[R-P] El socialismo no es utópico sino una necesidad - Alan Woods
INFOR-MET
rmermet en yahoo.com.ar
Mie Sep 15 10:44:30 MDT 2004
Particularmente, cada vez me aburre más la recurrente,
innecesaria y casi mítica apelación de Alan Wood a
los papas fundadores del Marxismo o a Lenin y a
Trotsky para explicar lo que puede ser explicado sin
tanta necesidad de "legitimación" en los libros
sagrados...
Superada esta resistencia cuasiepidermica que me
aqueja, resulta interesante leerlo.
R.
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Ponencia defendida por Celia Hart en el taller "La
utopía que necesitamos". La Habana, septiembre, 2004
El socialismo no es utópico sino una necesidad
Alan Woods
Rebelión
Hace un poco más de una década cayó la URSS. En ese
momento la burguesía del mundo entero estaba eufórica.
Hablaba del fin del socialismo, del fin del comunismo,
del fin del marxismo. Uno de los estrategas de la
burguesía –Francis Fukuyama– llegó a hablar del fin de
la historia.
Pues bien, diez o veinte años en la vida de un ser
humano es un periodo largo, pero en la historia apenas
es nada. Históricamente hablando, es un periodo muy
corto. No obstante, en este periodo tan corto hemos
visto transformaciones muy impactantes. Todo el orden
mundial se ha puesto patas arriba. A simple vista
parece que el capitalismo ha triunfado de una forma
decisiva. Pero esto está muy lejos de la verdad.
Para comprender la naturaleza del periodo actual no
hace falta ser marxista. No hace falta ni siquiera ser
una persona muy inteligente. Sólo hace falta enchufar
la televisión para ver la cruda realidad. Hace diez
años la burguesía nos prometió un mundo de paz y
prosperidad (gracias a los milagros del sistema de la
"libre empresa") y ¿cómo no? la "democracia".
Ahora todos estos sueños se han hecho añicos. No queda
piedra sobre piedra de las perspectivas de los
estrategas del Capital. En su lugar vemos por todas
partes una pesadilla generalizada. La recuperación
económica de que tanto hablaban es enormemente frágil
y puede colapsar en cualquier momento con cualquier
accidente como un aumento del precio de petróleo.
Miremos donde miremos hay guerras, terrorismo, caos e
inestabilidad. Entonces, cuando se habla de "utopías"
¿de qué utopías estamos hablando? Si hay que hablar de
ideas utópicas, habría que hablar de todas las ideas,
esquemas y perspectivas planteadas por los defensores
del capitalismo después del colapso de la URSS. Estas
sí son utópicas en el sentido literal de la palabra (y
pido perdón a Tomas Moro).
Según los defensores del capitalismo, Marx se equivocó
cuando predijo la inevitabilidad de la concentración
del capital en cada vez menos manos. "Lo pequeño es
bello" decían. Pero las cifras demuestran todo lo
contrario: nunca en toda la historia la concentración
del capital ha sido más intensa que ahora.
Hoy por hoy 200 grandes empresas controlan una cuarta
parte de las actividades económicas de todo el mundo.
Esto es justo lo que predijo Marx en El Manifiesto del
Partido Comunista –el libro más moderno de todos los
tiempos– y Lenin en su libro Imperialismo, fase
superior del capitalismo.
Otra idea de Marx que rechazan sus críticos burgueses
es la idea de la creciente pauperización de las masas
bajo el capitalismo. Ni que decir que para Marx el
concepto del nivel de vida tuvo siempre un carácter
relativo y no absoluto. Y en términos relativos ha
habido un aumento colosal de las diferencias entre
ricos y pobres, incluso en los países más ricos del
planeta, empezando con los EEUU.
El grado de monopolización ha llegado a unos extremos
insospechados. Hace poco el conocido escritor y
periodista progresista John Pilger publicó los
siguientes datos muy reveladores de la actual
situación a nivel mundial: la General Motors es más
grande que la economía de Dinamarca, la Ford es más
grande que la de Sur África, y hay muchos más
ejemplos.
Esto significa que las diferencias entre ricos y
pobres también están aumentando a un ritmo
vertiginoso. Para poner sólo un ejemplo: el salario de
Tiger Woods, el jugador de golf estadounidense, es más
alto que los salarios de todos los empleados de la
Nike en Indonesia. Goldman Sachs, una empresa de
inversiones de tan solo 167 socios, saca unas
ganancias de $2.200 millones cada año –lo mismo que
Tanzania, un país de 25 millones de habitantes–.
No se trata de un aumento de la desigualdad global
sino también de un aumento de la diferencia entre
ricos y pobres dentro de los países capitalistas
desarrollados. Por todas partes crece la inseguridad y
hay un cuestionamiento del sistema. Hemos visto las
manifestaciones más grandes en toda la historia en
países como Gran Bretaña y España contra la guerra de
Irak. En el caso de España el descontento popular
condujo directamente a la caída del gobierno de Aznar.
En la India no hace mucho vimos un fenómeno similar.
En EEUU hay un creciente descontento con el gobierno
Bush y el inicio de grandes manifestaciones.
¿Acaso tenemos el derecho de sacar la conclusión de
que el capitalismo ha solucionado los problemas del
mundo, que no es necesario buscar otro sistema
diferente, y que, por lo tanto, la historia ha
terminado? Semejante conclusión va en contra no sólo
de la lógica sino en contra de la evidencia de los
sentidos.
Resulta bastante divertido leer hoy lo que los
defensores del capitalismo escribían hace diez años
acerca de la globalización "descubierta" por los
Chicago Boys –concepto, por cierto, explicado por Marx
y Engels en las páginas del Manifiesto del Partido
Comunista hace 150 años–. Marx y Engels explicaron que
el sistema capitalista se desarrolla necesariamente
como un sistema mundial. Hoy por hoy esta predicción
brillante de los fundadores del socialismo científico
está planamente demostrada en la práctica.
La aplastante dominación del mercado mundial es un
hecho constatable. Es el fenómeno más decisivo de
nuestra época. Es la base objetiva de un futuro mundo
socialista, algo que lógicamente hace imposible la
estrechez nacionalista. Pero lamentablemente, como
explicó Hégel hace mucho tiempo, no es la Razón que
determina la historia humana, sino los intereses
materiales.
A los dueños de las grandes transnacionales les
importa poco la lógica de la historia. Luchan y
siempre lucharán ferozmente contra las fuerzas del
progreso en defensa de su poder, su riqueza y sus
privilegios. Lo vemos ahora mismo en Venezuela, donde
la oligarquía venezolana, apoyada por el imperialismo
yanqui, está intentado por todos los medios derrotar
el gobierno del Presidente Hugo Chávez.
Hay quienes nos aseguran que, después del referéndum,
todo está resuelto, que la Revolución es irreversible,
que la oligarquía ya está derrotada, etc., etc. En la
política, como en la guerra, es muy peligroso
infravalorar al enemigo y cantar victoria demasiado
temprano. La verdad es que el imperialismo y la
oligarquía (que son dos caras de la misma moneda)
jamás se reconciliarán con la Revolución bolivariana,
por la misma razón por la que jamás se reconciliarán
con la Revolución cubana: porque estas Revoluciones
dan un ejemplo peligroso a las masas oprimidas de toda
América Latina en un momento cuando no hay ni un solo
régimen burgués estable desde Tierra del Fuego hasta
el Río Grande.
Hay gente (que por alguna razón que no entiendo se
autodenominan "realistas") que insiste en que la
Revolución venezolana no puede expropiar a la
oligarquía ya esto "provocaría a los imperialistas".
Cualquier persona sensata sabe que hay que evitar las
provocaciones, pero este argumento no tiene ni pies ni
cabeza. La banda criminal de George Bush no necesita
ninguna provocación para actuar contra el gobierno de
Hugo Chávez. Lleva años haciéndolo (¿acaso no nos
dimos cuenta?). La verdad es que para estos señores la
mera existencia de la Revolución venezolana (o cubana)
es una provocación. Tan sólo estarán satisfechos
cuando estas Revoluciones estén destruidas. Cerrar los
ojos ante este hecho sería una irresponsabilidad
criminal.
Otros emplean un argumento más sutil (mejor dicho,
sofista): puesto que la Revolución venezolana no es
socialista, sino nacional-democrática, no podemos
expropiar a la oligarquía, porque la revolución
nacional-democrática tiene que respetar la propiedad
privada. ¿En serio? Pero en la Revolución americana
del siglo XVIII, los revolucionarios
nacional-democráticos no vacilaron en confiscar la
propiedad de todos los que apoyaron la Corona Inglesa.
Y en la Segunda Revolución americana (la Guerra
Civil), Abraham Lincoln expropió la propiedad de los
esclavistas sureños, sin pagar ni un centavo de
indemnización.
La historia demuestra que la revolución
nacional-democrática –si es consecuente– no puede
detenerse hipnotizada por los "sagrados derechos" de
la propiedad privada. Si la Revolución cubana hubiera
hecho eso en 1960, hubiera sido derrotada sin lugar a
dudas. Y no olvidemos que la Revolución rusa era
objetivamente, en sus comienzos, una revolución
nacional-democrática, pero necesariamente tuvo que
pasar de las tareas nacional-democráticas a la
expropiación de la burguesía rusa.
Recordemos que también había ciertos dirigentes
bolcheviques que se opusieron a la idea de una
revolución socialista en Rusia (Kamenev, Zinoviev, e
inicialmente Stalin) y denunciaron a Lenin como un
"izquierdista", alegando el supuesto carácter
nacional-democrático de la revolución en Rusia. Dicho
sea de paso, esta idea era la base de la política
menchevique, que argumentaron que la clase obrera
tenía que subordinar sus intereses a los de la
"burguesía progresista" –una idea que Lenin siempre
combatió con uñas y dientes–.
La Revolución bolivariana ha cosechado grandes
triunfos, pero todos estos triunfos pueden ser
liquidados. Mientras la oligarquía siga controlando
puntos clave de la economía, la Revolución siempre
estará en peligro. Esto hay que reconocerlo y actuar
en consecuencia.
Vamos a hablar claro. Hoy por hoy, los dos grandes
obstáculos que están frenando el avance de la
humanidad y la civilización son en primer lugar la
propiedad privada de las fuerzas de producción, y en
segundo lugar aquella reliquia de la barbarie, el
estado nacional. He aquí la contradicción central: por
una parte, las fuerzas productivas en el ámbito
mundial han alcanzado un nivel de desarrollo que, bajo
un sistema de planificación armonioso y racional,
permitiría a la humanidad solucionar todos los
problemas y avanzar a un nivel de civilización y
cultura nunca visto. Por otra parte, vemos un mundo
trastornado por el hambre, enfermedades, violencia y
guerras.
Estos fenómenos son sólo los síntomas de una
enfermedad incurable, de un sistema socio-económico
que ya ha perdido su razón de ser, que ya no es capaz
de hacer avanzar las fuerzas productivas y la cultura
como hacía en el pasado y, por lo tanto, ha entrado en
una fase de degeneración senil que tiene consecuencias
nefastas para todo el planeta y que constituye una
grave amenaza para el futuro de la humanidad.
Por todas partes vemos una inestabilidad insólita y
creciente a todos los niveles: económica, financiera,
monetaria, social, política, diplomática y militar. El
dominio total de los EEUU, lejos de producir una
situación estable, está desestabilizando todo. Durante
los últimos tres siglos por lo menos siempre hubo tres
o cuatro grandes potencias en el mundo. Ahora hay sólo
una. Esta situación realmente no tiene paralelos
históricos que valgan. Nunca ha habido un periodo en
que un solo país dominara el mundo tan absolutamente.
El poder de Roma imperial, comparado con el poder de
los EEUU, era un juego de niños.
Hace un siglo, el imperio británico tenía una política
que dictaba que su armada siempre tenía que ser más
grande que las armadas combinadas de las siguientes
dos grandes potencias (por ejemplo Francia y
Alemania). Pero hoy por hoy, los EEUU gasta anualmente
300.000 millones de dólares en armamento. Esto es más
que Rusia, China, Japón, Gran Bretaña, Francia,
Alemania, Arabia Saudita, Italia, India y Corea del
Sur juntos.
Este es un poder increíble y sin precedentes. Mucha
gente saca conclusiones pesimistas de esto, afirmando
que "no nos podemos mover, que no se puede
derrotar a los EEUU". Pero semejante conclusión es un
grave error. El poder del imperialismo norteamericano
es tremendo, pero tiene sus límites,
como demuestra la situación en Irak. Con todo el
armamento, los satélites, los mísiles, el dinero que
tiene en sus manos, no es capaz de mantener
al pueblo iraquí en cadenas.
Los EEUU, a pesar de tener un enorme déficit
presupuestario (450.000 millones de dólares), se ven
obligados a aumentar continuamente los gastos
armamentistas a unos niveles insoportables. Al mismo
tiempo están rebajando los impuestos sobre los ricos y
recortando conceptos como pensiones y salud
(Medicare). Los efectos de esta situación se verán
después de las elecciones presidenciales, gane quien
gane.
La continuación de la guerra en Irak supone una
sangría permanente, que les está costando alrededor de
seis mil millones de dólares al mes, sin hablar de las
constantes pérdidas de vida. Esta situación es
insoportable incluso para el país más rico del mundo.
La prolongación de esta situación inevitablemente
conducirá a una crisis en los EEUU con dimensiones
similares a la de la guerra de Vietnam – quizás más
grandes todavía.
Antes de la Segunda Guerra Mundial, en una predicción
brillante, un gran marxista predijo que los EEUU iban
a dominar el mundo entero, pero tendrían dinamita en
sus cimientos. Ahora vemos la total corrección de
estas palabras. La crisis mundial del capitalismo,
tarde o temprano, tendrá un eco dentro de los EEUU que
creará situaciones explosivas.
Durante largo tiempo mucha gente en los EEUU creía la
propaganda del llamado sueño americano. Pero ahora las
actitudes están cambiando. El futuro es cada vez más
incierto, cada vez más preocupante. La catástrofe del
11 de septiembre sirvió para fortalecer la tendencia
más reaccionaria durante un periodo, pero este efecto
se está agotando y se está preparando un giro brusco
en el sentido contrario.
Aunque hablan de una recuperación económica en los
EEUU, el nivel de vida de la gran mayoría no aumenta.
Como una proporción del Producto Interior Bruto, los
salarios en los EEUU están en su nivel mas bajo en
décadas. El desempleo sigue estando a un nivel alto y,
de hecho, sigue aumentando. Por otra parte el precio
del petróleo está subiendo y el gobierno anuncia
recortes en las pensiones y la seguridad social. Ahora
en los EEUU estar enfermo es un lujo.
La física clásica dice: cada acción provoca una acción
similar y contraria. Algo similar funciona en el
terreno de la política. Después de la borrachera viene
la resaca y cuanto más grande es la borrachera, más
grande es el dolor de cabeza posterior. Ya se ven
claros síntomas de un fermento en los EEUU. Lo vemos
en el hecho de que la película de Michael Moore,
Fahrenheit 9/11, rompió todos los records de taquilla
inmediatamente. Hay muchos más síntomas, como las
manifestaciones gigantescas contra el recorte del
derecho de aborto y la guerra, y las protestas masivas
contra Bush delante del congreso Republicano.
Pasamos por un periodo de diez o veinte años en que el
péndulo internacionalmente giró bruscamente a la
derecha. Primero con Reagan y Thatcher, después con
Bush y Blair. Pero los efectos del colapso de la URSS
ya han pasado más o menos a la historia. Por todas
partes hay ataques contra el nivel de vida y el estado
de bienestar. Estos ataques están preparando un enorme
giro a la izquierda.
Resulta irónico, pues, que justamente en este momento
se esté coreando por todas partes que hay que
abandonar las ideas "anticuadas" del marxismo (o del
marxismo "clásico" ¿qué mas da?).
En alguna ocasión, José Goebbels, el ministro de
propaganda de Hitler, dijo: "Si vas a decir una
mentira, no digas una mentira pequeña; di una mentira
grande. Y si la repites y la repites hasta la
saciedad, la gente acabara creyéndola".
Lamentablemente, esto es verdad.
Los defensores del capitalismo decadente poseen
enormes medios de propaganda. Y emplean estos medios
para atacar el comunismo y el marxismo. Dicen que el
marxismo ha muerto. Pero llevan mas de 150 años
diciendo lo mismo. Este hecho de por sí demuestra la
enorme vitalidad y viabilidad del marxismo. ¿Acaso la
clase dominante gastaría tanto tiempo, tanto dinero y
tantas fuerzas atacando una idea muerta? Al contrario,
sólo atacan ideas que no solamente no están muertas
sino que son peligrosas para ellos y su sistema.
Lo más preocupante no es que hay gente ignorante o
atrasada que acepta como buena moneda la propaganda
antimarxista de la burguesía. Lo más preocupante es
que hay gente (y no poca) que se llaman comunistas que
lo hacen también. En la práctica (lo sepan o no) los
que exigen la revisión de las ideas fundamentales del
marxismo están haciendose eco de las ideas y
reflejando las presiones de la burguesía. Esto es mil
veces más dañino que toda la propaganda negra de la
CIA.
Algunos han desertado del comunismo como ratas que
saltan del barco que se hunde. Han pasado con armas y
bagaje al campo de la contrarrevolución y la
burguesía, como la mayoría de los antiguos dirigentes
del llamado Partido Comunista de la URSS, que hoy por
hoy defienden el capitalismo y se dedican a
enriquecerse como ladrones que son, a través de la
privatización (el robo) de la propiedad estatal.
Comparada con esto, la traición de los dirigentes
Socialdemócratas en 1914 era un juego de niños.
Otros, es verdad, se quedan, pero están tan
desmoralizados que plantean de una forma obsesiva la
necesidad de una "revisión" del marxismo que, llamando
las cosas por su nombre, significa el abandono total
del marxismo como una idea y un programa
revolucionario, transformándolo en algo totalmente
inocuo e inofensivo –marxismo descafeinado, marxismo
de tertulia con una taza de café para hablar de los
viejos buenos tiempos–. ¡Con "amigos" como estos no
necesitamos enemigos!
Los que hablan del socialismo como algo "utópico" no
han entendido nada de la actual situación mundial. Han
perdido la brújula, inmersos en un estado de pesimismo
que les ha conducido al escepticismo y hasta al
cinismo. Pero el pesimismo, el escepticismo y el
cinismo no conducen a nada positivo en la vida, y
menos en la política. ¡No tienen cabida en las filas
del movimiento revolucionario!
El marxismo se basa en la filosofía del materialismo
dialéctico, que nos enseña que todo cambia y que las
cosas pueden transformarse en su contrario. El momento
del colapso de la URSS ya pasó a la historia. Es
necesario reconocer que lo que colapsó en aquel
entonces no era el socialismo, como alegan nuestros
enemigos, sino una caricatura burocrática y
totalitaria del socialismo, que acabó minando las
bases de la economía nacionalizada y planificada
establecida por la Gran Revolución de Octubre.
Pero el periodo después del colapso de la URSS nos ha
facilitado bastantes datos para contestar a todos los
argumentos de los defensores del capitalismo,
empezando con Rusia. ¿Acaso la situación en Rusia hoy,
después de más de una década de la "economía de la
libre empresa", es mejor que antes? No, para la
aplastante mayoría es mil veces peor. ¡He aquí la
realidad de la "utopía" capitalista! En los primeros
seis años de la "reforma" capitalista se produjo en
Rusia el mayor colapso económico de toda la historia.
No hay ningún paralelo para esto –salvo una derrota
catastrófica en una guerra–.
Aunque muchos no lo sepan, y algunos no quieran
saberlo, todos estos acontecimientos estaban previstos
de antemano por uno de los más importantes teóricos
marxistas del siglo XX, León Trotsky, que ya en 1936
explicó cómo la burocracia estalinista no se
conformaría con su situación privilegiada, sino que
acabaría convirtiéndose en capitalista, privatizando
las fuerzas productivas. También explicó las
consecuencias:
"La caída de la dictadura burocrática actual, si no
fuera reemplazada por un nuevo poder socialista,
anunciaría, también, el regreso al sistema capitalista
con una declive catastrófico de la economía y de la
cultura." Estas líneas, que parecen estar escritas
ayer, son de La Revolución Traicionada, escrito en
1936.
¡Camaradas! Es necesario y urgente poner fin a la
confusión, la desorientación y la dispersión del
movimiento comunista. Hoy más que nunca es necesario
unir nuestras filas contra el enemigo común: el
imperialismo y el capitalismo. Es necesario que todos
nos unamos en defensa de la Revolución Cubana y sus
grandes conquistas: la nacionalización y planificación
de las fuerzas productivas. Es necesario derrotar la
ofensiva del imperialismo norteamericano contra Cuba y
Venezuela.
Pero la mejor manera de defender estas revoluciones es
mediante el fortalecimiento de la vanguardia
comunista, luchando en defensa de las auténticas
ideas, programa y método de Lenin y del Partido
Bolchevique. Es necesario abrir un debate en
profundidad acerca del futuro del comunismo, un debate
sin exclusiones que admita a todas las tendencias que
luchan por el comunismo, contra el capitalismo y el
imperialismo. Sólo de esta manera podremos ir
avanzando hacia una recomposición del movimiento
comunista mundial que todos deseamos.
En este debate la aportación de los camaradas cubanos
tendrá sin duda una gran importancia. Pero si decimos
que vamos a luchar por la unidad de todos los
comunistas, no hay que ignorar a los comunistas que,
sin abandonar en ningún momento la defensa de las
ideas y conquistas del Bolchevismo y la revolución de
Octubre, luchamos contra el estalinismo.
Creemos que cualquier discusión del futuro del
comunismo sería incompleta sin una consideración muy
seria de las ideas de aquel hombre que, junto a
Vladimir Ilyich Lenin, dirigió la Revolución de
Octubre y formó el Ejército Rojo –Lev Davidovich
Trotsky–.
Nosotros jamás hemos dejado de defender la Revolución
Cubana contra sus enemigos: el imperialismo y las
fuerzas de la contrarrevolución capitalista. Esta
defensa es incondicional. Lo único que pedimos es que
se tomen en cuenta nuestras ideas, que son ideas
comunistas, firmemente basadas en las ideas de Marx,
Engels y Lenin.
En resumen: Los auténticos utópicos son los
reformistas que creen que la humanidad puede
sobrevivir y prosperar dentro de los limites
sofocantes del sistema capitalista. Esta idea está
negada a cada paso por la experiencia. La continuación
de este sistema podrido y caduco está creando nuevas
pesadillas. A lo largo, amenaza el futuro de la
cultura y la humanidad. O acabamos con la dictadura
del Capital, o acabará con nosotros. No existe ninguna
"tercera vía".
Lenin dijo una vez: el marxismo es todopoderoso porque
es verdad. A pesar de todas las mentiras y calumnias
de los enemigos del socialismo, el marxismo es más
vigente hoy que nunca. La nueva generación de
luchadores, que se están forjando en la lucha,
necesita estas ideas más que nunca.
La única solución para los problemas de la humanidad
es el socialismo mundial. Por lo tanto, el socialismo
no es una utopía sino una necesidad. En las palabras
de Carlos Marx, solo hay dos alternativas para la
humanidad: Socialismo o Barbarie.
Ponencia escrita por el marxista británico Alan Woods,
que fue defendida por Celia Hart en el Taller "la
utopía que necesitamos", celebrado en La Habana el
viernes 10 de septiembre, 2004. La conferencia se dio
en el centro Hispanoamericano en el Malecón.
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