[R-P] ¿Hacia dónde va el kirchnerismo? O.Calello
INFOR-MET
rmermet en yahoo.com.ar
Lun Sep 20 11:51:05 MDT 2004
Un artículo para abrir debate.
=======================================================
¿Un modelo productivo,de ruptura con el neoliberalismo
de los 90’?: ¿Hacia dónde va el kirchnerismo?
por Osvaldo Calello
¿Qué representa el gobierno de Kirchner? ¿Un gobierno
progresista, única alternativa ante la amenaza de la
derecha, como advierten muchos de sus seguidores? ¿El
régimen de la revolución democrática a que aspira el
diputado Bonasso? ¿La expresión política de la
burguesía nacional, orientada a reconstruir los
fundamentos de un capitalismo autónomo?
El gobierno de Kirchner es producto del reflujo de
masas que sucedió a la crisis político-institucional
que estalló en diciembre de 2001. En aquel entonces
una mayoría decisiva de la clase media, harta del
carácter cerrilmente reaccionario del régimen
aliancista, se movilizó en masa a la Plaza de Mayo y
echó de la Casa Rosada al necio solemne que ocupaba la
presidencia. Sin embargo la baja participación de la
clase trabajadora, la ausencia de una organización y
de una dirección política, dejó pendiente la cuestión
del poder. La consigna central del período: “que se
vayan todos”, una consigna sin programa, reveló en
todo su alcance ese vacío político. Ni las asambleas
barriales, ni los movimientos piqueteros, podían
reemplazar el papel dirigente que los trabajadores
están en condiciones de desempeñar en períodos de
crisis de hegemonía como el que estalló a fines de
2001.
Bajo estas condiciones, la salida electoral y la
recomposición de los partidos políticos y del viejo
aparato institucional resultó inevitable. Así y todo
las elecciones debieron celebrarse anticipadamente en
abril de 2003, y el significado político de su
resultado fue el contenido antimenemista de la mayoría
de los votos. Kirchner comprendió inmediatamente en
que sentido se orientaba la sociedad argentina tras
una década de infamia, entrega y corrupción. En
consecuencia, durante toda una primera etapa afirmó su
gobierno en un fuerte embate contra los símbolos
sobrevivientes del viejo régimen, como la Corte
Suprema, el Pami o los generales de la dictadura,
mientras mantenía sin modificaciones la política
económica que el duhaldismo logró imponer a la salida
de la convertibilidad.
Esa política en modo alguno representó una ruptura con
el neoliberalismo de los años 90’. En diciembre de
2001, tras la caída de De la Rúa, se libró una sorda
lucha entre dos bandos, ya diferenciados desde
comienzos de la nueva década, dentro del bloque
gobernante.
De una parte, el capital financiero bajo el mando de
los pulpos multinacionales junto al capital extranjero
invertido en las empresas públicas privatizadas, y de
la otra, las fracciones de la gran burguesía local,
cuyas ganancias dependen en buena medida de la
valorización del capital productivo, se enfrentaron
con vistas a decidir la suerte de la convertibilidad.
Para los primeros la salida a la crisis era la
dolarización que les permitiría mantener el valor de
sus activos y, al mismo tiempo, girar sin pérdida los
beneficios a las casas matrices en Europa o Estados
Unidos. Para los segundos, que tenían fuertes
capitales fugados en el exterior, la solución era la
devaluación con pesificación de sus deudas dolarizadas
en la plaza local: la diferencia de cambio
multiplicaba la ganancia de las exportaciones,
mientras la desvalorización del peso abarataba las
reinversiones a realizarse mediante la repatriación
del capital.
El duhaldismo logró imponer la segunda de las
soluciones pero al precio de aceptar que la
devaluación se hiciera con dólar flotante, condición
impuesta por el Fondo Monetario, y una compensación
millonaria a la banca por el desbalance de la
pesificación. Rápidamente los resultados quedaron a la
vista. En 2002 el 55% de la población se hundió bajo
la línea de la pobreza, el salario perdió algo más de
un cuarto de su poder adquisitivo, merma que en el
caso de los trabajadores en negro (40% del total de
masa laboral) llegó a 30%. Tras la devaluación los
ingresos del 20% más pobre cayeron 35% y los de la
baja clase media 30%. Simultáneamente la riqueza se
concentró aún más: en el primer año de la devaluación
el ingreso del 10% más rico de la sociedad resultó 30
veces superior al que recibió el 10% más pobre. En
1992, en los comienzos de la profundización neoliberal
menemista, el núcleo privilegiado de la sociedad
ganaba “sólo” 16 veces más que las capas más
desprotegidas.
Acumulación, concentración y poder
De este proceso de empobrecimiento de la mayor parte
de la sociedad argentina emergió triunfante la gran
burguesía exportadora: alrededor de 700 grandes
corporaciones, apenas 8% de las firmas de comercio
exterior, que concentran el 90% de las colocaciones
externas del país. Se trata de los grupos vinculados a
la explotación de productos primarios y bienes
agroindustriales, favorecidos por los altos precios
internacionales de las materias primas. En la misma
situación están los fabricantes de insumos
industriales, especialmente la petroquímica o la
siderurgia y las compañías petroleras. La estadística
oficial da cuenta de esta situación. Así, por ejemplo,
entre el primer trimestre de 2002 y el segundo
trimestre de 2004 el precio de exportación de los
productos de la soja aumentaron entre 50 y 70% y el de
los aceites crudos de petróleo alrededor de 90%. Estos
productos, junto con la gasolina (78% de incremento)
fueron los que tuvieron las mayores mejoras en sus
precios internacionales. Al mismo tiempo, la
estructura exportadora ha tendido cada vez hacia una
primarización. En efecto, si a mediados de los 90’ las
ventas externas del complejo oleaginoso (soja, girasol
y derivados) y del petrolero-petroquímico
representaban 30% del total de las colocaciones del
país en el exterior, en el 2000 esa proporción subió
al 38%, y en 2004 saltó al 46%. En el mercado interno
se produjo, mientras tanto, una fuerte transferencia
de ingresos hacia las ramas que incorporan la menor
proporción de valor agregado. Así, desde la
devaluación en enero de 2002, el aumento de los
precios de los productos primarios superó en 38% la
variación del nivel general de precios mayoristas, y
en 55% la suba de precios en la industria y en las
usinas eléctricas.
Para esas grandes corporaciones, que obtienen buena
parte de sus ganancias en los negocios de exportación,
el costo laboral a mediados de 2004 resultó 40% más
bajo que en cuarto trimestre de 2001. Al mismo tiempo
se favorecieron con el aumento de la productividad
laboral: 11% fue la variación respecto a 2002 como
consecuencia de un incremento de más de 16% del
producto fabril y una expansión mucho menor del
empleo. Mayor productividad y abaratamiento del costo
de la mano de obra, se tradujeron en una formidable
apropiación del valor generado por la fuerza de
trabajo por parte del capital. La consecuencia fue un
aumento notorio de la tasa de explotación y del margen
de rentabilidad empresaria. Al respecto, un reciente
estudio de la CTA reveló que en 2003 las 100 compañías
con mayor margen de beneficios, incrementaron sus
ganancias 80% en comparación con los niveles de 2002.
Una fracción gravitante de esta burguesía constituye
el núcleo hegemónico del capitalismo industrial en
Argentina. Históricamente ha estado asociada en trama
de negocios y en alianza política con el capital
extranjero y con el establishment tradicional,
organizado en torno a la Sociedad Rural, la Bolsa y la
banca, y la Cámara de Comercio. Sus negocios se
desarrollan desde hace décadas según la apertura
financiera decretada por el ministro de la dictadura
José Martínez de Hoz en 1977. Participó de la
inversión especulativa asegurada por la tablita
cambiaria de la segunda parte de los 70’, y luego fugó
capitales, dejando una abultada deuda privada que
luego Cavallo estatizó en 1982. En la primera mitad de
los 90’, en sociedad con el capital extranjero, se
enriqueció comprando con bonos desvalorizados de la
deuda pública las empresas estatales, y siguió
haciendo diferencias a favor del nivel de tarifas
dolarizadas. Posteriormente vendió parte de los
paquetes accionarios y volvió a fugar capitales a la
espera de la devaluación.
Además de la exportación, para la gran burguesía la
demanda está ubicada en las franjas de clase media
hacia arriba. Teniendo en cuenta que casi la mitad de
la población quedó por debajo de la línea de la
pobreza y que una parte importante vive en la
indigencia, el mercado interno ya tiene poco que ver
con el mercado de consumo masivo que se desarrolló
durante el período clásico de sustitución de
importaciones, entre mediados de la década del 30’ y
la mitad de los 70’. A partir de entonces se construyó
un patrón de acumulación, en el cual el salario fue
perdiendo gravitación como factor de demanda y se
convirtió decididamente en factor de costo dentro del
cálculo del capital monopolista, al punto que según un
estudio de la Flacso, actualmente la remuneración
media de los asalariados está aproximadamente 60% por
debajo del nivel de comienzos de la década del 70’.
De la Patria Socialista al realismo capitalista
En este aspecto, decisivo por lo demás, el modelo
económico que emergió tras el estallido de la
convertibilidad, no ofrece un cambio sustancial
respecto al modelo neoliberal profundizado en la
década anterior. Se ha producido, es cierto, una
modificación en la correlación de fuerzas dentro del
bloque de clases gobernantes, tal cual lo refleja el
cambio de precios relativos de la economía. Sin
embargo, en lo fundamental, ese bloque mantiene su
unidad. Sus contradicciones internas siguen siendo
secundarias. Sobre este punto es ilustrativo el
resultado de los balances de las grandes empresas en
el primer semestre: los negocios más rentables
resultaron el siderúrgico y el bancario. El primero
por el aumento de los precios y el segundo por la
aplicación del CER a los créditos pesificados.
El kirchnerismo se ha ajustado a esta situación
estructural, del mismo modo que ha dado por
definitivos la privatización de las empresas públicas,
aún en las ramas estratégicas, el tramposo régimen de
jubilación privada o el regresivo sistema impositivo.
En su puja con el Fondo Monetario termina cediendo una
y otra vez, al punto que el superávit de las cuentas
públicas destinado a pagar la deuda externa de origen
fraudulento pasará de 2,4% en 2004, a 3,2% en 2005,
porcentaje que si suma el saldo fiscal a que están
obligadas las provincias se acerca al 4% del PBI, más
de 15.000 mil millones de pesos producidos por el
trabajo nacional que irán a parar, en su mayor parte,
a los bolsillos de los organismos financieros que
dictaron, una a una, las medidas que provocaron la
destrucción del aparato productivo en la década
pasada, y de acreedores privados que especularon con
tasas usurarias de interés. A estos últimos el
gobierno les mejoró la oferta de pago entre 90% y más
de 110%, al incorporar los intereses caídos desde la
declaración del default.
Naturalmente, Kirchner no ha tomado, ni ha de tomar,
medida alguna para impulsar la investigación que está
cajoneada en el Congreso sobre la naturaleza
fraudulenta de la deuda externa, según lo estableció
un fallo judicial. En cambio, a pesar de la cesación
de pagos el gobierno paga religiosamente cada
vencimiento al FMI. De forma tal, al finalizar el año
el organismo financiero habrá embolsado 10.000
millones de dólares desde la declaración del default.
En lo fundamental el kirchnerismo es una expresión de
la pequeña burguesía progresista, cuyos integrantes de
jóvenes ingresaron al peronismo a través del mundo de
la JP y Montoneros, y de grandes se volvieron
“realistas”, y ya de vuelta de la “utopías
revolucionarias” pretenden ser los ejecutores de un
programa de capitalismo nacional. Sin embargo seis
décadas no pasaron en vano.
En el presente el capital está concentrado como nunca
en manos de las corporaciones monopólicas, locales y
extranjeras, mientras que el Estado juega un escaso o
nulo papel en el proceso de acumulación. Por lo demás,
si en 1945 se necesitó de una solución bonapartista
para hacer lo que la burguesía nacional no estaba
dispuesta a realizar, hoy esa solución es más
problemática. A medida que el capital se ha ido
concentrando, centralizando y extranjerizando, el
contenido de las tareas antiimperialistas ha
incorporado componentes de clase anticapitalistas, que
hacen difícil la irrupción de equilibrios arbitrales
como los que caracterizaron al peronismo.
El kirchnerismo refleja a su modo esta impotencia y a
fuerza de realismo hace suyo el programa de los
círculos más concentrados de la burguesía nacional.
Comprobado el fracaso de la apertura transversal, dada
la fragilidad política del progresismo de clase media,
y agotado el momento en que podía despertar
expectativas en un sector considerable de la sociedad,
el gobierno se ha encaminado hacia un acuerdo con el
duhaldismo, ahí donde mueren las ilusiones de la
“revolución democrática”. Huérfano de apoyo de masas,
sin una estructura sindical en la que confiar,
Kirchner necesita asegurarse una cierta relación de
fuerzas dentro de los aparatos institucionales;
atributo que sólo pueden darle los gobernadores y
legisladores del PJ, particularmente los de la
provincia de Buenos Aires.
Sin embargo, es precisamente ese mundo de los partidos
del régimen (viejos y nuevos) y de las instituciones,
el que se hundió en el descrédito a la luz de la
crisis de representatividad que hizo eclosión en
diciembre de 2001. Esa crisis no fue superada ni mucho
menos. Reaparecerá antes o después, cuando se agoten
las expectativas y esperanzas que aún subsisten;
cuando el programa económico, clausuradas las
condiciones internacionales altamente favorables que
encontró desde la salida de la convertibilidad,
traduzca a términos sociales, con mayor crudeza aún,
sus contenidos de clase. En ese momento los
antagonismos profundos de la sociedad argentina
estarán nuevamente en el orden del día. Dependerá
entonces de la actitud que adopte la clase trabajadora
la posibilidad que la crisis alcance a expresarse en
un programa, una organización y una dirección política
y, en consecuencia, logre superar del nivel de
diciembre de 2001.
___________________________________________________________
100mb gratis, Antivirus y Antispam
Correo Yahoo!, el mejor correo web del mundo
http://correo.yahoo.com.ar
Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular