[R-P] Los Montoneros en la prensa argentina: El Diario Noticias (Investigación)

INFOR-MET rmermet en yahoo.com.ar
Lun Abr 11 07:38:05 MDT 2005


No lo lei detenidamente. Parece una investigación
interesante. La reproduzco, fundamentalmente para
algunos cros de la lista, que han conocido de cerca,
ya sea por su pertenencia política, o por su
actuaciópn profesional, lo que fué el diario NOTICIAS.

Rolo
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Los Montoneros en la prensa argentina 
El diario Noticias de ayer 

La periodista Gabriela Esquivada dedicó su tesis de
grado al diario Noticias, nacido en diciembre del 73 y
clausurado en agosto del 74, bajo la dirección
editorial de Francisco Urondo, Rodolfo Walsh, Horacio
Vertbisky, Juan Gelman y Miguel Bonasso. Son aquellos
nueve meses claves para la historia política de esa
década, los que analiza Esquivada con ojos de primera
vez que le permitieron verlo "como lo más normal del
mundo". El resultado es el libro El diario Noticias,
los montoneros en la prensa argentina, publicado por
la Facultad de Periodismo de La Plata. Aquí
reproducimos el capítulo donde cuenta cómo fue
concebido, cómo era la redacción y cómo fue sacudido
por boicots y amenazas. Un testimonio valioso -para
recuperar la memoria desaparecida- y oportuno -en
momentos en que se funde el lenguaje setentista con el
oficialismo. 

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diarito) Prensa Popular

  

Antes de la lectura del capítulo, algunos datos acerca
del diario Noticias, extraídos del libro de Gabriela
Esquivada*:

El diario Noticias funcionó en la calle Piedras 735.

Fecha de aparición: 20 de diciembre de 1973

Fecha de clausura: 27 de agosto de 1974, por el
decreto Nº 630 firmado por la presidenta María Estela
Martínez de Perón, quien lo acusa de desarrollar "una
intensa campaña de exaltación de las actividades
delictivas en el campo de la subversión".

Números editados: 266

Cantidad de páginas: 24

Tirada promedio: 100.000 ejemplares

Estructura de la redacción: Miguel Bonasso, director;
Norberto Habegger, vicedirector y vínculo de la
redacción con Montoneros; secretario general de
redacción, el poeta Francisco Urondo; jefe de
redacción, el poeta Juan Gelman; editor de Información
General y Política, el escritor Rodolfo Walsh; editor
de la sección Política, Horacio Vertbisky. Junto a
ellos se destacaron otros periodistas militantes
(Silvia Rudni, Alicia Raboy), con otras formas de
actividad política (Pablo Piacentini, Pablo Giussani,
Zelmar Muchelini, Sylvina Walger, Martín Caparrós) y
sin ella (Carlos Tarsitano, Carlos Ulanovsky, Pedro
Uzquiza, Luis Soto). "Esta heterogeneidad de la
redacción permitió producir un diario popular
competitivo", señala Esquivada.

Diseño: Oscar Smoje.

Su relación con Montoneros: "En ningún momento de los
meses de vida del matutino se hizo oficial la
presencia de Montoneros, aunque entre sus columnistas
se contaron líderes de la organización, como Mario
Firmenich o Roberto Quieto".

Ahora sí, el anticipo del capítulo titulado La empresa
editora del diario:



"En los tempranos años '70 dos matutinos se destacaban
por razones opuestas Crónica y La Opinión. El diario
de Héctor Ricardo García, líder en las clases
trabajadoras, se ubicaba en las antípodas del
periodismo de interpretación del diario de Jacobo
Timerman. Ambos modelos inspiraron a quienes hicieron
Noticias: periodistas militantes dispuestos a dar al
peronismo revolucionario un medio a la vez masivo e
interpretativo. "Tenían una idea clara -según Eduardo
Anguita y Martín Caparrós-: no querían competir con La
Opinión sino con Crónica. Aunque la formación de
muchos los inclinara más a la primera opción" . Pero
la ambición, a la segunda: "Esa fue una idea de
Horacio, que todos aprobamos", recordó Juan Gelman: no
podíamos ser un segundo diario, porque ibamos a vender
como La Opinión, nada más" .

En ningún momento de los meses de vida de Noticias,
entre el 20 de noviembre de 1973 y el 27 de agosto de
1974, se reconoció su vínculo con Montoneros. Pero con
el paso de los años esa pertenencia -que de todos
modos se puede rastrear en las empresa editora y en
los contenidos del diario- se ha ido revelando.
Escribió Miguel Bonasso, director de Noticias, en su
memoria Diario de un clandestino: "Anoche vino Dardo
[Cabo] y me largó una idea sensacional: la Orga quiere
lanzar un diario popular de gran nivel, con los
mejores periodistas del país" . Según Gelman, fue
Rodolfo Walsh quien había propuesto la edición de un
medio para las fuerzas revolucionarias .

Para la fecha en que Bonasso recrea esa anotación,
Montoneros contaba con una publicación política. Según
Alejandro Costábile en su tesina sobre el semanario,
El Descamisado salía desde el 22 de mayo de 1973,
tenía una tirada de 100.000 ejemplares y buscaba
homogeneizar el activismo montonero, por lo cual sus
decisiones editoriales pasaban por la estructura de la
conducción de la organización peronista . Un diario,
en cambio, permitía ir más allá del núcleo militante,
llegar a quienes no se había llegado, poner la línea
de la organización en la construcción de la noticia.

Los criterios deberían ser los periodísticos que
corresponden al periódico independiente de información
general, que Héctor Borrat define como la necesidad de
"dar señales -falsas o auténticas- del trato justo y
equilibrado de los conflictos noticiables y del
pluralismo de los comentarios políticos. (...) Cuando
la línea política se hace explícita, su escenario es
el editorial. De manera implícita, en cambio, la línea
política recorre y modela todo el temario publicado:
entendida como la estrategia del periódico, decide
inclusiones, exclusiones y jerarquizaciones tanto en
los escenarios de los relatos informativos como en los
escenarios de los comentarios políticos" .

En una de las reuniones preparatorias, con Francisco
Urondo y Julio Iván Roqué, Bonasso conoció a Gregorio
Levenson. Este empresario de 63 años en ese momento
estaba vinculado a las Fuerzas Armadas Revolucionarias
(FAR): había sido el padre de uno de los fundadores de
la organización que se fusionaría con Montoneros,
Miguel Alejo Levenson, quien había muerto a fines de
1970. Se integró al peronismo revolucionario junto con
su otro hijo, Bernardo, asesinado en un operativo del
ejército a siete meses del golpe de 1976. En una
entrevista para este trabajo Levenson explicó que se
hizo cargo de la administración general de Noticias
"como acto militante", convocado para integrar una
comisión fundacional del diario.

"Yo era más bien político, participaba de parte de las
FAR", detalló. "Venía trabajando con Montoneros y una
de las tareas conjuntas era la edición de un diario.
El proyecto de Noticias fue la resultante de la
política general de las dos organizaciones armadas que
mayor fuerza y presencia tenían en el país. La idea
era aprovechar la gran aceptación de las masas: con la
llegada de Cámpora al poder, se abrían perspectivas de
legalización para el movimiento en su conjunto y para
las organizaciones armadas; como un arma democrática y
legal, uno de los proyectos existentes era la edición
de un diario. No se lo puede separar del crecimiento
popular de Montoneros, las FAR y todas las
organizaciones armadas. Fue el momento en que el
peronismo estuvo más cerca del verdadero poder. Los
Montoneros eran un factor importantísimo de ese poder
y el diario no era ajeno" .

Levenson también recordó a Noticias en su memoria De
los bolcheviques a la gesta montonera: "La edición de
un diario popular y peronista, que cubriera todo el
espacio político que habíamos conquistado a través de
nuestras movilizaciones, con información objetiva y
que fuera al mismo tiempo un medio de formación y
orientación ideológica fue una hermosa tarea en la que
confluyeron compañeros de gran capacidad técnica y
fervor revolucionario. Nos animó desde sus inicios la
voluntad y firmeza de Paco Urondo, que fue designado
por la conducción nacional [de Montoneros] responsable
político y organizativo de la empresa" .

De profesión químico, dedicado a la administración de
una industria del sector, Levenson se integró al
proyecto de Noticias con un puesto de dirección:
administrador general de Hoy S.A., la empresa que se
constituyó para editarlo y de la que no quedaron
registros oficiales. El primer directorio de Hoy S.A.
estuvo presidido por el ingeniero José Palma,
propietario de un frigorífico, e integrado por el ex
vicecanciller del presidente Héctor Cámpora, Jorge
Vázquez; el empresario metalúrgico César Cao Saravia,
el sindicalista de fideeros Miguel Gazzera y el
general Jorge Leal (quien había encabezado la primera
expedición argentina al Polo Sur), entre otros.

"Se dice que la financiación provendría del rescate
del 'holandés', un alto ejecutivo de la Phillips por
el que se pide un millón de dólares" , escribió
Bonasso. Una versión que coincide con la de Anguita y
Caparrós: "Goyo Levenson era el administrador: el que
solía recibir los paquetes de dinero fresco, que
venían, en buena parte, de un par de secuestros de
gerentes de empresas extranjeras que los Montoneros
habían cobrado en esos días" . Pero Levenson fue
elusivo ante el punto: "No recuerdo. Yo no intervenía
mucho en eso. No, no creo. No se hizo algo específico,
sino que las organizaciones de algún lado sacaron
dinero. A nosotros no nos querían comprometer. Y yo
menos me quise comprometer en ese momento, ni [quiero]
ahora, en afirmar que la plata salió de un secuestro"
.

El administrador insistió en que inicialmente las dos
organizaciones financiaron el proyecto. "Necesitábamos
un primer empuje, porque después el diario comenzó a
tener una gran tirada e hicimos un acuerdo con [el
ministro de Economía José Ber] Gelbard para que nos
pautaran [publicidad] como a los demás diarios. A los
cuatro o cinco meses ya teníamos una autofinanciación,
peleando siempre pero sin depender tanto de las
organizaciones" , argumentó. Y si cuando describió el
directorio dijo que había estado formado por
"simpatizantes y gente que pudiera aportar algo
económicamente", aclaró luego que se había referido a
las líneas de crédito que Cao Saravia logró que le
otorgaran al diario en los bancos Rural y de Río
Negro. Levenson negó enfáticamente que luego del
aporte inicial de capital se hubieran recibido otros,
del empresario David Graiver -quien financiaba La
Opinión - o del editor Rafael Perrota.

"Graiver en ese momento no existía. El primer contacto
que tiene Graiver con Montoneros es cuando cobran el
rescate de los Born. En ese momento el diario no tenía
necesidad de dinero, Graiver no intervino para nada",
repitió Levenson. "Perrota nunca aportó dinero. Con él
teníamos un acuerdo profesional. El cobraba por sus
servicios, normalmente" . Según Gelman, en cambio,
Perrota habría prestado los talleres, por lo menos
parcialmente, para la confección de las películas de
Noticias. "Y eso le costó la vida" , estimó, ya que
fue desaparecido por la dictadura militar en julio de
1977.

Levenson se encargó de armar una sociedad anónima
capitalista tradicional, con los canales y medios
económicos necesarios para funcionar. "Yo tenía una
empresa, conocía esta tarea. Me resultó fácil armar
una estructura: trabajar con los bancos, conseguir
créditos, contratar publicidad" , recordó. Con la
administración en sus manos, el sector producción se
conformó de modo colegiado: Urondo y Juan Gelman,
futuro jefe de redacción de Noticias, acordaron con
Bonasso que él figuraría a cargo pero que el diario
tendría una dirección colectiva. "Todo diario necesita
una cabeza. Yo había sido secretario de Prensa del
[Frente Justicialista de Liberación] FREJULI unos
meses antes y era una figura pública de la izquierda
peronista a pesar de ser joven: creo que eso pesó
mucho a la hora de nombrarme director" , declaró
Bonasso.

La pertenencia a las organizaciones armadas definía
los bordes de esa dirección colectiva. "Los que éramos
militantes conformábamos una célula de conducción
-agregó Bonasso-. Los integrantes de la dirección
estábamos todos encuadrados, en la R [FAR], en la M
[Montoneros]; ese era un núcleo de hierro, que estaba
subordinado políticamente" . También Pablo Giussani,
uno de los periodistas que renunció a Noticias por
desacuerdo ideológico, confirmó en su memoria
Montoneros, la soberbia armada los vínculos de la
organización con el diario: "Paco Urondo, quien podía
ser considerado un cuadro intermedio de cierto relieve
en su condición de oficial montonero, fue designado a
mediados de 1973 comisario político de la organización
en el diario Noticias, cuyo lanzamiento estaba
previsto para el 17 de octubre de ese año. A tal
título, me citó un día para ofrecerme la secretaría de
redacción del rotativo" .

Había otras militancias, como la de Leopoldo Moreau,
redactor de universitarias y radical (quien ingresó al
diario por expreso pedido de Raúl Alfonsín, afirma
Cecilia De Dann ) o de la agrupación peronista de
secundarios. Recuerda Martín Caparrós, quien ingresó
al diario como cadete antes de convertirse en
redactor: "Los otros cadetes también eran gente
militante, de la UES" . Pero la diversidad no hizo
sombra a los propietarios. Levenson aseguró que
durante los primeros meses "la línea política la
marcaban Montoneros y FAR, que todavía no se habían
unificado; estando el diario en funcionamiento se
produjo la unificación. Intervino alguna vez [Mario
Eduardo] Firmenich, por Montoneros, y por las FAR el
compañero Roqué, y se suscitaron discusiones
políticas" .

El ex director coincidió con él y evaluó que la
conducción de Montoneros cometió en esos comienzos
"los mismos errores que puede cometer un empresario
dueño de un medio: presionar a los periodistas, hacer
grosera la línea. Firmenich se quejaba de que salían
pocos comunicados o noticias de los frentes de masas
de la organización. En una reunión le dije: 'Es mucho
más importante que el diario llegue a los actores
sociales antes que publique comunicados. Si nuestros
frentes de masas actúan sobre el conflicto verdadero,
su presencia se va a notar en el diario por su simple
participación. Pero no podemos convertir el diario en
un reservorio de comunicados. No vamos a vender nada'"
.

Ese punto de vista se impuso durante unos meses:
"Inclusive se puede ver cierta preocupación en la
parte política por mantener una distancia" , estimó
Bonasso. Pero todo cambió con el avance de la derecha
peronista. La portada del Nº 244, del 1º de agosto de
1974, titulada La universidad en estado de alerta e
ilustrada con otra nota, la imagen de una olla popular
del Matadero Municipal de Abasto, se cambió por Ortega
Peña asesinado, con una foto del diputado Rodolfo
Ortega Peña y dos del atentado donde murió. Días
después, cuando el comisario Alberto Villar atacó con
golpes y gases al cortejo fúnebre dentro del
cementerio, la tapa se tituló: Entierro a lo Villar.
"En los últimos días -dijo Bonasso- el diario estaba
en la línea abiertamente provocadora" . Se trató,
según Caparrós, de "un proceso de aislamiento
progresivo, que terminó de cristalizar el 6 de
septiembre del '74 cuando Montoneros anunció el pase a
la clandestinidad. El diario había sido cerrado una
semana antes".


Concepción del medio y antecedentes

De Dann afirma que Noticias apareció con el propósito
de convertirse en un diario peronista que funcionara
como herramienta en la lucha para la liberación
nacional. "Se pretendía con él modificar la realidad
socio-política, partiendo de la convicción de que esto
es factible desde un puesto periodístico" , detalla,
agregando que la lucha por el poder, entendido como
relación política en permanente construcción, se da en
y por los discursos. Tanto Levenson como Bonasso
coinciden con ese punto de vista, y Horacio Verbitsky
explicó en una entrevista para este trabajo que ese
origen planteaba dificultades en la edición: "Hubo
muchos conflictos porque la conducción de Montoneros
tenía como ejemplo El Descamisado. Eso era lo que a
ellos les gustaba: la resolución disciplinaria, en la
cual la línea orgánica bajada por la conducción
política se sigue a rajatabla, donde los cuadros que
ejecutan eso no son intelectuales o, si lo son, se
subordinan acríticamente y producen esa revista
vergonzosa, de estilo ramplón, prepotente, gritón,
vulgar" .

Verbitsky reconoció que recibían "órdenes sobre cómo
cubrir determinadas noticias" y "una presión constante
para que el diario fuera más bien de tipo agitador";
en la redacción, esas pretensiones de los dirigentes
de Montoneros encontraban "una resistencia constante a
hacer ese tipo de periodismo porque, si bien no
cuestionábamos la línea general, no estábamos de
acuerdo con hacer un diario propagandístico,
tachín-tachín, sino que queríamos hacer un diario que
le sirviera a la gente. Noticias es una obra
cuidadosa, de calidad profesional, de seriedad
informativa, siempre en el borde, siempre en el
límite" .

Existía, entonces, una tensión en las rutinas con que
Noticias elaboraba sus discursos informativos. Miquel
Rodrigo Alsina enumera el conjunto de actividades que
en cada medio construyen, con independencia de su
ideología, la noticia: "La determinación del
acontecimiento, las fuentes, el trabajo periodístico
en sí, son elementos de un proceso de producción
institucionalizado" . En la medida en que esos
criterios prevalezcan, según el autor, se puede hablar
de masas media y no de otro tipo de prensa, como la
política. También las nociones de periódico
independiente de información general que ofrece Héctor
Borrat -"todo aquel que se define y actúa en función
de los objetivos permanentes de lucrar e influir,
excluyendo toda relación de dependencia estructural
respecto de cualquier otro actor que no sea su empresa
editora" - se aplican a Noticias, ya que aunque sólo
se haya hecho por la necesidad de establecer una
composición legal del capital, la existencia de una
empresa, y sus objetivos y rutinas consecuentes,
evitaron un destino de prensa partidaria.

Las contradicciones entre los modelos de medios que
querían los periodistas y la dirección de Montoneros
se desarrollaron bastante, y no sólo en la
determinación del enfoque noticioso de determinados
acontecimientos. "Un tema motivo de muchas discusiones
fue que en el diario había una sección de turf. Era
muy buena, trajimos los mejores periodistas", recordó
Verbitsky. Sus títulos se destacaban normalmente en la
tapa, incluyendo jactancias como seis aciertos sobre
ocho en los pronósticos del día anterior. "Eso era un
criterio periodístico: un diario que quería ser
popular tenía que incluir el tipo de informaciones que
en ese momento eran de consumo popular. Pero desde un
punto de vista ideológico, eso era cuestionado" ,
agregó.

El modelo resultante fue "una experiencia de
periodismo popular", como tituló la revista Crisis su
nota sobre el cierre de Noticias, con ciertas
particularidades de enfoque en las actuaciones
políticas, acaso no mayores sino simplemente más
visibles que las medios tradicionales, según Bonasso:
"Bajaba línea como pueden bajar La Nación o Clarín" .
Lo señala Borrat: "El periódico independiente de
información general es un verdadero actor político de
naturaleza colectiva, cuyo ámbito de actuación es el
de la influencia, no el de la conquista del poder
institucional o la permanencia en él" .

El texto de Crisis, elaborado por el Centro de
Estudios de Comunicación Masiva (CECM) que en 1974
existía en la Universidad de Buenos Aires destacó que
Noticias fue parte de un intento de renovación de la
prensa popular, sucedido tras el fuerte cambio social
que produjo el triunfo peronista en las elecciones.
"Los quioscos se inundaron de nuevas publicaciones
que, al mismo tiempo, eran nuevas propuestas
periodísticas, intentos de fundar formas de
comunicación y de información que correspondieran al
proceso que se iniciaba" .

Pero además del ascenso de las masas, otro factor
influyente en este intento de renovación es un
conjunto de antecedentes, tanto de la prensa popular
(Crónica, y por eso el anterior Crítica) como de la
alternativa que resistió a la represión desde 1955
(CGT) y de la interpretativa para minorías ilustradas
(La Opinión). El CECM describe el resultado de esa
mezcla curiosa: "Noticias, aunque siga en términos
generales el equilibro de temas que desde hace décadas
caracteriza al periodismo escrito, ha logrado
alterarlo más que ningún otro diario incorporando al
mundo privilegiado de la noticia la realidad política
de muchos sectores subordinados (...) Un intento de
recuperación, en el plano de la prensa masiva, de
grandes áreas de la realidad social" .

Crítica

Natalio Félix Botana llegó a Buenos Aires en 1911,
huyendo de su país, Uruguay, donde un año antes se
había plegado al levantamiento de un caudillo del
Partido Blanco, Basilio Muñoz, contra el presidente
Claudio Williman: derrotados los blancos, estuvo en
Corrientes y en Paraguay antes de resignarse a buscar
de qué vivir en los medios porteños. Fue periodista de
El Diario, La Razón, Ultima Hora y PBT, mientras
frecuentaba a políticos como el conservador Marcelino
Ugarte, quien había sido y volvería a ser gobernador
de la provincia de Buenos Aires.

Helvio Botana, uno de los hijos del hombre que a los
25 años fundó Crítica, aseguró que el capital para
ponerlo en marcha se desvió de PBT, cuyo director le
cedió cartas de recomendación de Ugarte para pedir
1.000 pesos a cada intendente bonaerense en concepto
de publicidad. Alvaro Abós lo cree plausible: "Para
los conservadores era muy atractivo cualquier tipo de
sociedad con Botana y sus fórmulas periodísticas que
se proponían llegar a una masa de lectores amplia y
poco letrada. (...) La aparición de Crítica se produjo
simultáneamente a la de ciertos dirigentes que
plebeyizan la élite conservadora. Los apellidos
patricios del ochenta son sustituidos por otros como
Barceló y Fresco. A este intento del régimen por
volverse popular corresponde la tentación de abandonar
como órganos periodísticos a los diarios vestales La
Nación y La Prensa y buscar otro lenguaje" .

