[R-P] ( AMIA) Alguien Puede explicarlo (Juan Salinas)

INFOR-MET rmermet en yahoo.com.ar
Lun Sep 6 05:06:12 MDT 2004


El papel de Israel en el encubrimiento de los
atentados 

¿ALGUIEN PUEDE EXPLICARLO?
POR JUAN SALINAS
gentileza de la señal medios
 

    A los 10 años de cometidos, suele suceder que los
"crímenes perfectos" comienzan a revelarse nítidamente
y  los cadáveres ocultos en sátanos, armarios y
bohardillas salen a la luz ante el horror de homicidas
y encubridores.    Esta oscura ley se está cumpliendo,
indefectible, en lo que concierne a la causa AMIA, una
causa que hiede.

    Tienen razón quienes dicen que si el ataque a la
embajada de Israel se hubiera investigado como era
debido, la mutual hebrea jamás hubiera sido atacada.
Pero la tienen de una manera un tanto oscura, puesto
que a poco que se abocaran al estudio de los hechos se
darían cuenta -como se dio cuenta el artificiero Jacob
Levi, de la policía de Tel Aviv, el primer experto
enviado por Israel- que no había trazas de que hubiera
existido una camioneta-bomba que hubiera demolido la
embajada y, por el contrario, había centenares de
testimonios coincidentes hacían prácticamente
imposible su existencia.

    Por lo demás, en los primeros días y tal como
destacaron los cronistas del diario La Nación (arts.
del 21 y 22/3/92), no había cráter alguno:   el mismo
fue cavado a pico y pala a posteriori, como también
sugirió en su informe el perspicaz Levy, atónito ante
la negativa que recibió al pretender ver los videos
tomados por las cámaras de seguridad colocadas frente
a la embajada, sobre el asilo católico de ancianos.

    Aquella camioneta que nadie vio era una Ford F-100
verde clara y blanca de propiedad de un fotógrafo de
la Policía Federal que supuestamente había sido
vendida por un amigo de Alejandro Monjo (el mayor
duplicador de coches de la Capital, asociado a la
cúpula de la Policía Federal) de nombre Roberto
Barlassina, que ocupó respecto a la embajada el mismo
lugar que ocuparía Telleldín respecto a la AMIA.  
Barlassina alegó haberle vendido esa camioneta a un
supuesto brasileño que entró a su negocio con una
gorra encasquetada y anteojos oscuros, exhibiendo un
DNI con una numeración ridículamente alta.  El
supuesto brasileño (al que muchos medios definieron
sin más como el conductor suicida de la F-100
fantasma), dijo, le había pagado 20.500 pesos  y
pedido que en la factura figuraran 21.000 pesos.

Una pericia de la Corte llegó a la conclusión de que
el vehículo no valía más de 14.000 pesos.

    A pesar de ello, y a diferencia de Telleldín, a
Barlassina jamás nadie lo acusó de nada y su foto
jamás apareció en los medios.

Que la Embajada (que estaba en refacciones, por lo
cual las medidas de seguridad se habían reducido al
mínimo) había sido volada por una explosión interna
era obvio, pues su fachada había caído hacia afuera,
sobre la calle Pasteur.

Cuando la Corte Suprema le encargó tardíamente una
pericia a la Academia Nacional de Ingeniería, un panel
de tres expertos estableció que, efectivamente, la
explosión había sido interna, lo que motivó una
insólita campaña de Israel y la DAIA en la que se
acusó a los ingenieros de... ¡antisemitas!.

    En este contexto, la Corte Suprema convocó para el
15 de mayo de 1997 a una audiencia a los distintos
peritos que habían intervenido a fin de intentar
determinar en qué lugar había detonado el artefacto
explosivo.   Si la Policía Federal y Gendarmería
sostenían que había habido un coche-bomba y una
explosión externa -, los ingenieros de la Academia
Nacional de Ingeniería insistían en que la explosión
se había producido adentro de la Embajada. La
audiencia debió haber sido pública, pero por presiones
de Israel y el presidente de la DAIA, Raúl Beraja,
terminó siendo tan secreta que ningún medio informó su
desarrollo hasta ahora, lo conocido de esta lo ha sido
a través de trascendidos.   Las actas oficiales de
dicha reunión reservada abarcan 77 folios. Y en ellos
los ingenieros Rodolfo Danesi, Arturo Bignoli y
Alberto Puppo explicaron detalladamente por qué no hay
dudas de que la explosión fue interna.

    En la reunión participaron los ministros de la
Corte, comenzando por su presidente, Julio Nazareno, y
con la excepción de Carlos Fayt. También el comandante
Osvaldo Laborda y otros peritos de la Gendarmería, y
el comisario Carlos López y otros peritos de la
Policía Federal.   Nazareno destacó de movida que, a
pesar de haber sido invitado, Jacob Levi no estaba
presente.    Todo indica que el gobierno de Israel no
le permitió viajar.

    Bignoli insistió en aquella reunión en que la
explosión había tenido lugar adentro del edificio.    
                                           Explicó que
habían analizado el asunto por dos vías distintas y
que afortunadamente los resultados habían sido
coincidentes, lo que les había permitido "llegar  la
conclusión de que la probabilidad, que es lo que nos
preguntó la Corte, de que el centro de la explosión
estuviese dentro del edificio es tan alta que los
peritos tienen la certeza de que así ocurrió".  Su
colega Danesi destacó que "de haber estado la carga
explosiva ubicada en el exterior, hubiera hecho
desaparecer el edificio de enfrente".  Los tres
ingenieros insistieron en que la explosión tuvo su
epicentro "en el ambiente llamado vacum", es decir, a
poco de haberse transpuesto la puerta principal.

    Esto es exactamente, de acuerdo al testimonio de
la veterana ascensorista de esta institución Luis
Miednik (que salvó su vida milagrosamente) lo que
parece haber pasado en la AMIA. Miednik vio seis o
siete minutos antes como desde una camioneta blanca,
un hombre de unos treinta años, pelirrojo y pecoso,
descargaba varias bolsas blancas y limpias como las
utilizadas habitualmente para contener cemento, cal y
otros materiales de construcción.  Esas bolsas fueron
ingresadas a la AMIA por los albañiles boliviano de la
empresa GPI del arquitecto Malamud (muerto en el
atentado) encargado de las refacciones.   Los
infortunados albañiles (todos murieron en el ataque)
dejaron apiladas las bolsas (tal como corroboraron
varios testigos más) apenas transpuesta la puerta de
entrada y contra la medianera que daba a la calle
Tucumán, antes de pasar la puerta de bronce y
atravesar la inspección del personal de seguridad.

    Nadie sabe quienes eran los que descargaron las
bolsas desde una camioneta blanca ni que había en esas
bolsas, que estaban en el mismo lugar donde quedó un
enorme agujero sobre la medianera.                    
                                                      
             Esta pista jamás fue investigada, y en
cambio la “Historia oficial” (hipótesis de la
Trafic-bomba) fue sostenida a capa y espada por Israel
cuando se derrumbó como un castillo de naipes, al
comprobarse que el acta de hallazgo de un trozo de
motor correspondiente a una Trafic, pedazo de motor
supuestamente hallado entre los escombros pasada una
semana de perpetrado el ataque, era rematadamente
falsa. Israel envió entonces al general Zeev Livne, 
quien había sido el jefe del equipo de rescate
israelí, a decir, con una década de atraso, que habían
sido soldados suyos quienes habían encontrado ese
pedazo de motor.

Al mediodía del lunes 25 de julio de 1994,  horas
antes de que (supuestamente) se encontrara ese trozo
del block de un motor Renault a través de cuya
numeración (también supuestamente) se lograría
identificar a Telleldín (a quien, sin embargo, el juez
Galeano había ordenado intervenir los teléfonos esa
misma mañana), el general Livne había anunciado haber
encontrado entre los escombros de la AMIA restos del
(supuesto) coche-bomba “con un cadáver adentro” que,
dijo, “posiblemente sea el suicida que lo conducía”. 
Tal como publicó el diario La Prensa, Livne arriesgó
una teoría: “Acá había problemas para estacionar, pero
no para pasar. Pienso que el auto se puso de frente y
subió hasta el edificio.  Allí explotó.”

    El hallazgo de parte de la supuesta
camioneta-bomba era un soberano 
bolazo.                                               


            Para no hablar del “cadáver totalmente
destrozado” que tendría adentro, un invento mayor que
las ranas peludas. Y quedaba uno más alevoso todavía,
ya que Zivne fue el inventor de la
Trafic-que-entró-al-edificio.   A fin de justificar
que la explosión (o la explosión principal) hubiera
sido, como fue, adentro del edificio. Ergo:  un
general israelí aparece como el principal arquitecto
del encubrimiento.    ¿Alguien puede explicarlo?



	
	
		
___________________________________________________________
100mb gratis, Antivirus y Antispam
Correo Yahoo!, el mejor correo web del mundo
http://correo.yahoo.com.ar




Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular