[R-P] [Imperialismo] La estafa monetarista

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Mie Sep 1 08:09:58 MDT 2004


[Artículo publicado en el suplemento de hoy, setiembre 1, de Fakt, un 
diario de Varsovia.  Traducción de la versión inglesa para uso 
personal, de N. M. G.]

Polonia, el Euro  y la doble moral del dólar
Prof. Michael Hudson

           La decisión polaca de unirse a la Comunidad Europea puso 
término a siglos de rivalidad militar que devastó sistemáticamente al 
país y a sus vecinos.  El ingreso a la  Comunidad Europea torna 
impensables las guerras intestinas.  

Pero ésa era la decisión fácil.  Ahora Polonia tiene que vérselas con 
la cuestión financiera que divide a Europa:  la ideología monetarista 
y destructiva del Banco Central Europeo, y las restricciones contra 
los déficit presupuestarios corrientes que superan el 3% del Producto 
Interno Bruto (PIB).  Esta restricción presupuestaria del 3%, si se 
la obedece, deprime las condiciones de la economía porque impide a 
los miembros de la Comunidad recurrir a la política anticíclica 
tradicional que, desde la Crisis del 30, perimtió sacar a las 
economías de la recesión: los déficits presupuestarios.  Durante los 
últimos 75 años, los estados han "purgado la bomba" por medio de los 
déficits, cada vez que los ciclos económicos (business cycles) 
entraron en la fase negativa.  Actuando en muchos casos como 
empleador de última instancia, los estados han creado puestos de 
trabajo (de preferencia, trabajo útil) y ayudaron a restaurar la 
demanda del mercado para que la economía vuelva a crecer.

No todos los miembros del Banco Central Europeo están dispuestos a 
abandonar esta política de purga de la bomba.  Alemania y Francia no 
hacen caso de la restricción presupuestaria del 3%, porque el precio 
de esta obediencia sería una caída en los niveles de inversión y 
empleo que encogería la demanda del mercado y reduciría las ganancias 
empresarias en todo el espectro.  En Inglaterra, los opositores al 
Euro temen que la preferencia del Banco Central por las políticas 
crediticias duras dañe a las empresas tanto como a los trabajadores.

Hace ya dos siglos que el público inglés ha llegado a la conclusión 
de que todos los axiomas de las gerencias de los bancos centrales es 
controvertible.  La mayor parte de los banqueros centrales han 
sufrido una educación de lavado de cerebro, que los lleva a pensar 
que es más importante impedir una tasa de inflación, por baja que 
sea, que promover el pleno empleo.  El crédito caro y los superávits 
presupuestarios deprimen las condiciones de la actividad económica, y 
por lo tanto reducen los mercados laborales.  Los banqueros que no 
concuerdan con esta ideología monetarista descubren que se los deja 
de lado al momento de las promociones, y se favorece a los verdaderos 
creyentes, de mentes más puras, que prefieren la austeridad monetaria 
por motivos ideológicos más que científicos.

Los monetaristas exigen que los bancos centrales sean 
"independientes" de la política, justamente para estar en condiciones 
de mantener la austeridad que genera desempleo pese a la voluntad 
democrática, que les es adversa.  Pero éste es uno de esos casos en 
los que la gente tiene razón y los tecnócratas están equivocados.  La 
mayor parte de los políticos (y los votantes) prefieren una economía 
que crezca.  Una tasa de inflación baja se ha transformado en algo 
normal en casi todas las economías, y las estadísticas demuestran que 
los trabajadores, prácticamente en cualquier país, tienden a estar 
mejor en los períodos de inflación, porque los salarios tienden a 
subir más que los precios para las mercancías que ellos adquieren.  
Los salarios reales en los EE.UU. llegaron al máximo hace 26 años, en 
1978, en el máximo momento de la inflación de la guerra de Viet Nam.

Los superávits fiscales no ofrecen un excedente económico que permita 
financiar los déficits comerciales, sino todo lo contrario.  Generan 
hambre de crédito, estrujan la economía y de este modo la tornan más 
dependiente de los proveedores y acreedores externos.  Los países 
deudores se hunden cada vez más en la deuda externa, a medida que la 
austeridad monetaria va haciendo cada vez más lenta su capacidad 
productiva.

El fracaso de estas políticas en el sostenimiento de crecimiento a 
largo plazo se hace más evidente aún en los países del Tercer Mundo 
que adoptaron los programas de austeridad del FMI.  Argentina y Rusia 
son las dos víctimas más notorias, y han sido forzados a tener 
superávits presupuestarios para exprimirles más dinero que permita 
pagarle a los acreedores.

La política fiscal-monetaria europea frente a la norteamericana

En los últimos meses, los Estados Unidos han venido creyendo cada vez 
más que su política exterior puede, simplemente, ignorar a Europa.  A 
medida que la producción y las exportaciones de la Comunidad Europea 
crezcan más despacio, su población se reducirá  con las nuevas 
inversiones.  Si los políticos europeos creen que no tienen elección 
posible en cuanto a la política monetaria y fiscal, Europa cometerá 
un suicidio geopolítico.

Pero esta sensación de encierro no es más que una ilusión.  A Europa 
la han hipnotizado las teorías monetaristas -las así llamadas teorías 
de la riqueza y el capitalismo- exportadas desde la Universidad de 
Chicago a través del Consenso de Wáshington, e implantadas como un 
evangelio por el FMI.

nd capitalism - that have been exported from the University of Lo más 
notable es que esta política monetarista es un artículo de 
exportación que beneficia a EE.UU., cuya política interna ha sido 
mucho más exitosa.  La política interna de los EE.UU. es 
diametralmente opuesta a la del Consenso de Wáshington que tan 
fervorosamente difunde de fronteras para afuera.  La política 
norteamericana es "ignorar al extranjero".  Ya desde la Primera 
Guerra Mundial, los EE.UU. se han negado a sumarse a ninguna 
organización internacional donde carezca de poder de veto, de tal 
modo que pueda hacer lo que le plazca cuando le plazca.  Y el actual 
gobierno es la que más lejos ha ido en los déficits presupuestarios 
de magnitud sin precedentes, junto a déficits de balanza de pagos que 
ya llegan a medio billón [en el sentido castellano del término, NG] 
de dólares anuales.

Esta política permitió a los EE.UU. "hacerse llevar en hombros" en el 
plano internacional.  Los principales cargadores son Asia (China y 
Japón) y Europa.  Se incorporó al sistema monetario internacional 
desde el mismo momento en que los EE.UU. abandonaron el patrón oro en 
1971.  En el momento en que esto sucedió, se lo consideró una 
debilidad.   Después de todo, los EE.UU. habían estado luchando 
firmemente para que su dólar fuera "tan bueno como el oro"... hasta 
que los costos de su intervención militar en Viet Nam, Asia, y otros 
sitios (década del 60) quebraron el vínculo.

Pero al cortar los lazos con el oro, los bancos centrales de todo el 
mundo quedaron en tierra de nadie.  ¿En qué iban a invertir sus 
crecientes reservas internacionales, si no era en oro?  Qué iba a 
hacer la OPEP con todo el dinero que le daba el petróleo?

Los bancos centrales invirtieron en Bonos del Tesoro de EE.UU. porque 
no supieron encontrar una alternativa al oro o los dólares en los 
ingresos de sus balances de pagos.  Esto significaba que cuanto 
mayores fueran los superávits de exportaciones a los EE.UU., 
disponían de más dólares para invertir en bonos del Tesoro 
norteamericano.

De este modo, año tras año y década tras década, los bancos centrales 
vienen financiando el déficit del balance de pagos norteamericano 
desde 1971.  Los EE.UU. descubrieron que mantener un déficit en su 
balance de pagos financiaba su propio déficit presupuestario interno. 
Eran los bancos centrales extranjeros, más que el público 
norteamericano, los que adquirían los bonos emitidos para financiar 
ambos déficits.

En 1971, nadie esperaba que los EE.UU. llegaran a tener déficits 
presupuestarios de una magnitud como la actual, que llega a más de 
medio billón de dólares anuales.  Pero lo hicieron, para acicatear su 
propia economía.  La deuda del gobierno norteamericano se ha 
duplicado y reduplicado, pero los norteamericanos no han tenido que 
financiarla con su propia plata.  Lo hacen los bancos centrales 
extranjeros... incluído el de Polonia, con sus propias reservas de 
dólares.

El resultado es que cuando las empresas norteamericanas, o sus 
gerentes financieros, compran acciones europeas, empresas o activos 
estatales en vías de privatización, los países que venden se 
encuentran forzados a devolver y remitir nuevamente a los EE.UU. los 
dólares sobrantes, que allí obtienen una tasa de retorno (en Bonos 
del Tesoro de EE.UU.) mucho menor.  Si el banco central de un país 
cualquiera se negara a ello, su moneda se revalorizaría, con lo que 
sus exportaciones quedarían fuera de los mercados mundiales, y 
sobrevendría el desempleo.

La alternativa es que cada país se dedique más a su propio mercado 
interno.  Esto exige un gasto gubernamental más activo y políticas de 
transferencia de ingresos... justamente lo que prohíbe, salvo de un 
modo muy marginal, la política del Banco Central Europeo.

Los EE.UU. se hacen llevar en hombros

El patrón dólar hace que los EE.UU. viajen sobre los hombros ajenos 
porque los ingresos por exportaciones y ventas de las empresas 
europeas y asiáticas terminan en el Tesoro de los EE.UU., bajo la 
forma de bonos del tesoro.  Se trata de una asimetría en asuntos 
monetarios mundiales que no le hace ningún bien a Polonia.  Si 
exporta más y atrae más inversión extranjera, el Banco Central se ve 
obligado a prestar estos ingresos al Tesoro norteamericano a una tasa 
de interés de sólo el 3%, a no ser que desee ver cómo su moneda se 
revalúa, asfixiando toda expansión.

Las cosas se pondrían peor aún si Polonia cayera en déficit, viéndose 
obligada a tomar prestado para cubrir el costo de sus importaciones.  
Si Polonia necesita tomar préstamos, el FMI le ordenará que eleve las 
tasas de interés, para desalentar las importaciones, y además que 
venda más empresas públicas para abonarle a los acreedores externos.  
Tasas altas generan desempleos aún más altos, al estilo 
latinoamericano, mientras que la venta de las empresas públicas 
(privatizaciones) entrega a los inversores mundiales un flujo 
creciente de ingresos que se van del país.  De este modo el país 
queda más dependiente aún de los préstamos externos, obligándose a 
subir los impuestos, dejar de invertir y generar empleo cada vez más, 
y rifar lo poco que le quede de su dominio público.

¿Es ésto lo que Polonia deseaba obtener, cuando eligió sumarse a la 
Comunidad Europea?  Parece absurdo que los trabajadores polacos 
financien el déficit fiscal norteamericano obteniendo superávits que 
serán prestados al Tesoro de los EE.UU.  Pero al seguir el Consenso 
de Wáshington que los EE.UU. han ignorado alegremente cuando se trata 
de sus políticas internas, éso es lo que ha impuesto a sus miembros 
el Banco Central Europeo.

A diferencia de los EE.UU. los países europeos no pueden tener más 
que un déficit marginal (ni siquiera cuando hay buenos motivos, como 
el incremento de la demanda para permitir una recuperación del 
empleo).  El resultado es que el desempleo amenaza con empeorar, 
mientras que Europa transfiere sus excedentes económicos a los EE.UU. 
 Dudo que sea justamente esto lo que Polonia haya querido votar.

La solución

El Euro tiene que establecerse como moneda internacional de reserva, 
que pueda acumularse en los bancos centrales como el dólar.  Sólo hay 
una manera de lograrlo:  un volumen sustancial de deuda pública 
nominada en Euros.  Los bancos centrales no compran acciones o bonos 
corporativos, compran solamente bonos del Estado, en buena medida 
debido a que los anteriores se consideran muy riesgosos y por lo 
tanto un medio poco apropiado para tener reservas internacionales.

Pero si se le prohíbe a un gobierno tener un déficit fiscal superior 
al 3% de su PIB, tal como exigen las restricciones monetaristas de la 
Comunidad Europea, no habrá suficientes bonos del estado como para 
que el Euro se transforme en una moneda equivalente al dólar.

Hay una sola manera práctica de emitir y vender bonos:  tener 
déficits fiscales financiados con esos bonos.  Esta deuda pública 
representa los déficits acumulativos que ha decidido tener el estado. 
 Si la regla de "austeridad" que limita los déficits presupuestarios 
a un mero 3% del PIB no cambia, impedirá a Europa construir un 
volumen de deuda pública que le permita operar como reserva monetaria 
internacional.  De este modo, sólo el dólar quedará como moneda de 
reserva, a todos los fines prácticos, para los bancos centrales.

Si bien la promoción de la actividad económica y el empleo en Polonia 
y otros países requiere déficits, no son todo lo que hace falta.  Hay 
que modernizar y actualizar la infraestructura económica, y se la 
debe entregar a la economía al costo más bajo posible, para hacerla 
competitiva.

Los EE.UU. han seguido una política de déficit fiscal y subsidio 
oficial activo para alcanzar el pleno empelo y su actual posición de 
dominación mundial.  No hay ningún motivo por el cual Polonia (o el 
resto de Europa) se impidan hacer lo mismo.  Todo lo que hace falta 
es adoptar la doctrina alternativa, la que hace mucho vienen 
siguiendo los EE.UU., en lugar de seguir sosteniendo la obsoleta 
austeridad monetarista, filosofía que siguen sosteniendo los 
banqueros centrales de la Comunidad Europea y, por desgracia, los de 
muchos otros países.

Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar

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"Sí, una sola debe ser la patria de los sudamericanos".
Simón Bolívar al gobierno secesionista y disgregador de 
Buenos Aires, 1822
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