[R-P] "Jesús fue el Marx de su tiempo y Marx, el Jesús del suyo" (Reportaje)

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Mie Ago 3 11:25:19 MDT 2005


Entrevista al Dr. Sergio Arce Martínez, pastor de la
Iglesia Presbiteriana de Cuba, teólogo, Presidente de
la Conferencia Cristiana por la Paz de América Latina
y el Caribe y diputado de la Asamblea Nacional del
Poder Popular

 

“Jesús fue el Marx de su tiempo y Marx, el Jesús del
suyo”

 

Por Erasmo Magoulas

 

 

Erasmo Magoulas: La fe cristiana rescata de los
Evangelios dos fuentes de inspiración y construcción,
que son, la Profética y la Mesiánica. La Iglesia de
los Pobres en Nuestra América desde la década de los
’50 y acentuadamente desde los ‘60 opta por una misión
y un mandato profético. ¿En que medida es ensombrecido
ese ejercicio profético de la iglesia cubana, cuando
la vanguardia de la Revolución se pone en la primera
línea de la profecía? 

 

 

Sergio Arce: No se puede  ensombrecer algo que nunca
ha sido ejercido. Las iglesias cubanas como tales a lo
largo de nuestra Historia desde la Conquista española
y posteriormente la estadounidense hasta hoy, época de
liberación, han jugado un papel que realmente no se
podría calificar de  profético y menos de
martirológico, con sus pocas y bien logradas
excepciones. No se puede decir que la iglesia cubana
en general estuvo comprometida con los cambios
sociales a comienzos de los 60s, sino todo lo
contrario. Basta leer las Pastorales católico-romanas,
así como declaraciones y actitudes de más de un
jerarca de las Iglesias Protestantes en ese momento de
tanta trascendencia histórica para Cuba.  

 

 

E. M.: Profecía y martirio han signado el camino de la
Iglesia Latinoamericana en estos últimos 50 años.
¿Cómo ha acompañado la Iglesia Cubana ese camino de
Liberación de sus hermanas? 

 

 

S. A.: Debemos aclarar que, desde nuestro punto de
vista, no existe una única Iglesia Latinoamericana
como tampoco existe una única Iglesia Cubana. Existen,
por lo menos, tres Iglesias diferentes en
Latinoamérica, como existen, por lo menos, tres
diferentes Iglesias cubanas. Más de una, de entre las
cubanas, se aliaron a las Iglesias Latinoamericanas
que nada tenían de proféticas ni de mártires. Hubo sus
excepciones, naturalmente, entre las cuales, merece
citarse la de un alto jerarca de la Iglesia
Católico-Romana de nuestro país, que de manera pública
y ostensible se solidarizó con ese papel profético
jugado por la Iglesia Latinoamericana. La consecuencia
de su actitud solidaria fue el repudio de sus otros
hermanos jerarcas, al punto de ser expulsado de su
cargo y de sufrir otras consecuencias realmente
inusitadas y hasta anticristianas. 

   

 

E. M.: Del Colonialismo cultural y pedagógico, hemos
pasado al Imperialismo globalizado de una pseudo
cultura que aliena y vacía de contenidos a culturas
sometidas, tanto del Norte “desarrollado” como del
Sur. ¿Existe también un Imperialismo globalizado de lo
religioso? Y en que medida el Imperialismo ha
mediatizado la fe como lo ha hecho con la cultura. 

 

 

S. A.: Sin duda alguna que esto es una realidad vivida
tanto en el Norte "desarrollado" como en el Sur,
fenómeno originado primariamente en ese Norte y luego
extendido en el Sur al globalizarse el fenómeno
cultural, que como es natural incluye su aspecto
religioso, ya que lo religioso es un fenómeno
netamente cultural. Esta mediación imperialista de la
fe está invadiendo la iglesia a todo lo largo y ancho
del mundo. Se trata de una real “Cautividad
Babilónica” de la Iglesia y de la fe que ella
proclama, como lo calificara Lutero en su momento, un
momento similar en muchos sentidos, incluyendo el
financiero, al nuestro. En uno de esos extremos
globalizadores y mediadores están las "iglesias
electrónicas" y las Teologías que pudiésemos calificar
de neoliberales. En ambos casos, el neoliberalismo, al
igual que  incluye lo económico y lo político, sin
dejar de involucrar a ambos, incluye lo ideológico,
que es esencialmente cultural,  y como parte de lo
ideológico y cultural, a la fe. Así se pudiese
entender que, de acuerdo a la fe mediatizada por el
imperialismo, las masas populares marginadas por el
sistema, acepten que "el sacrificio humano posee un
sentido trascendente" como afirma Daniel Bell en su
obra, Las Contradicciones culturales del Capitalismo. 
Esto sólo es explicable si coincidimos con Jürgen
Habermas en su Toward a rational Society, de que "la
conciencia burguesa se ha hecho cínica". No se puede
resistir la tentación de afirmar que el más connotado
de estos teólogos neoliberales, Michael Novak, quien
en su El Espíritu del Capitalismo democrático  afirma
que " Si Dios anheló que su amado Hijo padeciera en la
carne, y eso fue así, y el Hijo se hizo historia
sufriente...¿Por qué habría de ahorrarnos nuestros
padecimientos? ... La ausencia de sueños es una alta
forma de conciencia cristiana y judía. El sentido que
tiene la Encarnación consiste en que hemos de respetar
el mundo tal cual es, por eso hay que aceptar sus
aspectos irracionales y a las fuerzas históricas
malévolas y no creer en la premisa de que ahora o en
el futuro éste (el mundo) será transformado en la
Ciudad de Dios". Todo esto nos recuerda la tesis de
Francis Fukuyama, pero no es más que una teología
expresada cultural y religiosamente en términos de una
fe contraria totalmente al Evangelio predicado y
vivido por Jesús como profeta, organizador y líder de
un movimiento de masas. Movimiento politico-social que
reclamaba sus derechos. Propósito actualizado
posteriormente por la Comunidad cristiana primitiva
jerosolimitana, la única sociedad comunista que se ha
logrado organizar hasta el día de hoy. El Imperialismo
ha mediatizado la fe religiosa, y específicamente, la
cristiana al negar la posibilidad histórica de
reproducir, y, esta vez, con buen éxito político, la
experiencia socio-económica jerosolimitana.         

 

 

E. M.: ¿En que medida la Revolución Cubana al 
“destruir a la iglesia”, construye una comunidad de
fe? 

 

S. A.: Hay que entender que la Iglesia no es una
institución. La "Ecclesía" está constituida por las
masas que imbuídas de fe responden al llamado, que por
siglos de siglos, Dios nos ha estado haciendo para que
conformemos la vida social de una manera humana, que
es como decir divina, en la cual todos han de
comportarse  como hermanos y hermanas los unos de los
otros.  En la Historia humana esa experiencia
"eclesial", que es llamada en la Biblia "cumplimentar
las leyes del Jubileo", tal como lo hallamos en el
libro del Levítico, experiencia socio-económica que se
vivió cuando las masas populares que habitaban en
Mesopotamia organizaron, a lo largo del Siglo XII
A.C., la llamada Confederación de las Tribus de
Israel, una vez que se liberaron del Imperialismo
egipcio, sembrador de desigualdades sociales,
políticas y económicas. Se trataba de construir una
Sociedad de iguales que cada 50 años resolvía
nuevamente todo tipo de desigualdades que hubiesen
surgido en dicho período de tiempo.  Los Macabeos en
el Siglo II A.C trataron al parecer infructuosamente
de aplicar dicho principio socio-económico. Luego, no
vemos cómo se puede destruir a la ecclesía, que lo sea
realmente, cuando se lucha por “construir por fe una
comunidad”, no "una comunidad de fe". De lo que se
trata es de rehacer la Iglesia en su "totum".   

 

 

E. M.: Desde la ultima década del siglo pasado en la
sociedad cubana han despuntado  vicios de un pasado de
oprobio, que parecían olvidados. ¿Cuál es la pastoral
de la iglesia cubana, en la construcción de un
socialismo más igualitario y revolucionario? 

 

 

S. A.: No creemos que la Iglesia como tal, o las
diferentes iglesias como tales, tengan una pastoral
dirigida hacia el propósito que aquí se señala. Las
primeras en caer en los vicios del pasado, si es que
hubo en algún momento de renunciar a ellos, fueron y
son nuestras iglesias. La cuestión hay que verla desde
una perspectiva distinta a como sospecho usted la ve.
Hubo un tiempo en que la Cuba revolucionaria era a la
manera de un monasterio. Encerrado en nosotros mismos,
lo más, era abrirnos a lo que nos ofrecían las manos
amigas socialistas. Que no era el mejor socialismo,
reconocido esto por los dirigentes políticos de
nuestro pueblo, pero era el socialismo que nos
aseguraba nuestra supervivencia, lo cual, lo más
preciado de nuestra dirigencia hubo de reconocer
dentro de un proceso recuperador que mantuvo en pie
sin caídas estrepitosas a nuestros valores
ético-espirituales. Pero llegó un momento, conocido
por todos, en el cual fue necesario abrirse a un mundo
que nos era extraño en todo sentido, con todo lo
infeccioso que resulta ser. Ahora bien, es de esencial
importancia lo planteado por usted  porque, de acuerdo
a nuestro criterio, la construcción del socialismo es
esencialmente un proyecto ético. Y si el término
"vicios", usado por usted, es considerado como  lo
contrario a "valores", el proyecto socialista tiene
que cuidar celosamente de los mismos, sin que ello
implique que no existan en la sociedad cubana lo que
usted califica de "vicios", lo cual es bueno, puesto
que sólo podemos valorar los "valores" en la medida en
que luchen con cierto grado de triunfo sobre los
"vicios". No podemos caer en el "pecado" de las
sociedades capitalistas. Fukuyama lo expresó diciendo,
hemos llegado al final de la Historia a la perfección
histórica de la sociedad humana. En eso precisamente
es donde reside lo demoníaco del Capitalismo. No
admite alternativa alguna a su ideología ni a su
praxis. El Socialismo no puede caer en la tentación de
absolutizar sus valores. Hay otras alternativas al
camino en que andamos. Nuestra contribución a la
Historia como pueblo socialista es la de resistir a la
tentación que se nos ilustra en el tercer capítulo del
Libro de Génesis. Hay que rechazar el reclamo de la
serpiente bíblica que nos incita a comer del árbol del
conocimiento absoluto del "ra" y del "tob", de
absolutizar valores y antivalores que nos conduciría a
la misma muerte en que murieron como seres humanos,
que han de seres abiertos al futuro, el Adán y la Eva
bíblicos. 

La vida en su realización está preñada de
contingencias y eventualidades. Entre esas
contingencias está precisamente no el bien absoluto,
ni el mal absoluto, sino lo mejor y lo peor a escoger.
En lo mejor que escojamos hay un residuo de mal. En el
mal que rechazamos existe un residuo de bien. No
existe el ser humano santo. Ni la sociedad sin males a
superar. De modo que el que hayan aflorado vicios que
supuestamente habíamos superado resulta un bien y no
un mal. Ya tenemos el enemigo reconocido e
identificado y podemos luchar para vencerlo. Antes
existía aunque agazapado. No estaban ausentes, estaban
escondidos. Bendita la hora en que los resucitemos del
olvido, de creer engañosamente que no existían, para
disponernos de manera unánime a luchar contra ellos. 

 

 

E. M.: La Teología de la liberación reconoce su
génesis en corrientes de pensamiento y en hechos
históricos. Entre los primeros podríamos nombrar
algunas teologías europeas como la Teología política y
de la esperanza, así como la crisis interpretativa de
la realidad sufrida por la Doctrina Social de la
Iglesia Católica. Entre los hechos históricos, la
Conferencia Episcopal Latinoamericana de Medellín, la
Revolución Cubana y el ejemplo de Camilo Torres. ¿Cuál
es la génesis que da origen a la Teología en
revolución?  

 

 

S. A.: Vayamos a su párrafo inicial, aunque no creemos
que sirva de mucho para contestar la  pregunta que se
nos plantea. Creemos que usted está errado cuando
afirma que la Teología de la Liberación reconoce su
génesis en corrientes de pensamiento, supongo que
anteriores a la misma. Pensamos  primeramente que
usted se refiere a la Teología Latinoamericana de la
Liberación y al teólogo que dio origen a dicha
teología, Gustavo Gutiérrez. Es cierto que él reconoce
en su formación como teólogo la influencia de algunas
teologías europeas políticas y la crisis
interpretativa de la realidad sufrida por la Doctrina
Social de la Iglesia Católica. En cuanto a la
"teología de la esperanza" no podríamos citarla como
referente, si es que nos vamos a referir a su
exponente, Jünger Moltmann, con quien Gutiérrez ha
mostrado reiteradamente no sólo su desacuerdo, sino
que con ello ha tratado de desacreditarlo como
teólogo, lo cual es injusto, puesto que, no hay duda
que se trata del teólogo de mayor influencia en la
teología europea, norteamericana y en los sectores
protestantes latinoamericanos y caribeños.  Es
necesario, en este sentido, tomar nota de la reiterada
afirmación de Gustavo sobre su propia  teología: "La
teología de la liberación nos propone, tal vez, no
tanto un nuevo tema para la reflexión como una nueva
manera ( y subraya en su libro esta frase: "una nueva
manera") de hacer teología, lo cual en buen español
significa una teología nueva, diferente a todas las
demás maneras de hacer teología, lo cual implica una
verdadera teología. Luego, entiendo, y cabe que
entienda mal, que lo que aprendió de sus maestros no
entra en lo que es realmente teología, son elementos
teológicos, teologúmenos, que le han servido para
construir su teología. La suya es el único quehacer
intelectual al cual llamar teología. ¿Exagero? Si el
nuevo profesor de Matemáticas dice  que va a
enseñarles una nueva manera de hacer matemáticas, de
solucionar los problemas matemáticos, los alumnos
seguramente se olvidarán de la manera en que hasta ese
momento han solucionado dichos problemas. Una nueva
matemática, una nueva manera de solucionar los
problemas matemáticos es la única que sirve para
cumplimentar el propósito de solucionar dichos
problemas. Yendo a la pregunta que usted me ha
planteado. Rotundamente la Conferencia Episcopal
Latinoamericana de Medellín, nada. Hay que tomar en
cuenta a este respecto, las fechas. Esta II
Conferencia se celebró en 1968. Nosotros regresamos de
Estados Unidos a Cuba a finales de 1961. Siete años
antes. Desde nuestro regreso comenzamos a reflexionar
teológicamente sobre nuestra realidad socialista.
Existen sermones, ponencias, conferencias, artículos a
partir del inicio del año 1962, en que la realidad
cubana se nos hacía el tema de reflexión, de manera
directa o indirecta. En 1965 se publica el folleto:
"La Misión de la Iglesia en una Sociedad Socialista:
Un análisis teológico de la vocación de la Iglesia
cubana en el día de hoy". También en esa misma fecha
una ponencia presentada en el Departamento de
Filosofía Marxista de la Universidad de la Habana
sobre "Antropología bíblica y Marxismo". Es obvio que
fue y que ha sido la Revolución Cubana el hecho
histórico motivador para nuestra Teología en
Revolución. El caso de Camilo, su pensamiento ha sido
un elemento ideológico que nos ha ayudado a conformar
el nuestro en términos más ecuménicos y universales.
Pero hay otras influencias mayores de pensadores
teológicos que han conformado nuestra manera de hacer
teología, con un muchísimo mayor peso. En primer
lugar, Karl Barth, el mayor de los teólogos de la
Iglesia después de Aquino, y, quien dijese aquello de
que "sólo el Hitler que llevamos dentro pudiese ser
anticomunista por principio", o esto otro: "El
anticomunismo es un mayor mal que el comunismo". 
Había sido llamado "el pastor rojo" cuando fue pastor
en Safenwill, Suiza, y, había seguido el ejemplo de
uno de sus maestros, Ragaz, uniéndose al Partido Suizo
en 1915. Fue entonces cuando escribió aquello de que
"Jesús es el movimiento de justicia social, el
movimiento de justicia social es Jesús en el día de
hoy...El Socialismo realmente es el verdadero
Cristianismo en nuestro tiempo...Jesús rechazó el
concepto de propiedad privada, y, sobre eso, no hay
duda alguna. Un verdadero cristiano debe ser
socialista si él seriamente está a favor de reformar
el cristianismo. Un verdadero socialista debe ser
cristiano si él seriamente está a favor de reformar el
socialismo". Pudiésemos nombrar a otros teólogos cuyas
influencias en Teología en Revolución son
determinantes, pero con Barth es suficiente. Por otro
lado, en 1971, escribimos un capítulo para un libro
que hubo de publicarse en Uruguay en el cual se
exponía el porqué no podía hablarse de Teología de la
Revolución. Se daba por sentado que se debía hablar de
Teología en Revolución, ya que “en Revolución” me
permite revolucionar mi pensamiento teológico cada vez
que la Revolución se revolucione.

 

 

E. M.: Usted a criticado en algún momento a la
Teología de la liberación por haberse desviado del
análisis socio-económico de los fundadores del
marxismo y haber reconocido como mejores “interpretes”
de la realidad latinoamericana a algunos pensadores
neo-marxistas. ¿En que situación se encuentra ese
debate, hoy? 

 

 

S. A.: Realmente, ya tal debate, no existe hoy. 

 

 

E. M.: ¿Qué interpretación le merece el Socialismo del
siglo 21 que confiesa Hugo Chávez? 

 

 

S. A.: No tengo suficiente material a nuestra
disposición  para contestar la pregunta. Suponemos que
debe merecerme el mayor de los respetos porque
escuchando a compañeros y compañeras venezolanas así
lo entendemos. Pero en el caso venezolano o en
cualquier otro caso no estaremos satisfechos hasta que
llegue el momento  en el cual, de manera real, los
seguidores de Jesús y los de Marx, de manera
mayoritaria no se sientan que pertenecen a distintos
bandos. Vivan, sientan y piensen que Jesús fue el Marx
de su tiempo y Marx, el Jesús del suyo.  

 

 

E. M.: La izquierda latinoamericana que asume una fe
cristiana como la que no, tiene juicios de valor sobre
el papado de Carol Wotjila, muy diferentes a los
expresados por la izquierda cubana. Para ponerle un
ejemplo, la opinión de Hebe de Bonafini sobre Juan
Pablo II, no se parece en nada a la emitida por Fidel
Castro. ¿Cuál es su interpretación de estas
diferencias? 

 

 

S. A.: La diferencia reside en que Fidel analiza al
personaje desde su punto de vista, como genio político
que es.

 

 

E. M.: Muchos pensaron que habría una Cuba de antes y
otra de después de la visita de Juan Pablo II en 1998,
pero pocos asumieron como posible, que pudiera haber
un Carol Wotjila diferente, pastoralmente hablando,
luego de su visita a Cuba. ¿Usted cree que Cuba
enriqueció, “evangelizo” la limitada compresión sobre
Latinoamérica y el Caribe que tenía Juan Pablo II? 

 

 

S. A.: Estamos tentados a contestarle con un sí
rotundo.

 

 

E. M.: Las teologías cristianas han sojuzgado,
mediante una hegemonía cultural-religiosa
euro-centrista a las teologías de los pueblos
originarios y afro en Latinoamérica y el Caribe,
llevando a cabo un verdadero “teocidio”. ¿Qué
responsabilidades tienen hoy las teologías creadoras
de liberación y revolución en abrir espacios de
participación a estas hermanas excluidas en la
construcción del Reino?  

 

 

S. A.: Entendemos que es una de nuestras mayores
responsabilidades. Habermas en su La Teoría de la
Acción Comunitaria,  plantea la cuestión de la
relatividad de las culturas, tomando como base el
hecho de que "las culturas tienen sus propios
criterios internos de racionalidad". De esa manera se
cuestiona la manera en que, en términos generales, la
filosofía occidental las somete a crítica. Como dice
el propio Habermas, en otro de sus textos ya citado
anteriormente: "en términos de estándares
universales". Las culturas, incluyendo la occidental
cristiana, son quehaceres humanos y, por lo tanto, son
todas de carácter contingente, provisional, ocasional,
incierto, fortuito, eventual, y poseen un valor
relativo. No es en balde que en el Apocalipsis leemos
que ante el trono del Cordero alababa "una gran
multitud, la cual nadie podía contar... (que venían)
de todas las naciones y tribus y pueblos, que hablaban
todo tipo de lenguas...vestidos con ropas blancas".
Esta última imagen es bien representativa de esa
hegemonía cultural-religiosa, puesto que nos habla de
un Dios que Dios de todos los pueblos, de todas las
culturas y de todos los cultos, gentes "todas
redimidas por la sangre del Cordero". Esto sin hablar
de un Dios Padre-Madre, Creador de todo y de todos y
todas; de un Hijo Mediador, Salvador y Hermano de
todo, de todos y de todas, y de un Espíritu Santo,
integrador, y liberador de todos, de todas y de todo.
Lo que sucede es que vemos, en más de una de las
imágenes usadas por el autor de este libro, incluyendo
las mencionadas, que el derecho de los pueblos a su
pleno reconocimiento por Dios Padre, Hijo y Espíritu
Santo y, por lo tanto, el de  sus culturas respectivas
es refrendado por este texto bíblico
neo-testamentario. 

 

 

E. M.: Si se ha hablado de Cuba como de un pueblo
misionero, en el anuncio claro y fuerte de la buena
noticia y de un pueblo eucarístico en la repartición
del “pan”, aun más allá de sus fronteras. ¿Se podría
hablar de Fidel como el de un profeta, en el más
estricto sentido hermenéutico? 

 

 

S. A.: No lo dudamos. 

 

 

E. M.: Usted ha participado recientemente del “Primer
Encuentro Latinoamericano y

Caribeño de Espiritualidad y Dimensión Política de la
Fe”, realizado en Venezuela a

finales del mes de junio. ¿Cómo se ha reflejado en ese
Encuentro, esa gran

comunidad de fe que es Nuestra América, en sus
propósitos de búsqueda de

caminos de liberación? 

 

 

S. A.: Entendemos que de una manera clara y evidente
en este Encuentro se ha reflejado cómo la fe en Jesús
nos une a todos los latinoamericanos y caribeños
cristianos, tras la conquista de la liberación
integral de nuestro pueblo.         

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