[R-P] Mirar a largo plazo, Los desafíos de la izquierda brasileña
Bibiana Apolonia
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Sab Sep 11 06:54:03 MDT 2004
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11/09/04
Brasil, el MST y los desafíos actuales de la izquierda brasileña
Joâo Pedro Stédile, miembro de la coordinación nacional del Movimiento de
los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) del Brasil, interviene con este
artículo en el debate sobre los rumbos de la construcción de la izquierda
(partidaria y social) en ese país. Contra los diagnósticos simplistas y las
recetas corto-placistas, él concluye: "Las izquierdas precisan hacer una
buena autocrítica y comenzar a trabajar mirando a largo plazo". Publicado
originalmente en el periódico mensual brasileño Democracia Socialista
(www.democraciasocialista.org.br) de setiembre de 2004, editado por la
corriente del PT de igual denominación; su versión en castellano es de ALAI
(Nota de Inprecor.org.br).
Por Joâo Pedro Stédile
Rebanadas de Realidad - Solidaridad.net - Alai-amlatina, 03/09/2004.-
Los desafíos actuales de la izquierda brasileña
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Lula y la izquierda lila - Por Isaac Bigio
La sociedad brasileña vive un período muy especial, por diversas razones.
Una de ellas es el largo período de crisis del modelo económico. Siempre que
hay crisis, hay inestabilidad, pero al mismo tiempo se caracteriza por ser
un proceso de transición, aún cuando no sepamos hacia donde iremos. Eso va a
depender de la correlación de las fuerzas sociales.
Después de 50 años del llamado modelo de industrialización dependiente -en
la definición de Florestan Fernández-, en la década de los 80, ese modelo
entró en crisis como patrón de acumulación del capital. En la década
siguiente, la clase dominante brasileña aceptó un papel de subalterno al
capital internacional y pasó a implementar las políticas neoliberales, con
la "ilusión" de que constituiría un nuevo modelo de desarrollo de la
economía nacional.
Las políticas neoliberales desnacionalizaron nuestra economía, debilitaron
el poder del Estado y dieron libertad total al capital internacional. Pero
esa subordinación no condujo a un nuevo ciclo de desarrollo. El capitalismo
internacional había entrado en una fase de total hegemonía del capital
financiero, mezclado con los grandes grupos monopólicos, que dominan el
comercio, la industria y los servicios.
Ahora, la forma principal de acumulación es en la esfera financiera. Se
acumula por medio de los intereses y del lucro en la compra de acciones de
las empresas estatales o nacionales ya instaladas; y se da total libertad al
envío de remesas al exterior. Nada de eso genera riqueza nacional, empleo,
trabajo, distribución de renta.
En doce años de esas políticas, la economía, como todo, permanece inestable.
Independientemente que el PIB crezca, permanezca inestable o decrezca, las
grandes transnacionales y el capital financiero siempre ganan. O sea, el
modelo no sirve para las naciones, no sirve para que las poblaciones mejoren
su vida, pero sirve a las grandes empresas oligopólicas y al capital
financiero.
Cambios y contradicciones
Con resultados sociales cada vez peores, el pueblo entendió el significado
de esas políticas y, en las elecciones de 2002, votó contra el modelo. No se
sabía, sin embargo, qué debería ser colocado en su lugar, incluso por el
bajo nivel del debate político de la campaña de 2002. En la desesperación de
la amenaza de la crisis Argentina, parte de las elites brasileñas aceptó la
posibilidad de cambio e hizo una alianza con la alternativa Lula.
Del lado de acà, del PT y de las fuerzas sociales que apoyaron a Lula, esa
posibilidad era entendida como una alianza táctica entre la clase
trabajadora y sectores de la burguesía industrial, para enfrentar al capital
financiero, nacional e internacional. Pero de parte de las elites no fue esa
la lectura. Hicieron una alianza para no perder los dedos, y para seguir
influyendo en las políticas públicas en el rumbo del neoliberalismo.
Pasado casi la mitad del mandato, el resultado está ahí. Se sigue una
política económica neoliberal, hegemonizada por esos sectores de la clase
dominante brasileña que controlan toda el área económica del gobierno, desde
el Banco Central hasta el Ministerio de Agricultura. La naturaleza y las
consecuencias de esa política todos ya conocemos desde hace 12 años.
Representan la hegemonía del capital financiero, que usa las políticas
públicas para garantizar sus tasas de lucro, a través de los intereses, del
poder de oligopolio y de la libertad total de actuación.
¿Y cuál la contradicción que acaba ayudándonos? Es que este conjunto de
políticas de corte neoliberal no se constituyó en un modelo sólido de
acumulación de capital y de reimpulso de un proceso de desarrollo nacional.
Podremos tener hasta crecimiento económico, pero este será hegemonizado por
el capital financiero, por el sector oligopolizado de la economía y por las
exportaciones de las empresas transnacionales, que usan el libre comercio
para aumentar sus tasas de lucro.
En esas políticas no hay espacio para la distribución de la renta, para la
reforma agraria, para el mercado interno, para la elevación del consumo de
bienes masivos y mucho menos para las políticas sociales. Sin catastrofismo,
con esa opción los problemas sociales solo se agravarán. Aquí, en la China o
en cualquier país que fueran aplicadas.
Ese es el desafío de orden económico. No hay salida para el pueblo con las
políticas económicas neoliberales. Ellas solo interesan al gran capital.
Manteniéndose en ellas, solo se agravarán los problemas del pueblo, incluso
con el PIB creciendo y con algunos sectores, en especial vinculados al
mercado externo, aumentando el número de empleos.
El desafío de la izquierda social
¿Y como enfrentar esta realidad? Hay una tendencia natural de las fuerzas
sociales y políticas tener como referencia solo lo que el gobierno hace.
Empero, como se dice en el pueblo , "el agujero está más abajo". La sociedad
brasileña precisa debatir y construir un nuevo proyecto de desarrollo,
pensando que modelo puede hoy organizar la producción y la economía
apuntando a encontrar solución a los problemas de la población, y no
solamente a la acumulación del capital. Es preciso una verdadera minga
social, que lleve ese debate a todos los espacios sociales, de las escuelas,
colegios, universidades, sindicatos, iglesias y movimientos sociales. Y esto
extrapola la tendencia simplista de solo hablar mal del gobierno o
defenderlo.
El segundo desafío. En la lucha de clases todo se resuelve por la
correlación de fuerzas. No basta un ejercicio de retórica, por más combativo
que sea. Quien no tiene pueblo organizado, no tiene fuerza para defender sus
ideas. Quien tiene apenas ideas buenas, y no se preocupa en organizar a los
trabajadores, a los pobres, cae fácilmente en el sectarismo, en el
izquierdismo o en el "amarillismo".
La correlación de fuerzas sociales actual es desfavorable para la clase
trabajadora, por el largo período histórico de reflujo del movimiento de
masas. Eso no quiere decir que no hayan luchas sociales. Pero no existe un
movimiento creciente y masivo, que construya orgánicamente una unidad
popular en torno a un proyecto unificado de cambios. Es preciso estimular
las luchas sociales y la construcción de un amplio movimiento de masas,
unitario, que consiga contraponerse a la hegemonía del capital financiero,
que se expresa en las más diversas esferas de la sociedad y, a veces, hasta
en el movimiento sindical.
Aquí cabe una reflexión autocrítica de todos nosotros. Para estimular y
organizar las luchas sociales es necesario hacer un trabajo de base, lo que
significa para la militancia social dedicarse prioritariamente a hacer el
trabajo de convencimiento y de organización nuclear del pueblo. Precisamos
colocar nuestras energías allá donde el pueblo vive, trabaja, y organizarlo.
Es preciso llevar nuestras ideas, nuestros materiales, hacer pequeñas
reuniones, ir aglutinando, construyendo fuerza social organizada.
Desgraciadamente, parte de la militancia no percibe que sin organizar al
pueblo no se va a ningún lugar, y muchas veces se elude con eternas
reuniones de cúpula o meros discursos evaluativos de la coyuntura.
Disputa ideológica
El tercer desafío que la izquierda social tiene se da en el campo de la
disputa ideológica. Precisamos organizar la disputa de la hegemonía en la
sociedad, como nos alertaba Gramsci. No solo hacer luchas económicas,
corporativas, que pueden resultar en pequeñas conquistas sociales para la
clase, pero que no organizan a la clase para transformaciones sustantivas ni
disputan proyectos en la sociedad.
En este campo ideológico tenemos varios frentes y tareas pendientes. Tenemos
el trabajo de formación política de nuestra militancia, de nuestros cuadros,
actualmente muy raro. Tenemos la tarea de construir nuestros propios medios
de comunicación social: radios comunitarias, televisoras comunitarias y
públicas, periódicos y boletines. ¿Hasta cuando vamos a estar ilusionados
con conquistar pequeños espacios en la televisión, en los periódicos y en
las radios de la burguesía? Ellos siempre van a estar al servicio de los
intereses de su clase, la clase dominante, como nos advertía el entrañable
Perseu Abramo.
Debemos también utilizar las más variadas formas de expresión cultural. El
teatro, la música, la danza, las artes plásticas y las fiestas populares
representan una excelente forma de comunicación social y de ideas con
nuestro pueblo.
Como ven, tenemos muchas tareas por delante, si queremos salir de esa crisis
económica e ideológica que la sociedad brasileña vive. Las izquierdas
precisan hacer una buena autocrítica y comenzar a trabajar mirando a largo
plazo.
Gentileza de Solidaridad.net
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