[R-P] Enrique Oliva: “¡Tomá p’azucar!”
edgar smith
condornacional en yahoo.com.ar
Vie Ago 5 09:54:03 MDT 2005
“TOMÁ P’AZUCAR”
5/VIII/05 Por Enrique Oliva
Ante la proximidad del 17 de agosto en que
conmemoramos el 155 aniversario de la muerte del
Libertador, viene a nuestra memoria un hecho del rico
anecdotario del General San Martín, ocurrido en la
víspera de la sangrienta e importante Batalla de
Chacabuco, librada el 12 de febrero de 1817, que llevó
a la declaración de la independencia de Chile.
Como es sabido, cuando la fuerza expedicionaria se
organizaba en el paraje del Plumerillo, hoy llamado
Campo de la Gloria, en las afueras de la ciudad de
Mendoza, San Martín atrajo a muchos negros esclavos.
La Asamblea del Año 13 sólo dispuso la libertad de
vientre, no alcanzando al resto de los ya existentes.
Entonces San Martín, por las suyas, en su carácter de
Gobernador Militar de Cuyo, difundió e hizo difundir
en todo el país que cuantos se incorporaran a sus
fuerzas, inmediatamente eran reconocidos libres. Con
su hábil ingenio los arengó a la lucha antes de la
batalla de Chacabuco, diciéndoles: “ustedes saben que
los godos explotan la esclavitud de los negros y
cuando los capturan los llevan al Caribe para
cambiarlos por azúcar”.
Con el coraje estimulado por la defensa de su
libertad, entraron al combate con singular bravura. Y
cuando sableaban a un español gritaban “¡tomá
p’azucar!”. Luego, en otras acciones, siguieron la
misma costumbre.
Esta anécdota es repetida por un millar, en constante
expansión por todo el país, de ex conscriptos que
hicieron el servicio militar en el histórico
regimiento de Granaderos a caballo, creado por San
Martín, y tuvieron su bautismo de sangre con la
victoria del combate de San Lorenzo. Se trata de la
muy activa Asociación de Granaderos Reservistas
(algunos ya ancianos), que recrean su paso por ese
regimiento, investigando su gloriosa historia y
estimulando sentimientos patrióticos y de solidaridad.
Así se los ve en todas las celebraciones patrias
luciendo el birrete de soldados y las insignias del
cuerpo custodia del Presidente de la Nación.
San Martín y los negros
El Libertador no solo independizó a los negros, sino
que los dignificó acordándoles muchos beneficios y
honores.
La caballería en esos tiempos era la fuerza donde
servían lo “caballeros” que se presentaban con su
propia cabalgadura, mientras los negros y la plebe
eran destinados a la infantería y otros servicios. El
arma de los montados conservó esa característica de
elite, hasta no hace muchos años, como una fuerza
donde la oficialidad, en su mayoría provenía de
familia patricias. Cuando en el arte de la guerra se
incorporaron los tanques como instrumentos
predominantes en cualquier conflicto terrestre, a sus
batallones se los llama hasta ahora como “caballería
motorizada”.
Hay historiadores, como José Maria Rosa, que hablaba
del cabildo de una ciudad (que no nombraremos) donde
los “caballeros” decidieron no cooperar con el
Ejército Libertador que organizaba San Martín en
Mendoza, por “no estar dispuestos a cabalgar junto a
negros”.
Es verdad. El Libertador dio caballos a los esclavos
por él redimidos, resultándoles excelentes soldados.
Haciéndoles justicia, un negro al frente de una carga
de caballería que, bajo el signo de la libertad
representado por una mujer mostrando en sus brazos en
alto cadenas rotas.
Aporte negro a la cultura popular
San Martín también introdujo en su Ejército
innovaciones hasta entonces no conocidas en las
fuerzas argentinas. Sirviéndose de los negros, formó
un fanfarria que interpretaba no solo marchas
militares sino también música variada, hasta bailable.
El conjunto también tocaba los domingos en una
glorieta mandada a construir por él, instalada en el
entonces principal paseo mendocino, La Alameda. Como
la gente elegante (llamémosla así) no sabía admirar la
música de los soldados de color, no asistía a tales
retretas. Entonces el propio General, con uniforme de
gala y del brazo de su esposa, concurría a escuchar a
su banda. Los antes indiferentes cambiaron de opinión
imitándolo. Las retretas se hicieron entonces
populares y la tradición de las mismas se mantiene
hasta hoy.
Amante de la lectura, entre muchas otras iniciativas
culturales populares, creó con importantes aportes
personales la Biblioteca Pública de Mendoza.
Mochilas con bastones de mariscales
En el Ejército de San Martín no había limitación
alguna de ascensos a grados de jerarquía por razones
étnicas ni posición social. Uno de los tantos ejemplos
históricos fue el de un gauchito mendocino de 16 años,
llamado Jerónimo Espejo, que se le presentó como
voluntario y en los campos de batalla llegó al grado
de capitán.
Otra prueba digna de destacarse,, fue la de Lorenzo
Barcala (1795-1935), un negro hijo de esclavos que lo
acompañó en sus campañas guerreras luciéndose por su
bravura y capacidad de mando. Por sus hazañas alcanzó
el grado de coronel y luego fue general. Siempre al
grito de “¡Tomá p’azucar!”
Al anecdotario del histórico regimiento
sanmartiniano, lo reservistas agrega otro detalle poco
conocido. Uno de sus conscriptos fue luego el
presidente de los argentinos, el doctor Arturo Illía.
Quienes hicieron el servicio militar durante su
mandato, recuerdan que los trataba con cálida simpatía
y hablaba con ellos sus tiempos de granadero. A veces,
cuentan, se detenía para acomodarles el morrión y
correajes aconsejándolos sobre el mantenimiento de
sus uniformes y armas.
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