[R-P] A propòsito de corruptos
ana graciela real
educba2003 en yahoo.com.ar
Dom Ago 7 22:52:40 MDT 2005
A propósito de corruptos:
Se sostiene que el corrupto procura mantener siempre
la apariencia y cultiva sus buenos modales para
esconder de esta manera, sus "malas conductas".
La corrupción no puede ser perdonada porque
esencialmente desprecia lo trascendente, uno de sus
rasgos, casualmente es la inmanencia.
Cuando algo comienza a "oler mal", es porque existe un
corazón encerrado a presión entre su propia
suficiencia inmanente y la incapacidad real de
autobastarse, hay un corazón podrido por la excesiva
adhesión a un "tesoro" que lo ha copado.
El corrupto en muchos casos no se da cuenta, sucede lo
que con el mal aliento, difícilmente el que lo tiene
se percata, son otros quienes lo sienten y se lo deben
decir, de aquí, que difícilmente el corrupto pueda
salir de su estado por remordimiento interno.
Tiene "anestesiado" el buen espíritu.
En su conducta tendrá la apariencia de "debilidades" o
"puntos flojos" relativamente admisibles y
justificables por la sociedad. Por ej. un corrupto de
ambición de poder aparecerá, a lo más, con ribetes de
cierta veleidad, o superficialidad que lo lleva a
cambiar de opinión o reacomodarse, según la situación
entonces, se dirá que es acomodaticio, débil o
interesado, pero la llaga de su corrupción y la
ambición de poder (por el poder mismo agregamos
nosotros) quedará escondida.
El corrupto esconde su tesoro (interés) verdadero, no
ocultándolo, a la vista de los demás sino
reelaborándolo para que sea socialmente aceptable....y
así la suficiencia crece...comenzará por la veleidad y
la frivolidad, hasta concluir con el convencimiento
totalmente seguro de que es mejor que los demás.
Entre dirigentes partidarios no faltan quienes, a la
manera de las cortesanas, de la antigüedad convertidas
en vestales pretenden hoy rescatarse de la sospecha
(de corruptos) oficiando de inesperados guardianes del
templo de la honestidad pública.
El corrupto necesita siempre compararse a otros que
aparecen como coherentes con su propia vida, para
encubrir su incoherencia y justificar su propia
actitud, por ej para un veleidoso, una persona que
pretende tener claro los límites morales y no los
negocia, es un "fundamentalista", un "anticuado", un
"cerrado" y una "persona que no está a la altura de
los tiempos".
Este....es otro rasgo típico del corrupto: la manera
como se justifica, ya que en el fondo tiene la
necesidad de auto justificarse y aunque el mismo, no
se de cuenta de que lo está haciendo, instaurará una
comparación entre los "buenos modales" de sus fallas y
la contundencia del pecado al que aluden, pero es en
la realidad una comparación falseada por que los
términos son de diverso género: se compara una
apariencia con una realidad pero a la vez, se le
aplica al otro una realidad que no es tal cual, y ese
es el otro rasgo.
Al compararse el corrupto se erige en juez de los
demás: él, es la medida del comportamiento moral.
Significa "Yo no soy como ese"...pero cuidado..., que
NINGUNA PERSONA PUEDE FALSEAR TANTO LA REALIDAD SIN
ARRIESGARSE A QUE ESA MISMA REALIDAD SE LE VUELVA
CONTRA EL MISMO.
Los corruptos proyectan su maldad en otros y para
erigirse en jueces, procuran aparecerse como
EQUILIBRADOS, como CENTRISTAS, y cuando las
circunstancias los obligan a tomar medidas
desmesuradas que denunciarían su corrupción, a mostrar
un desequilibrio, saben demostrar que ese
desequilibrio era necesario en orden a salvar un
equilibrio mayor... pero nunca, aún en el
desequilibrio táctico, dejará de sentirse juez de una
situación.
Dice Octavio Frigerio "la misma corrupción de
cortesano lo convierte en vestal, cuando le conviene".
Unido a este "ser medida" de juicio hay otro
rasgo:...toda corrupción crece y - a la vez - se
expresa en atmósfera de "triunfalismo", justamente que
es el caldo de cultivo ideal de actitudes corruptas
que hacen sentirse "ganador" y es así como se van
rearmando situaciones en valoraciones erróneas.
No es triunfo sino "triunfalismo"...el corrupto a
diferencia del pecador que espera el perdón, no tiene
esperanza, porque no se siente en pecado, ya que "él
ha triunfado", y precisamente este triunfalismo nacido
de sentirse "medida" de todo juicio, es el que da
ínfulas para "rebajar" a los demás a "su medida"
triunfal.
El corrupto no deja crecer en libertad, porque no
conoce la amistad, sino la COMPLICIDAD, se mueve en la
pautativa de: o cómplice o enemigo.
Cuando un corrupto está en el ejercicio del poder,
implicará siempre a otros en su propia corrupción, los
"rebajará" a "su medida" y los hará cómplices de su
opción de estilo...y esto en un ambiente que se impone
por sí mismo en su estilo de triunfo, ambiente
triunfalista, de "pan y circo", con apariencia de
viabilidad en las opciones variadas...y por ello toda
corrupción es proselitista., y esta dimensión señala
actividad y aptitud para convocar, se trata de
"enrolar" en estado de
corrupción...redes...cadenas...primero tentar de
codicia, de riquezas...para que más fácilmente vengan
a vano honor del mundo (léase triunfalismo) y luego a
crecida soberbia.
En muchos casos de la historia, la corrupción se ha
camuflado en actitudes socialmente aceptables, como el
caso de Pilatos, que aparece como que el asunto no le
tocaba, y por ello, se lavó las manos, pero en el
fondo era para defender su zona corrupta de adhesión
al poder, a cualquier precio.
Otro rasgo es que el grupo de corruptos son los más
alejados cuando no enemigos del pueblo, no sólo se
consideran limpios, sino que - con esta actitud -
"proclaman" su limpieza.
La corrupción no es un acto sino un "estado" es un
estado personal y social, en el que el corrupto se
acostumbra a vivir.
Los valores (o disvalores) de la corrupción, son
integrados en una verdadera cultura con capacidad
doctrinal, lenguaje propio, modo de proceder peculiar.
Es una cultura de pigmeización por cuanto convoca
prosélitos para rebajarlos al nivel de la complicidad
admitida.
Es una cultura de "restar": se resta realidad en pro
de la apariencia.
Es el culto a los buenos modales que encubre sus malas
costumbres...y esta cultura se impone en el laissez
faire liberal del triunfalismo cotidiano.
El alma se habitúa al mal olor de la corrupción y
cuando se quiere ayudar a una persona así, el cúmulo
de resistencias es indecible.
Los israelitas eran esclavos de Egipto, y se habían
acostumbrado a esa pérdida de la libertad, habían
adecuado la forma de su alma a ello, no se hacían
ilusiones de otra manera de vivir...su conciencia
estaba "dormida" (agregamos que en esto... nos
parecemos a ellos como nación con la conciencia
dormida).
Cuando Moisés anuncia a los israelitas el plan de
Dios, "ellos no lo escucharon, consumidos por la dura
servidumbre".
Después cuando surgen las dificultades en el camino
del desierto, le echan en cara a Moisés el que se haya
metido y los haya metido en ese asunto. Los ancianos
quieren pactar con el enemigo, cansados y temerosos, y
tiene que venir Yudith a "releerles" la historia para
que no acepten como carneros situaciones que Dios no
quiere.
Aquí está el nudo del asunto: Un proceso de dolor
siempre bajonea; el haber probado derrotas conduce al
corazón humano por el camino de acostumbrarse a ellas
para no extrañarse, ni volver a sufrir si surge
otra...o simplemente uno se conforma y no quiere tener
más problemas...con lo que se va gestando un
fatalismo; los horizontes se van achicando a la medida
de la propia desolación o de la propia quietud.
Se teme a la ilusión y se prefiere el "realismo" del
"menos" a la promesa del "más".
En este preferir el menos se llega a la mediocridad y
a la tibieza (que son dos formas de corrupción
espiritual).
Nuestra indigencia necesita esforzarse un poco para
abrir un espacio a la trascendencia, (que la
corrupción generalizada nos lo impide), sin
embargo... la Esperanza no defrauda!
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