[R-P] La C. de Izquierda (Urug) explica las mil razones para no votar al FA.....

INFOR-MET rmermet en yahoo.com.ar
Jue Oct 14 12:28:41 MDT 2004


Como verán ahora, fuera del Frente Amplio, se extiende
un desierto, de mayor envergadura que el del Sahara.

Leyendo a estos radicales muchachos decir -infautados
e insolentes- que "la direccion del FA es
irrecuperable", y que "no descartan romper con el FA",
corroboramos, tambien por defecto, que la ruta del MPP
y el FA es el camino correcto, es decir, el del cauce
torrentoso del pueblo en marcha.

Rolando

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Entrevista con Ernesto Herrera (Corriente de
Izquierda)

La izquierda radical a contramano de lo “posible” 

Marxismo Revolucionario Atual


Uruguay se encuentra en vísperas de una elección
nacional decisiva. Tabaré Vázquez, derrotado en otras
ocasiones, esta vez se encuentra adelante en todas las
encuestas y muy probablemente sea el vencedor. Allá
como aquí, la “izquierda ha rebajado su programa y
ampliado las alianzas hacia la derecha. Las analogías
posibles con la situación brasilera son muchas." La
revista Marxismo Revolucionario Atual buscando
comprender un poco mejor lo que ocurre en el
subcontinente, entrevistó al compañero Ernesto
Herrera, militante uruguayo y dirigente de la
Corriente de Izquierda, una de las fuerzas que
componen el Frente Amplio. 

MRA: Todo indica que la victoria electoral está vez es
inevitable... 

CS: Es lo más probable. Las últimas encuestas le
asignan al Encuentro Progresista-Frente Amplio-Nueva
Mayoría (así se presenta la alianza electoral) una
ventaja que puede ser decisiva para ganar ya el 31 de
octubre, es decir, en el primer turno.  Tabaré Vázquez
(Encuentro Progresista) supera el 50% de la intención
de voto; Jorge Larrañaga (Partido Nacional) tiene un
32%; y Federico Stirling (Partido Colorado) un 11%.
Igualmente hay que manejarse con cierta prudencia
todavía, porque el tramo final de la campaña electoral
recién comienza y no se puede descartar un segundo
turno donde las cosas se complicarían. 

De todas maneras y considerando la hipótesis más
probable, la izquierda alcanzaría luego de varios
intentos frustrados, el gobierno nacional…

Es cierto, nadie piensa que Tabaré Vázquez pueda
perder. Esa es la percepción general en el movimiento
social, en las organizaciones sindicales y
estudiantiles, en los barrios populares, en la clase
media descontenta y, sobre todo, en la militancia de
los partidos de izquierda. También entre las clases
propietarias y los medios de comunicación controlados
por los poderes económicos. Incluso instituciones
financieras internacionales como el FMI y el BID
asumen esta realidad, por eso ya se ha realizado
varias reuniones con los asesores económicos de Tabaré
Vázquez. 
Ahora, se debe matizar lo de izquierda, las palabras
tienen su significado y es mejor no entreverlas. Toda
la propuesta programática del “cambio posible” se
presenta bajo el signo progresista y a la alianza
político-electoral como de centroizquierda. El
discurso de las figuras principales del Encuentro
Progresista y el Frente Amplio ha sido el de
diferenciarse de lo que entendemos por izquierda en el
más estricto sentido del término, y de tomar distancia
de todo aquello que pueda identificarse con protesta y
rebeldía social, lucha de clases y manifestación de
anti-imperialismo. 

Pero un triunfo de Tabaré Vázquez tendrá un impacto
fuerte sobre el sistema político…

Derrotar a la derecha y alcanzar el gobierno nacional
es un acontecimiento trascendente, porque será un
golpe letal para un bipartidismo burgués en pleno
proceso de descomposición y esto tendrá consecuencias
sobre los puestos de mando ejecutivo del Estado
capitalista. 
Por ejemplo, que se anuncie que un dirigente histórico
de los tupamaros (como el senador José Mujica) pueda
ser el ministro de Producción y Desarrollo, o que
algunos dirigentes socialistas, comunistas, y hasta
sindicalistas, ocupen funciones de gobierno o asuman
parte de los 3 mil “cargos de confianza” que hay en el
Estado, son señales que un cambio en el sistema
político va a ocurrir. 
Pero todo esto se inscribe en la idea de un recambio
sin ruptura. La campaña electoral -prácticamente sin
movilizaciones de masas- anticipa el tipo de gobierno
que se propone. El “cambio posible” está vinculado a
la “superación de la pobreza”, a revertir “el
estancamiento del país”, al “tránsito pacífico”, y a
la identificación con las “tradiciones democráticas y
progresistas” que impactan sobre todo en el “ciudadano
de centro”. 
No se pueden confundir las cosas: nada de esto
modifica lo esencial de la naturaleza del régimen de
dominación, aún si aceptamos la tesis que un triunfo
progresista puede abrir una fase de relativa
inestabilidad en términos políticos como consecuencia
del propio recambio en el personal gobernante del
Estado capitalista.

Entonces no coincides con otras opiniones de la
izquierda de que un gobierno progresista podría
concebirse como “una derrota histórica” de la derecha
política y el neoliberalismo…

En el Frente Amplio se acuño el concepto de “lealtad
institucional” (en su momento, la Corriente de
Izquierda fue la única organización frentista que se
opuso a esto).  La conclusión es muy simple; el
“respeto irrestricto” a todas las reglas de juego de
la “democracia representativa”. El eje central de la
propuesta progresista es asegurar que ese “cambio
posible” se realice en un cuadro de “gobernabilidad
democrática” que sea capaz de encauzar eventuales
desbordes sociales,  reducir las demandas de tipo
“corporativista”, y desarticular cualquier movimiento
de superación de la democracia liberal.   
Es cierto que los políticos más conservadores y
reaccionarios quedarán afuera del gobierno. Pero la
estrategia del progresismo incluye la formación de un
gobierno de coalición con fracciones y dirigentes de
los partidos burgueses, con capas significativas de
las clases propietarias. Y la estrategia de alianza
con fracciones de la burguesía es vital para sostener
el proyecto de “Uruguay productivo” que está basado en
la idea de una amplia “concertación para el
crecimiento”. Por eso, se aceleran los pasos para
establecer mecanismos de negociación que aseguren la
paz social entre patrones y trabajadores. 
Si a esto le agregamos la crisis política de los
partidos de la derecha, se puede entender mejor por
qué ya no existe un veto de las elites burguesas, ni
de los militares, ni del imperialismo, a un eventual
progresista. 
Entonces, de ninguna manera se puede hablar de una
“derrota histórica” de la derecha, es una exageración.


¿Tampoco se puede hablar de una victoria popular
entonces?

En un aspecto sí, porque la inmensa mayoría del
movimiento popular, de los trabajadores, los
desempleados, los militantes de la izquierda, los
jóvenes,  las organizaciones de derechos humanos, lo
sentirán como un triunfo político propio, lo asumirán
como el resultado de una larga historia de acumulación
de luchas obreras, estudiantiles, de movilizaciones
democráticas, de resistencias antineoliberales…
Pero no sería responsable decir que estamos ante un
paso adelante en la conciencia democrática radical,
antiimperialista o anticapitalista, menos todavía que
se han modificado las relaciones de fuerzas entre
trabajo y capital. Y es muy discutible afirmar que una
victoria del Frente Amplio puede abrir una dinámica en
dirección a la agudización de la lucha de clases. 
Hay que tratar de distinguir. Es verdad que hay una
capa de militantes y luchadores sociales que sienten
que llegó “la hora del pueblo”, de las
trasformaciones, y que ven la conquista del gobierno
como una vía de aproximación al poder…como en la
estrategia de revolución por etapas en los años ´60 y
´70. Esta idea está presente todavía y atraviesa a las
diferentes organizaciones frentistas…incluso muchos
militantes tupamaros creen que la derechización de sus
principales dirigentes y la propuesta de alianza con
la “burguesía nacional” es una simple operación de
maquillaje para ganar las elecciones.
Sin embargo, hay otras cuestiones a considerar, como
por ejemplo, que casi el 40% del actual electorado del
Frente Amplio se considera “demócrata de
centroizquierda”, que el componente obrero, clasista,
es mucho menor en la estructura frentista, y que las
posiciones “moderadas” se impusieron ampliamente en el
último Congreso del Frente Amplio (diciembre 2003).
Todo ello favorece la estrategia del “cambio posible”.


En términos de programa de gobierno ¿se proponen
cambios sustanciales? 

El carácter de centroizquierda de la alianza EP-FA-NM,
sepulta toda relación con el programa fundacional del
Frente Amplio en 1971. Un programa democrático,
antioligárquico y antiimperialista, que sin definirse
socialista adquiría (en el cuadro de una coyuntura
pre-revolucionaria nacional y regional) una dinámica
anticapitalista. Las 30 medidas de gobierno del ´71
tenían, en ese sentido, el mismo carácter que las 40
medidas de la Unidad Popular en el Chile de Allende.
La reforma agraria, la nacionalización de la banca, el
monopolio estatal del comercio exterior, el no pago de
la deuda externa, por ejemplo, fueron borrados del
mapa. Hoy, ni siquiera está planteada la eliminación
del secreto bancario, ni una reforma tributaria
radical que metan la mano en las ganancias
capitalistas y las grandes fortunas, y tase el
movimiento del capital financiero-especulativo. No se
plantea una ruptura con el núcleo duro de la matriz
neoliberal, ni con los condicionamientos que vienen de
las instituciones financieras internacionales. Se van
a seguir respetando los compromisos que imponen las
Cartas de Intención y el superávit primario del FMI,
el pago de los intereses de la deuda externa (que
significan el 35% de lo que el país exporta), el
mantenimiento de las AFPS (fondos de pensión privados)
y la “reforma” del Estado. 
Hay que tener en cuenta, además, que el anuncio sobre
quien será el ministro de Economía (Danilo Astori,
senador y economista del ala social-liberal del FA] se
hizo nada menos que en Washington. 
El programa del progresismo no es una amenaza para los
capitalistas. El impuesto a la renta de los ricos como
mecanismo de “redistribución de la riqueza” se piensa
aplicar tan gradualmente que probablemente no tenga
ningún resultado; no habrá un “salariazo” para
recuperar el ingreso confiscado, y ni siquiera se
propone eliminar los impuestos a los salarios y
jubilaciones o rebajar el IVA (que hoy es del 23%).
Incluso, unas semanas atrás, la dirección del Frente
Amplio se negó a votar un porcentaje de aumento del
salario mínimo (actualmente de 75 dólares) para el
caso de ganar el gobierno.
La únicas medidas que aparecen como distintas en el
libreto, son un Plan de Emergencia Social, y la de
utilizar parte de las voluminosas ganancias de las
AFAPs para un plan de viviendas como forma de
reactivar el empleo. Hay planteos de aumentar la
inversión en salud y en educación, pero no se
arriesgan medidas concretas. 
Tanto las resoluciones políticas del II como del III
Congreso de la Corriente de Izquierda (2001 y 2002)
definieron la naturaleza del programa frentista como
un “reformismo sin reformas”: es decir, sin las
reformas estructurales necesarias para revertir el
proceso de desnacionalización y privatización de la
economía. Esa definición es más válida que nunca. 

De esto que tú dices ¿se puede concluir en que habrá
un continuismo neoliberal como en el gobierno Lula, y
que el proceso privatizador se profundizará?

Habrá como un neoliberalismo mitigado, donde la
“justicia distributiva” se focalizará en los “sectores
vulnerables” penalizados y excluidos. El Plan de
Emergencia Social, por ejemplo, apunta a “reorientar
las prioridades sociales” en un sentido compensatorio
y asistencialista. Y ese Plan se piensa financiar con
parte de la renta que dejan las empresas públicas y
con “préstamos sociales” que el BID ya se comprometió
a conceder. 
Pero insisto, no habrá ruptura con un modelo que
cobija la guerra social del capital contra el trabajo,
destruyendo conquistas y derechos, desestabilizando a
los que tienen empleo estable, enfrentando a los
“privilegiados” (trabajadores públicos) con
trabajadores del sector privado y/o “informales”, 
fracturando cohesiones y lazos sociales colectivos.
Se habla mucho de recuperar el rol “regulador” del
Estado, de “retomar el control soberano de las
decisiones” y restablecer el papel social y
“protector” del Estado, pero esto choca con la barrera
de la mundialización capitalista, con las condiciones
que imponen las instituciones financieras
internacionales. Y un gobierno progresista no se
plantea interpelar ninguna de esas condiciones. 
En cuanto al proceso privatizador, creo que habrá
algunas diferencias respecto a lo que ocurre en
Brasil. Los gobiernos del Partido Colorado y del
Partido Nacional no consiguieron aplicar una agenda
neoliberal en términos de privatizaciones como en
otros países de América del Sur, entonces no tenemos
una “herencia maldita” en este terreno. Hubo
tercerizaciones, concesiones, flexibilización laboral,
pero el proceso de grandes privatizaciones ha sido más
lento. Y en esto jugó un papel central la resistencia
y la movilización popular. 
Hay que recordar que se organizaron y se ganaron dos
Referéndum (diciembre de 1992 y diciembre de 2003) que
impidieron las privatizaciones de las grandes empresas
públicas (telecomunicaciones, electricidad,
petrolera),  y que el próximo 31 de octubre también se
vota un Plebiscito que incorpora a la Constitución un
artículo prohibiendo la privatización del agua o
cualquier tipo de concesión a empresas privadas en esa
área. 
Esto pone un límite a cualquier intento de avanzar en
el desmantelamiento de las empresas estatales. En este
sentido, la resistencia social ha sido muy radical y
la conciencia popular es muy fuerte: bastaría decir
que Uruguay (junto con Argentina) es el país de
América del Sur donde las privatizaciones tienen un
índice de rechazo más elevado.
Evidente, no se puede descartar a priori absolutamente
nada, ni siquiera un curso tan descaradamente
neoliberal como el de Lula, pero lo que digo es que
aquí existen algunos límites difíciles de franquear.
Tanto Tabaré Vázquez como algunos de sus asesores
económicos contemplan la posibilidad de “asociar” a
las empresas públicas con capitales privados (sobre
todo extranjeros), incluso Danilo Astori y otros
dirigentes del Encuentro Progresista son partidarios
de eliminar el status de inamovilidad de los
funcionarios públicos, pero eso no podrán hacerlo sin
tener que enfrentar una gran resistencia con los
trabajadores. Es más, una iniciativa de esa naturaleza
generaría un conflicto con las direcciones sindicales
y de la central obrera (PIT-CNT) porque casi un 65% de
los afiliados sindicales son empleados públicos, y la
alianza con las  direcciones sindicales
colaboracionistas es decisiva para garantizar la paz
social. 

Los gobiernos de Argentina y Brasil ven con simpatía
la posibilidad de un gobierno de Tabaré Vázquez…

Sin duda. Un gobierno progresista tendrá los flancos
bien cubiertos en la medida que los gobiernos de
Kirchner y Lula son afines por razones ideológicas, y
por razones de geopolítica regional.  Un gobierno del
Encuentro Progresista, refuerza la percepción de mucha
gente sobre un Mercosur “antineoliberal” en
condiciones más favorables para negociar con Estados
Unidos el ALCA y con la Unión Europea…aunque el
reciente acuerdo comercial firmado entre el Mercosur y
la Unión Europea es tan malo como el ALCA. Pero se
trata de negociar los términos de la dependencia, no
más. 

Uno de los rasgos distintivos del Frente Amplio, era
el de su organización de base territorial,
participativa, que ejercía un control sobre la
dirección ¿eso se mantiene?

Todo el reciclaje ideológico-programático vino
acompañado por un elemento clave: el vaciamiento y la
desnaturalización de los Comités de Base. Esos
Comités, instalados en barrios, obras, fábricas,
centros de estudios y círculos intelectuales, fueron
en su inicio la verdadera columna vertebral del
Frente. Actuaron como organizadores, agitadores y
propagandistas; como la incipiente experiencia de una
democracia participativa desde abajo, donde la
reflexión y los debates en estado de asamblea no
paralizaban sino, por el contrario, fortalecían una
acción política y social de confrontación. En tal
sentido, los Comités de Base del Frente Amplio fueron
hermanos gemelos de los Comités de Unidad Popular en
Chile. 
Nada de eso existe hoy. Tanto los Comités de Base, las
Coordinadoras y el Plenario Nacional, son una
caricatura funcional a lo que ya viene cocinado desde
la cúpula cerrada que manejan Tabaré Vázquez y la
bancada parlamentaria. La estructura orgánica es un
pesado aparato burocrático, donde la democracia brilla
por su ausencia y en la cual la militancia más
dinámica, joven, combativa e involucrada con las
luchas sociales, directamente no participa. 

¿Cuáles son las fuerzas mayoritarias hoy en el Frente
Amplio?

El Movimiento de Participación Popular (una alianza de
los tupamaros con sectores de izquierda nacionalista y
fracciones burguesas que rompieron con los partidos
tradicionales de la derecha), y el Partido Socialista
(que integra la socialdemocracia internacional y que
se referencia con el PSOE y el PS francés). Luego
vienen Asamblea Uruguay y la Vertiente Artiguista (que
son una mezcla de social-liberalismo, tercera vía y
socialdemocracia).

¿El Partido Comunista continúa teniendo un peso
importante?

Está muy debilitado. Mantiene una implantación
considerable en los sindicatos y en algunos barrios
populares. Recientemente, tuvo una crisis interna que
llevó a la escisión de su organización juvenil que hoy
vacila entre apoyar a la izquierda radical o
directamente no participar en las elecciones. La
escisión respondió a que el PC ha venido acompañando
la estrategia de las fuerzas mayoritarias del Frente
Amplio.
En este cuadro que tú describes, me imagino que la
situación de la izquierda radical será muy difícil…
La izquierda radical se encuentra a la defensiva, en
abierta dispersión, y enfrenta un escenario donde la
acumulación revolucionaria –como eje de delimitación
en el campo de la lucha de clases-  debe ser
(re)pensada y (re)organizada. Está en un verdadero
laberinto. A contramano de lo “posible”.
Y existen dos tipos de peligros: adaptarse a la
presión triunfalista del progresismo (para no quedar a
la intemperie) o por el contrario, replegarse a la
espera del “desengaño” que generaría una experiencia
“reformista” en el gobierno. 
Además su visibilidad electoral es mínima; si contamos
al 26 de Marzo (castrista, marxista-leninista) y a la
Corriente de Izquierda como las fuerzas más expresivas
de la izquierda radical, alcanzan el 3% de la votación
del Frente Amplio. Eso ni siquiera asegura la elección
de un diputado nacional. 

¿Existe una coordinación o acuerdos programáticos
unitarios de esta izquierda radical en el Frente
Amplio?

Muy poco. Apenas un acuerdo puntual en lo que aquí se
llama “acuerdo técnico” para acumular votos que, bajo
el lema “Por un país soberano”, se incluyen la
moratoria y la auditoría de la deuda externa, la
eliminación del secreto bancario, la eliminación de
las AFPs, y la derogación de la Ley de Impunidad al
terrorismo de Estado bajo la dictadura militar (ley
que un gobierno del Encuentro Progresista piensa
mantener). La Corriente de Izquierda por su parte,
propone una Ley de Iniciativa Popular donde se
establecen derechos económicos, sociales y
democráticos para los trabajadores. Pero no se puede
decir que haya una coordinación ni un acuerdo
programático claro, por ejemplo, en la Convención
Nacional del Encuentro Progresista (junio 2004), la
Corriente de Izquierda votó en completa soledad contra
la propuesta de programa de gobierno. 

¿Y el momento de la Corriente de Izquierda?

Hay que poner las cosas en su justo término. La
Corriente de Izquierda es una pequeña organización,
con varios centenares de militantes implantados en
todo el país y en los principales movimientos. Es una
fuerza política muy activa en todas las luchas
sociales. Pero no deja de ser una fuerza muy
minoritaria. Inclusive a un escala electoral, donde
puede tener un techo de 10 mil votos…poco más, poco
menos. Al mismo tiempo, sufre de los dos peligros que
antes te señalaba. En tal sentido, no se puede ocultar
que atravesamos por una crisis en la perspectiva de
acumulación y de incertidumbres en cómo orientarnos en
esa necesidad de reorganizar a las fuerzas
revolucionarias. 

Por fuera del Frente Amplio ¿existen fuerzas
significativas de izquierda radical?

Sobre todo en movimientos sociales como el de los
derechos humanos, ollas populares, organizaciones
juveniles, y algunos sindicatos clasistas. Allí se
amplifican las prácticas contestarias y de críticas a
la izquierda institucionalizada. Se trata de sectores
que toman como referencia -aún de manera confusa-
otras experiencias latinoamericanas: el zapatismo, los
piqueteros, las asambleas barriales, los movimientos
insurrecciónales bolivianos, los sin tierra de Brasil.
Muchos de estos militantes han participado junto a la
izquierda frentista de los Foros Sociales Mundiales en
Porto Alegre y en los Foros Regionales, en las
campañas antiimperialistas contra la guerra, contra el
pago de la deuda externa y el ALCA, en los movimientos
de solidaridad con Cuba y Venezuela, contra el Plan
Colombia. 

Todos los análisis e informaciones sobre la situación
económica, coinciden en que hay una cierta
recuperación, pero que la crisis social es muy grave…

La “recuperación” está basada, en lo fundamental, en
una coyuntura internacional favorable para los precios
de las exportaciones de carne, lana, lácteos. El
sector agro-exportador viene acumulando ganancias cada
vez mayores. Esto da la sensación que la crisis
económico-financiera de 2002 fue superada. Pero no es
verdad, y no solo porque el “efecto derrame” nadie lo
percibe.
La crisis socio-económica es de una brutalidad
aplastante. Más de 850 mil  personas viven en la
pobreza (la población total del país es 3 millones 200
mil); el 54% de los niños viven en hogares pobres, y
la indigencia se ha multiplicado por tres desde 2002.
Los desempleados son 200 mil y los trabajadores
precarios 550 mil, en una población económicamente
activa de poco más de 1 millón 300 mil. Mientras que
el salario real cayó casi un 30% en dos años. 
Es evidente que en este cuadro desolador, el Plan de
Emergencia Social del progresismo no resuelve el
problema del empobrecimiento general de la población.
Y que apenas se trata de llevar un paliativo a los
sectores “más cadenciados”. 

¿Esta situación de crisis ha generado una respuesta,
una resistencia social?

En este proceso de crisis, la resistencia popular ha
sido muy amplia, prolongada, desarrollando una
multiplicidad de luchas, demandas, y formas de
organización y auto-organización. Desde los
sindicatos, las cooperativas de vivienda, los
desempleados, estudiantes de los liceos, y los
movimientos barriales. Pero ha sido una resistencia
fragmentada. De todas maneras, si bien atravesamos un
período de lucha defensiva, la brutalidad de la
ofensiva burguesa y el desastre socio-económico
causado, genera condiciones para desarrollar una
potencialidad revolucionaria en capas significativas
del movimiento obrero, popular, juvenil.
Capas de luchadoras y luchadores sociales que asumen
concientemente, la necesidad de romper con la lógica
del pacto social, del “país productivo” y, en
definitiva, con la lógica de reducir la protesta
social a la defensa de las “conquistas parciales” tal
cual lo pregona el reformismo. 
Seguramente, la mayoría de estas y estos luchadores
sociales votarán al progresismo como una forma
combinada de voto castigo-voto útil para desalojar a
la derecha burguesa del gobierno. Pero esto no
significa una aprobación de la política progresista,
ni un cheque en blanco, ni ilusiones sobre cambios
sustanciales bajo un gobierno de Tabaré Vázquez. Por
el contrario, esta capa de militantes y organizadores
populares, agitadores sociales, y cuadros políticos
radicales, inscriben su voto castigo-voto útil en el
marco de una continuidad y profundización del proceso
de resistencia y acumulación revolucionaria. 
Es en estas capas de luchadores y luchadoras sociales
que una izquierda radical debe actuar. No para imponer
elaboraciones o “línea” desde fuera, ni para
constituirse en una espacie de estados mayores que
conducen a las tropas al combate. Porque es decisivo
el respeto de las fuerzas socialistas revolucionarias
de la autonomía de los movimientos sociales en lo que
se refiere a su capacidad de definir los pasos y los
objetivos del enfrentamiento con las clases
propietarias y el programa neoliberal.

¿Se discute la posibilidad de una ruptura de la
izquierda radical con el Frente Amplio?

En voz baja por ahora. En algunas franjas de
militantes empieza a mirarse con más atención la
experiencia que dio origen a la constitución del P-SOL
en Brasil, luego de la capitulación de Lula y la
debacle de la “izquierda” petista. Otros dicen: “nos
quedamos hasta que nos echen”. Pero sí,
indudablemente, el horizonte de una ruptura está
colocado y no como algo de largo plazo. En la
Corriente de Izquierda, por ejemplo, muchos compañeros
ya coincidimos en que la dirección del Frente Amplio
es irrecuperable (desde hace bastante tiempo), no ya
para un programa anticapitalista, sino para uno de
reformas más o menos profundas, y que el proceso de
derechización responde, entre otras razones, a la
ausencia de una alternativa fuerte por izquierda. Es
decir, a la incapacidad de tomar iniciativas y
disputar relaciones de fuerza. Esta cuestión estará en
la agenda de nuestro IV Congreso Nacional cuya fecha
será fijada luego de las elecciones. 


Montevideo 1º de octubre 2004
* Miembro de la dirección nacional de la Corriente de
Izquierda (CI), reagrupamiento radical en el Frente
Amplio. Editor del boletín electrónico Correspondencia
de Prensa. Co-autor junto a Charles-André Udry de
“América Latina: crisis continental y construcción de
alternativas radicales”, enero 2004. La entrevista
también ha sido publicada por la revista A l`encontre
(Suiza) www.alencontre.org
Marxismo Revolucionario Atual Nº 7, octubre 2004.
www.marxismorevolucionarioatual.org


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