[R-P] (Fwd) Exposición en el Congreso Popular en Defensa de la Educ
Nestor Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
Mie Sep 22 09:49:21 MDT 2004
Una gentileza de Ana Lorenzo>
Subject: Exposición en el Congreso Popular en Defensa
de la Educación Pública de La Rioja
Queridos amigos:
El texto que les adjunto es la desgrabación de mi participación en el
Panel de Política Educativa del Congreso Popular en Defensa de la
Educación Pública de La Rioja (13-08-2004). Contiene las
desprolijidades, imprecisiones, faltas de profundidad, urgencias y
omisiones de una exposición oral, pero está muy bien desgrabada por
los compañeros riojanos (sólo le hice retoques de puntuación y
reemplazo de términos repetidos). Además, una referencia elogiosa a
ENARSA que hice antes de conocer la "letra chica" del proyecto de ley
y que hoy, por supuesto, no haría.
Lo envío para que lo critiquen y me señalen las correcciones
necesarias.
Cariños
Ana
---------------------------------------------------------------
"AMP - Prensa" <amp_prensa en arnet.com.ar>
Congreso Popular - Panel Política Educativa - Lic. Ana T. Lorenzo
Thu, 16 Sep 2004 18:57:40 -0300
CONGRESO POPULAR EN DEFENSA DE LA EDUCACIÓN PÚBLICA
12, 13 y 14 de agosto de 2004 - La Rioja - Argentina
Panel Política Educativa
Ponencia: "Destrucción del Sistema Educativo Argentino
a once años de la Ley Federal de Educación"
Lic. Ana T. Lorenzo
Buenas tardes, compañeras y compañeros. En principio, les agradezco
profundamente la invitación a este Congreso y les agradezco también
la organización de un congreso de este tipo. Por lo tanto, es un
doble agradecimiento: el personal y el hecho de que nos hayamos
convocado tantos docentes y padres interesados por los problemas
educativos, en un momento tan peculiar y dramático que pone en riesgo
la existencia de nuestro sistema educativo como tal. Es la segunda
vez que estoy en La Rioja y les reitero mi reconocimiento por este
hecho.
En abril de 1993 se sancionaba, en medio de la oposición movilizada
de gran parte de los docentes, padres, alumnos e interesados en los
problemas de la educación, la ley 24.195, llamada "Ley Federal de
Educación". Desde antes mismo de su sanción, fuimos muchos los
pedagogos y docentes que advertíamos sobre los riesgos de la
aplicación de esta norma, que inicialmente fue sancionada en forma
casi clandestina, porque nos enteramos dos días después de su sanción
por parte del Senado de la Nación. Ya en su tratamiento en diputados,
originó movilizaciones impresionantes en todo el país en contra de
sus postulados. Once años después, tenemos que decir que nos
equivocamos en algo muy importante; nos equivocamos en la magnitud de
los daños que esta ley ocasionaría al sistema educativo en la
Argentina. Magnitud similar o comparable a aquello que nos advertían
los economistas populares, cuando en los años noventa y noventa y
uno, nos decían que, de implementarse en su totalidad el modelo
neoliberal propuesto, iba a dejar a un tercio de los argentinos fuera
del sistema productivo y social. Si uno toma las cifras del INDEC, de
octubre del 2003, resultó ser que la implementación de ese modelo,
dejó un tendal de 54% de pobres, de los cuales el 27% es indigente; o
sea que no dejó a un tercio de los argentinos afuera, dejo a más de
la mitad, casi dos tercios de los argentinos afuera. Ese error de
magnitud, que fue el único que cometieron los economistas populares,
fue también el mismo que cometimos nosotros los pedagogos: nos
quedamos cortos en advertir los riesgos de la depredación que
ocurriría con nuestro sistema educativo.
La ley federal es algo así como la foto, el producto, del estado de
la lucha social en aquel momento histórico. Es un espejo fiel de la
entonces debilidad del movimiento popular pero también es el
resultado poco feliz, por su notoria mediocridad, para el discurso
hegemónico de aquel momento. La ley federal se transformó en el
símbolo de una política educativa que no se agota en la ley ya que
probablemente esa misma política educativa se hubiera hecho con o sin
ley. Pero se hizo legalmente, por lo que se equiparó al resto de la
depredación que ocurrió en la Argentina de esos años. El gobierno de
entonces ejecutó legalmente lo que no se había animado a hacer ni la
peor de las dictaduras padecidas y, además, como pesadilla de la
historia, lo hizo en nombre del peronismo y con sus votos, haciendo
exactamente lo inverso de lo que había hecho ese mismo movimiento
nacional 40 años antes. Por lo tanto, la Ley Federal de Educación se
transformó en el símbolo de la versión político pedagógica del modelo
impuesto. Suponer lo contrario, como dicen algunos actores y
funcionarios, que la política educativa fue una brisa, o una
excepción dentro de esa política, es volver a creer en aquellos
viejos mitos de nuestra tradición pedagógica como la apoliticidad de
la educación o su supuesta neutralidad, o su aparente permanencia al
margen de los condicionantes sociales, económicas y políticos.
¿Qué quedó, once años después, del sistema educativo en la República
Argentina? Podemos definir que el sistema educativo hoy, es el
producto o el resultado, de dos procesos simultáneos, absolutamente
coherentes entre sí. Por un lado, la agudización hasta límites
inconcebibles para cualquier argentino medio, de la crisis social, de
la marginalidad y esto explica --aunque de ninguna manera justifica--
las condiciones en que hoy ingresan nuestros chicos, nuestros
jóvenes, nuestros adultos, nuestros excluidos a nuestras escuelas,
institutos y colegios. Y, por el otro lado y simultáneamente, es el
resultado también de la aplicación de la Ley Federal de Educación y
de las políticas neoliberales que tampoco fueron vernáculas.
Ensayadas todas sus fórmulas en el Chile de Pinochet, se empezaron a
aplicar por imposición de organismos internacionales de crédito en
cada uno de los distintos países de América Latina.
Podemos definir, entre muchísimas otras, diez características de este
sistema después de estos dos procesos simultáneos. En primer lugar,
es un sistema donde impera un nuevo discurso hegemónico --"discurso"
entendido en su doble significado de curso de acción y de análisis
teórico-- que ha impuesto un nuevo lenguaje. Como todos los docentes
sabemos, el lenguaje y las palabras tienen no solamente la
significación que le da el diccionario, sino el que le da la historia
y, además, el lenguaje condiciona categorías de pensamiento. Tanto en
textos académicos, como en cursos de perfeccionamiento docente, como
en resoluciones de los distintos ministerios de educación nacional y
provinciales, campea un leguaje economicista traído indudablemente de
las teorías del capital humano propias del desarrollismo sesentista.
Se nos habla "oferta educativa","demanda educativa", "gestión de la
educación", "mercado educativo", "monitoreo de la educación",
"estandarización de conocimientos". Incluso se habla de "servicio
educativo" o de "bien social", como si esto fuera la educación. Aquí
hay economistas presentes que nos podrán explicar muy bien, que un
"bien" o un "servicio" son susceptibles de ser comprados en el
mercado. Este lenguaje economicista inducido en nuestras charlas
pedagógicas, no es más que el intento --no muy sutil, por cierto-- de
incorporar la educación a los vaivenes del mercado o, como sostiene
el Banco Mundial, de "introducir mecanismos de mercado al interior de
los sistemas públicos". Este discurso privilegia la "calidad de la
educación", denominación absolutamente indefinida, que también es
tomada de la economía. "Descentralización", "equidad" en lugar de
igualdad y de justicia, "autogestión", robándonos algunas palabras
tan prestigiosas como esta última que, transformadas al servicio de
este discurso, se convierten en políticas y estrategias profundamente
reaccionarias. Al mismo tiempo que se impone este lenguaje, se
difunden propuestas por los medios de comunicación social vinculadas
a la educación, que ya forman parte de plataformas electorales de
partidos políticos como la de Domingo Cavallo en 1999 o la de
Mauricio Macri para la Ciudad de Buenos Aires en 2003. Propuestas
que, de no avanzar nosotros en frenarlas y desmitificarlas, corremos
el riesgo de que se lleguen a convertir en el sentido común educativo
de nuestros compañeros, en el sentido gramsciano del término. La
"búsqueda de nuevas fuentes de financiamiento", la "autogestión para
la democratización", "el estímulo a la competencia interinstitucional
de los establecimientos", son ideas que con mucha seducción se están
imponiendo y es necesario desmitificar.
Una segunda característica es que a veces nos preguntamos si existe
hoy un sistema, entendiendo por tal a un conjunto de instituciones
con normas y objetivos comunes. La realidad nos permite suponer que
existen tantos sistemas como escuelas. Ese viejo sistema educativo
al que nosotros tanto hemos criticado, que era tan verticalista, tan
uniforme, tan burocratizado, tan al margen de un proyecto nacional,
hoy se ha convertido en un mosaico anarquizado, desigual,
profundamente injusto, discriminador, anómico y avalorativo. Además,
ha perdido orientaciones históricas que merecían ser revisadas en su
momento pero no ser suprimidas de un plumazo, como se hizo:
desaparecieron la orientación técnica y la agrotécnica y están a
punto de seguir el mismo camino modalidades importantes de las cuales
Argentina tenía experiencia pedagógica realmente notable, como la
educación especial, la educación de adultos y la educación rural.
Una tercera característica de nuestro sistema es que se rompió la
unidad nacional. En este punto, cometimos otro error de magnitud.
Decíamos, a principios de los noventa, que corríamos el riesgo de
tener 24 sistemas educativos; yo creo que tenemos muchos más. Si uno
analiza la cantidad de estructuras en función del cambio que absurda,
injustificada y caprichosamente impuso la Ley Federal de Educación --
modificación totalmente innecesaria y que agregaba problemas nuevos--
, vemos que coexisten nueve tipos de estructuras; cada provincia ha
ido organizando una propia y se han configurado --por razones
electorales o por necesidades políticas o financieras-- nueve
estructuras. Si se investiga cómo define cada provincia la educación
básica, hay cinco maneras de definirla: para unas provincias es la
EGB1 más la EGB2; para otras, es la escuela primaria; para otras, es
la EGB completa; etc. Hay cinco definiciones de lo que se considera
educación de adolescentes y de jóvenes: en algunas jurisdicciones es
la EGB3 más el Polimodal; en otras, es la secundaria que quedó sin
tocar; en otras, es el nivel polimodal solamente. Hay seis maneras de
certificar los estudios: tres jurisdicciones certifican al terminar
la primaria (Capital Federal, Río Negro y Neuquén); Córdoba certifica
al terminar la primaria más el primer ciclo de la educación
secundaria porque ahí no hubo polimodal; otras lo hacen al terminar
la EGB y así sucesivamente. Hay nueve clases de instituciones o de
escuelas; (recuerdo que uno de los documentos del ministerio de
educación, aprobados después por el Consejo Federal, acerca de la
implementación de la estructura, preveía la coexistencia de siete
clases de escuelas o de instituciones; ¡cuánto hemos criticado en su
momento ese "paper"!) resulta que hoy, en la práctica, hay nueve
clases: hay instituciones que funcionan en dos edificios; hay
instituciones donde en un mismo edificio funciona una sola como la
EGB; hay otros lugares donde cada parte de la estructura funciona en
un edificio diferente; éste no es un tema menor porque el edificio
determina a la institución y viceversa y, además, condiciona o no las
posibilidades de desgranamiento por el desplazamiento de los chicos.
Hay 24 currículos o 24 no currículos porque cada provincia ha
elaborado o no adecuaciones a los CBC nacionales y, en la mayoría de
los casos, esa adecuación sigue siendo tan extraña a las prácticas
docentes que finalmente son las editoriales las que rellenan el
currículo; por lo tanto, no sabemos qué, cuál, cuántos currículos
existen. No hay normativas administrativas que posibiliten el pasaje
de una jurisdicción a la otra y, por supuesto, coexisten 24 salarios
docentes y 24 estatutos, tergiversados éstos en su vigencia y mucho
tememos que quedan pocos que sean respetados. Éste es el panorama de
lo que se supone debería ser la unidad nacional a la cual el sistema
educativo debería contribuir.
Ello origina la cuarta característica: las profundas diferencias en
cuanto al acceso al conocimiento en cada una de las provincias, en
cada distrito, en cada barrio y aún entre cada escuela; a tal punto
que la apropiación de conocimientos tiene más que ver, cada vez más,
con el origen social de los chicos que con la acción pedagógica de la
escuela.
Una quinta característica es la pérdida, para nosotros flagrante, de
la función educadora de la escuela; de esto se hablaba mucho hoy en
la comisión. Las escuelas, lejos de cumplir su misión específica cual
es la transmisión crítica del conocimiento, lejos de ser un centro de
aprendizaje, se han convertido en centros de asistencia social,
muchas veces en un comedor, en un ámbito de contención de chicos y
jóvenes pobres, "para que no estén en la calle"... Pero esta función
es profundamente reaccionaria porque entonces, desde la escuela,
estamos condenando a los más pobres a una pobreza más, que es la
pobreza de conocimiento, que es la pobreza de comprensión, que es la
pobreza de acceso al pensamiento crítico, con todo el peso social que
sigue teniendo hoy la escuela.
Una sexta característica es que han aparecido infinidad de problemas
nuevos, producto de estos dos procesos, sin que haya respuestas
institucionales orgánicas, ni nacionales ni provinciales, para
atenderlas. La agudización de los problemas de violencia escolar, la
drogadicción... El egresado que se certifica cuando los docentes
somos conscientes de que no deberíamos estar certificando un egreso
porque no ha logrado asumir los contenidos mínimos de ese nivel. Un
nuevo tipo de desertor escolar: ese chico o ese joven que no es que
no va más a la escuela como era el desertor clásico; sino el chico
que va una o dos veces a la escuela, que va a comer, que va a estar
en la escuela, pero que no va estar en la escuela aprendiendo;
seguramente las cifras oficiales no van a mostrar esto porque nadie,
ningún maestro en su sano juicio, lo va borrar del registro; pero
éste es un nuevo tipo de desertor escolar al cual hay que estudiar
porque es un fenómeno totalmente nuevo de la década de los noventa.
Una séptima característica es que se agudiza la contradicción entre
los valores escolares, los que la escuela como institución transmite,
y los valores dominantes en la sociedad. Frente al facilismo que
transmiten los medios de comunicación y que campea como resultado
ético del neoliberalismo, la escuela sigue enseñando el valor del
esfuerzo, de la responsabilidad, del compromiso; terca y felizmente
los sigue enseñando con lo cual se transforma en una institución
contradictoria con el resto de la sociedad. Frente al espíritu de
"zafar", frente a la indiferencia y a la falta de compromiso nacional
y social, la escuela tozudamente sigue izando la bandera todos los
días y sigue enseñando ese valor tan "demodeé" que es la patria. ¡Qué
sería de nosotros sin la escuela que todavía sigue transmitiendo esos
valores! Frente el exitismo, al individualismo y a la competencia
individual --valores personales fundantes del modelo neoliberal-- la
escuela sigue enseñando, terca y felizmente, la solidaridad, la
cooperación. La maestra jardinera le sigue diciendo al nene: "No
traigas un alfajor, porque no se puede compartir --en los casos en
que la maestra todavía puede pedir a los chicos que traigan algo--;
traé galletitas, porque las ponemos todos juntos en un plato y
entonces todos comemos de las galletitas que traen todos". No es
menor que una maestra jardinera haga esto; está anunciando un nuevo
tipo de sociedad más solidaria y más cooperativa. La escuela sigue
transmitiendo estos valores, quizá como la única institución que lo
hace, con lo cual se convierte en algo muy molesto para el conjunto
de la sociedad y de los medios de comunicación.
Al mismo tiempo, la escuela sigue siendo la institución más
demandada: es la culpable aparentemente de todas las cosas que pasan
pero a la que, sin embargo, siempre se recurre. Si los chicos no
"saben", la culpa la tiene la escuela; si los chicos no saben leer,
la culpa la tiene la escuela; si no saben hablar, la culpa la tiene
la escuela; si hay problemas de tránsito, la escuela no enseña
educación vial; si hay problemas de sida, la escuela tiene que servir
para controlarlo; si hay cólera, la escuela tiene que enseñar a
combatirlo. Pero la escuela no puede hacer lo que el conjunto de la
sociedad no hace; la escuela sola no puede estimular el interés por
la lectura cuando el conjunto de la sociedad hace todo lo contrario.
La escuela sola no puede enseñar a hablar bien cuando los modelos de
los chicos, que son los locutores de televisión y los funcionarios
que recorren los medios, no saben construir una oración en la que
concuerden el sujeto y el predicado. Sigue siendo la escuela, a pesar
de todo, la única que, con todo en contra, sigue intentando que algo
de ese conocimiento llegue a los sectores populares. Porque si no
hace eso la escuela, el conocimiento también se transforma en una
mercancía susceptible de ser comprada por algunos en el mercado.
Una octava característica es la desaparición o el franco desprestigio
de la didáctica como disciplina formadora de docentes. Uno puede leer
documentos enteros del Banco Mundial e incluso de la otrora
prestigiosa UNESCO, sin que aparezcan las palabras didáctica y
pedagogía ni de casualidad. Tampoco forma parte de la formación de
docentes la reflexión político-educativa; conocemos muchos chicos
recién egresados de los institutos terciarios que no han leído
críticamente la Ley Federal de Educación.
Una novena característica es la anarquía de la función docente. Cada
provincia no sólo tiene salarios distintos sino hasta denominaciones
diferenciales a funciones que son similares. Por la aplicación de la
reforma, se han creado nuevas funciones dentro del escalafón, no
previstas; ello ha dado pie a que una vieja conquista como fue el
estatuto haya sido tergiversada y, en muchas jurisdicciones, hoy
vuelven a ser designadas a dedo muchas de estas nuevas categorías
creadas por la nueva estructura.
Finalmente --estos son datos contundentes por lo numéricos--, once
años de aplicación de la Ley Federal de Educación, provocaron la
inmutabilidad de los indicadores cuantitativos -- como decían los
sociólogos en los ochenta-- y la agudización de los indicadores
cualitativos. Dos ejemplos. En el censo de 1991, teníamos
aproximadamente 850.000 analfabetos puros; según el censo de 2001,
tenemos 770.000 analfabetos puros; es decir, en diez años sólo hemos
alfabetizado a 80.000 argentinos. En 1991, por primera vez en un
censo nacional, se medía el máximo nivel de escolaridad alcanzado
por la población; la proporción de habitantes mayores de 15 años que
sólo tenía, como máximo nivel alcanzado, primaria incompleta,
primaria completa y secundaria incompleta --lo que María Teresa
Sirvent, una gran investigadora de la educación, denomina "población
en riesgo educativo"--, esas tres categorías juntas sumaban el 73% de
la población. En el censo de 2001, entre los que sólo tienen primaria
incompleta, primaria completa y secundaria incompleta, tenemos el
66%, o sea que sólo se redujo en un 7% en once años de aplicación de
la autodenominada transformación educativa. Para que quede claro:
sólo el 24% de los habitantes mayores de 15 años tienen nivel
educativo secundario completo o más.
Me gustaría señalar, a continuación, qué cosas logró esta
transformación educativa de las que se propuso. En primer lugar, lo
que sí logró y frente a lo cual tenemos que estar muy atentos, es la
imposición de este nuevo discurso economicista y admnistrativista de
la educación, pero profundamente político. En segundo lugar, logró
que, por lo menos en los medios de comunicación y en una parte del
discurso académico, se consideren casi sinónimos "educación pública"
con "educación para los pobres"; éste es un objetivo muy caro al
Banco Mundial, que sostiene que el estado tiene una gran obligación
en educación: el estado sólo se tiene que ocupar y preocuparse de la
educación de los muy pobres porque "de los un poco menos pobres ya se
puede ocupar el mercado". Y el Banco Mundial afirma que el estado se
tiene que ocupar de la educación de los pobres, no porque quiera
resolver su situación de pobreza, sino --y esto es textual--, "para
evitar la conflictividad social". Me parece que, en el discurso de
todos los días, ya estamos aceptando --y esto es muy grave,
compañeros-- que la educación pública sea la educación para los
pobres. Si nos resignamos a esto estaremos tergiversando, no lo peor
de nuestro sistema educativo tradicional, sino precisamente lo mejor,
que era su vocación igualitaria; esa escuela donde íbamos todos: yo
que soy hija de inmigrantes, mis amigas que vivían en un conventillo
a la vuelta de mi casa, el hijo del dentista que vivía en la
esquina...; porque la escuela era capaz de sintetizar las diferencias
socio-culturales de origen. Esa escuela, ya se está logrando el
objetivo de que brinde una educación para pobres. Por eso es una
escuela que no enseña, porque los pobres alcanza con que coman y, a
veces, ni eso; porque si los pobres aprenden, puede ser que empiecen
a aprender cómo se transforma la sociedad y eso puede ser muy grave
para el poder hegemónico.
¿Que logró esta política neoliberal? Hacer este caos con la
estructura; varios advertíamos al principio que era lo más grave para
el sistema educativo y lamentamos profundamente no habernos
equivocado. Logró establecer también en el discurso y en las
prácticas docentes, a la evaluación externa como un método de
evaluación de los sistemas educativos, otra de las banderas tan caras
al Banco Mundial. Logró sobredimensionar el funcionamiento del
ministerio de educación. Logró desvalorizar ante la opinión pública
el trabajo docente; incluso algunos docentes nos hemos creído que es
cierto que no sabemos nada y que es cierto que tenemos que volver a
aprender todo. Siempre podemos aprender mucho más pero si, a pesar de
estas condiciones sociales, logramos --como dicen las evaluaciones
tan famosas-- que nuestros chicos comprendan el 50% de lo que leen,
en estas condiciones salariales, con estas condiciones de trabajo,
con las condiciones en que vienen nuestros chicos a la escuela, con
los medios de comunicación en contra, creo que eso demuestra que algo
sabemos, porque somos capaces de que nuestros chicos comprendan el
50% de lo que leen.
Hay que señalar que ni siguiera lograron cumplir sus escasas y tibias
buenas promesas, las dos o tres cuestiones por las cuales podríamos
haberles perdonado un poquito a los que hicieron la transformación
educativa. No lograron universalizar el nivel inicial de 5 años, cuya
obligatoriedad está en la ley. No sólo no lo lograron, sino que no se
lo propusieron: ninguna jurisdicción ha garantizado la obligatoriedad
de la sala de 5 años y ninguna exige el certificado de haberlo
cumplido para ingresar a primer grado. En segundo lugar, ninguna
jurisdicción garantizó la obligatoriedad de la EGB y, en aquéllas
donde se estableció la obligatoriedad de la secundaria, como Capital,
o del polimodal, como en la provincia de Buenos Aires, se ha cumplido
muchísimo menos. Y, en tercer lugar, tampoco pueden esgrimir como
realidad la promesa magra, pero promesa al fin, del financiamiento
que establecieron los artículos 61º y 62º de la Ley Federal, que
consistía en duplicar el presupuesto en cinco años o duplicar el
porcentaje del PBI destinado a educación; ninguna de las dos
variantes se ha cumplido; peor aún: se ha recurrido a préstamos del
BID y del BM, para financiar programas y programitas, proyectos y
proyectitos, que engrosaron la deuda externa y que no sabemos en qué
medida.
Finalmente, compañeros, creo que hay que reconocer que, gracias a
nuestra resistencia, no pudieron lograr otras cosas que sí se
proponía el neoliberalismo. En primer lugar, no han logrado, aunque
lo permite la Ley de Educación Superior, arancelar la universidad
argentina; no lo han logrado, pero vienen por eso. No han logrado
introducir totalmente mecanismos de mercado en la educación ni
tampoco en la educación superior; pero vienen por ello. No han
logrado municipalizar el sistema educativo ni han logrado todavía
hacer pie con su prédica tramposa de "autogestión" de la educación;
escuelas "charter" hay sólo en una provincia y acá, en La Rioja hay
una sola; no van a poder avanzar. Tampoco han logrado imponer los
Contenidos Básicos Comunes, esos redactados por "expertos" como
Martínez de Hoz y Carlos Moyano Llerena, que figuran en la
publicación oficial como habiendo sido consultados; porque felizmente
los maestros los tienen como un adornito en el armario, porque se
resisten a aplicarlos; antes los vamos a anular. Y tampoco han
logrado, compañeros, a pesar de que lo han intentado, terminar con el
Estatuto del Docente. Quiere decir que "no todo está perdido;/ yo
vengo a entregar mi corazón" --decía Fito Páez--, porque algunas
cosas no han podido hacer.
Yo quería terminar esta última parte --sospecho que me he excedido de
tiempo; me dijeron que se iban a enojar mucho si me excedía; pero,
con el permiso de ustedes, quería terminar-señalando, a mi criterio,
cuáles serían las cinco cuestiones político-educativas más
importantes por las cuales tendríamos que pelear hoy. Debo señalar,
con total honestidad, que este gobierno ha producido importantes
quiebres y rupturas frente a la herencia recibida del menemismo y del
gobierno de la Alianza. Sin embargo, esos quiebres no han sido los
mismos en educación y lo digo con profundo dolor. Me pregunto: si se
quiso y se pudo anular las leyes de Punto Final y de Obediencia
Debida, ¿por qué no se quiere derogar la Ley Federal de Educación y
la Ley de Educación Superior? Se ha cambiado la Corte Suprema de
Justicia y esto los argentinos lo hemos aplaudido; pero no han
cambiado los tecnócratas que hicieron la transformación educativa, ni
en el ministerio nacional ni en los ministerios provinciales. Se ha
creado ENARGAS, por ejemplo, una empresa propia nacional, que permite
atisbar la posible recuperación de nuestro patrimonio entregado
vilmente; pero no se intenta recuperar la especificidad de nuestra
escuela primaria y secundaria. Se ha tomado la decisión histórica de
no reprimir la protesta social; pero no se convoca a construir la
pedagogía nacional. Me parece, compañeros, que este momento podría
significar un hito fundacional en la educación argentina, porque el
consenso de repudio hacia la herencia recibida es total. Pero no se
están emprendiendo ni siquiera las cinco políticas que, a nuestro
entender, son prioritarias y urgentes.
La primera es abandonar y desechar definitivamente las lógicas
político-educativas neoconservadoras, empezando por el lenguaje, y
recuperar el concepto de educación como derecho social, como
necesidad colectiva y como recurso estratégico. En segundo lugar,
recrear un nuevo estado docente; esta expresión la tomo del proyecto
de Ley de Educación venezolana, que tiene ya media sanción en las
cámaras. De paso, estamos muy ansiosos para que la Revolución
Bolivariana este domingo tenga un apoyo popular que no dudamos va a
tener (aplausos). La política educativa de Venezuela es una de las
razones por las hay que apoyar la continuidad del presidente Chávez.
En medio del avance del rol subsidiario del estado, esta ley --fue
presentada antes del intento de golpe de estado-- definía para
Venezuela el rol de un "nuevo estado docente"; realmente nos conmovió
esta definición. Hay que reemplazar las concepciones neoliberales por
la recreación de esa vieja y sabia consigna de una educación
nacional, popular, democrática; que forme la conciencia nacional y
latinoamericana de nuestros chicos, que incorpore todos los sectores
sociales al sistema y que sea ejercicio de democracia.
Una segunda cuestión que, a mi criterio, es urgente, es desandar-
deshacer-desarticular la herencia neoliberal. Hay que recuperar la
especificidad de la escuela primaria y la secundaria; es
absolutamente imposible continuar con este mamarracho, que es la
única y más precisa definición académica que se me ocurre de la EGB y
del Polimodal, que ya desde el texto de la ley era absolutamente
ahistórica. Por supuesto, hay que hacerlo con consenso, sin traumas y
paulatinamente; esto es un punto a discutir, porque yo sé que hay
muchos compañeros que se niegan a recuperar esta especificidad por
temor a perder derechos adquiridos. Pero hay que medir qué es más
costoso para la sociedad: si mantener esta absurda EGB, que prolonga
artificialmente la infancia, que genera instituciones
cuantitativamente más grandes, con infinidad de problemas imposibles
de resolver, o reconstruir la especificidad de primaria y
secundaria. Ya se hizo en otros países como España que, antes de
anular la estructura idéntica a la nuestra de la Ley Federal y
heredada del franquismo, en 1990 publicó un libro explicando por qué
había que hacerlo; quienes lo habíamos leído lo difundíamos, pero los
que implementaron la ley se negaron no sólo a escucharnos a nosotros,
que no hubiera tenido la más mínima importancia; se negaron también a
leer correctamente esa experiencia española. Recuperar la
especificidad de la primaria y la secundaria implica reorganizar
integralmente el nivel secundario, institucional y pedagógicamente,
tendiendo a su obligatoriedad y recuperando orientaciones históricas,
no con la misma división artificial del bachillerato tradicional
sino, por ejemplo, con el ciclo básico unificado que fue una
propuesta que desarrolló Beatriz Santiago, cuando fue directora de
enseñanza media cuando Adolfo Stubrin, compañero hoy de panel, fue
subsecretario; interesantísima experiencia que no fue tenida en
cuenta posteriormente. Hay que evaluar otras experiencias anteriores
porque para los funcionarios que hicieron la reforma la historia
empezó con ellos, la historia no existía. Y, por supuesto, hay que
reemplazar los CBC, hay que nacionalizar la formación docente y hay
que derogar la Ley Federal de Educación y la Ley de Educación
Superior, aunque esto va a ser una consecuencia de nuestra capacidad
de organización y de prédica (aplausos).
Termino cablegráficamente. En tercer lugar, hay que reconstruir la
unidad nacional en la estructura, en los objetivos y en los fines; el
sistema debe ser lo suficientemente unificado como para que garantice
la unidad nacional y lo suficientemente diversificado como para que
tenga en cuenta las características socio-culturales de cada
provincia en particular. Una cuarta cuestión: hay que recuperar la
función educadora de la escuela, hay que repensar una pedagogía
nacional, hay que analizar cómo son hoy nuestros chicos, cómo
aprenden, cómo son nuestras distintas culturas y, en quinto lugar,
hay que recuperar la especificidad del trabajo docente, hay que
volver a convertir al docente en un trabajador intelectual, que forme
conductores, que esté actualizado en su disciplina y que esté en
condiciones de analizar la realidad socio-cultural en la cual está
inmerso.
Compañeros, somos profundamente esperanzados. Hemos logrado que, a
once años de su vigencia, la Ley Federal de Educación no se aplique
en su totalidad. Depende de nosotros, de nuestra reflexión consciente
que seamos capaces de superarla.
Quiero terminar con una frase de José Martí que dice: "De pensamiento
es la guerra mayor que se nos hace; a pensamiento hemos de ganarla".
Muchas gracias a todos.
La Rioja, 13/08/04 - 15:30 hs.
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"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace:
ganémosla a pensamiento". José Martí.
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Saludos cordiales.
Ana T. Lorenzo.
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Néstor Miguel Gorojovsky
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