[R-P] Signos totémicos
outabeiron
outabeiron en arnet.com.ar
Lun Oct 11 09:51:25 MDT 2004
El amigo Hugo Miravalles, Bahiense de Puerto Madryn me envía esta
sorprendente sanata del diario La Nueva Provincia. Al final, para mantener
la intriga incluyo mi respuesta a Hugo.
José Luis Garrido
Bahía Blanca . República Argentina domingo 10 de Octubre de 2004
UN HALLAZGO SORPRENDENTE
Misteriosas líneas rectas en la Patagonia
Por Xxxxxxxx Xxxxxxxxxxxx Especial para "La Nueva Provincia"
Las extrañas sendas atraviesan decenas de kilómetros en el desierto,
ignorando obstáculos naturales como lagunas o cerros. Pueden tener un origen
prehistórico.
Xxxxxxxx Xxxxxxxxxxxx es escritor, investigador de culturas. Fue becado
a Grecia, donde llevó a cabo estudios de posgrado en la Universidad de
Atenas. En 1995 publicó un libro sobre misterios de la primitiva cartografía
americana, titulado "Descubrimiento en el Mar de Papel", que obtuvo el
Premio Nacional de Ensayo otorgado por la Secretaría de Cultura.
Ese mismo año expuso en el Congreso anual de The Society for the
History of Discoveries, celebrado en la Universidad de Arlington, su tesis
sobre un mapa precolombino de América guardado en Portugal. Dicha tesis fue
publicada en el anuario de dicha Universidad, "Terrae Incognitae".
Durante los últimos años llevó a cabo una docena de viajes a la
Patagonia, investigando la posibilidad de que haya existido una alta cultura
precolombina en esa región.
En un viaje reciente por la provincia del Chubut en busca de picaderos
indígenas, observé un camino que ascendía recto hacia la cima de un cerro de
casi seiscientos metros de altura, sin desviarse lo más mínimo. Me llamó
poderosamente la atención, porque la zona es desértica, y no podía imaginar
la utilidad que podía tener semejante trazado para nadie. Un camino para
autos sin duda bordearía el cerro, evitando una trepada inútil y, por otra
parte, no había señales de alambradas o cables eléctricos que justificaran
esa obra, que aparentaba tener muchos kilómetros de longitud.
Decidí seguir el camino a pie, para ver a dónde llevaba, y averiguar su
posible utilidad.
Al principio es transitable para una camioneta 4x4, pero pronto
aparecen zanjones profundos e insalvables, incluso para este tipo de
vehículos. Algo más adelante se encuentra un obstáculo mayor,
desconcertante: una serie de colinas calizas de curiosa conformación, que
interrumpen el camino por completo, durante unos cien metros. Sin embargo,
más allá de ellas, el camino sigue, retomando la línea recta anterior, como
si el obstáculo no existiese.
Bajé por una profunda hondonada y rodeé las colinas, hasta dar de nuevo
con el camino recto, ahora transformado en un sendero cubierto por
matorrales. Continué el ascenso hacia la cima lejana del cerro, y al darme
vuelta para mirar atrás, comprobé asombrado que el trazado recto está
marcado sobre las empinadas laderas de las colinas calizas que yo había
rodeado, aunque esa parte es totalmente intransitable, incluso a pie.
Aquí empecé a sospechar que la finalidad del camino no es utilitaria,
sino simbólica, y recordé los antiguos "ceques" andinos, cuya característica
más notable era unir los sitios sagrados indígenas mediante líneas rectas
que no se desviaban ante ningún obstáculo natural. Entre los incas, había
familias encargadas de la manutención de estos caminos sagrados o "ceques",
evitando que los invadiesen las plantas, y sembrando su trayecto de cantos
rodados.
Me pregunté si no habría dado con un camino prehistórico en medio del
desierto patagónico, y continué la marcha hacia la cima. Atravesé un tramo
arenoso y muy desnivelado, por donde había que trepar a los saltos,
ayudándome con las manos. Cuando hube alcanzado una altura de 500 metros,
volví a mirar atrás: cuál no sería mi sorpresa al ver que paralelo a este
camino corren otros dos, el primero a escasos treinta metros, atravesando el
llano hacia las colinas calizas que yo había encontrado; el segundo,
distante un par de kilómetros, une unas curiosas charcas blancas de forma
circular dispuestas a lo largo de una línea recta.
La cosa parecía cada vez más inexplicable desde el punto de vista
moderno, siempre dirigida a alguna finalidad práctica. ¿Qué sentido podían
tener estos caminos rectos, que yo había seguido por más de veinte
kilómetros, sin eludir nunca un obstáculo natural? Incluso noté que entre
los caminos había una parte más llana que podría haberse aprovechado con
ventaja para trazar un sendero de menor dificultad; en lugar de eso había
tres caminos paralelos, corriendo por las partes más abruptas del terreno.
Conseguí coronar la cima del cerro, no sin detenerme varias veces para tomar
aliento.
Dirigí una mirada satisfecha al camino recorrido, que se perdía en el
horizonte sur, y luego volví la vista al norte, pero entonces quedé
paralizado: ¡los caminos continuaban siempre rectos hasta perderse en la
lejanía, internándose en una región absolutamente desierta!
Documenté lo mejor que pude este enigma, filmando hacia ambos lados y
tomando acercamientos con el zoom : las fotos que tiene a la vista el lector
corresponden a un tramo de cuarenta kilómetros atravesado por los dos
caminos principales, a saber, el que me llevó a la cima del cerro, y el de
las charcas blancas, que hacia el norte enhebra aún otra de estas curiosas
formaciones y la cima de una colina cónica. Pero mi sospecha es que estos
senderos rectos pueden atravesar buena parte de la Patagonia, habría que
comprobarlo volando sobre ellos, o mediante fotos satelitales de alta
definición.
He proyectado sobre un mapa la prolongación hipotética de estos caminos
o travesías rectas, y encontré que apuntan directamente a Valcheta, en Río
Negro. Esta localidad era conocida desde el siglo dieciocho por estar en el
paso de una travesía indígena que unía los desiertos del sur con las pampas,
y así encontramos en un mapa de la Patagonia trazado en 1786 por José
Custodio de Sáa y Faría --cartógrafo del virrey Vértiz-- la mención al
"Camino de los Balchitas", que dio su nombre al pueblo actual. Existe pues
la posibilidad de que los caminos que fotografié formen parte de una extensa
red de vías prehistóricas, que unían en línea recta antiguos sitios
considerados sagrados por los indios.
Curiosamente, el museo regional de Valcheta guarda un pequeño tótem de
factura refinada hallado en pleno campo, no perteneciente a ninguna cultura
patagónica conocida. En su momento examiné los símbolos grabados sobre esta
pieza, y llegué a la conclusión de que se trata de un arcaico calendario
basado en los eclipses.
Si los caminos rectos guardan o no relación con el tótem es algo que
dirá el tiempo, pero entretanto, el misterio se agiganta como la sombra de
los antiguos Patagones marchando en el crepúsculo...
_______________
Si estoy cansado de verlas durante 20 años de andar entre el Estrecho de
Magallanes y el Río Colorado. No te olvides que además lo volamos todo a
baja altura contando guanacos.
Esas líneas "misteriosas" solamente lo son para ese griego boludo que no
conoce la Patagonia y hace conjeturas especiales y misteriosas.
Las líneas no son otra cosa que las picadas de geosísmica que hizo YPF en la
época heroica de la exploración de nuestras riquezas del subsuelo. en las
décadas de 50 y 60.
Se mandaba una topadora pesada siguiendo un rumbo predeterminado. Se repetía
en líneas paralelas y ortogonales formado grillas. Son rectas en serio,
porque las máquinas no se detenían casi con nada. Sólo alguna chimenea
basáltica de paredes verticales hacían que se interrumpieran y se seguía del
otro lado. Tras las máquinas avanzaban los camiones todo terreno, Chevrolet,
Mack o ford canadienses, luego Unimoq con las cuadrillas que instalaban las
líneas de explosivos y los sismógrafos que mediante el sismograma les
permitía detectar las rocas porosas presumiblemente infiltradas de
hidrocarburos.
En vez de pensar en precolombinos con fantasías especiales, extraterrestres
y arcángeles, el griego en cuestión debería preocuparse por no pisarse las
bolas, riesgo que a esta altura debe ser muy posible.
Así son los cazadores de misterios. Caen por soberbia, por no preguntar a la
gente del lugar, en las más absurdas fantasías.
Huguito, escribile a la Nueva Provincia para que no publique esas boludeces.
Que no sean payasos.
el gaita.
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