[R-P] Alejandro Horowicz/El país que estalló
Leonardo Cofre
lcofre en Argentina.com
Mar Oct 26 01:17:11 MDT 2004
La manera de titular de Pagina/12 nunca nos hizo felices, es cierto, esta
vez, menos. En esta ocasion apelan al "rusito" Rivera, ese gran dormidor de
la historia, para referirse a otro libro, el de otro rusito Horowicz, seguro
muy distinto al del enjuto Andres, mas alla de los generos. Me permitire, ya
que aparecio este personaje, citar textualmente una publicidad que Alfagura
hizo al escritor de "la revolucion es un suenio eterno" en la contratapa del
suplemento de cultura ENIE de hace unas semanas para promocionar su nuevo
libro y luego agrego al final, si, la resenia de cuentas.
Debajo de una foto que muestra al escritor chupando un cigarro:
"Andres Rivera/Cria de Asesinos.
Del autor de La revolucion es un suenio eterno, y Ese manco Paz, cuentos que
exploran los territorios contiguos de la violencia, el sexo y el poder.
Rivera descubre facetas brutales del pais que fuimos y somos."
Solo con eso para quien no conozca a Andres Rivera tendra una somera idea de
la distancia que puede haber, entre este escritor y cualquier
otro -cualquiera- bien nacido (con publicistas asi uno podria decir, no me
ayuden mas...)
__________________LEO________
Ahora si...
Una historia con fecha clave: 1806.
La revolución es un sueño eterno
El país que estalló
Antecedentes para una historia
argentina (1806-1820)
Alejandro Horowicz
Editorial Sudamericana
263 páginas
POR GABRIEL D. LERMAN
El título del último libro de Alejandro Horowicz, El país que estalló, puede
prestarse a un equívoco. El subtítulo, sin embargo, pronto aclara el
malentendido: Antecedentes para una historia argentina (1806-1820). En
efecto, no se trata de otro volumen sobre la crisis del 2001 ni tampoco de
una evocación mitológica de 1810. En este libro, por el contrario, se
encontrará un enfoque poco condescendiente con las lecturas patrióticas
(tanto liberales como del revisionismo histórico), que ubican al 25 de Mayo
como el punto de partida de la nación independiente.
Horowicz construye un relato por cuya consistencia y convicción merece ser
tenido en cuenta. Para decirlo rápido: tiene mucho para decir sobre el
proceso que va de la reconquista de Buenos Aires en 1806 -cuando la primera
invasión inglesa- al desenlace de la anarquía de 1820, tras la impotencia
criolla de imponer una formación política y económica perdurable en el
ámbito de las Provincias Unidas del Río de la Plata. En vez de 1810, la
fecha clave se traslada aquí a 1806 por la creación de las milicias para
reconquistar la aldea, lo que constituye el primer acto de fuerza del bloque
comercial porteño, no contra el opresor español sino, paradójicamente, el
inglés. Pero ésta no es la novedad que trae Horowicz. Desde Revolución y
Guerra y otros trabajos sobre el ocaso del orden colonial, Halperín Donghi
había relativizado las lecturas sobre 1810 desplazando el argumento de las
ideas jacobinas o liberales-burguesas a una complejización materialista
sobre los reales intereses económicos en juego, en el marco del triple
enfrentamiento imperial entre Gran Bretaña, la Francia napoleónica y la
decadente corona española. De modo que, si bien Horowicz tiene la osadía de
pararse en el centro del ring y hacer desfilar a Puiggrós, Ingenieros,
Mitre, Milcíades Peña, Alberdi, este libro no sería posible, con toda su
potencia, de no existir como condición de producción esa otra lectura, hoy
canónica, de Halperín Donghi.
Sin embargo, al discutir ciertos enunciados polémicos, Horowicz redobla el
carácter polémico de esta obra. Por ejemplo, señala que el proceso de
autonomización no es la renuncia a la protección del orden colonial (como
plantea Halperín) sino una autodefensa del bloque comercial porteño
precisamente ante la ausencia de protección. "En rigor -dice Horowicz-, en
1810 el virreinato conducido desde 1807 por Buenos Aires trataba de
sobrevivir mientras el imperio español se disgregaba." Desde 1806, Buenos
Aires había dejado de ser colonia y disponía de dicha renta. El
mantenimiento de tal orden (heredar los dominios españoles) y no otro fue el
objetivo que persiguieron las sucesivas fracciones criollas, hasta el
estallido total del sistema en 1820. No revolución, entonces, sino relevo.
Hace rato que los estudios sobre historia argentina habían derivado en dos
submundos irreconciliables entre sí. Por un lado, una masa crítica finamente
demarcada, con certificado de buena conducta y vacunación, dirigida a un
público nulo o de club. Por otro, un conjunto amorfo, vociferante, de pseudo
teorías conspirativas compiladas para la venta rápida. Ambos submundos
desarmaron una vasta tradición de autores que supieron ser el centro de los
estudios históricos en la Argentina, y archivaron sus obras en nombre de la
profesionalización o del chimento. Creemos que las dos vías han tenido como
efectos la despolitización y elolvido de las legítimas preguntas generales.
Horowicz parece haber vuelto a ese ruedo, y es difícil que puedan obviarlo.
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