[R-P] (Fwd) La salud despues de Locas de Amor
Nestor Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
Lun Oct 11 09:08:07 MDT 2004
[Allá por la década del 70, en los círculos "progre" se hablaban
maravillas del sistema de des-manicomialización de la salud mental
que se había lanzado en Italia, creo que en la región del Véneto
(especialistas, corríjanme tanto las fechas como los lugares; pero
que era Italia, estoy seguro)
En la "ciudadana" Buenos Aires, una magnífica ley se enfrenta a la
voluntad de las autoridades "progre" de mantener el sistema de
internaciones y asilos.
En la "feudal" San Luis, en cambio, se implementa el sistema de
eliminación de asilos, etc. El director de un hospital puntano de
salud mental responde a la polémica porteña sobre el asunto.]
------- Forwarded message follows -------
Gentileza de la Nac & Pop
Subject: La salud despues de Locas de Amor
Date sent: Mon, 11 Oct 2004 00:20:33 -0300
Después de la serie Locas de Amor de Pol-Ka en TV
Un debate actual
( O flor nueva de romances viejos)
El diario capitalino Clarín ha sido escenario de un intercambio de
correspondencia entre el Dr. Alfredo Kraut y el Dr. Stern.
El primero es un profesor universitario, abogado, especialista en
derechos de pacientes mentales. El segundo es el ministro de Salud de
la Ciudad de Buenos Aires.
El Dr.Kraut envía al diario una carta en la que solicita se repiense
el destino de un crédito de 26.3 millones de pesos del BID, que la
Ciudad de Buenos Aires ha tomado con destino a refaccionar el
Hospital
Borda, el Moyano, el Alvear y el Tobar García .Y recuerda que existe
una ley porteña sobre salud mental que pone el acento en una política
de reinserción social, para terminar con el esquema custodial y
asilar.
El Dr.Stern, contesta con afirmaciones de indudable peso, si se tiene
en cuenta su cargo. Esto es: si se tiene en cuenta que expresa la
voluntad política del Estado porteño. Dice el Dr.Stern que no deben
contraponerse reforma edilicia y transformación institucional. Que la
mayoría de los pacientes internados lo están por Orden Judicial, y
que
por tanto escapan a su nivel decisorio. Que, sabido es, los pacientes
crónicos son rechazados por su familia y no tienen donde ir. Y que,
sabido es, carecen de autonomía y capacidades laborales. Finalmente:
que la refacción del manicomio, ya, de por si, lo transformara en un
hospital de salud mental.
Vamos por parte.
Efectivamente, no deben contraponerse lo edilicio con la reforma
asistencial. Pero no puede ocultarse a nuestros ojos que la puesta en
marcha de una ley sancionada hace cinco años - y costosamente
reglamentada- encuentra serios obstáculos y poco modifica las
instituciones asilares de Buenos Aires, mientras el endeudamiento
para
la reforma edilicia refleja otro grado de voluntad política,
totalmente diferente. Porque si algo surge de la carta del Dr. Stern,
es que en base a sus ideas es imposible cambiar el manicomio. Por lo
tanto: la puesta en ejecución de la Ley aprobada, amenaza ser
declarativa.
El crédito solicitado es por casi treinta millones de pesos. Equivale
– si se toma como cifra cierta la de mil personas internadas –
treinta
mil pesos por interno. ¿No valdría la pena revisar en términos de
política sanitaria el destino de ese crédito, habida cuenta la suma
de
treinta pesos que cada habitante de la ciudad pondrá de su bolsillo
para ese destino?
Esta en discusión la política de salud mental, la coherencia entre
palabras y hechos, la idea sobre salud y enfermedad, la convicción de
curabilidad de la enfermedad mental, el trabajo con la familia y la
comunidad, el debate cultural aun no abordado respecto de la locura y
la cordura, etc.
El argumento de responsabilizar al Poder Judicial es un caballito de
batalla habitual en la conservación de los asilos, manicomios y
depósitos de seres humanos. Se pone la responsabilidad en otros. Pero
es incumplir la Constitución Nacional, particularmente en los
Tratados
internacionales incorporados al texto reformado en 1994 que exigen
defender los derechos de los pacientes cuya reclusión sin términos
temporales ni objetivos terapéuticos no encuentra respaldo científico
alguno en las Ciencias de la Salud.
Hoy no se puede fundamentar desde el punto de vista científico
ninguna
reclusión ni prolongada ni indeterminada.
Los avances en el campo de la Psicofármacologia, las sicoterapias
individuales y grupales, las técnicas sicodramaticas y creativas, las
experiencias comunitarias argentinas y extranjeras, los documentos
oficiales de OMS o Asoc. Mundial de Psiquiatría, etc, tornan arcaica
y
iatrogénica cualquier internacion prolongada.
