[R-P] Al estimado "Rolo"...
edgar smith
condornacional en yahoo.com.ar
Mie Oct 27 19:31:10 MDT 2004
V. I. Lenin
MARXISMO Y REFORMISMO
1913
A diferencia de los anarquistas, los marxistas admiten
la lucha por las reformas, es decir, por mejoras de la
situación de los trabajadores que no lesionan el
poder, dejándolo como estaba, en manos de la clase
dominante. Pero, a la vez, los marxistas combaten con
la mayor energía a los reformistas, los cuales
circunscriben directa o indirectamente los anhelos y
la actividad de la clase obrera a las reformas. El
reformismo es una manera que la burguesía tiene de
engañar a los obreros, que seguirán siendo esclavos
asalariados, pese a algunas mejoras aisladas, mientras
subsista el dominio del capital.
Cuando la burguesía liberal concede reformas con una
mano, siempre las retira con la otra, las reduce a la
nada o las utiliza para subyugar a los obreros, para
dividirlos en grupos, para eternizar la esclavitud
asalariada de los trabajadores. Por eso el reformismo,
incluso cuando es totalmente sincero, se transforma de
hecho en un instrumento de la burguesía para corromper
a los obreros y reducirlos a la impotencia. La
experiencia de todos los países muestra que los
obreros han salido burlados siempre que se han
confiado a los reformistas.
Por el contrario, si los obreros han asimilado la
doctrina de Marx, es decir, si han comprendido que es
inevitable la esclavitud asalariada mientras subsista
el dominio del capital, no se dejarán engañar por
ninguna reforma burguesa. Comprendiendo que, al
mantenerse el capitalismo, las reformas no pueden ser
ni sólidas ni importantes, los obreros pugnan por
obtener mejoras y las utilizan para proseguir la
lucha, más tesonera, contra la escalvitud asalariada.
Los reformistas pretenden dividir y engañar con
algunas dádivas a los obreros, pretenden apartarlos de
su lucha de clase. Los obreros, que han comprendido la
falsedad del reformismo, utilizan las reformas para
desarrollar y ampliar su lucha de clase.
Cuanto mayor es la influencia de los reformistas en
los obreros, tanto menos fuerza tiene éstos, tanto más
dependen de la burguesía y tanto más fácil le es a
esta última anular con diversas artimañas el efecto de
las reformas. Cuanto más independiente y profundo es
el movimiento obrero, cuanto más amplio es por sus
fines, más desembarazado se ve de la estrechez del
reformismo y con más facilidad consiguen los obreros
afianzar y utilizar ciertas mejoras.
Reformistas hay en todos los países, pues la burguesía
trata por doquier de corromper de uno u otro modo a
los obreros y hacer de ellos esclavos satisfechos que
no piensen en destruir la escalvitud. En Rusia, los
reformistas son los liquidadores, que renuncian a
nuestro pasado para adormecer a los obreros con
ilusiones en un partido nuevo, abierto y legal. No
hace mucho, obligados por Siévernaya Pravda, los
liquidadores de San Petersburgo comenzaron a
defenderse de la acusación de reformismo. Es preciso
detenerse a examinar con atención sus razonamientos
para dejar bien clara uba cuestión de extraordinaria
importancia.
No somos reformistas -escribían los liquidadores
petersburgueses-, porque no hemos dicho que las
reformas lo sean todo y que el objetivo final no sea
nada; hemos dicho: movimiento hacia el objetivo final;
hemos dicho: a través de la lucha por las reformas,
hacia la realización plena de las tareas planteadas.
Veamos si esta defensa corresponde a la verdad.
Hecho primero. Resumiendo las afirmaciones de todos
los liquidadores, el liquidador Sedov ha escrito que
dos de "las tres ballenas" presentadas por los
marxistas no sirven hoy para la agitación. Ha dejado
la jornada de ocho horas, que, teóricamente, es
factible como reforma. Ha suprimido o relegado
precisamente lo que no cabe en el marco de las
reformas. Por consiguiente, ha incurrido en el
oportunismo más palmario, preconizando ni más ni menos
que la política expresada por la fórmula de que el
objetivo final no es nada. Eso es justamente
reformismo, ya que el "objetivo final" (aunque sólo
sea con relación a la democracia) se aparta bien lejos
de la agitación.
Hecho segundo. La decantada conferencia de agosto (del
año pasado) de los liquidadores también pospone
-reservándolas para un caso especial- las
reivindicaciones no reformistas, en vez de sacarlas a
primer plano y colocarlas en el centro mismo de la
agitación.
Hecho tercero. Al negar y rebajar "lo viejo",
queriéndose desentender de ello, los liquidadores se
limitan al reformismo. En las actuales circunstancias
es evidente la conexión entre el reformismo y la
renuncia a "lo viejo".
Hecho cuarto. El movimiento económico de los obreros
provoca la ira y las alharacas de los liquidadores
("pierden los estribos", "no hacen más que amagar",
etc., etc.), toda vez que se vincula con consignas que
van más allá del reformismo.
¿Qué vemos en definitiva? De palabra, los liquidadores
rechazan el reformismo como tal, pero de hecho lo
aplican en toda la línea. Por una parte nos aseguran
que para ellos las reformas no son todo, ni mucho
menos; mas, por otra, siempre que los marxistas van en
la práctica más allá del reformismo, se ganan las
invectivas o el menosprecio de los liquidadores.
Por cierto, lo que ocurre en todos los terrenos del
movimento obrero nos muestra que los marxistas, lejos
de quedarse a la zaga, van muy por delante en lo que
se refiere a la utilización práctica de las reformas y
a la lucha por las reformas. Tomemos las elecciones a
la Duma por la curia obrera: los discursos
pronunciados por los diputados dentro y fuera de la
Duma, la organización de periódicos obreros, el
aprovechamiento de la reforma de los seguros, el
sindicato metalúrgico, uno de los más importantes,
etc., y veremos por doquier un predominio de los
obreros marxistas sobre los liquidadores en la esfera
de la labor directa, inmediata y "diaria" de
agitación, organización y lucha por las reformas y su
aprovechamiento.
Los marxistas realizan una labor constante sin perder
una sola "posibilidad" de conseguir reformas y
utilizarlas, sin censurar, antes bien apoyando y
desarrollando con solicitud cualquier actividad que
vaya más allá del reformismo tanto en la propaganda
como en la agitación, en las acciones económicas de
masas, etc. Mientras tanto, los liquidadores, que han
abandonado el marxismo, no hacen con sus ataques a la
existencia misma de un marxismo monolítico, con su
destrucción de la disciplina marxista y con su prédica
del reformismo y de la política obrera liberal más que
desorganizar el movimiento obrero.
Tampoco se debe olvidar que el reformismo se
manifiesta en Rusia de una forma peculiar, a saber: en
la equiparación de las condiciones fundamentales de la
situación política de la Rusia actual y de la Europa
actual. Desde el punto de vista de un liberal, esta
equiparación es legítima, pues el liberal cree y
confiesa que, "gracias a Dios, tenemos Constitución".
El liberal expresa los intereses de lo burguesía
cuando defiende la idea de que, después del 17 de
octubre, toda acción de la democracia que vaya más
allá del reformismo es una locura, un crimen, un
pecado, etc.
Pero precisamente estas ideas burguesas son las que
ponen en práctica nuestros liquidadores, que
"trasplantan" sin cesar y con regularidad (en el
papel) a Rusia tanto el "partido a la vista de todos"
como la "lucha por la legalidad", etc. Con otras
palabras, los liquidadores preconizan, a semejanza de
los liberales, el trasplante de una Constitución
europea a Rusia sin reparar en el camino peculiar que
condujo en Occidente a la proclamación y afianzamiento
de las constituciones durante varias generaciones y, a
veces, incluso siglos. Los liquidadores y los
liberales quieren, como suele decirse, pescar truchas
a bragas enjutas.
En Europa, el reformismo significa en la práctica
renuncia al marxismo y sustitución de esta doctrina
por la "política social" burguesa. En nuestro país, el
reformismo de los liquidadores implica, además de eso,
desmoronamiento de la organización marxista, renuncia
a las tareas democráticas de la clase obrera y
sustitución de éstas con una política obrera liberal.
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