[R-P] Discurso de Carlos Lage reivindica la dignidad
Nestor Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
Mie Ago 3 07:30:48 MDT 2005
[Hace poco se hizo mención en esta lista, observando algunos cambios
inquietantes en los discursos de Hugo Chávez, de la nefasta
influencia que pueden llegar a ejercer esos fracasados de siempre,
los "izquierdistas" latinoamericanos, sobre una experiencia tan rica
y potente como la de Caracas. La escasez de cuadros técnicos e
intermedios, por abandono de tareas de los antiguos privilegiados de
la Venezuela Saudita, parece haber creado el riesgo (no minimizable)
de que sus puestos los ocupen docenas y docenas de ganapanes
"cubanistas" o de "intelectuales del PC".
Esperamos que el vigor popular y patriótico del chavismo supere este
trance, que incluye entre sus más patéticas posibilidades la del
aislamiento de Venezuela con respecto al movimiento general de
América Latina. Y también esperamos que los mismos cubanos le hagan
notar a los venezolanos la enorme diferencia que media hoy entre
ellos y los "cubanistas".
Va a continuación un discurso de Carlos Lage, vicepresidente del
Consejo de Estado y secretario del Comité Ejecutivo del Consejo de
Ministros de la República de Cuba. En vez de cháchara "socialista" y
de alineación ideológica con principios sagrados e ideales, hay datos
concretos y defensa de la dignidad y soberanía del pueblo cubano.
Que este ejemplo cunda, y ahogue con su contundencia a la caterva de
charlatanes e inútiles de "izquierda" que quieren enseñarle a los
venezolanos cómo se hace una revolución, y hasta logran marcarle
líneas discursivas con su infernal batahola "socialista".]
Gentileza de la lista Redial Simón Bolívar
_Si defendemos la dignidad de nuestras naciones, nuestros pueblos no
podrán ser dominados
Intervención del vicepresidente del Consejo de Estado y secretario
del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros de la República de
Cuba, Carlos Lage Dávila, en la IV Cumbre de Jefes de Estado y/o
Gobierno de la Asociación de Estados del Caribe_
Excelencias:
Nuestros pueblos enfrentan hoy colosales desafíos, viejos y nuevos.
El 11 de septiembre cambió de raíz la faz del mundo.
Aquellas vidas inocentes, cegadas por el terrorismo, desataron una
respuesta injustificable, ilegal y absolutamente repudiable. El
Gobierno de los Estados Unidos se levantó sobre el legítimo dolor de
sus ciudadanos para encabezar una cruzada mundial contra el
terrorismo, que es en realidad una guerra de rapiña que busca la
expansión de sus intereses y la conquista de importantes recursos
naturales.
Dos pueblos han sido ya brutalmente invadidos, ocupados y masacrados.
No movieron al Gobierno de Bush intereses patrióticos, sino apetitos
imperiales de dominación.
No los inspiraba la justicia, sino la avaricia.
No fueron a llorar por sus muertos, sino a robar para un puñado de
sus vivos.
La vieja fórmula de la Ley del Talión parece regir la política
exterior de los poderosos. Sin embargo, los más recientes actos
terroristas de Madrid y Londres evidencian que no es con el terror
como se puede vencer al terrorismo.
En medio de guerras y amenazas de más guerras, el mundo es cada día
más desigual y miles de millones de personas son condenadas al
desempleo, a la pobreza, al hambre y a las enfermedades. Una nueva
categoría, la de sobrante humano, ha sido creada por el
neoliberalismo.
El acceso a los mercados internacionales resulta para muchos países
poco menos que imposible y somos víctimas de un sistema de comercio
internacional plagado de barreras arancelarias y no arancelarias,
sistemas de cuotas, subsidios y onerosas condiciones. Nuestros
hermanos de la CARICOM sufren en carne propia las egoístas decisiones
de la Unión Europea y los Estados Unidos, que golpean sus
exportaciones de banano y azúcar y están obligados a enfrentar las
imposiciones arbitrarias de las transnacionales en el turismo, la
aviación y otros sectores.
Los países industrializados y ricos se resisten a aceptar la
concesión de un trato especial y diferenciado a quienes lo requieren.
Olvidan su deuda histórica con nuestro desarrollo, incumplen sus
promesas, cobran una y otra vez una misma deuda mientras hablan
demagógicamente de libertad de mercados.
América Latina y el Caribe sufren la distribución del ingreso más
desigual del planeta; la pandemia del VIH-SIDA afecta a 2 400 000
personas y se ha convertido en un grave problema para algunos de los
países de nuestra región; la fuga de cerebros drena nuestro más
valioso recurso: el hombre.
Un millón 200 000 profesionales latinoamericanos y caribeños trabajan
como inmigrantes en Estados Unidos, Reino Unido y Canadá; su
formación nos costó la astronómica suma de 36 000 millones de
dólares. El Norte se lleva a nuestros mejores especialistas y
devuelve a los criminales, que hicieron sus "doctorados en
delincuencia" en sus ciudades y prisiones.
Nuestra región paga cada año 150 000 millones de dólares por servicio
de la deuda externa, cifra tres veces mayor que la inversión
extranjera, dirigida como se conoce a expropiar nuestros recursos y
no al desarrollo.
El servicio de la deuda es también 25 veces mayor que la ayuda
oficial al desarrollo, recibida bajo condicionamientos crecientes y
subordinada a los intereses de los donantes.
América Latina y el Caribe transfieren decenas de miles de millones
de dólares cada año hacia los países ricos como consecuencia de la
disciplinada aplicación de las recetas neoliberales.
Engañosos y ocasionales crecimientos estadísticos no transformarán
esta realidad.
¿Qué harán los países pobres no petroleros si el precio del barril
llegara a los 100 dólares?
El actual orden económico mundial, injusto y desigual, debe ser
cambiado y como parte de esa ineludible batalla es preciso consolidar
los mecanismos y procesos de integración y cooperación regional,
basados en nuevos principios de solidaridad y humanismo.
Aplaudimos la generosa e histórica decisión de la República
Bolivariana de Venezuela de crear Petrocaribe. Venezuela ha dado al
mundo, especialmente a los países desarrollados y ricos, un ejemplo
de hermandad y solidaridad.
Proyectos como Petrocaribe pueden ser el germen de una verdadera
integración que se oriente a saldar la enorme deuda social con
nuestros pueblos, superando las determinaciones egoístas del mercado
y estrechos intereses nacionales o corporativos. A partir de esos
principios, Venezuela y Cuba han dado ya los primeros pasos hacia la
Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), iniciativa abierta
a todos los países de la región.
En este contexto de una nueva integración, se inscribe la Misión
Milagro, mediante la cual, en un año, se le devolverá o garantizará
la visión a 100 000 venezolanos y a 20 000 caribeños, y se ha
ofrecido hacer lo mismo a otros 100 000 latinoamericanos que
requieran de este servicio oftalmológico especializado, de los más de
cuatro millones que lo necesitan a causa de la pobreza. Nuestro país
está en condiciones de ofrecer apoyo a esta cooperación sin
precedentes. En lo que va de este año se han operado ya 27 910
venezolanos, y están en nuestro país los primeros 538 caribeños, de
los cuales 201 han sido operados e incluso varios de ellos han
regresado a su país con la visión recuperada solo 30 días después de
nuestra reunión con la Comunidad de Países del Caribe en Anzoátegui.
Lo decisivo es la voluntad política. Cuba, bloqueada y calumniada,
puede asegurarlo. Hoy estudian becados en nuestras universidades 16
364 jóvenes de 104 países del Tercer Mundo.
La poderosa superpotencia que sueña con anexarse a nuestro pequeño
país puede lanzar una guerra o dar un golpe nuclear, pero no puede,
como Cuba, enviar 37 000 colaboradores, 24 000 de ellos en el sector
de la Salud, a trabajar en 105 países, muchas veces en lugares
apartados y en condiciones muy difíciles.
Nuestro mayor capital, el capital humano, estará siempre al servicio
de las causas más nobles y a favor de la integración.
Los peligros que enfrentamos todos son muchos. Cuba, además, ocupa
uno de los primeros lugares en la lista de Bush de los más de 60
países, "oscuros rincones del mundo" que pueden ser invadidos
preventivamente, pero tenemos la certeza de que sabremos vencer esos
peligros o derrotar a los invasores.
Si nos unimos, si no nos dejamos engañar, si rechazamos las
imposiciones, si defendemos la dignidad de nuestras naciones, si nos
integramos, nuestros pueblos no podrán ser dominados.
Muchas gracias.
Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
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"La patria tiene que ser la dignidad arriba y el regocijo abajo".
Aparicio Saravia
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