[R-P] El Presidente Kirchner en las Naciones Unidas.
Julio Fernández Baraibar
juliofernandezbaraibar en alternativagratis.com.ar
Mie Sep 22 08:55:19 MDT 2004
Frente de Unidad PeronistaPor gentileza del Boletín del Frente de Unidad
Peronista.
Julio Fernández Baraibar
fernandezbaraibar en yahoo.com.ar
PALABRAS DEL PRESIDENTE NÉSTOR KIRCHNER EN LA ASAMBLEA GENERAL DE LAS
NACIONES UNIDAS
Señor Presidente:
Deseo para comenzar, expresar mis felicitaciones por su elección para
presidir estas deliberaciones y saludar al Presidente saliente, Sr. Julian
R. Hunte, por su labor al frente de esta Asamblea.
Quiero también reiterar el reconocimiento a la labor en favor de la paz y el
multilateralismo que desarrolla el señor Secretario General Koffi Annan.
Venimos desde el Sur a renovar nuestra determinación de participar
activamente en la acción de las Naciones Unidas en favor de la paz, la
promoción del desarrollo económico y social sustentable y la erradicación
del hambre y la pobreza.
Mi país agradece aquí el endoso del Grupo Latinoamericano y del Caribe
donde está naciendo el grupo regional en el Consejo de Seguridad como
miembro no permanente para el período 2005-2006.
La República Argentina reafirmará allí la voluntad de promover consensos,
orientados al fortalecimiento del derecho internacional, la paz y las
seguridades internacionales. Estos son valores que asociamos a la democracia
representativa, el respeto de los derechos humanos, a un sistema de comercio
mundial equilibrado, a una mejor distribución de los beneficios de la
globalización y a una democratización del sistema de decisiones en los
organismos internacionales.
Naciones Unidas debe fortalecer y avanzar en torno a la generación de
procedimientos válidos para garantizar la paz y la seguridad a nivel
mundial. El informe del Grupo Alto Nivel sobre las amenazas, los desafíos y
el cambio, puede ser clave en tal sentido. Sus propuestas tendrán que ser
debidamente debatidas y consensuadas para fructificar en decisiones
concretas que reflejen y respondan a las diversas perspectivas e intereses
de todos los Estados miembros.
Estamos convencidos de que no existe alternativa aceptable a la acción multi
lateral; sólo el debate colectivo y el consenso de una mayoría de países,
puede asegurar una acción genuina. La única legitimidad para el uso de la
fuerza, debe provenir de las decisiones del Consejo de Seguridad.
En virtud de ello, apoyamos los esfuerzos por dotarlo de una mayor
transparencia y participación de la comunidad internacional en sus
decisiones, sin que ello signifique aumentar los privilegios existentes y el
establecimiento de nuevas categorías.
La acción del Consejo debe ser innovativa y expresar la voluntad política de
la comunidad internacional sin perjuicio de reconocer que siempre la
responsabilidad primaria en evitar los conflictos descansará en las propias
partes involucradas.
Condenamos con firmeza a los actos del terrorismo internacional y sus
delitos conexos que tan profundas huellas han dejado en la memoria del
pueblo argentino y de otras naciones del mundo asignándole la máxima
prioridad. En este combate al terrorismo, resulta imprescindible una activa
participación y colaboración de toda la comunidad internacional basada en el
respeto al Derecho Internacional.
Existe una necesaria vinculación entre el respeto a los derechos humanos y
la lucha contra el terrorismo y debe preservarse el equilibrio entre la
defensa que el Estado debe realizar y el respeto de los derechos humanos. Es
central para afrontar con éxito al terrorismo, contar con legitimidad en la
respuesta y respaldo de la opinión pública internacional. Es necesario
entender que esta lógica importa ubicar esta lucha en una dimensión que
excede la reacción puramente militar y preponderantemente unilateral.
Desde nuestra perspectiva, las amenazas contemporáneas a la paz provienen
tanto de la acción criminal del terrorismo como de la proliferación de armas
de destrucción masiva, de las violaciones masivas a los derechos humanos
como de la ausencia de la participación política democrática. Pero la
estabilidad y la seguridad se ven también afectadas por el hambre y la
pobreza extremas, por la exclusión social, la ignorancia y el analfabetismo,
por la propagación de enfermedades y epidemias y por el daño irreversible al
medio ambiente.
Por lo tanto, entendiendo que la paz y el desarrollo se refuerzan
mutuamente, debemos trabajar en un marco multilateral que promueva sistemas
económicos nacionales e internacionales basados en los principios de la
justicia, equidad, democracia, participación, transparencia, responsabilidad
e inclusión social.
Nuestro compromiso con la paz y la consolidación de la democracia en el
mundo, demanda de acciones decididas que nos permitan combatir el hambre, el
analfabetismo y la enfermedad, que implican una pérdida efectiva de
autonomía y dignidad de las personas y obstaculizan el ejercicio pleno de la
ciudadanía.
En junio de 2005, la Tercera Reunión Americana de Ministros de Salud y
Ambiente, que estamos preparando, trabajará en la evaluación del
cumplimiento de los objetivos del desarrollo del milenio en la región y
presentará sus conclusiones en la Cumbre de Jefes de Estado de las Américas
que se llevará a cabo en la Argentina en noviembre de 2005.
Sabemos que los problemas vinculados con la desigualdad y la pobreza no
podrán resolverse con políticas sociales sólo de carácter asistencial. Aún
cuando los planes y programas de asistencia constituyen un recurso
necesario, debe evitarse la consolidación de sociedades divididas entre
quienes tienen trabajo y quienes son asistidos.
En ese marco, es preciso otorgar al trabajo un lugar central en la agenda
internacional, vinculándolo con los atributos de libertad, justicia,
seguridad y protección, habida cuenta de su carácter de principal vehículo
de integración social. El crecimiento económico es una condición
indispensable y necesaria pero no suficiente para enfrentar las elevadas
tasas de desocupación, informalidad y precariedad laboral que aquejan a
nuestras sociedades.
Desde el pasado reciente en que muchos de nuestros países vivimos períodos
de altos crecimientos con bajas tasas de generación de empleo, alta
concentración del ingreso y un significativo aumento en los índices de
pobreza e indigencia, es una clara evidencia del error que encierra el mito
de que al crecimiento le sigue un derrame inevitable. Por lo tanto, es
preciso articular políticas activas que, al tiempo que propicien el
desarrollo de los negocios y la inversión productiva, tengan como objetivo
prioritario la generación de trabajo decente en el marco de un nuevo
paradigma que dote a las transformaciones económicas de un fuerte contenido
ético. El trabajo decente constituye el instrumento más efectivo para
asegurar un marco de progreso material y humano y debe constituirse en una
meta de la próxima década en la comunidad internacional.
Las condiciones institucionales propicias para la generación del empleo, son
sin duda múltiples y varían de acuerdo con los contextos específicos de cada
país. Sin embargo, en los países en desarrollo, la capacidad de los
gobiernos democráticos para dar respuesta a los legítimos reclamos de
generación de empleo por parte de la sociedad, se ven condicionados por las
medidas proteccionistas que limitan el intercambio comercial, especialmente
en el sector agrícola.
El mundo desarrollado gasta en subsidios a su producción más de 300 mil
millones de dólares anuales; esa cifra supera en seis veces la ayuda directa
que destinan a los países pobres. Los países más pobres pierden casi 40 mil
millones por año por el proteccionismo agrícola de los países desarrollados.
El mundo y esa actitud de los países desarrollados, debe cambiar para que de
ese modo se pueda impedir que los acontecimientos sigan el actual rumbo
perverso.
No existe sistema político ni plan económico que pueda tener sustentabilidad
mientras subsistan los actuales niveles acuciantes de pobreza y desigualdad.
Esto no es algo que vaya a favorecer a un grupo de países, va a favor de la
paz y de la seguridad en el mundo. Se suma a lo apuntado, el problema del
excesivo peso del endeudamiento externo, el actual diseño de la arquitectura
financiera internacional y el papel de los organismos multilaterales de
crédito.
La década del 90, con excesos financieros a escala global, dio lugar a la
expansión de deudas sobredimensionadas en un alto número de países. Para el
desarrollo de esos países y para el propio sistema financiero internacional,
será importante incorporar de manera expresa el concepto de que el
crecimiento económico es la variable central y decisiva en lo que hace a la
capacidad de pago y a la sustentabilidad de las deudas.
Durante las últimas crisis financieras internacionales, los organismos
multilaterales de crédito exhibieron una serie de fallas en la resolución de
las mismas. Las soluciones propuestas generaron un efecto contagioso en
otros países, lo que magnificó internacionalmente el crecimiento del hambre
y la pobreza.
El caso de la Argentina resulta paradigmático. Después de aplicar durante la
década de los 90 las recetas aconsejadas por los organismos financieros
multilaterales, el país sufrió una crisis financiera todavía no totalmente
resuelta.
En 2002, el Fondo Monetario Internacional incurrió en una severa
equivocación en el diagnóstico de la misma lo que lo llevó a cometer
importantes errores de pronósticos y recomendaciones de políticas
inadecuadas. A partir de nuestra experiencia más reciente y las de otras
crisis de endeudamiento, podemos concluir que hubo que dar mayor margen de
acción a las autoridades nacionales. Se requiere establecer una relación
diferente con el FMI priorizando una solución consistente con la capacidad
de pago del país y sostenible en el mediano y largo plazo que preserve los
principios de equidad, justicia social, lucha contra la pobreza, el hambre y
la desocupación.
Debemos promover la reformulación de los puntos de contabilidad fiscal entre
la mayoría de los países y, sobre todo, los organismos financieros
internacionales, con la finalidad que las inversiones en infraestructura no
sean consideradas como gastos corrientes para fines de cálculo de los
superávit primarios. Sabemos que los superávit fiscales obtenibles son
requisitos para estabilizar las economías y preservar las obligaciones con
la comunidad financiera internacional, pero debe entenderse que no cualquier
superávit es defendible.
Cuando los superávit se logran merced a la eliminación de inversiones en
infraestructura física o social, se afecta de tal modo la posibilidad del
sustento político y de crecimiento que termina por hacerse de algo virtuoso
un instrumento de desequilibrio negativo para el país y negativo para el
sostenimiento global de la economía.
Del drama de los países sobreendeudados, puede concluirse que las recetas
únicas, con pretensión de ser universales y aplicables bajo cualquier
circunstancia, tiempo y lugar, resultan ser sólo aproximaciones ideológicas
a cuestiones concretas que sólo pueden ser resueltas con realismo,
flexibilidad y actitudes proactivas.
Nos hacemos cargo de la adopción de políticas ajenas que nos llevaron al
peor de los mundos, pero no basta con la simple aceptación por parte de los
organismos multilaterales de crédito respecto de su error al aconsejarlas,
exigirlas y apoyarlas. Se hace necesario un urgente, fuerte y estructural
rediseño del Fondo Monetario Internacional para que pueda prevenir crisis y
ayudar a su solución, cambiando el rumbo que lo llevó de prestamista de
fomento a acreedores con demandas de privilegio.
De otro modo, sólo contará con la capacidad para reclamar teóricas reformas
estructurales, sobre cuyos resultados nadie garantiza nada para seguir luego
su sucesión de constantes autocríticas.
Mientras tanto, en estos países se incrementará la desigualdad a causa de la
aplicación de esas reformas y se derramarán lágrimas y pobrezas para los
millones de excluidos que esas reformas crean. Ellos harán su mea culpa y
nosotros veremos crecer la cantidad de pobres si les volvemos a hacer caso.
Por eso decimos que los que más reformas estructurales necesitan son esos
organismos internacionales de crédito.
En otro orden, apoyamos con decisión las operaciones de mantenimiento de la
paz que establecen las Naciones Unidas por medio de los organismos
pertinentes. Durante este año hemos duplicado el personal militar y policial
acreditado en misiones de mantenimiento de la paz contando en la actualidad
con efectivos argentinos en ocho de las dieciséis operaciones existentes.
La reciente creación Misión de las Naciones Unidas en Haití, reviste una
particular trascendencia. Se trata de la única misión establecida por el
Consejo de Seguridad que hoy tiene lugar en suelo americano. La región
asumió el compromiso de ayudar al país más pobre de América a retornar al
camino del crecimiento y la libertad y garantizar la vida democrática como
mecánica idónea para asegurar la dignidad, el desarrollo económico y social
y el pleno respeto de los derechos humanos.
En este marco, la Argentina reafirma su posición de principio basada en el
respeto universal de los derechos humanos y al derecho internacional
humanitario. La historia de la Argentina explica la firme posición de mi
Gobierno en una cuestión que constituye a estas alturas parte de su
identidad como nación democrática.
Las disputas internacionales deben ser resueltas por medios pacíficos. Las
Naciones Unidas han establecido, mediante distintas resoluciones de esta
Asamblea General y de su Comité de Descolonización, que la cuestión de las
Islas Malvinas, Georgia del Sur y Sandwich del Sur, constituyen una
situación colonial especial que debe ser resuelta mediante negociaciones
bilaterales entre mi país y el Reino Unido. El Comité de Descolonización se
ha pronunciado reiteradamente en ese sentido y mucho valoramos su acción a
favor de la búsqueda de una solución de esta cuestión.
Deseamos reafirmar una vez más la permanente disposición de nuestro país a
alcanzar una solución justa, pacífica y duradera de esta disputa de
soberanía que constituye una cuestión de la mayor trascendencia para el
pueblo argentino.
Exhortamos al Reino Unido a dar pronto cumplimiento al llamado de la
comunidad internacional y a reanudar estas negociaciones. En el marco
austral, nos comprometemos a proteger los intereses de la comunidad
internacional en la Antártida asegurando que todas las actividades que allí
se desarrollan sean compatibles con el Tratado Antártico y con el Protocolo
de Madrid sobre la preservación del medio ambiente.
El establecimiento de la Secretaría del Tratado Antártico en la ciudad de
Buenos Aires, es ya una realidad. Agradecemos a quienes siempre apoyaron a
la Argentina para esta designación que, sin duda, contribuirá a la
consecución de los principales objetivos del sistema del Tratado Antártico.
Como Estado amante de la paz y comprometidos con el multilateralismo, la
Argentina tradicionalmente ha apoyado la solución de controversias mediante
la negociación y el diálogo conforme a los criterios de equidad y justicia.
En este sentido, nuestro país respalda plenamente el logro de una paz
estable y duradera en Medio Oriente fundada en el inalienable derecho a la
libre determinación del pueblo palestino y a un Estado independiente y
viable al mismo tiempo que apoyamos el derecho de Israel a vivir en paz con
sus vecinos dentro de las fronteras seguras e internacionalmente
reconocidas.
Esperamos que las partes reinicien las negociaciones con vistas a solucionar
sus diferencias y den cumplimiento a lo que respectivamente les estipula la
hoja de ruta, plan que la Argentina, junto a la comunidad internacional,
considera como proceso más idóneo para llegar a la paz definitiva y justa en
la región.
La República Argentina impulsa la realización de los objetivos sobre la
reducción del hambre y la pobreza, el suministro de agua potable y servicios
sanitarios, que también fueron temas centrales de la Cumbre del Desarrollo
Sostenible realizada en Johannesburgo al cumplirse diez años de la
Conferencia de Río de Janeiro.
La protección de la atmósfera es materia de nuestra especial preocupación,
no solamente en lo que se refiere a la capa de ozono, sino también en todas
las acciones necesarias para mitigar el cambio climático y contribuir a
facilitar la adaptación a los cambios que ya se están produciendo y se
encuentran en la raíz de los eventos metereológicos extremos que afligen en
especial a los países en desarrollo.
En este contexto, en esta preocupación y convencidos de la conveniencia de
la pronta entrada en vigor del Protocolo de Kioto, hemos invitado a realizar
en Buenos Aires la Décima Conferencia de las Partes en el convenio marco de
las Naciones Unidas sobre el cambio climático con la intención de ayudar a
dar fuerte impulso a los esfuerzos concertados de adaptación. Espero recibir
y agasajar a las delegaciones de sus gobiernos en ese evento de alto nivel
que tendré el honor de inaugurar en Buenos Aires.
Por eso, llamamos desde esta reunión de las Naciones Unidas a tener la
fortaleza, el coraje y la decisión de construir un mundo en paz y en
justicia y evitar el funcionamiento de normas absolutamente inequitativas
como muchas veces pasa en los propios organismos multilaterales de crédito
que se terminan convirtiendo en problemas durísimos para muchísimas naciones
del mundo y para el crecimiento de la pobreza.
Muchísimas gracias.
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