Desde que en 1951 Rene Spitz conceptualizo el hospitalismo, no
pueden
seguirse ignorando en el campo de la Salud, los efectos devastadores
del proceso de institucionalización que superan a los efectos de la
enfermedad primero diagnosticada, y luego transforman a los internos
en un rebaño robotizado, de voluntad enajenada, libertad capturada,
y
cosificación alienante.
Nadie defiende hoy el manicomio con argumentos científicos, porque no
los tiene. Se enuncian frases dictadas por un aparente sentido común:
pobres, no tienen donde ir, esta es su casa, nadie los quiere, son
peligrosos, etc. Y así se cristalizan instituciones crueles, caras,
ineficientes, ineficaces, perversas, incapaces de evaluar sus
resultados, sin respeto por los derechos humanos. Se sigue con el
prejuicio de crear instituciones para clausurar las diferencias y
encerrar el conflicto.
¿Aceptaría el Dr. Stern que una Orden Judicial obligara a los médicos
cirujanos de Buenos Aires a operar cuando la intervención quirúrgica
esta contraindicada? ¿Por qué, entonces, resignar la conducta medica
a
la orden de quien no es medico? Esta situación asimétrica queda
consagrada con la obligación legal por la cual los médicos están
obligados a informar con toda diligencia, a la Justicia sobre
internacion, evolución, y todo dato que aquella solicite.
Debe agregarse que los siquiatras y directores hospitalarios resignan
la facultad conferida por la Ley nacional 22914, y las leyes
provinciales, que autorizan a dar a los pacientes internados permisos
de salida a prueba, sin limites temporales. Del mismo modo la
obligación profesional e institucional de informar a la Justicia la
inconveniencia de las internaciones judiciales, suele transformarse
en
simples comunicaciones no acompañadas por decisión alguna.
Fuerza también es reconocer cierta connivencia entre los
establishment
médicos y tribunalicios.
Los médicos tenemos la obligación legal, ética, profesional de
asistir, pero ello implica tener los instrumentos de decisión en
nuestras manos para arbitrar los mejores tratamientos disponibles,
indicar los abordajes más eficaces, y movernos con los tiempos
rápidos
de la Salud, y no los lentos del expediente.
¿Puede una decisión judicial obligarnos a la mala praxis, cuando una
internacion no esta indicada médicamente? ¿Puede una orden judicial
reemplazar el conocimiento medico sobre el mejor tratamiento
disponible? ¿Puede determinar una conducta profesional? ¿Puede
judicializar una política de Estado? ¿Puede permitir que no se cumpla
con la ley, en este caso la Ley de Salud Mental de Buenos Aires?
¿Puede escudarse una decisión judicial en informe siquiatrico surgido
de cuerpo medico forense, cuando el mismo no tiene inserción alguna
en
las instituciones sanitarias publicas?
La obligación del Poder Ejecutivo a través de sus funcionarios de
Salud es tratar, asistir, curar, prevenir, según los más avanzados
conceptos de la ciencia actual.
Cuando el Sr. Ministro de Salud resigna su responsabilidad frente a
los seres humanos internados por orden de otro poder, evidentemente
no
esta ciñéndose al precepto constitucional de equilibrio de poderes,
sino aceptando en su propio Poder del Estado, la supremacía de otro
Poder, cuya facultad no es ejecutar la ley, sino hacerla cumplir. Por
tanto, es entender que el viejo sinónimo manicomial de asistir igual
a internar, carece de validación científica, institucional y
constitucional.
Resulta grave pensar que reformar ediliciamente un manicomio puede
lograr su transformación institucional.
Esta depende de políticas ya definidas por organizaciones
internacionales (OPS, OMS) que ponen el eje en la reinsercion social
de los depositados sin objetivos terapéuticos ni plazos temporales.
Esto exige decisiones políticas hechas programas, planes,
distribuciones presupuestarias, diagnósticos institucionales,
capacitación de recursos humanos. Pero exige, antes que nada,
producir
hechos partiendo de lo que hay. Hay que salir de la generalizada
queja
en torno de lo faltante, dar pasos concretos hacia instalar los
hospitales en la calle, porque allí están las causas del sufrimiento
humano, y tambien los recursos capaces de cambiar la situación.
Ningún paciente cronificado (no digo crónico, digo cronificado) nacio
en el manicomio
Y es hora de hablar de otro mito generalizado: la familia
victimaria.
Este mito hace que no se intenten planes de reconexión a largo plazo
y
con insistencia. Se deja a la familia del otro lado de la puerta del
consultorio, no se la atiende, no se la educa, y no se la ayuda para
que pueda ayudar. Por tanto las familias quedan sujetas al imaginario
social por el que loco una vez, loco siempre.
Hay familias que expulsan, otras que acompañan, otras que no saben
que
hacer. Pero lo habitual es la falta de un plan institucional que se
haga cargo de ellas, y les permita ayudar, acompañar, aceptar los
pasos de reinserción del depositado.
Mientras el ser humano cronificado queda alojado en el manicomio,
nadie se altera: ni los jueces que ya encontraron lugar donde
meterlo,
ni la familia expulsora que lo puede abandonar, ni los vecinos que
dejan de ser molestados por el disidente, ni (esto es lo peor) la
institución sanitaria que acepta mansamente hacer de cárcel.
Antes de seguir con el mito de la familia expulsora hay que trabajar
con esas familias a largo plazo en el hospital, en la calle y en los
domicilios. Pero trabajar previa salida del recluso. Porque sino todo
es hablar sin resolver nada. Hablemos una vez que las demás
instituciones en juego tienen la situación planteada en su vida
cotidiana. Que dejen de estar cómodas a partir del encierro y
exclusión del enfermo. Que cada cual cumpla con sus obligaciones,
incluso con sus obligaciones legales.
No es un merito decir: este manicomio es su casa y su familia; es un
benévolo encubrimiento del abandono social, y muchas veces, de la
privación ilegitima de la libertad.
Si hay abandono de persona, del mismo no debería hacerse cargo el
asilo, sino aquellos que previamente produjeron la situación, y la
Justicia es a ellos a quienes debe comenzar por aplicar las normas de
la legislación de fondo sobre abandono de persona.
Hace un siglo, Domingo Cabred, el primer gran sanitarista argentino,
enseño que hasta el más enfermo de los enfermos puede trabajar, en
tanto preserva siempre algún aspecto sano. Esto implica una ruptura
con el viejo concepto de beneficencia, para instalar como eje
estratégico la autonomía.
Los asilos, basados en la idea de una beneficencia que dependiza a
los
seres humanos, y que necesita presentarse socialmente como
benefactora
y caritativa, con ella justifican sus nulos resultados en el campo de
la rehabilitación y reinserción social. Por lo contrario, el
principio
de autonomía, exige adoptar la estrategia de reinserción social desde
el mismo inicio del proceso de internacion, indagando en los recursos
que rodean la vida del paciente, en los cuales es posible apoyarse
para planificar su futuro.
No tengo duda alguna que estas líneas provocaran distintas reacciones
adversas. Algunos dirán que suenan utópicas. A ellos puedo decir que
están respaldadas por la experiencia de transformación del ex
Hospital
Psiquiátrico de San Luis, comenzada en 1993, y que termino con la
vergüenza social del manicomio, fundando el actual Hospital Escuela
de
Salud Mental.
Habrá quienes opongan otros reparos.
Lo que creo es que todos los interrogantes planteados en esta nota
deberían generar un debate amplio, y planes de transformación
destinados a cambiar las cristalizadas instituciones manicomiales y
asilares.
Hay algo que todos sabemos: esas instituciones no van más, no
obtienen
resultados que mejoren la condición humana, y no respetan elementales
derechos humanos. Y este es el debate que tapan, con su propia
existencia, esas instituciones de reclusión. Debemos asumir un
problema clausurado: el trato que damos a nuestros minusvalidos
sociales.
Lejos de debatir futuros dignos para ellos – y por ende para nuestra
propia condición humana – seguimos encerrando a los que carecen de
defensas sociales, negando el conflicto sin resolverlo.
Dr. Jorge Luis Pellegrini
Director Hospital Escuela de Salud Mental.
San Luis
Argentina
N&P: El Correo-e del autor es Jorge Luis Pellegrini
<jpellegrini en sanluis.gov.ar>
NOTA DE LA NAC&POP: Después de la excelente serie televisiva Locas de
Amor, la sociedad vuelve a estar abierta a la discusión sobre
institucionalizacion o externacion de los enfermos mentales. Hay una
sola cosa que me atrevo a decir, en esta conversación. Los enfermos
mentales no son presos y menos presos condenados a cadena perpetua.
Los institutos son la fuente de ingresos por derecha y por izquierda
de verdaderas ciudades o pueblos de empleados y proveedores que viven
de eso. Para ellos perder a su enfermo preso significaria poner en
riesgo la estabilidad de su trabajo, ya que su éxito no esta basado
en la promocion sino en la estabilidad.
Una sociedad sana buscaria que el enfermo mental vuelva a vivir en
sociedad, en el limite de sus posibilidades, una sociedad enferma, en
cambio, buscaria archivarlo, definitivamente. Para archivarlos, se
necesita dinero, recursos, edificios, empleados, proveedores; para
promoverlos, se necesita mucho amor por la profesión y huevos.
Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _
"Sí, una sola debe ser la patria de los sudamericanos".
Simón Bolívar al gobierno secesionista y disgregador de
Buenos Aires, 1822
_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _
Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular