[R-P] Todo es según el sillón desde el cual uno lo mira

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Sab Sep 25 10:30:15 MDT 2004


[Esto es un comentario general, pero va bajo la forma de una 
respuesta a Julio FB sin que por eso se deba entender que estoy 
personalizando el debate;  simplemente, me resulta más fácil 
conversar con Julio que escribir en abstracto.  Es el formato que a 
mi entender más se adapta a una lista de discusión.]

1) Conocí a Luis Alberto Moniz Bandeira (y con él a muchos autores 
brasileños, desde Werneck Sodré hasta Gilberto Freyre) cuando -por 
motivos personales- me interioricé un poco en la historia del país 
más grande de América del Sur, que siempre me había interesado hasta 
el punto de tomar clases de portugués -con el Nelson Rolim, para más 
datos- bien a principios de los 70.

De esto hace más de treinta años, entonces.  Es desde allí que entré 
en contacto con los grandes clásicos del pensamiento social y 
político brasileño, entre ellos Moniz.

Su "Presencia dos Estados Unidos no Brasil", que poseo en la edición 
original (y que Luiz Alberto se sorprendió gratamente de redescubrir 
en Buenos Aires, cuando le pedí cholulescamente que me lo dedique) es 
una de las obras cumbre del análisis diplomático y político 
sudamericano.  En otro libro, el "Cartéis e desnacionalizaão", 
detalla minuciosa y casi sádicamente el proceso de recolonización del 
Brasil por Estados Unidos, en particular en el área metalúrgica.  Y 
podríamos seguir.

Son obras de mucho tiempo atrás, de esos tiempos en los cuales muchos 
creían en la  relación entre objetivos nacionales y revolución 
social.  Supongo que Moniz sigue creyendo en esta relación, aunque 
ahora sospecho que de un modo más descontracturado.

Nada de esto hace innecesaria, o negativa, su presencia en Buenos 
Aires.  Antes bien:  es un gusto tenerlo aquí y el CEES debería 
pensar en invitar otros brasileños, de esos a los que _hay que 
convencer_ de que tenemos que poner la unidad americana en el centro 
de nuestras preocupaciones.  Te tiro un nombre: César Benjamin, que 
está a punto de caramelo pero necesita un último toque.  

Volviendo a L.A.M.B.: siempre es placentero y enriquecedor escuchar 
al riguroso Herr Doktor (pocas veces más merecido un título 
académico).  Pero si uno escucha a un Herr Doktor no puede, y en esto 
discrepo con vos, Julio, "hacerse el boludo" sobre "temas 
secundarios" en aras de la unidad argentino-brasileña.  La pregunta 
del "para qué la unidad" es una pregunta inevitable.  Sin ir más 
lejos, muy en claro tenían la pregunta quienes lograron la "unidad 
latinoamericana del terrorismo de Estado" con el Plan Cóndor.  De 
ellos tenemos que aprender.

Con el Herr Doktor -y creo que en esto Moniz estaría de acuerdo 
conmigo, dicho sea de paso- hay que aprovechar para crecer en las 
ideas, discutiendo en aquello en lo que no se está de acuerdo o, 
mejor aún, tomando sus conceptos como semillas para desarrollar 
plantas vigorosas.

Ya había entrevisto esta visión conservadora -típicamente 
"itamaratiana"- del asunto en una charla anterior, no de Moniz sino 
nada menos que de Hélio Jaguaribe, otro grande, enorme pensador de la 
unidad luso-castellana en América. 

Methol, por cierto, pertenece a esa misma raza, y no es por 
casualidad que -no sin motivos, pero con una visión algo 
"desprendida" de las masas orientales- haya declarado, como declaró 
alguna vez, una preferencia por los que apoyaron a Lecor -el 
esclavista- antes que por los que prefirieron la "independencia".

Se comprende.  El objetivo de la unidad es supremo.  Para un pensador 
oriental, es mejor la unidad del brazo del portugués que la 
balcanización del brazo del inglés.  Pero aquí queda ausente el 
pueblo oriental, ese mismo pueblo oriental que Methol tan bien ha 
descripto en otras obras, empezando por su trabajo cumbre "El Uruguay 
como problema".  Y que siguió a Artigas contra Lecor, sin cálculos 
geopolíticos.  Estaba de por medio la esclavitud:  Lecor representaba 
_exactamente eso_.

Se trata, en todos los casos, de teorías conservadoras de la unidad 
americana, que las hay por todos lados y últimamente, retroceso 
continental mediante, han pululado un poco por todos lados.  Hace 
poco, un conocido de Córdoba me escribía frente a algunas posturas de 
otro conocido -chileno- "¡No se puede transar con los Pincheira!  
Frente a ellos, prefiero los Carrera!"  Y lo comprendo perfectamente. 
 
Es que el mundo no empieza ni termina en el Cono Sur.  Y no solamente 
en Buenos Aires se hace política y debate con Reconquista-Popular.  
La nota que desató esta discusión dice algo así como que el Caribe 
termina en Caracas, que aquél que desee dominar el Mediterráneo 
tropical tiene que controlar su costa Sur, y que esa costa Sur está 
en pleno territorio sudamericano.

Hace un par de días ando revolviendo mi despelotada biblioteca 
buscando un mapa geoestratégico norteamericano donde se da expresión 
concreta a la afirmación, hecha por Moniz (y en realidad por 
Itamaraty a través de él) de que "Mesoamérica está perdida".  Ese 
mapa hace pasar el área de influencia norteamericana por una línea 
que _sigue el curso del Amazonas, cruza los Andes y termina en el 
Pacífico_.  Por supuesto, Colombia es la primera pieza de este 
rompecabezas.

Y son cosas que _están sucediendo ante nuestra vista_.  ¿Quíén puede 
ir a la batalla desarmado?  Unificar un fuerte atractor del Sur sin 
incluir a Colombia es imposible.  E incluir a Colombia es, ya, 
incluir el Caribe, el Golfo de Méjico y Baja California.  Porque 
Colombia -y Venezuela- son las puertas del Caribe.  El "bioceanismo" 
colombiano es menos importante que su carácter de bisagra entre 
Mesoamérica y Sudamérica.  Es _por eso_ por lo cual los 
norteamericanos se lanzan sobre ella.  

Pensémoslo de otro modo, si querés.  Pensemos en el Mediterráneo del 
Viejo Mundo.  Parecería estar compartido entre África y Europa.  
Error.  De África lo separa -más que unirlo- el _mar de arena_ del 
Sájara (hoy me vine medio gallego, pero eso es buena pronunciación de 
la palabra árabe que significa algo así como "vacío"). 

Y lo de "mar de arena" no es una mala metáfora.  Es una descripción 
tan certera que en el África Ecuatorial Francesa y el África 
Occidental Francesa, durante la década de 1920, se colocaban _faros_ 
para guiar las patrullas coloniales.  Repito: faros, verdaderos 
faros, como el de Mar del Plata.  El desierto, desde el punto de 
vista de la ocupación humana, es como un océano que rodea islas de 
verdor.  Controlarlo es controlar el área.  Y por eso los árabes 
_negaban a cualquier otro, en particular a los no musulmanes_ la 
navegación por el desierto;  el camello y la caravana eran el 
privilegio de los conquistadores.    Esto lo explica brillantemente 
Samir Amin, dicho sea de paso.  El Islam te abría la puerta del 
comercio con camellos, que eran las puertas del comercio posible. Y 
el camello abría las puertas al Islam: ¿Porqué, sino, los judíos 
ortodoxos rezan, desde esos tiempos, balanceándose como si anduvieran 
en camello?  Ya que no se podía ser judío y camellero al mismo 
tiempo, al menos se tenía una compensación simbólica...

Bueno, comparemos ahora el Mediterráneo del Viejo Mundo con el 
nuestro:  veremos que ninguna potencia dispuesta a dominarlo pensó 
jamás en que la "costa de enfrente" (en nuestro caso la larguísima 
península de tierras habitables que va desde Gaza hasta Casablanca) 
podía quedar en manos de un eventual competidor.  La riqueza del 
África guineana y occidental llegaba a "tierra firme" atravesando el 
"vacío" para embarcarse hacia el Norte.  Nadie que quisiera controlar 
el tráfico del mar de agua podía dejar de controlar los puertos del 
mar de arena.

Este dispositivo geográfico tenía en el Medio Oriente el centro de 
todos los conflictos, porque allí era donde se cruzaban los caminos 
que iban de Norte a Sur con los que iban de Este a Oeste.

Pues bien.  Qué pasa en el Caribe, o sea en el Mediterráneo 
americano?

Pasa que a diferencia del caso europeo-africano, entre la costa Sur 
del mar ¿nuestro?  y el continente "bárbaro" que habitamos nosotros 
no hay un desierto, sino una inmensa selva ecuatorial-tropical.  Esto 
trae muchas consecuencias, entre otras la muy inmediata de que se 
trata de una zona practicable, en la cual es más fácil sostener la 
vida humana que en medio de los arenales calcinados.  Es decir, visto 
desde el punto de mira de la geopolítica:  no es un océano de tierra 
cuyo control se facilita por la condición geográfica misma, sino un 
verdadero colador por donde pueden entrar y salir todo tipo de 
tráficos e influencias.  A quienes poseen la Amazonia, no les puede 
ser indiferente el control de la costa Sur del Caribe.  Y por lo 
tanto, el control del Caribe en su conjunto.

Para terminar con la analogía, véase que el punto militarmente 
neurálgico de la problemática del Caribe es también ese lugar donde 
las rutas de Norte a Sur se cruzan con las rutas del Atlántico al 
Pacífico.

Mi crítica al planteo conservador es que se coloca solo la horca al 
cuello.  Prefiero morir de otra manera, si se me permite.

¿Y cómo se ve todo esto en la cuenca del Caribe?

Bueno, gracias a los buenos oficios de un amigo de esos pagos que lee 
nuestra lista (pobre muchacho, habiendo tanta cosa mejor para hacer 
en la vida) ya se está difundiendo la discusión por toda Venezuela:  
y es pensando en los venezolanos que la abrí, no pensando en los 
argentinos.

La postura "sudamericana" tiene la gran virtud aparente de su 
factibilidad inmediata.  Y el gran defecto de su cortedad de miras 
estratégicas.  Nadie niega que es bueno empezar por algún lado.  Pero 
la pregunta es si estamos de acuerdo en hasta dónde queremos llegar.  
Y más importante todavía:  si percibimos los peligros del 
posibilismo.

Alguna vez, en conversaciones con vos, Julio, te hice el comentario 
de que si uno pensaba en la cuestión de la unidad alemana y la 
vinculaba con la nuestra, a mi entender le tocaba a Brasil el papel 
de Prusia, dado que Renania (la Argentina) había optado por el 
suicidio.  Podríamos pensar que la postura de Itamaraty equivale a la 
drástica decisión prusiana de "sacarse de encima" a Austria, la 
rémora que impedía la unidad.  Pero Prusia, a través de la estrategia 
de Bismark, se sacó de encima el lastre reaccionario de Austria, y  
no el corazón de la batalla por la unidad.  

Cuando uno lee Reconquista Popular desde Caracas y piensa en la 
unidad sudamericana, entiende que hay alguien allí en el Sur, bien 
protegidito por la selva amazónica y la distancia, que "me pone a mí 
en la trinchera y además está dejando a un gran aliado solito en 
medio del campo enemigo".  Al CEES de Buenos Aires, que hace una 
inmensa obra para luchar por la unidad americana, puede parecerle 
"sensato" dejar para otro momento la discusión sobre si el futuro es 
latinoamericano o sudamericano. Pero a su equivalente de Caracas, no.

Por último:  nada de lo arriba indicado niega que, como decía Methol 
cuarenta años atrás, de la unidad de Argentina y Brasil (aún ahora, 
pese al desmedro de la Argentina) depende la unidad americana.  Y que 
cualquier paso hacia esa unidad americana es auspicioso.  En el mismo 
correo que comentás, Julio, lo que estoy diciendo es que _si la 
pensamos chiquita le estamos pegando un tiro en la misma cuna_.

Hay que pensar en grande.  Y pensar en grande significa pensar en la 
Gran Patria Grande, no en la Pequeña Patria Grande que quiere 
terminar al borde de Curação, como si se pudiera regalar impunemente 
el campo de batalla.

Batalla habrá.  Es inexorable, no hay como evitarla salvo que 
supongamos que el imperialismo es una mera palabra hueca.  El Norte 
también existe, y es tal como lo conocemos.  Insisto: la pregunta es 
sobre dónde queremos librar la batalla, y no es ajena a la definición 
del objetivo a conseguir.  No se puede ir "paso a paso" hasta el 
final del camino si, concientemente, uno cierra el cerebro a la 
visión de la ruta entera.

2)  Breve: en cuanto a la posibilidad de "reconquistar" el trocito de 
continente que se desenvuelve entre el Bravo y el Brazos, y entre 
Mexicali y el Cabo Mendocino, soy escéptico.  Pero uno nunca sabe.  
Si llegáramos a volver a tener soberanía sobre Los Ángeles, eso sí, 
solicito una política de Estado para mantener a Uma Thurmann de este 
lado.

Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar

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"Sí, una sola debe ser la patria de los sudamericanos".
Simón Bolívar al gobierno secesionista y disgregador de 
Buenos Aires, 1822
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