[R-P] Fw: Discurso de Peron 1953 SOBRE TRATADO ABC Parte 1

Dr. Rodolfo E. Parbst drparbst en ciudad.com.ar
Vie Sep 10 15:37:38 MDT 2004


Como la parte 1 parece haberse perdido en el ciber espacio, la vuelvo a
mandar
----- Original Message -----
From: "Dr. Rodolfo E. Parbst" <drparbst en ciudad.com.ar>
To: "reconquista-popular" <reconquista-popular en lists.econ.utah.edu>
Sent: Friday, September 10, 2004 5:12 PM
Subject: Discurso de Peron 1953 SOBRE TRATADO ABC Parte 1


> Este discurso, no tan difundido, es bueno volver a leerlo
> Rodolfo Parbst
>
> Discurso del General  Juan Domingo Peron en la Escuela Nacional de Guerra
> Buenos Aires 1953 SOBRE TRATADO ABC
> Invitado por el señor Ministro de Defensa Nacional, General de División D.
> Humberto Sosa Molina, a escuchar una conferencia que dictaría a los
> cursantes el señor Director de la Escuela Nacional de Guerra, General de
> División D. Horacio A. Aguirre, el Excelentísimo señor Presidente de la
> Nación, General de Ejército D. JUAN PERÓN, asistió el 11 de noviembre de
> 1953 al mencionado Instituto Superior, en compañía del señor Ministro
> invitante.
> Terminada la conferencia del señor General Aguirre, el primer magistrado
> hizo uso de la palabra y vertió los conceptos que se transcriben en este
> folleto.
>
> Señores:
>
> He aceptado con gran placer esta ocasión para disertar sobre las ideas
> fundamentales que han inspirado una nueva política internacional en la
> República Argentina.
> Es indudable que, por el cúmulo de tareas que yo tengo, no podré presentar
a
> ustedes una exposición académica sobre este tema, pero sí podré mantener
una
> conversación en la que lo más fundamental y lo más decisivo de nuestras
> concepciones será expuesto con sencillez y con claridad.
> Las organizaciones humanas, a lo largo de todos los tiempos, han ido,
> indudablemente, creando sucesivos agrupamientos y reagrupamientos. Desde
la
> familia troglodita hasta nuestros tiempos eso ha marcado un sinnúmero de
> agrupaciones a través de las familias, las tribus, las ciudades, las
> naciones y los grupos de naciones, y hay quien se aventura ya a decir que
> para el año 2000 las agrupaciones menores serán los continentes.
> Es indudable que la evolución histórica de la humanidad va afirmando este
> concepto cada día con mayores visos de realidad. Eso es todo cuanto
podemos
> decir en lo que se refiere a la natural y fatal evolución de la humanidad.
> Si ese problema lo transportamos a nuestra América surge inmediatamente
una
> apreciación impuesta por nuestras propias circunstancias y nuestra propia
> situación.
> Es indudable que el mundo, superpoblado y súper industrializado, presenta
> para el futuro un panorama que la humanidad todavía no ha conocido, por lo
> menos en una escala tan extraordinaria. Todos los problemas que hoy se
> ventilan en el mundo son, en su mayoría, producto de esta superpoblación y
> superindustrial ización, sean problemas de carácter material o sean
> problemas de carácter espiritual, Es tal la influencia de la técnica y de
> esa superproducción, que la humanidad, en todos sus problemas económicos,
> políticos y sociológicos, se encuentra profundamente influida por esas
> circunstancias.
> Si ése es el futuro de la humanidad, es indudable que estos problemas irán
> progresando y produciendo nuevos y más difíciles problemas emergentes de
las
> circunstancias enunciadas.
> Resulta también indiscutible que la lucha fundamental en un mundo
> superpoblado es por una cosa siempre primordial para la humanidad: la
> comida. Ese es el peor y el más difícil problema a resolver.
> El segundo problema que plantea la industrialización es la materia prima;
> valdría decir que en este mundo que lucha por la comida y por la materia
> prima, el problema fundamental del futuro es un problema de base y
> fundamento económicos, y la lucha de futuro será cada vez más económica,
en
> razón de una mayor superpoblación y de una mayor superindustrialización.
En
> consecuencia, analizando nuestros problemas, podríamos decir que el futuro
> del mundo, el futuro de los pueblos y el futuro de las naciones estará
> extraordinariamente influido por la magnitud de las reservas que posean:
> reservas de alimentos y reservas de materias primas.
> Eso es una cosa tan evidente, tan natural y simple, que no necesitaríamos
> hacer uso ni de la estadística y menos aún de la dialéctica para convencer
a
> nadie.
> Y ahora, viendo el problema práctica y objetivamente, pensamos cuáles son
> las zonas del mundo donde todavía existen las mayores reservas de estos
dos
> elementos fundamentales de la vida humana: el alimento y la materia prima.
> Es indudable que nuestro continente, en especial Sudamérica, es la zona
del
> mundo donde todavía, en razón de su falta de población y de su falta de
> explotación extractiva, está la mayor reserva de materia prima y alimentos
> del mundo. Esto nos indicaría que el porvenir es nuestro y que en la
futura
> lucha nosotros marchamos con una extraordinaria ventaja frente a las demás
> zonas del mundo, que han agotado sus posibilidades de producción
alimenticia
> y de provisión de materias primas, o que son ineptas para la producción de
> estos dos elementos fundamentales de la vida.
> Si esto, señores, crea realmente el problema de la lucha, es indudable que
> en esa lucha llevamos nosotros una ventaja inicial, y que en el
> aseguramiento de un futuro promisorio tenemos halagüeñas esperanzas de
> disfrutarlo en mayor medida que otros países del mundo.
> Pero precisamente en estas circunstancias radica nuestro mayor peligro,
> porque es indudable que la humanidad ha demostrado a lo largo de la
historia
> de todos los tiempos que cuando se ha carecido de alimentos o de elementos
> indispensables para la vida, como serían las materias primas y otros, se
ha
> dispuesto de ellos quitándolos por las buenas o por las malas, vale decir,
> con habilidosas combinaciones o mediante la fuerza. Lo que quiere decir,
en
> buen romance, que nosotros estamos amenazados a que un día los países
> superpoblados y superindustrializados, que no disponen de alimentos ni de
> materia prima, pero que tienen un extraordinario poder, jueguen ese poder
> para despojarnos de los elementos de que nosotros disponemos en demasía
con
> relación a nuestra población y a nuestras necesidades. Ahí está el
problema
> planteado en sus bases más fundamentales, pero también las más objetivas y
> realistas,
> Si subsistiesen los pequeños y débiles países, en un futuro no lejano
> podríamos ser territorio de conquista, como han sido miles y miles de
> territorios desde los fenicios hasta nuestros días. No sería una historia
> nueva la que se escribiría en estas latitudes; sería la historia que ha
> campeado en todos los tiempos, sobre todos los lugares de la tierra, de
> manera que ni siquiera llamaría mucho la atención.
> Es esa circunstancia la que ha inducido a nuestro gobierno a encarar de
> frente la posibilidad de una unión real y efectiva de nuestros países,
para
> encarar una vida en común y para planear, también, una defensa futura en
> común.
> Si esas circunstancias no son suficientes, o ese hecho no es un factor que
> gravite decisivamente para nuestra unión, no creo que exista ninguna otra
> circunstancia importante para que la realicemos.
> Si cuanto he dicho no fuese real, o no fuese cierto, la unión de esta zona
> del mundo no tendría razón de ser, como no fuera una cuestión más o menos
> abstracta e idealista.
> Señores: es indudable que desde el primer momento nosotros pensamos en
esto;
> analizamos las circunstancias y observamos que, desde 1810 hasta nuestros
> días, nunca han faltado distintos intentos para agrupar esta zona del
> Continente en una unión de distintos tipos.
> Los primeros surgieron en Chile, ya en los días iniciales de las
> revoluciones emancipadoras de la Argentina, de Chile, del Perú. Todos
ellos
> fracasaron por distintas circunstancias. Es indudable que, de realizarse
> aquello en ese tiempo, hubiese sido una cosa extraordinaria.
> Desgraciadamente, no todos entendieron el problema, y cuando Chile propuso
> eso aquí a Buenos Aires, en los primeros días de la Revolución de Mayo,
> Mariano Moreno fue el que se opuso a toda unión con Chile. Es decir que
> estaba en el gobierno mismo, y en la gente más prominente del gobierno, la
> idea de hacer fracasar esa unión. Eso fracasó por culpa de la Junta de
> Buenos Aires.
> Hubo después varios que fracasaron también por diversas circunstancias.
Pasó
> después el problema a ser propugnado desde el Perú, y la acción de San
> Martín también fracasó. Después fue Bolívar quien se hizo cargo de la
lucha
> por una unidad continental, y sabemos también cómo fracasó.
> Se realizaron después el primero, el segundo y el tercer Congreso de
México
> con la misma finalidad. Y debemos confesar que todo eso fracasó, mucho por
> culpa nuestra. Nosotros fuimos los que siempre más o menos nos mantuvimos
un
> poco alejados, con un criterio un tanto aislacionista y egoísta.
> Llegamos a nuestros tiempos.
> Yo no querría pasar a la historia sin haber demostrado, por lo menos
> fehacientemente, que ponemos toda nuestra voluntad real, efectiva, leal y
> sincera para que esta unión pueda realizarse en el Continente.
> Pienso yo que el año 2000 nos va a sorprender o unidos o dominados; pienso
> también que es de gente inteligente no esperar que el año 2000 llegue a
> nosotros, sino hacer un poquito de esfuerzo para llegar un poco antes al
año
> 2000, y llegar en un poco mejores condiciones que aquella que nos podrá
> deparar el destino mientras nosotros seamos yunque que aguantamos los
golpes
> y no seamos alguna vez martillo; que también demos algún golpe por nuestra
> cuenta.
> Es por esa razón que ya en 1946, al hacer las primeras apreciaciones de
> carácter estratégico y político internacional, comenzamos a pensar en ese
> grave problema de nuestro tiempo. Quizá, en la política internacional que
> nos interesa, es el más grave y el más trascendente; más trascendente
quizá
> que lo que pueda ocurrir en la guerra mundial, que lo que pueda ocurrir en
> Europa, o que lo que pueda ocurrir en el Asia o en el Extremo Oriente;
> porque éste es un problema nuestro, y los otros son problemas del mundo en
> el cual vivimos, pero que están suficientemente alejados de nosotros.
> Creo también que en la solución de este grave y trascendente problema
> cuentan los pueblos más que los hombres y que los gobiernos.
> Es por eso que, cuando hicimos las primeras apreciaciones, analizamos si
> esto podría realizarse a través de las cancillerías actuantes como en el
> siglo XVIII, en una buena comida, con lucidos discursos, pero que terminan
> al terminar la comida, inoperantes e intrascendentes, como han sido todas
> las acciones de las cancillerías de esta parte del mundo desde hace casi
un
> siglo hasta nuestros días; o si habría que actuar más efectivamente,
> influyendo no a los gobiernos, Que. aquí se cambian como se cambian las
> camisas, sino influyendo  a los pueblos, que son los permanentes, Porque
los
> hombres Pasan Y los gobiernos se suceden, pero los pueblos quedan.
> Hemos observado, Por otra Parte, que el éxito, quizá el único éxito
> extraordinario del comunismo, consiste en que ellos no trabajan con los
> gobiernos, sino con los Pueblos, Porque ellos están encaminados a una obra
> permanente y no a una obra circunstancial.
> Y si en el orden internacional quiere realizarse algo trascendente, hay
que
> darle carácter permanente, Porque mientras sea circunstancial, en el orden
> de la Política internacional no tendría ninguna importancia. Por esa
razón,
> y aprovechando las naturales inclinaciones de nuestra doctrina Propia,
> comenzamos a trabajar sobre los pueblos, sin excitación, sin
apresuramientos
> y, sobre todo, tratando de cuidar minuciosamente, de desvirtuar toda
> posibilidad de que nos acusen de intervención en los asuntos internos de
> otro estado
>   En 1946, cuando yo me  hice cargo del gobierno, la Política
internacional
> Argentina no tenía ninguna definición No encontramos allí ningún plan de
> acción, como no existía tampoco en los ministerios militares ni siquiera
una
> remota hipótesis sobre la cual los militares Pudieran basar sus Planes de
> operaciones.
>
> Tampoco en el Ministerio de Relaciones Exteriores, en todo su archivo,
había
> un solo plan activo sobre la política internacional que seguía la
República
> Argentina, ni siquiera sobre la orientación, por lo menos, que regía sus
> decisiones o designios.
> Vale decir que nosotros habíamos vívido, en política internacional,
> respondiendo a las medidas que tomaban los otros con referencia a
nosotros,
> pero sin tener jamás una idea propia que nos pudiese conducir, por lo
menos
> a lo largo de los tiempos, con una dirección uniforme y congruente. Nos
> dedícamos a tapar los agujeros que nos hacían las distintas medidas que
> tomasen los demás países. Nosotros no teníamos iniciativa.
> No es tan criticable el procedimiento, porque también suele ser una forma
de
> proceder, quizá explicable, pues los pequeños países no pueden tener en el
> orden de la política internacional objetivos muy activos ni muy grandes;
> pero tienen que tener algún objetivo.
> Yo no digo que nos vamos a poner nosotros a establecer objetivos
> extracontinentales para imponer nuestra voluntad a los rusos, a los
ingleses
> o a los norteamericanos; no, porque eso sería torpe.
> Vale decir que en esto, como se ha dicho y sostenido tantas veces, hay que
> tener la política de la fuerza que se posee o la fuerza que se necesite
para
> sustentar una política.
> Nosotros no podemos tener lo segundo y, en consecuencia, tenemos que
> reducirnos a aceptar lo primero, pero dentro de esa situación podemos
tener
> nuestras ideas y luchar por ellas para que las cancillerías, que juegan al
> estilo del siglo XVIII, no nos estén dominando con sus sueños fantásticos
de
> hegemonías, de mando y de dirección.
> Para ser país monitor como sucede con todos los monitores ha de ser
> necesario ponerse adelante para que los demás lo sigan. El problema es
> llegar cuanto antes a ganar la posición o la colocación, y los demás van a
> seguir aunque no quieran. De manera que la hegemonía no se discute; la
> hegemonía se conquista o no se conquista. Por eso nuestra lucha no es, en
el
> orden de la política internacional, por la hegemonía de nadie, como lo he
> dicho muchas veces, sino simple y llanamente la obtención de lo que
conviene
> al país en primer término; en segundo término, lo que conviene a la gran
> región que encuadra el país, y en tercer término, al resto del mundo, que
ya
> está más lejano y a menor alcance de nuestras previsiones y de nuestras
> concepciones.
> Por eso, bien claramente entendido, como lo he hecho en toda
circunstancia,
> para nosotros: primero la República Argentina, luego el Continente y
después
> el mundo. En esa posición nos han encontrado y nos encontrarán siempre,
> porque atendemos que la defensa propia está en nuestras manos; que la
> defensa, diremos relativa, está en la Zona continental que defendemos y en
> que vivimos y que la absoluta es un sueño que todavía no alcanzado ningún
> hombre ni nación alguna de la tierra. Vivimos solamente en una seguridad
> relativa pensando, señores, en la idea fundamental de llegar a una unión
en
> esta parte del Continente.
> Habíamos pensado que la lucha del futuro sera Económica; la historia nos
> demuestra que ningún un país se ha impuesto en ese campo, ni en ninguina
> lucha, si no tiene en sí una completa, diremos unidad económica.
> Los grandes imperios, las grandes naciones, han llegado desde los
comienzos
> de la historia hasta nuestros días, a las grandes conquistas, a base de
una
> unidad económica. Y yo analizo que si nosotros soñamos con la grandeza que
> tenemos la obligación de soñar para nuestro país, debemos analizar
> primordialmente ese factor en una etapa del mundo en que la economía
pasará
> a primer plano en todas las luchas del futuro.
> La República Argentina sola, no tiene unida económica; Brasil solo, no
tiene
> tampoco unida económica; Chile solo, tampoco tiene unid económica; pero
> estos tres países unidos conforman quizá en el momento actual la unidad
> económica más extraordinaria del mundo entero, sobre todo para el futuro,
> porque toda esa inmensa disponibilidad constituye su reserva. Estos son
> países reservas mundo.
> Los otros están quizá a no muchos años de la terminación de todos sus
> recursos energéticos y de materia prima; nosotros poseemos todas las
> reservas de las cuales todavía no hemos explotado nada.
> Esa explotación que han hecho de nosotros, manteniéndonos para consumir lo
> elaborado por ellos, ahora en el futuro puede dárseles vuelta, porque en
la
> humanidad y en el mundo hay una justicia que está por sobre todas las
demás
> justicias, y que algún día llega. Y esa justicia se aproxima para
nosotros;
> solamente debemos tener la prudencia y la sabiduría suficientes para
> prepararnos a que no nos birlen de nuevo la justicia, en el momento mismo
en
> que estamos por percibirla y por disfrutarla.
> Esto es lo que ordena, imprescriptiblemente, la necesidad de la unión de
> Chile, Brasil y Argentina.
> Es indudable que, realizada esta unión, caerán a su órbita los demás
países
> sudamericanos, que no serán favorecidos ni por la formación de un nuevo
> agrupamiento y probablemente no lo podrán realizar en manera alguna,
> separados o juntos, sino en pequeñas unidades.
>
>





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