[R-P] [Mitrificadores] Ante un intento de "alfonsinizar" al peronismo, Rafael Cullen responde

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Mar Sep 7 12:23:17 MDT 2004


Acerca de racionalidades, ética  y peronismo

Las apelaciones a la racionalidad de la política  se han 
vuelto frecuentes en el discurso de funcionarios y 
dirigentes  del actual gobierno peronista y del  partido 
gobernante. Se la convoca junto con la seriedad cuando se 
anuncian limitaciones a gastos.  Además aparece convocada 
junto a la prudencia frente a las protestas de quienes no se 
resignan a pasar hambre silenciosamente.. Se escucha o se 
lee: “Somos un peronismo racional”. “Queremos recrear una 
nación pero, somos racionales, sabemos que el mundo cambió”. 
“Queremos un país serio, racional”. Sin mayores precisiones 
sobre su contenido,  la política “racional” aparece fijando 
los límites de lo deseable, precisando lo posible  .

También conocidos intelectuales remiten a la racionalidad 
cuando reflexionan sobre el peronismo. Uno de ellos (Nicolás 
Casullo revista Lezama nº 1) al hacer un balance del 
peronismo “que quedó” en la década del 90 con Chacho Alvarez 
y luego con el Frepaso, dice: “recuperará algunos antiguos 
debates(..) pero de manera lateral”. Respecto de las 
pérdidas decía : “perdía una gran cuota de representación 
social popular, de identidad histórica, de lemas 
antiimperialistas y de memoria de los ’70”. Cuando menciona 
lo que a su juicio son las ganancias dice:  “pero ganó en 
racionalidad, mensaje ético, un perfil socialdemócrata 
ausente en el país y una coherencia en los valores 
democráticos”. Como pérdidas se reconoce un contenido: el de 
“los 70”. Sin embargo, no aparece precisado el de la 
racionalidad invocada como ganancia.

En el caso de los funcionarios, puede conjeturarse que la 
falta de precisión en el significado de la racionalidad que 
postulan sea intencional. En el caso de un pensador  amerita 
algunas reflexiones. Estas líneas las proponen.  

“El peronismo es uno solo” se lee en afiches callejeros. 
¿Hasta donde esta afirmación se corresponde con la realidad? 
Es la fuerza política que en más  de medio siglo de vigencia 
ha modificado en sentidos opuestos y antagónicos nuestra 
realidad nacional.

Entonces, ¿ha tenido y tiene una única racionalidad? o 
¿cuántas racionalidades se reivindican pertenecientes a esta 
identidad política?  

Lo que puede reconocerse como hecho objetivo es que la 
identidad histórica del  peronismo construida a partir de 
1945,  tuvo  una sola racionalidad fundante y fue solo una.  
Aquella que sintetizó Eva Perón en una frase 
memorable:”Donde hay una necesidad hay un derecho”. 
Necesidades son: la alimentación, la salud, la vivienda, la 
educación, el esparcimiento. Esto, en el peronismo original 
se tradujo en políticas de Estado concretas. Un modelo 
económico distributivo con crecimiento del mercado interno 
de bienes de consumo. Control y / o monopolio del Estado del 
sistema financiero y del crédito, del comercio exterior, del 
sistema de seguros. La propiedad y explotación nacional de 
las riquezas del subsuelo y de las empresas de servicios 
públicos y de transporte aéreo, terrestre y marítimo. 

Para citar solo algunos datos que hoy son motivo de 
discusión: las cajas de jubilaciones, públicas, pasaron de 
300.000 afiliados en 1944 a 3.500.000 en 1949. Los 
hospitales públicos entre 1946 y 1951 duplicaron su cantidad 
de camas y existió transporte gratuito para los pacientes y 
sus familiares. En educación, entre 1945 y 1955, la 
matrícula primaria creció un 34%, la secundaria un 134 %, la 
universitaria se triplicó y en 1949 se eliminaron los 
aranceles.

Si  es “imposible volver a eso” con la “actual relación de 
fuerzas” o porque“cambió el mundo”  pueden ser respuestas 
atendibles y respetables frente a este breve y parcial 
recordatorio. Lo que es objetivo y, está más allá de 
opiniones políticas, es que el origen del peronismo no fue 
producto de una racionalidad evolutiva subyacente a la 
historia y a la vida social.  La política laboral del 
entonces coronel Perón en la Secretaría de Trabajo y 
Previsión implicó un fuerte enfrentamiento con la Sociedad 
Rural, la Unión Industrial y los grupos económicos más 
poderosos. La neutralidad frente a la guerra provocó el 
bloqueo comercial de Estados Unidos y Perón  echó de su 
despacho al embajador de ese país. El 17 de octubre lo 
realizó el pueblo movilizado, ocupando el espacio público, 
la calle y la plaza, en defensa de derechos adquiridos que 
peligraban. Esa misma exigencia popular  no cesó instalado 
su propio gobierno.  

Así se logró que la participación de los trabajadores en el 
PBI  pasara del 44.8% en 1944 al 58% en 1954. En los mismos 
años, la utilidades empresarias descendieron del 55.2% al 42 
% .  No se trataba de la prudente gestión de lo posible. 
Como hoy, lo que logran unos lo pierden otros. Avanzar en un 
sentido u otro significa elecciones políticas concientes que 
tiene cada una su propia racionalidad. En otras palabras : 
las racionalidades se construyen. 

La demolición de la Argentina peronista también se 
construyó. Se inició con el bombardeo a civiles (seguramente 
peronistas , no peronistas y  antiperonistas) a las doce del 
mediodía en Plaza de Mayo; continuó con fusilamientos en 
basurales, cárceles, exilios, asaltos a sindicatos, 
secuestros, proscripciones electorales permanentes y  
prohibiciones de fotos y retratos. Los límites de peronismo 
para avanzar en su propuesta original no pueden hacer 
olvidar que el “ingreso del país al mundo”  de los acuerdos 
de Breton Woods, del Fondo Monetario Internacional y los 
salarios de cien dólares, tuvo esa racionalidad.  

Las múltiples mutaciones del peronismo post-55 , con 
prácticas diferentes y  antagónicas nos enfrentan con una 
realidad que está más allá de opiniones o simpatías: este 
movimiento produjo diferentes racionalidades. Todas remitían 
y remiten al origen. Encontraban su unidad en torno a la 
figura del Líder proscripto y al reconocimiento de su 
conducción política.

Hubo quienes proclamaron su “lealtad” al “auténtico” 
peronismo y encontraron en las racionalidades diferentes y 
en los límites de su movimiento, intereses opuestos y 
poderes construidos por esos intereses. Así caracterizaron  
la denuncia a los “traidores” como imperialismo, monopolios, 
dependencia, burguesía, burocracia. La lista de sucesos,  
programas y hombres y mujeres, que hicieron este camino en 
el peronismo es interminable. Remitían a la autenticidad de 
su peronismo para recuperar la racionalidad original y 
superar los límites que lo hicieron vulnerable en 1955. De 
esta racionalidad se nutrió y también la desarrolló la mayor 
parte de lo que genéricamente se conoce  como “setentismo”.

Hubo y hay quienes atribuían y atribuyen esas 
caracterizaciones a ideologías “extrañas” o ajenas al 
peronismo y  participaron de políticas y racionalidades 
opuestas. Tenían y tienen en el peronismo original razones 
para su conductas y son quienes han remitido y remiten hoy, 
a la unicidad del movimiento peronista. 

Estas diferentes evocaciones del origen coexistieron, con 
coincidencias y enfrentamientos, hasta el 20 de junio de 
1973 en Ezeiza. Ese día el nombre único de Perón recuperó 
sus múltiples significados. Estaba en el palco con los que 
disparaban. Estaba en el llano con los que ingenuamente 
querían llegar a la primera fila. Estaba en los millones que 
iban a buscar “su” Perón; el de la racionalidad fundante.

El peronismo pasó, entonces, a ser al mismo tiempo la 
“subversión”  y un instrumento para recuperar el orden 
antiperonista iniciado en 1955. Estuvo después en los grupos 
paramilitares que asesinaban militantes preparando el 24 de 
marzo de 1976 y la mayor parte de los asesinados adherían a 
él. La realidad demostró, trágicamente, que tenía 
racionalidades antagónicas: aquellas que Eva Perón tenía 
presentes cuando habló de los “oligarcas de adentro” 

Verificar en la realidad la existencia de antagonismos, no 
significa negar que los procesos sociales son dinámicos y 
complejos por naturaleza. Para avanzar en un sentido u otro, 
no se puede exigir una linealidad permanente con el peligro 
de ignorar la realidad y caer en el dogmatismo y en la 
esterilidad política.  

Las opciones políticas con sus racionalidades se 
entrecruzan. Si se incluyen todos los matices de la 
realidad, aparecen zonas grises.

Hoy con el nuevo gobierno se ha iniciado un saludable debate 
acerca de la naturaleza del peronismo y de la política. La 
realidad aparece, en el debate político, con toda su 
complejidad. En buena hora.

El mejor representante de esta complejidad es el actual 
presidente. Está por delante del pensamiento y las conductas 
de muchos argentinos. También por detrás del pensamiento y 
las expectativas de muchos otros. En su primer discurso, se 
asumió como integrante de “una generación diezmada”. 
Analizar los procesos sociales desde una perspectiva 
generacional tiene límites importantes, pero la afirmación 
presidencial recordó que en el peronismo existieron y 
existen racionalidades y éticas diferentes, a las que el 
terrorismo de estado y el menemismo lograron imponer como 
dominantes. Solo por este recuerdo y porque se niega a 
reprimir los reclamos sociales básicos de miles de 
argentinos, se puede afirmar que representa un progreso  
respecto a lo anterior, que es progresista.

Hay, también, motivos para  definirlo como conservador pues 
su dureza verbal con los dueños del poder económico y 
beneficiarios  de la actual situación social, no se  han 
traducido en medidas que modifiquen la situación que él 
mismo denuncia. Tampoco puede afirmarse que no esté 
dispuesto a avanzar para modificarla. Si lo está, requerirá 
de una racionalidad acorde con ese objetivo. La “generación 
diezmada”buscaba la explicación de la realidad nacional y 
continental  en  las teorías sobre la dependencia (por poner 
solo un ejemplo) que, más allá de sus carencias, era bien 
diferente de las burdas divagaciones acerca de los “círculos 
virtuosos” o la obscena manipulación de cifras para 
demostrar que existen menos hambrientos en nuestro país.  

Este es un debate abierto. Entonces, ¿cuál es el límite 
ético para las legítimas ambigüedades de las opciones 
políticas? 

Hay ejemplos que obligan poner límites a las zonas grises 
que nos presenta la realidad porque ofenden la memoria de 
los miles de ausentes reivindicados por el presidente, y el 
sufrimiento presente de millones de compatriotas.   

Homenajean a Evita los responsables directos en tareas de 
gobierno, de “las reformas estructurales” que llevaron a que 
la mitad de los argentinos se alimente menos de lo 
necesario, y han reclamado o participado en represiones a 
las protestas de los hambrientos.

Homenajean y recuerdan a los desaparecidos ex funcionarios 
del presidente que frenó una movilización por la enseñanza 
pública presagiando posibles desapariciones.

Una funcionaria de la Cancillería justifica el envío de 
tropas a Haití, que avalan un golpe de Estado impulsado por 
grupos paramilitares, recordando que el embajador de ese 
país salvó de la muerte, a mano de paramilitares golpistas, 
a militares constitucionalistas en 1956.

El grado de oportunismo o cinismo necesario para estas 
conductas lo saben quienes las llevaron a cabo y es opinable 
y subjetivo; también lo es, aunque haya motivos para ello, 
hablar de ofensa o de respeto por la memoria. Opiniones de 
lado, los límites objetivos para los grises los pone la 
realidad. La política económica y social llevada adelante a 
nivel nacional y provincial por los últimos gobiernos 
peronistas es antagónica con la que defendió e impulsó el 
peronismo original y en él Eva Perón, y es racional a los 
intereses de los grandes grupos económicos. Los fusilados y 
los desaparecidos fueron la condición racionalmente 
necesaria para “reorganizar” a la sociedad argentina 
heredada del peronismo y llevarnos a la situación actual. La 
conocida “Tercera Posición” impulsada por Perón se mantuvo 
en la post guerra, cuando el mundo había cambiado y mucho.

Hubo (hay) quienes transitaron por ambas épocas y 
convirtieron su pasado en un instrumento de negociación 
personal . Se puede conjeturar o afirmar incluso que algunos 
de los ausentes adherirían hoy a políticas que niegan el 
sentido de su muerte. Esto debe formar parte de un debate 
pendiente que tendrá que evitar las idealizaciones épicas o 
las consignas fáciles. Pero evitarlas no puede llevar a 
desconocer una realidad que existe más allá de las opiniones 
y/o valoraciones. La lógica implantada en nuestra sociedad 
es el resultado largamente construido de una confrontación 
con otra lógica que (más allá de todos los grises que hoy 
presenta la realidad), pretendía otra organización social y 
tenía otra racionalidad  política y otra ética,  diferentes  
a la que hoy es hegemónica.

Rafael Cullen

Civit en infovia.com.ar 


Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar

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