[R-P] Contra el Fatalismo Económico (Un texto de Pierre Bourdieu)

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Vie Ago 5 06:39:05 MDT 2005


Un buen texto que deberian leer los politicos que en
su juventud lucharon por " utopias" y que ahora,ya
grandecitos, se sienten encorsetados por ese "
fatalismo economico" , que critica Bourdieu.

Rolo
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Contra el Fatalismo Económico

Pierre Bourdieu
Fuente: spainmarx.org

Texto del discurso pronunciado por Pierre Bourdieu el
22 de noviembre de 1997, en el acto de recepción del
Premio Ernst Bloch, concedido por el Instituto Ernst
Bloch, en la ciudad alemana de Ludwigshafen.

Mis más cálidos agradecimientos para la ciudad de
Ludwigshafen, su alcalde el Señor Wolfgang Schulte y
al Instituto Ernst Bloch, por el honor que se me ha
concedido y asocia mi nombre con el de uno de los
filósofos a quien más admiro. Mis agradecimientos
también para el señor Ulrich Beck por el generoso
discurso que acaba de pronunciar. Me hace pensar en
que en el futuro próximo podremos asistir al
nacimiento de la utopía de un colectivo intelectual
europeo, cosa que he apoyado durante mucho tiempo. Mi
única crítica a esta eulogia es su excesiva
generosidad, especialmente por la forma en que
atribuyó a mi persona una cantidad de propiedades y
cualidades que sólo son producto de condiciones
sociales.

No puedo dejar de pensar, cuando se me honra de
semejante manera y se me eleva al nivel de gran
defensor de la idea utópica -en estos días tan
desacreditada, desechada y ridiculizada, en nombre del
realismo económico-, que estoy siendo autorizado o más
precisamente urgido a intentar definir cual tiene que
ser y debe ser el papel del intelectual, en relación a
la utopía en general y la utopía europea en
particular.

Revolución conservadora

Debemos reconocer que estamos actualmente en un
período de restauración neoconservadora. Pero esta
revolución conservadora asume una forma sin
precedentes: no hay, como en tiempos anteriores,
ningún intento de invocar un pasado idealizado
mediante la exaltación de la tierra, la sangre, y los
temas de las antiguas mitologías rurales. Es un nuevo
tipo de revolución conservadora que, para justificar
su restauración reclama una relación con el progreso,
la razón y la ciencia -la economía, en verdad-, y a
partir de esto intenta relegar el pensamiento y la
acción progresiva a un estatus arcaico. Se erige como
patrón de normas para todas las prácticas, y por tanto
como norma ideal, el orden del mundo económico librado
a su propia lógica: la ley del mercado, la ley del más
fuerte. Ratifica y jerarquiza la norma de los llamados
mercados financieros, el retorno a un tipo de
capitalismo radical que no responde a ninguna ley más
que a la máxima ganancia; un capitalismo sin tapujos,
desenfrenado, que ha sido llevado hasta el límite de
su eficiencia económica por medio de las formas
modernas de conducción management y las técnicas
manipuladoras como la investigación de mercado y las
propagandas de venta y comercialización.

El aspecto engañoso de esta revolución conservadora es
que, atrapada por todos los signos de la modernidad,
aparentemente no conserva nada de la oscura pastoral
de la Selva Negra, tan amada por los revolucionarios
de los años 30. Después de todo, viene de Chicago ¿no
es así? Galileo dijo que el mundo natural está escrito
en lenguaje matemático.

Actualmente, tratan de inventar que el mundo social
está escrito en lenguaje económico. Mediante el arma
de las matemáticas -y también del poder de los medios-
el neoliberalismo se ha transformado en la forma
suprema de contraataque conservador, apareciendo
durante los últimos treinta años bajo la denominación
de "el fin de la ideología" o, mas recientemente, "el
fin de la historia".

Fatalismo economicista

Lo que se nos presenta como un horizonte imposible de
superar por el pensamiento -el fin de las utopías
criticas- no es nada más que un fatalismo
economicista, que puede criticarse en los términos
empleados por Ernst Bloch en El espíritu de la utopía
(1) dirigiéndose al economicismo y fatalismo que
pueden encontrarse en el marxismo.

La fechitización de las fuerzas productivas y el
fatalismo resultante, se encuentra hoy paradójicamente
en los profetas del neoliberalismo y en los sacerdotes
del Deutschmark y la estabilidad monetaria. El
neoliberalismo es una poderosa teoría económica cuya
estricta fuerza simbólica, combinada con el efecto de
la teoría, redobla la fuerza de las realidades
económicas que supuestamente expresa. Sostiene la
filosofía espontanea de los administradores de las
grandes multinacionales y de los agentes de la gran
finanza, en especial los agentes de Fondos de pensión.
Seguida en todo el mundo por políticos nacionales e
internacionales, funcionarios oficiales y
especialmente por el mundillo de los periodistas
tradicionales -todos mas o menos igualmente ignorantes
de la teología matemática subyacente- se esta
transformando en una creencia universal, en un nuevo
evangelio ecuménico. Este evangelio, o más bien la
vulgarización gradual que se ha hecho a nombre del
liberalismo en todos los lugares, está confeccionada
con una colección de palabras mal definidas
-"globalización", "flexibilidad", "desrregulación" y
otras- que, a través de sus connotaciones liberales e
incluso libertarias pueden ayudar a dar la apariencia
de un mensaje de libertad y liberación a una ideología
que se piensa a si misma como opuesta a toda
ideología.

De hecho, esta filosofía tiene y reconoce como su
único objetivo la permanente creación de riqueza y,
más secretamente, su concentración en manos de una
minoría privilegiada, y por lo tanto conduce un
combate por cualquier medio, incluso la destrucción
del medio ambiente y el sacrificio humano, contra
cualquier obstáculo a la maximización de las
ganancias. 

Seguidores del laisser-faire, como Thatcher, Reagan y
sus sucesores ponen cuidado en la práctica no del
laisser-faire sino, al contrario, en dar mano libre a
la lógica de los mercados financieros para llevar
adelante una guerra total contra los sindicatos,
contra las adquisiciones sociales de los últimos
siglos, en una palabra, contra todas las formas de
civilización asociadas con el estado social.

Juzgar por los resultados

La política neoliberal puede ser ahora juzgada por sus
resultados, que son claros para todos, a pesar de los
esfuerzos para probar por medio de trucos estadísticos
y trampas groseras que Estados Unidos y Gran Bretaña
han alcanzado el pleno empleo. Hay desempleo masivo.
Los trabajos que hay son precarios, la permanente
inseguridad resultante afecta una creciente proporción
de la población, aun en las clases medias. Hay una
profunda desmoralización ligada al colapso de la
solidaridad elemental, especialmente en la familia y
todas las consecuencias de este estado de anomia:
delincuencia juvenil, crimen, drogas, alcoholismo, la
reaparición en Francia y en otros lugares de
movimientos políticos de corte fascista.

Y hay una destrucción gradual de las adquisiciones
sociales y cualquier defensa de estas es denunciada
como conservadurismo pasado de moda. A esto podemos
sumar ahora la destrucción de las bases económicas y
sociales de las más notables conquistas culturales de
la humanidad. La autonomía de la cual gozaban los
universos de la producción cultural en relación al
mercado, que había crecido continuamente por medio de
las luchas de los escritores, artistas y científicos,
está cada vez más amenazada. La dominación del
"comercio" y de "lo comercial" sobre la literatura
aumenta día a día, especialmente por medio de la
concentración de la industria de publicidad que está
cada vez más sujeta a las restricciones de la ganancia
inmediata. Acerca del cine, podemos preguntarnos qué
quedará del cine artístico experimental europeo en
diez años, a no ser que se haga todo lo posible para
proporcionar a los productores de vanguardia los
medios de producción y más
importante aún, de distribución. Todo esto, sin
mencionar los servicios sociales, condenados o a las
órdenes directamente interesadas de las burocracias
estatales o empresariales o a ser estrangulados
económicamente.

Se me preguntará ¿cual fue el papel de los
intelectuales en todo esto ? No intentaré hacer un
listado -sería muy largo y muy cruel- de todas las
formas omisión o, peor aun, de colaboración. 
No necesito mencionar los argumentos de los así
llamados filósofos modernistas y posmodernistas que,
no satisfechos con enterrarse a sí mismos en juegos
escolásticos, se reducen a la defensa verbal de la
razón y el diálogo racional, o peor aun, sugieren una
versión supuestamente posmoderna pero realmente
radical-chic de la ideología del fin de las
ideologías, con toda su condena de las grandes
narrativas y una denuncia nihilista de la ciencia.

Utopismo razonado

¿Cómo podremos evitar desmoralizarnos en este entorno
más o menos desalentador? ¿Cómo devolveremos la vida y
la fortaleza social al "utopismo razonado" del que
habla Ernst Bloch refiriéndose a Francis Bacon? (2).
Para empezar ¿cómo debemos entender el significado de
esta frase? Otorgándole un riguroso significado a la
oposición descrita por Marx entre "sociologismo" (la
pura y simple sumisión a las leyes sociales) y
"utopismo" ( el desafío audaz de estas leyes), Ernst
Bloch describe al "utópico razonable" como quien actúa
en virtud de "el pleno conocimiento conciente del
curso objetivo", la posibilidad objetiva y real de su
"época"; a quien, en otras palabras, "anticipa
psicológicamente una posible realidad". El utopismo
racional se define como opuesto tanto al "pensamiento
ilusorio que siempre ha traído descrédito a la utopía"
como a "las trivialidades filisteas preocupadas
esencialmente por los hechos". Se opone al "derrotismo
ultimatista" -la herejía de un automatismo
objetivista, según el que las contradicciones
objetivas del mundo serían suficientes en sí mismas
para revolucionar el mundo en el cual se dan- y, al
mismo tiempo, al "activismo por sí mismo" , puro
voluntarismo basado en un exceso de optimismo.(3) Así
que contra este "fatalismo de banquero" que pretende
hacernos creer que el mundo no puede ser diferente a
lo que es -en otras palabras, totalmente sometido a
los intereses y deseos de ellos-, los intelectuales y
todos aquellos preocupados por el bienestar de la
humanidad tendrán que restablecer un pensamiento
utópico con respaldo científico, tanto en sus metas,
que deben ser compatibles con las tendencias
objetivas, como en sus medios, que también deben ser
científicamente examinados. Necesitan trabajar
colectivamente en estudios que puedan impulsar
proyectos y acciones adecuados a los procesos
objetivos que se intenta transformar.

El utopismo razonado, como lo he definido, es
indiscutiblemente lo más ausente en la Europa actual.
La forma de resistir a esta Europa -la que el
pensamiento de los banqueros intenta hacernos aceptar
a toda costa- no es el rechazo a Europa en sí misma
desde una posición nacionalista, como lo hacen
algunos, sino levantar un rechazo progresivo a la
Europa neoliberal definida por bancos y banqueros.
Sirve a sus intereses suponer que cualquier rechazo a
la Europa que quieren equivale a un rechazo a
cualquier Europa. Pero rechazando a una Europa
definida y dominada por los bancos, rechazamos el
pensamiento de los banqueros y el proceso que -bajo la
cobertura neoliberal- termina haciendo del dinero la
medida de todas las cosas, incluido el valor de los
hombres y mujeres en el mercado laboral y así en todos
los terrenos, en todas las dimensiones de la
existencia; un proceso que al establecer la
ganancia como criterio único para evaluar la
educación, la cultura, el arte, la literatura, nos
condena a una prosaica civilización desabrida de "fast
food", novelas de aeropuertos y guisos televisivos.

Resistencia europea

La resistencia a la Europa de los banqueros y la
previsible restauración conservadora, sólo puede ser
europea. Y solamente puede ser europea en el sentido
de liberarse de intereses, presunciones, prejuicios y
hábitos de pensamiento que son nacionales y aun
vagamente nacionalistas, siendo realmente una acción
de todos los europeos, en otras palabras, una
combinación concertada de intelectuales de todos los
países europeos, sindicatos de todos los países
europeos, de las más diversas asociaciones de todos
los países europeos. Es por esto que la tarea más
urgente del momento no es elaborar programas europeos
comunes, sino la creación de instituciones
-parlamentos, federaciones internacionales,
asociaciones europeas de esto y aquello: camioneros,
editores, maestros y demás, pero también defensores de
árboles, peces, hongos, aire puro, niños y todo lo
demás- en el seno de los cuales pueden ser discutidos
y elaborados determinados programas europeos. La gente
podrá decir que todo esto ya existe, pero yo estoy
plenamente seguro de lo contrario, no es preciso más
que mirar la actual situación de la federación europea
de sindicatos; la única corporación internacional
europea que se está construyendo y que posee cierto
nivel de efectividad es la de los tecnócratas, contra
la cual no tengo nada que decir, en verdad sería el
primero en defenderla contra las dudas generalmente
estúpidas, nacionalistas o -peor aún- populistas que
se ciernen sobre ella.

Finalmente, para no dar una respuesta general y
abstracta a la pregunta por la cual comencé -sobre el
papel de los intelectuales en la construcción de la
utopía europea- quisiera decir que contribución espero
hacer personalmente a esta inmensa y urgente tarea.
Convencido como estoy de que los mayores vacíos de la
construcción europea pueden ubicarse en cuatro áreas
principales -el estado social y sus funciones; la
unificación de los sindicatos; la armonía y
modernización de el sistema educativo; y la
articulación entre la política económica y la política
social- estoy trabajando actualmente, en colaboración
con investigadores de diversos países europeos, sobre
la concepción y construcción de las estructuras
organizativas esenciales para llevar a cabo la
investigación comparativa y complementaria necesaria
para aportar al utopismo en estas cuestiones su
carácter razonado, especialmente, por ejemplo,
esclareciendo los obstáculos sociales hacia una
europeización real de instituciones tales como estado,
sistema educativo y sindicatos.

Un proyecto especialmente querido por mí, se refiere a
la articulación entre la política económica y lo que
llamamos política social, más precisamente, los
efectos sociales y los costos de la política
económica.

Incluye el intento de encontrar las causas primarias
de las diversas formas de la miseria social que aflige
a hombres y mujeres de las sociedades europeas, lo que
casi siempre nos remite a decisiones económicas. Es
una oportunidad para que el sociólogo, a quien
corrientemente no se consulta excepto para remendar la
vajilla que rompen los economistas, aproveche para
recordarnos que la sociología puede y debe jugar un
papel inicial en las decisiones políticas que son
dejadas cada vez más en manos de los economistas o
dictadas de acuerdo a consideraciones económicas muy
limitadas. A través de una descripción detallada del
sufrimiento causado por las políticas neoliberales -en
el mismo sentido que en La Misere du monde (4)- y por
medio de sistemáticas referencias cruzadas entre, por
un lado, los índices económicos concernientes a la
política social de las empresas (ajustes, métodos
administrativos, salarios y demás) y, por otro lado,
los índices de tipo más evidentemente social
(accidentes industriales, enfermedades ocupacionales,
alcoholismo, utilización de drogas, suicidio,
delincuencia, crimen, violaciones, y demás). Me
gustaría plantear la pregunta acerca de los costos
sociales de la violencia económica y por lo tanto
intentar diseñar las bases para una economía del
bienestar que tenga en cuenta todas las cosas que, la
gente que dirige la economía y los economistas,
excluyen de los cálculos más o menos imaginarios en
cuyo nombre pretenden gobernarnos.

Por lo tanto, para concluir, sólo quiero formular la
pregunta que debe estar en el centro de cualquier
utopía razonada concerniente a Europa: cómo creamos
una Europa realmente europea, una que esté libre de
toda dependencia de cualquiera de los imperialismos
-comenzando por el imperialismo que afecta la
producción y la distribución cultural en particular,
vía las restricciones comerciales. Liberada también de
todos los residuos nacionales y nacionalistas que aun
impiden que Europa acumule, aumente y distribuya todo
lo que es más universal en la tradición de todas
naciones que la componen.

Para terminar con un lugar totalmente concreto del
"utopismo" razonado, permítaseme sugerir que esta
cuestión, para mí crucial, sea incluida en el programa
del Centro Ernst Bloch y el de la organización
internacional de "utópicos reflexivos" que en él
podría constituirse.

* Publicado en New Left Review Nº 227, enero-febrero
1998, Londres.

* Traducido del inglés por Clara Inés Restrepo.


* Pierre Bourdieu fué uno de los principales
sociólogos y antropólogos contemporáneos, autor entre
otros muchos de libros como El oficio del sociólogo
(en colaboración con J.C Chamboredon y J:C Passeron),
La distinción, El sentido práctico, La reproducción,
Elementos para una teoría de la enseñanza, etc.
Director de la revista Actes de la recherche en
Sciences Sociales y de numerosos trabajos colectivos
de investigación, como el publicado bajo el título La
miseria del mundo, así como de incisivas denuncias
contra las manipulaciones mediáticas, se destaca
también por su militante solidaridad con las luchas de
los trabajadores, ante la guerra en los Balcanes, por
una clara postura de condena tanto a la agresión de la
NATO como la "limpieza étnica" lanzada contra los
kosovares por el régimen de Milosevic. Murió el 24 de
enero del año 2002.





	


	
		
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