[R-P] (recomendado) Reunirse, amucharse, juntarse, organizarse - E.F.Huidobro

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Lun Sep 20 14:41:02 MDT 2004


Este es el cierre de un Oriental de Ley, llamando a la
victoria. Así se hace.!!!!  

Otra joyita de Eleuterio F.Huidobro.

    "Hermanas y hermanos: vamos a construir detrás de
las estrellas un amanecer de mil antorchas y cien
soles. Hay que soplar en los carbones de la fragua; es
la hora de los hornos y las  bordonas ardientes de
cien mil guitarras. 
 La patria necesita que su bosque de tambores convoque
repicando la esperanza, en su más grande y mejor
llamada.   
Tenemos que sacar el sol del pecho.  
Del horno está brotando aroma de pan bien hecho.  
Falta poco: pero todavía falta."
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“Reunirse, amucharse, juntarse, organizarse” 

La historia de este pueblo muestra pocos momentos
(decisivos, cruciales…) en los que se produjera una
convocatoria nacional.  

El primero fue la sublime desobediencia de las mujeres
en 1811 cuando, desacatando la orden de Artigas que
les pedía quedarse en casa, le prendieron fuego a sus
ranchos y cargando en caballos y carretas a los niños
y a los viejos, se fueron en larga caravana al exilio,
arriando a los pocos animales domésticos disponibles. 
  
  
Sacudir la coyunda 

El crudo ejército artiguista perplejo de indios,
negros y gauchos, tuvo que suspender sus operaciones
militares ante la invasión extranjera y custodiar con
su bosque de tacuaras ambulantes aquel trémulo nidal
en marcha. 
Como en un pesebre, en aquel larguísimo convoy de
lentísimas carretas, las mujeres parían a la patria.
Sin saberlo y absolutamente gratis, como se crean las
mejores cosas del mundo. Muy gratis. 
Eso no lo podrán entender jamás los fariseos de las
Cuentas. Las almas monetarias. Los corifeos de la
Pérdida, los sofistas de la Ganancia, los apóstoles de
la Eficiencia ni los Sumos Sacerdotes de la Caja. Es
inútil: no pueden comprender la ineficacia de un ser
recién nacido ni menos la utopía honda del profundo
beso que lo hizo. Mucho menos el “trabajo” impago de
gestar y parir. 

Después hubo otras convocatorias nacionales pero
pocas; la mas reciente fue la “salida” de la
Dictadura, cuando bastaba golpear una cacerola para
que tras el sonido se formaran columnas de pueblo
proveniente de todos los partidos en pos de un solo
gran punto programático: recuperar la libertad
perdida, sacudirse del cuello la coyunda, derribar la
Dictadura. 

Fue un momento histórico desperdiciado, porque su
pujanza multicolor y multitudinaria podía haber
impuesto también, y por fin, los cambios que el país
necesitaba. Es hoy harina de otro costal discutir eso
pero lo cierto es que todavía seguimos peleando por
esos cambios imprescindibles, inevitables e
impostergables. 

Como en 1811 y 1980: salvar la patria saqueada y
olvidada 

Decimos todo eso porque ahora, cuando la Nueva Mayoría
crece y crece mucho, todos buscan explicaciones. Y
tengo para mí que la única posible ante tanto aluvión
de gente convocada es que estamos, ni más ni menos,
ante otra gran convocatoria nacional de la estatura
reseñada. 

Esta vez no es para crear patria ni tampoco para
recuperar libertades conculcadas. Ahora se trata de
salvar aquella patria. Saqueada, envilecida, olvidada.
Perdida y comprometida por lustros de alevosía,
frivolidad, irresponsabilidad y entreguismo. 
El compromiso político esencial llamado República
Oriental del Uruguay está en tela de juicio. Como lo
estuvo antes de nacer y después de nacido varias
veces, pero nunca tanto como ahora.  
A los desastres evidentes de ese reciente pasado se
agregan los desafíos del presente y del futuro,
pautado por cambios planetarios que requieren en el
timón que nos gobierne, a gente con sentido común y
vocación nacional. Eso es lo que estuvo faltando y lo
que falta.  
Y eso es lo que hoy convoca, como en 1811 o como en
1980, cuando la epopeya de aquel “¡NO!” milagroso que
le dio feliz comienzo al final de los dictadores. 

Esa es la convocatoria nacional intuida y espontánea
que estamos viviendo. No la percibimos a veces porque
la estamos protagonizando y serán los historiadores,
con más tiempo, quienes podrán comprenderlo mucho
mejor que nosotros. 

Todavía faltan más 

Crecemos porque, como en los viejos tiempos, los
fogones convocantes están encendidos y a ellos todos
vamos. Absolutamente todos vamos. Y allí nos
encontramos. Me refiero concretamente a la Nueva
Mayoría, al Encuentro Progresista y a los grupos
integrantes del Frente Amplio. Cada uno es un fogón
prendido. Todos en conjunto, un ancho y generoso
cauce. Propicio para facilitar la convocatoria.  
 Y desde distintos ranchos, diferentes confines,
atraídos por esa luz que se ve y debe verse desde muy
lejos, vamos, o venimos. Tanto da ir o venir cuando lo
que importa es reunirse, amucharse, juntarse y
organizarse para la salvación de la patria y para su
refundación. 

Entonces no sobra nadie. Todavía faltan. Resulta
ocioso discutir si unos van y si otros vienen. Todos
vamos a los urgentes fogones de la gran convocatoria y
es por eso que crecemos con la musculatura del Frente
Amplio; los nervios y tendones de la fuerte columna
vertebral blanca. Con la sangre batllista; con su
aliento.  
Y con el corazón acompasado, como un tambor indio y
negro, de la gente anónima y multitudinaria.   No es
por nosotros que crecemos: es por ellos.  

Debemos dejar el pedestal de cualquier soberbia  y
subir de una buena vez por todas, al tamaño de la
esperanza, que tanto pueblo pone en la alcanzable
alborada. Como siempre. 
Construir amanecer con antorchas y soles 
Levantar el profundo grito que nos une y dice, tan
solo y simplemente: ¡Mañana! 
Mañana es la consigna verdadera. Existe eso. Existe
para esta patria y para su pueblo un mañana. Un gran
mañana.  
Pero al futuro tenemos que hacerlo y para eso hay que
sacar el sol a pulso desde el fondo de la noche pasada
donde lo tienen enterrado y preso. 

Con el abrazo solidario de más de dos millones de
brazos adultos y con su fuerza, podemos romper las
cadenas amargas que quieren atar la luz. Hay que
sacarla del pozo y levantarla. 

Hermanas y hermanos: vamos a construir detrás de las
estrellas un amanecer de mil antorchas y cien soles.
Hay que soplar en los carbones de la fragua; es la
hora de los hornos y las  bordonas ardientes de cien
mil guitarras. 
 La patria necesita que su bosque de tambores convoque
repicando la esperanza, en su más grande y mejor
llamada.   
Tenemos que sacar el sol del pecho.  
Del horno está brotando aroma de pan bien hecho.  
Falta poco: pero todavía falta.  

 * E. Fernández Huidobro 
(Publicado en La República 26.8.2004


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