Ese otro lenguaje era ameno, sensacionalista,
demagógico, imaginativo, fulgurante. Y, sobre todo,
masivo: en sus páginas importaban más el fútbol y las
carreras que el polo. Botana quería, según Carlos
Ulanovsky, "evitar la solemnidad y hacer un diario
para todos" . Lo establece el editorial del primer
número, aparecido el 15 de septiembre de 1913: "Surge
Crítica a la arena del periodismo -que decían nuestros
abuelos- sin programa, aunque con ideas. Un programa
significa un exceso de petulancia, cuando no un
propósito deliberado de incursionar en el campo
solemne de las ideas trascendentales. Vieja práctica
del cuarto poder, la repudiamos. Someternos a cánones
sería abdicar de nuestra independencia y, lo que es
peor, de nuestra alegría. Las cosas más graves, aun
aquellas de amor y dinero, se pueden reducir a una
fórmula amena" .

Crítica rompió con el modelo de los medios
tradicionales mezclando noticias de radioteatro y de
política, de deportes y de internacionales, de
policiales y de cine; campañas contra el comisario
torturador Leopoldo Lugones (h) y concursos como el de
mentiras criollas, mujeres feas o payadores; una
página permanente sobre el mundo obrero y un
superhéroe de Dante Quinterno que en la década de 1930
se transformaría en Patoruzú. "Fue el primero en
incorporar grandes fotos y dibujos; el primero también
en colocarles epígrafe; el primero en incluir un
suplemento deportivo, inventar secciones, imprimir en
color, incorporar una revista a la edición, enviar un
periodista de gira, denunciar un hecho de corrupción y
anunciar las noticias con una sirena que hacía bramar
desde la azotea" , enumeró Claudia Acuña. También fue
muy particular selección de su personal: Raúl González
Tuñón, Homero Manzi, Jorge Luis Borges, Roberto Arlt,
Ulyses Petit de Murat, Samuel Eichelbaum, Jacobo
Fijman y César Tiempo, entre otros.

La prensa popular participó, como el cine y la radio,
en el otorgamiento de ciudadanía a las masas urbanas,
afirma Jesús Martín-Barbero en su estudio sobre la
política de los medios que "mezclan lo noticioso a lo
poético y la narrativa popular". Allí analiza el caso
de Crítica, que en su opinión revolucionó el
periodismo "rompiendo con el tono solemne y la
ampulosidad de la prensa 'seria'" e introduciendo "una
serie de elementos nuevos que buscaban explícitamente
la conexión con los modos de expresión popular:
reconstrucciones gráficas de sucesos, página policial
en la que junto a la noticia propiamente dicha
aparecía una composición en verso que comentaba el
episodio, una escena callejera o viñeta de costumbres
y una nota de diccionario lunfardo" .

Inicialmente planeado como diario del mediodía,
Crítica llegó a tener cinco ediciones -de la tercera,
al mediodía, hasta la séptima, a las 23.30- y una
tirada de 300.000 ejemplares, respuesta a su estilo
periodístico impactante. Tanto peso tenía que "ningún
diario estuvo tan cerca del primer golpe de Estado
militar en el siglo (...) Fue el dibujante y
caricaturista Diógenes Taborda el que un tiempo antes
le inventó el mote de 'El Peludo' a [Hipólito]
Yrigoyen, y fueron los vitriólicos editoriales de
Santiago Ganduglia los que con su crítica sistemática
y despiadada crearon el clima propicio para el
derrocamiento del presidente constitucional" . En una
editorial, Botana escribió: "Esto se acabó (...) Que
renuncie". El día de la caída de Yrigoyen, Crítica
rozó el millón de ejemplares. Y poco después, la
dictadura de Uriburu clausuró el diario y encarceló a
su director.

Muerto Botana en 1941, el diario pasó a sus hijos
Helvio y Jaime, a su mujer Salvadora Medina Onrubia, y
por último a su yerno Raúl Damonte Taborda. Hasta que
en 1951, durante el primer gobierno peronista "el
ministro Miguel Miranda compró las acciones y se las
mandó de regalo a Eva Perón -recordó Jorge Chinetti -.
Lo curioso es que era un diario peronista escrito por
antiperonistas". De la primera hora: en la tarde del
17 de octubre de 1945 habían titulado: "Grupos
aislados que no representan al auténtico proletariado
argentino tratan de intimidar a la población". En
1955, la familia reclamó la devolución del diario, en
pleitos infructuosos. Crítica dejó de salir el 20 de
octubre de 1963; de los rumbos que tomó su personal
cabe destacar el de Juan Carlos Petrone, su secretario
general, que en 1964 llegó con un alto cargo a
Crónica.

Crónica

Tres meses antes de que cerrara Crítica, el 29 de
julio de 1963, salió a la calle la primera edición,
que fue una quinta, del diario Crónica. "Héctor
Ricardo García, fotógrafo de origen, periodista por
vocación y desde 1954 responsable de varios éxitos
editoriales, sabía lo que buscaba. 'Hacía falta un
diario estridente, con grandes letras en la primera
página, con titulares muy fuertes al estilo de los
diarios centroamericanos, porque los nuestros eran
demasiado tranquilos'" , cita Ulanovsky al empresario
que contaba entre sus antecedentes con el semanario
Así, una publicación amarilla y con gran despliegue
gráfico que arrancó con 80.000 ejemplares en octubre
de 1955, al mes vendía el doble y cuando salió Crónica
llegaba a 1.500.000 en tres ediciones semanales.

Ese fue el modelo del nuevo vespertino, que en abril
de 1964 sacaría también una versión matutina: "El
estilo periodístico de Así, de reflejar la realidad
sin tapujos, sería luego el de Crónica, que desde el
primer día mostró cuerpos sin vida", escribió en sus
memorias García. "Muchos decían de mi diario: 'Si lo
exprimís, gotea sangre'. Pero también hicimos escuela:
desde hace muchos años todos mis colegas publican
fotografías de víctimas, nacionales y extranjeras,
hasta en sus portadas" . Noticias, sin dudas, aprendió
de ese estilo y lo aplicó en política nacional: la
citada portada del asesinato del diputado Rodolfo
Ortega Peña es un caso; otro es la secuencia de cuatro
fotos que muestran el momento en que es herido de
muerte y cae Alberto Oscar Chejolán en una
manifestación de marzo de 1974.

García había estado en Clarín durante los años finales
de la década de 1950, cuando también otros fundadores
de diarios pasaron por el matutino de Roberto Noble:
Jacobo Timerman, quien haría La Opinión, y Julio
Ramos, quien lanzaría Ambito Financiero. Pero su credo
periodístico resultó muy diferente del de esos pares:
"Crónica se vende primero por la sección Deportes,
después por la información de espectáculos y le siguen
turf, policiales, juegos de azar, información general
y, por último, los temas políticos" . Tanto se apoyó
luego en policiales que popularmente se lo conocía
como Seccional 51, porque en la ciudad de Buenos Aires
funcionaban 50 seccionales de la Policía Federal.

Las escasas ventas del diario cuando fue lanzado
crecieron gracias al apoyo del Distribuidor Ayerbe: de
20.000 ejemplares, Crónica pasó primero a 60.000 y
luego a 100.000; a fines de la década de 1960 llegaba
a 500.000 en tres ediciones y en 1974, cuando fue
clausurado por José López Rega, tiraba 800.000. Ese
crecimiento hizo necesario un cambio de talleres: la
Imprenta Cogtal no tenía capacidad para absorber el
crecimiento de la tirada, por lo cual García compró
primero los talleres de Noticias Gráficas, donde se
había impreso Crítica, y luego instaló los propios,
que hasta el presente trabajan en el sur de la ciudad
de Buenos Aires.

Además del apoyo de distribución, la personalidad de
García se proyectó sobre Crónica y contribuyó a su
crecimiento y la consolidación de su tono: osado,
aventurero e imaginativo, no dudó en exagerar durante
la cobertura del Caso Penjerek, sacar él mismo una
foto de Perón leyendo Crónica en la cama o publicar
anticipadamente las respuestas de un concurso sobre
cultura general que había lanzado Pepsi para obtener
en lectores los ingresos que la multinacional le
negaba en avisos. "En una ocasión, para sortear la
prohibición de informar sobre actos de la guerrilla,
Crónica incurrió en un alarde de humor involuntario.
Un grupo armado había asesinado a un oficial y el
diario lo dio a conocer de este modo: 'Sorpresivamente
murió un capitán del Ejército'" .

La Opinión

El diario de Jacobo Timerman se presentó con estas
palabras: "Se inaugura la era del diario selectivo de
información y análisis, que no intenta ocuparse de
todos los temas superficialmente sino de los
fundamentales en profundidad". Tras proponer a los
lectores potenciales que hicieran el experimento de
anotar cuántas noticias de todas las que salían en los
diarios tradicionales les importaban, y calcular que
esa lista llegaría al 15 o 30 por ciento de la
información que se publicaba cada día, prometía
contener en sus veinticuatro páginas tamaño tabloide
todo lo que necesitaban los lectores jóvenes,
modernos, de clase media alta y con ideas propias.

Con la fundación de este matutino Timerman transformó
la escena de la prensa gráfica argentina en la década
de 1970, según señala el investigador Fernando J.
Ruiz, "al realizar un quiebre en la historia de dos
tradiciones periodísticas: la de la prensa comercial y
la de la prensa política (...) Conciliar una fuerte
vocación política con una modernización profesional
del periodismo, y una fuerte inserción publicitaria,
era un objetivo difícil en un espacio público
restrictivo" . El director había creado antes otros
dos grandes títulos de la época, las revistas Primera
Plana y Confirmado, pero con La Opinión instaló el
periodismo de interpretación en un soporte, el
matutino, donde no se estilaba o se lo restringía a
territorios especiales, como las columnas de análisis
o las editoriales. "No le encontraba sentido a una
editorial -explicó luego Timerman-. Si hacíamos todo
un diario, ¿qué más? Ahí estaba todo lo que queríamos
decir (...) en mi diario todo expresaba opinión" .

Para competir con los grandes medios instalados, como
La Razón, Clarín o La Nación, era necesario contar con
una empresa de envergadura semejante. Y aunque
Timerman, "con casi dos décadas de actividad intensa,
tenía una red de contactos periodísticos, políticos y
empresarios que le permitían lograr los tres elementos
para que un diario en esa Argentina pudiera ser
impreso: profesionales que lo hicieran, empresarios
que lo financiaran y militares o políticos que lo
apadrinaran" , según Ruiz, las dimensiones del
proyecto posible eran menores. Verbitsky, quien
participó de la gestación de La Opinión junto a
Timerman, declaró a Jorge Bernetti: "Deberá ser
entonces un diario más barato en los costos y de
tiraje menor. No un primer diario sino un complemento,
para lectores que ya han comprado otro y no necesitan
enterarse superficialmente de todo, sino a fondo de
algunas cosas que le importan" .

"El diario de la inmensa minoría", como sostenía su
slogan, salió a la calle el 4 de mayo de 1971 para
cincuenta mil lectores. De martes a sábado cumplía con
la promesa del formato breve; el domingo la edición
era más grande porque llevaba su influyente suplemento
cultural; el lunes no salía, "para descartar el ya
intrincadamente complejo mundo de la información
deportiva" , señala Bernetti; tampoco lo atraían la
cobertura de catástrofes o policiales, ni tenía avisos
clasificados, ni publicaba fotografías, que
reemplazaba por dibujos de Hermenegildo Sábat. Su
diseño sobrio, como su idea, tenía un modelo claro,
según Héctor Schmucler: "Explícitamente, La Opiníón se
reconoce en Le Monde" .

Nació durante la dictadura de Alejandro Lanusse,
opuesto al sector liberal que el militar encabezaba y
más cercano a su antecesor, Roberto Levingston, pero
luego impulsó su Gran Acuerdo Nacional: La Opinión se
instaló como un actor político de su tiempo,
incorporando cada hecho noticioso al cuadro general de
su sentido estratégico. "De acuerdo a la hipótesis de
la agenda setting, los medios dicen sobre qué pensar
pero no cómo pensar. Timerman rompe con este
presupuesto al asumirse como un actor político y
confirma de esa manera su voluntad de 'hacer la
Opinión'" , opinó Marta Inés Núñez. Señalan Anguita y
Caparrós que esa voluntad tenía una composición más o
menos permanente: "Según la frase consagrada, La
Opinión era izquierdista en cultura, centrista en
política y derechista en economía. Pero en esos años
turbulentos no siempre era fácil mantener las líneas"
.

El empresario que aportó el capital fue el banquero
Graiver, a través de la firma Olta S.A. que estableció
con Timerman; el administrador, Abraham Rotenberg. El
equipo periodístico ubicaba, debajo de Timerman, al
subdirector, Julio Algañaraz; el jefe de redacción,
Horacio Verbitsky; y los jefes de sección: Juan Carlos
Algañaraz y Pasquini Durán (política nacional);
Marcelo Capurro (política internacional); Jorge Riaboi
y Alcadio Oña (economía); Juan Gelman (cultura), entre
otros. La redacción contó también con nombres como los
de Julio Nudler, Juan José Ascone, Luis Guagnini,
Francisco Urondo, Silvia Rudni, Enrique Raab, Osvaldo
Soriano, Roberto Cossa, Ricardo Halac, Nicolás
Casullo, Jorge Elorza, María Victoria Walsh, Tomás
Eloy Martínez, Hugo Gambini, Francisco Urondo, Carlos
Ulanovsky, Rodolfo Walsh y Miguel Bonasso.

La mayoría llegó al diario porque Timerman contaba con
un gran prestigio y acordaba condiciones económicas
que duplicaban las habituales en el mercado de trabajo
de la prensa gráfica; además, firmaban sus notas, algo
inusual: esa manera de individualizar, que a la vez
otorgaba jerarquía y responsabilidad, "rompía con el
anonimato practicado en los grandes diarios de la
época" , señaló Bernetti. Esa individualización sería
borrada en Noticias, a pesar de que su núcleo de
dirección provenía de esa cultura periodística. Pero
ese anonimato no sería una recuperación del pasado
sino que tendría un sentido diferente: el de hacer una
obra colectiva.

La propuesta encontró sus lectores, según el mismo
Timerman: "Los políticos, era el primer diario que
leían. El público joven tenía el diario todo el día en
el bolsillo. Y los empresarios lo leían en la oficina"
. Al cumplir seis meses de vida, el 2 de noviembre de
1971, La Opinión difundió su éxito en sus propias
páginas: se calificó como "un hecho sustancial en la
historia de la prensa argentina" y se congratuló por
haber alcanzado "un nivel de influencia informativa
que le ha permitido imponer un nuevo tipo de
periodismo" .

CGT

Relató Verbitsky que cuando Rodolfo Walsh visitó a
Juan D. Perón en Madrid, a comienzos de 1968, el líder
lo presentó a Raimundo Ongaro, haciendo referencia a
su investigación de los fusilamientos de 1956: "Este
es un hombre al cual todos los peronistas le debemos
mucho" . Pocos meses más tarde, en mayo de ese año, el
periodista dirigía el semanario asociado con la
Confederación General del Trabajo de los Argentinos
(CGTA), opuesta a la burocracia sindical, que conducía
el gráfico. "Esta edición de CGT llega a la calle
hecha sin dinero, a pulmón. Desde hoy es el órgano de
los trabajadores, con el que los trabajadores deben
colaborar, enviando sus noticias, sus quejas y sus
denuncias, colaborando para que llegue, como sea, al
último rincón de la República", decía el primer
número, aparecido el Día del Trabajador de 1968 .

Acompañó la presentación en sociedad del programa de
la dirigencia que ganó la CGT, cuya elección tuvo como
respuesta la fractura a cargo del vandorismo. El
texto, escrito por Walsh y leído por Ongaro y Agustín
Tosco, fue el célebre Mensaje a los trabajadores y al
pueblo argentino que contine las líneas: "Nos pidieron
que aguantáramos un invierno: hemos aguantado diez.
Nos exigen que racionalicemos: así vamos perdiendo
conquistas que obtuvieron nuestros abuelos. (...) La
década del '30 resucita en todo el país con su cortejo
de miseria y de ollas populares (...) La CGT de los
Argentinos no ofrece a los trabajadores un camino
fácil, un panorama risueño, una mentira más. Ofrece a
cada uno un puesto de lucha" .

El semanario de la CGTA tuvo vida legal hasta el
número 49 del 25 de julio de 1969 (el 4 había sufrido
una clausura, coincidente con la intervención de la
mayoría de los gremios de la CGTA y la detención de
Ongaro); fue clandestina desde entonces y hasta
febrero de 1970. Pero su influencia "trascendería
largamente los marcos del periodismo gremial o
militante" , según Ulanovsky, tanto por su enfoque
periodístico, que utilizaba la noticia como
instrumento de movilización política, como por el
diseño gráfico, que contribuía a comunicar mejor.

Esa diagramación, a cargo de Oscar Smoje, sería
precursora directa de la gráfica de Noticias; la
concepción periodística, a cargo de Walsh y Verbitsky,
en gran medida también: ambos participaron en
secciones centrales del diario, información general
(que contenía policiales) el primero, política el
segundo. Como ejemplo de esa línea de denuncia y
relato de las relaciones de poder, en CGT se
publicaron, por ejemplo, las investigaciones que
resultarían en el libro ¿Quién mató a Rosendo?, sobre
el asesinato del dirigente metalúrgico Rosendo García
en Avellaneda, por el mismo vandorismo que integraba;
o la serie La secta del gatillo alegre, una denuncia
de los abusos policiales durante la detención de
personas.



En la redacción: editores y redactores; ajenos y
vinculados a las organizaciones revolucionarias

La redacción, ubicada en el barrio de San Telmo de la
ciudad de Buenos Aires, en la calle Piedras 735,
estaba integrada por Francisco Urondo como secretario
general de redacción ("pero secretamente era el
comisario político de los dueños del diario, que era
la organización" , dijo el director Miguel Bonasso; en
ese rol fue reemplazado luego por Norberto Habegger,
quien figuró como subdirector), Juan Gelman como jefe
de redacción, Pablo Giussani como prosecretario de
redacción; Oscar Smoje como jefe de diseño y
fotografía. Entre los editores, Rodolfo Walsh estaba a
cargo de información general y policiales; Horacio
Verbitsky, de política; Eduardo Suárez, de gremiales;
Pablo Piacentini, de internacionales; Mario Stilman,
de deportes; Carlos Tarsitano, de espactáculos; Luis
Soto, de turf. Entre los redactores y cronistas se
encontraban Silvia Rudni, Zelmar Michelini, Pedro
Uzquiza, Jorge Carnevale, Leopoldo Moreau, Sylvina
Walger, Alicia Barrios, Patricia Walsh, Leandro Gil
Ibarra, Alicia Raboy, Carlos Ulanovsky y Martín
Caparrós, entre otros. El grupo de fotógrafos incluía
a Carlos Bosch (a cargo del equipo), Hugo Rodríguez,
César Cichero, Eduardo Grossman, Victor Steimberg,
Tito La Penna, Aldo Alessandrini, Cristina Bettanín,
Paulo Santiago y Gerado Horowitz. El diagramador era
Eduardo Mezzadra. Con el diario en la calle, el 27 de
febrero de 1974 Héctor G. Oesterheld lanzó la
historieta La guerra de los Antartes, bajo el
seudónimo Francisco G. Vázquez.

La lista está llena de nombres destacados como
periodistas, fotógrafos o artistas. Se confirma que,
aunque querían competir con Crónica, muchos de esos
profesionales venían de sumar La Opinión a su
importante trayectoria: "Le afanamos a Timerman.
Empezamos por los tipos que teníamos la misma
orientación ideológica y el mismo encuadre militante",
dijo Bonasso. El, Verbitsky, Gelman y Urondo
pertenecían a ese grupo. Algunos no sólo venían del
diario de Timerman sino que habían sido nombres claves
de la modernización del periodismo que trajo Primera
Plana, como Rudni. O habían sido pioneros, como Walsh,
en la investigación periodística. O aportaban una
mirada desde la universidad, como la socióloga Walger.
O eran artistas visuales, como Smoje.

La mezcla más explosiva, sin embargo, era la unión de
profesionales vinculados a la militancia (la gran
mayoría) con aquellos ajenos a las organizaciones.
Debajo del primer nivel de editores miltantes, había
una línea intermedia simplemente periodística:
Giussani, Piacentini, Tarsitano, Stilman, Soto, por
ejemplo. Contó Bonasso que "ellos no participaban de
la conducción del ámbito político-profesional, eran un
nivel de jefatura de las áreas como en cualquier
diario normal. Estábamos permanentemente en la hechura
del diario y corrigiendo los desfases que se producían
todos los días... Había conflictos políticos, como el
de Giussani, que se fue al diario La Calle, o con
Carlitos Ulanovsky, que también se fue" , ilustró.

"No me sentía desarrollando mi condición profesional,
sino una cosa militante política para la que me parece
que no estaba preparado y que además no quería hacer",
dijo Ulanovsky a De Dann. "Era parte de un proyecto
político, y no a todos les contaban previamente y con
lujo de detalles de qué clase de proyecto político se
trataba" . Cuando Verbitsky lo invitó a sumarse al
diario, le advirtió que no era militante; el encargado
de política le dijo "que no importaba, que los diarios
también se armaban con profesionales", agregó; así
entró, ya que la redacción le resultaba muy atractiva,
porque había nucleado "a buena parte de los grandes
profesionales del periodismo de ese momento" . Como
Giussani, Ulanovksy renunció a Noticias porque, según
declaró a De Dann, "para él, llegó a convertirse 'en
una especie de house organ interno de todos los
sectores en puja en Montoneros'" .

