con el colapso del Paraná, hacia el que vamos
inevitablemente. Algunos hablan de cinco años, otros de diez, pero es
inevitable si no paramos ahora. La preocupación son las miles de
familias pobres que viven de esto.
-Cuando habla de exportación a granel, ¿significa que no hay ningún
valor agregado?
-Nunca hubo una industria pesquera como tal, lo que existe es saqueo
porque todo el valor agregado que se hace es congelar filetes, nada
más. Con el agravante de que el sábalo es un pez fácil de sacar, lo
puede hacer cualquiera que no sea pescador. El pescador tiene una
cultura conservacionista y siempre repite que "con el recurso no se
negocia". El problema es que la pobreza también está ligada a la
depredación porque el que tiene necesidad se sube a una lancha con
una pequeña red y se gana unas monedas.
-También se denuncia la baja en los tamaños de otros peces, como la
boga.
-Todos los tamaños han bajado, esa es la depredación del río que
tiene un efecto dominó. Hay que parar ahora, regular la actividad,
transparentar los negocios y que la sociedad tome conciencia. Según
especialistas del Conicet, se está sacando el doble o el triple de lo
que se puede pescar.
-¿Las leyes vigentes no alcanzan?
-Los pocos operativos que se hacen en la provincia dan cuenta de que
hay centenares de actas de infracciones, pero no se cobran las
multas. Eso porque el gobierno dice que los legisladores no regularon
el tema de las multas. La ley se votó, pero la reglamentación tuvo
una dilación extrema y luego dijeron que se olvidaron de reglamentar
las multas. No puedo desentrañar la trama entre el poder y los
intereses económicos.
-¿Cuál podría ser una solución?
-Ahora estamos haciendo el peor negocio porque el sábalo es la base
de la pirámide ictícola. Hay otras formas, como la explotación de la
pesca deportiva, que según la Nación permitiría obtener cien millones
de pesos anuales. Otra alternativa sería la curtiembre de los cueros
de los peces, por lo cual no habría que capturarlos a granel. Y se
puede hacer todo tipo de cosas de marroquinería con este producto,
que de hecho ya se hace y se paga fortunas.- XXX
Néstor Miguel Gorojovsky
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