Giussani tuvo dudas desde antes de aceptar el
ofrecimiento que le hizo su amigo Urondo de la
secretaría de redacción de Noticias. "Sorprendido, le
recordé mi actitud crítica ante la trayectoria pasada
de Montoneros, aunque manifestándome al mismo tiempo
disponible para cambiar eventualmente de opinión a la
luz de las expectativas generadas por la organización
con el nuevo curso legal que parecía haber emprendido
(...) Le dije que no podía adoptar una decisión final
ante el ofrecimiento sin una previa discusión política
en profundidad". Luego de la discusión, aceptó el
trabajo al que pronto renunciaría: "Fue quizás el
asesinato de Rucci lo que abrió en mí el camino hacia
el reconocimiento de que mis hasta entonces benévolas
apreciaciones acerca de la naturaleza montonera no
estaban mordiendo sobre la realidad" .

Para entonces, 25 de septiembre de 1973, el proyecto
del diario estaba más que avanzado, a menos de dos
meses de la salida. Acaso Giussani ignoró en el
momento la autoría del atentado, mantenida en secreto
durante algún tiempo; acaso ignoró también los hechos
que Bonasso consigna en su Diario de un clandestino
con fecha de esos días: "Ayer los integrantes de la
célula que conduce el diario Noticias fuimos al Tigre,
a la isla de Walsh, a realizar prácticas militares.
Goyo [Levenson] se reía solapadamente del 'orden
cerrado' a que nos sometió nuestro responsable (Paco),
pero -a pesar de sus casi 64 años y su generosa panza-
hizo un papel bastante decoroso. Tiramos con revólver,
pistola, carabina 22 y escopeta (una del 16)" .

Caparrós recuerda al personal en tres conjuntos: "Uno,
el de los que no militaban en nada, como Ulanovsky, la
mayoría de los de deportes, algunos de
internacionales, el de carreras; otro, el de los que
militaban pero en algún otro ámbito como la JP, la
JUP, la UES, etcétera, que era mi caso, porque había
llegado al diario por una vía no orgánica y por lo
tanto mi militancia estaba disociada del trabajo; por
último, el de aquellos para los cuales su militancia
era el diario o estaban en el Bloque de Prensa
Peronista, el grupo montonero dentro del sindicato de
prensa, para los que el diario era su lugar de
militancia como periodistas y como gremialistas:
Silvia Rudni y todos los jefes. Había situaciones muy
distintas" . También en la memoria del fotógrafo Bosch
la redacción era un ambiente combinado: "En Noticias
se buscó tener un equipo coherente de gente, que
valiera para todo. Es decir, había gente que era
excelente, los mejores en deportes, sucesos,
espectáculos. La mitad eran militantes y la otra mitad
eran profesionales que venían de los medios. Eso nos
permitía tener una especie de elasticidad" .

Según Bosch, la vocación de actor político era tan
abierta en el diario que había una reunión semanal
fija, cada miércoles, que duraba unas cuatro horas y
tenía por fin discutir colectivamente lo publicado en
el diario en el contexto político. "Puntualizábamos no
la parte técnica, sino el mensaje a nivel militante.
Había gente que estaba muy metida en la militancia y
otra que era simpatizante nomás. Yo era simpatizante.
Adhería a la idea, en principio, pero cobraba mi
sueldo y estaba ahí para eso", dijo. "Los
profesionales tenían que adherir. Si no adherían se
tenían que ir. Nadie les pedía militancia. Lo que se
les pedía era solidaridad con el equipo" . Sylvina
Walger, por entonces recién egresada de Sociología,
señala que ese pedido no carecía de rispideces: "A los
tipos que escribían una nota no les hacía gracia
cuando le cambiabas algo. Uno se abroquelaba detrás de
Noticias por la idea de que era importante. Pero yo
percibía muy mal la bajada de línea impuesta en todo.
Me molestaba" .

Según Smoje, eso nunca afectó el ámbito de producción:
"Conocí muchas redacciones y en pocas viví el nivel de
armonía de Noticias, un muy buen clima de trabajo. Era
como una gran orquesta que funcionaba" . Levenson
recordó el atento monitoreo de Walsh: "Cada vez que
venía un cadete, Rodolfo pedía que se lo pasaran a su
escritorio y le enseñaba los principios más
elementales del periodismo" . Nada excepcional:
Caparrós dejó de servir café y cortar cables en
febrero, cuando faltaba personal por las vacaciones, y
otro editor le preguntó si podía redactar a partir de
un cable: "Escribí mi primer artículo. Fue sobre el
hallazgo del pie izquierdo de un andinista japonés que
había desaparecido en el Aconcagua diez años antes.
Después Ulanovsky me pidió para que hiciera los
informes de una investigación sobre los chicos de la
calle. Sentía que podía aprender todo por irradiación,
porque había gente que yo admiraba: Walsh, Gelman,
Urondo" .

La armonía alcanzaba para la confección, de modo
colectivo y anónimo, de un boletín interno donde
circulaban bromas sobre la falta de máquinas de
escribir (había más personas y escritorios que
Olivettis) y críticas a los jefes. "La Bazofia
-recordó el nombre Patricia Walsh- aparecía pegado en
la pared con plasticola; estaba tipeado a máquina, era
anónimo y decía chismes de la redacción. Ahí salió
publicado que Raboy se lo levantó a Paco Urondo, y que
Lili después se puso en pareja con Juan Gelman" .

La mezcla generó situaciones curiosas desde el punto
de vista gremial. Bernetti, militante sindical en ese
momento, observó que si bien el diario estaba
organizado gremialmente, no tuvo conflictos. "Era muy
difícil porque todos sabían que la empresa era
Montoneros, y los que trabajaban ahí, si no eran,
simpatizaban... Las asambleas eran debates políticos
sobre la marcha de la situación. No hubo problemas de
despidos o salarios, no hubo conflicto sindical" . Por
esa identificación nadie verificó que Hoy S.A.
cumpliera con las obligaciones patronales, y Patricia
Walsh descubrió años después que la empresa nunca hizo
los aportes jubilatorios descontados a su personal.

Caparrós evocó las contradicciones que surgían por esa
unidad ideológica entre el diario y sus empleados:
"Era muy difícil plantear reivindicaciones gremiales
contra una patronal con la que estabas dispuesto a
compartir una trinchera... En el caso de una huelga
del gremio o una huelga nacional, ¿qué hacíamos? No
podíamos parar, porque nuestra militancia consistía en
sacar este diario; pero al mismo tiempo, si no
parábamos, éramos unos carneros" . Giussani evocó, con
el tono que domina su libro, un debate de los
trabajadores: "En febrero de 1974, el personal de
Noticias celebró una larga y absurda asamblea
convocada para fijar una posición -que naturalmente
debía ser condenatoria- frente a la clausura del
diario El Mundo (...) La asamblea tropezó lógicamente
con dificultades para encontrarse un sentido a sí
misma. ¿Era posible acordar en términos congruentes
una declaración que repudiara al mismo tiempo el
principio de la libertad de expresión y una medida de
gobierno que lo lesionaba?"

El problema de lo que Caparrós llamó "empresa atípica"
se planteaba con frecuencia: "¿Cómo presionar a una
patronal que eran tus compañeros? Creo recordar que en
esta maratón de la muerte de Perón algunos quisieron
cobrar alguna hora extra, porque era laburo
continuo... Dijeron: 'Nosotros trabajamos, pero
queremos que nos pagen horas extras como en cualquier
otro lado'. Y eso levantó una ola de abucheo". Walger
recuerda una pelea con Urondo sobre el punto de las
reivindicaciones: "Nos encerró a los de la comisión
interna en un cuarto y nos dijo: 'Acá el que manda soy
yo. No hay aumento de sueldo y se acabó esta
discusión'. Una actitud de general del ejército" .



Preimpresión e impresión: boicots, seguridad, amenazas

Por haber pasado la mayor parte de su existencia en
los meses durante los cuales se hizo crudo el
enfrentamiento de los sectores opuestos que convivían
en el peronismo, uno de los cuales eran los jóvenes
montoneros, los ataques contra el diario generaron
importantes rutinas de seguridad. Dentro de la
redacción, Julio Troxler -quien sobrevivió a los
fusilamientos de 1956 que Walsh denunció en Operación
masacre, pero no al fuego de la Triple A-, estaba
encargado de cuidar el bienestar de los que trabajaban
en el edificio. Caparrós recuerda: "En el primer piso
estaban dirección, fotografía, archivo y
administración. Más arriba, en el final de la
escalera, había un guardia con una escopeta. Tenía una
visión perfecta de la entrada. Troxler era el jefe de
seguridad, pero ahí estaba otro militante, siempre con
un mate y la escopeta. Nadie podía entrar sin ponerse
en su mira" .

Con el diario en la calle y debido al temor de
atentados contra sus vidas, Urondo, Walsh, Bonasso,
Gelman y Verbitsky tuvieron custodia, según recuerda
el director. "Por momentos era la Armada
Brancaleone... Salíamos del diario en un auto, y otros
dos autos con compañeros se ponían atrás y adelante.
Uno taponaba para que no pasaran los que eventualmente
nos iban a seguir y el de adelante miraba si el camino
estaba despejado. Todo muy racional, salvo que íbamos
como seis en un Renault 12. ¡Unos arriba de otros, no
podíamos ni respirar!" . La llegada a la redacción
también requería de medidas de seguridad, como cambiar
de auto cuando Bonasso salía de su casa en el propio o
realizar rutas diferentes de las habituales o
directas.

Como la preimpresión y la impresión se hacían en otras
instalaciones -Smoje lamentó que Noticias no haya
podido trabajar "en igualdad de condiciones con los
otros medios, donde en un solo lugar físico se
producía todo el diario"-, la seguridad debía
extenderse más allá del edificio del sur de Buenos
Aires una vez terminada la diagramación, como
describió Bonasso en su memoria. También evocó
Verbitsky: "Llevar los originales al lugar donde se
componía, y después los astralones al lugar donde se
imprimía, eran operaciones cada día más complicadas.
Me pasó haber tenido que ir de un lugar a otro en
medio de una persecución con tiros a la medianoche" .

Además de los ataques de lo que Bonasso identificó
como "la extrema derecha peronista" , la producción de
Noticias sufrió otros obstáculos. "No podíamos manejar
la Fabril Financiera, que eran obreros gráficos.
Contratábamos el servicio pero no podíamos imponer
ninguna condición", explicó Levenson. "Teníamos que
enfrentar huelgas. Trataba de convencer a los
compañeros de que no hiciesen huelga, que no éramos
una empresa capitalista, pero las contradicciones
estaban. Ellos eran obreros y tenían razón, discutían
sus convenios por gremio" . Bonasso tiene un punto de
vista menos confiado: "Había una tripulación que lo
hacía con mala leche, gráficos vinculados al
vandorismo y opuestos a Raimundo Ongaro" .

Las condiciones industriales tampoco eran óptimas. "No
nos quería imprimir nadie", recordó Bonasso. "Tuvimos
que pagar un precio brutal en Fabril Financiera para
que nos aceptara. La máquina con la que se imprimía no
era la mejor porque era revistera, una Harris Cotrel.
Veloz, tiraba unos 35.000 ejemplares por hora; pero
tenía un gran horno de secado para revista a cuatro
colores... Como tampoco habíamos conseguido papel de
importación, teníamos que usar un papel nacional de
celulosa, muy lindo a la vista, muy blanco, pero que
tenía la dificultad de que se partía muchísimo con el
mojado que requiere el offset. A veces había un corte,
y si se producía dentro del horno de secado, había que
rebobinar el papel" .

Con los meses y la mejor circulación, el diario
comenzó a aumentar la tirada y debió buscar otros
lugares donde imprimir, ya que no alcanzaba esa
máquina revistera. Intentaron un acuerdo con Héctor
Ricardo García, quien había comprado una rotativa muy
veloz para Crónica y tenía dos horas libres de esa
máquina. Verbitsky recuerda el episodio: "Como el
ancho de las columnas era distinto, mientras Habegger
y yo negociábamos con un abogado que tenía García,
Antonio Tomás Hernández, Smoje trabajaba en el
rediseño del diario. Cuando ya estaba a punto de
terminarlo, llamó García y dijo que no se iba a poder
hacer. Le preguntamos por qué. Entonces pronunció su
frase célebre: 'Me apretó López Rega y me cagué'. Lo
amenazó de muerte. Ya le había cerrado un diario. Le
agradecimos la sinceridad" . La solución al problema
no fue sencilla, reconstruyó Bonasso: "Agregamos
tiempo en Cogtal, una cooperativa gráfica, y luego en
los Talleres de Esquiú, el medio católico. Llegamos a
hacer tres juegos de astralones" .

Dada la complejidad del camino entre la redacción y la
imprenta, cualquier demora en el cierre repercutía
gravemente en la circulación del diario, ya que la
pérdida de tiempo se acumulaba en el resto del proceso
industrial. Explicó Smoje: "Siempre había una
desventaja en el tiempo de llegada a los
distribuidores del interior, que era nuestra obsesión
de todos con los cierres... Tuve que aprender a tomar
decisiones -cómo debía ir una foto, cómo titular- sin
dudar un minuto, porque íbamos contra reloj. Si no,
eso significaba entierro. Y un entierro era fatal
porque repercutía en la venta: quedaba un clavo de
todos los diarios que estaban dirigidos al interior" .

Un cierre perfecto, no obstante, tampoco garantizaba
que Noticias llegara a tiempo a las provincias: hubo
sabotajes contra la distribución. "Nos devolvían los
paquetes enteros", recordó Bonasso, a quien el
distribuidor Antonio Rubbo aconsejó ir hasta la playa
de carga de diarios y hablar. "Fuimos con nuestro jefe
de distribución, que andaba con un .38 encima, un
compañero militante, y les explicamos que, si no
querían tener inconveniente con sus camiones, los
paquetes tenían que llegar. Lo entendieron" . Llegar
tarde a los puntos de venta implicaba perder
circulación: de allí la devolución de paquetes a que
hace referencia Bonasso. Se trataba de un doble
boicot: económico y de influencia".


*Gabriela Esquivada nació en Buenos Aires en 1967.
Trabajó en el diario Página 12 y la revista Veintiuno,
entre otros medios donde fue editora. Desde hace pocos
años reside en los Estados Unidos, pero mantiene un
fluído vínculo laboral con la Argentina: edita la
colección Crónica Argentina, del sello Aguilar.
También colabora con la Colección Nuevo Periodismo que
publican el Fondo de Cultura Económica y la Fundación
que preside el Premio Nobel, Gabriel García Márquez.

 
diario de mar de ajo.



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