En defensa de Jorge Abelardo Ramos y Methol Ferré [Re: [R-P] JAR]

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Mar Oct 5 09:09:03 MDT 2004


Respuesta a: [R-P] JAR 
Remitido por: Hugo Presman 
Fecha: Lunes 4 de Octubre de 2004 
Hora: 17:07 *****

> quiero hacer una mención a Methol Ferré.  Corría el año 1997 o > 
1998.

> Estaba Methol y fuimos después a tomar un café.  Mi sorpresa fue 
> inenarrable porque me dijo textualmente: " La primera presidencia 
> de Menem fue perfecta.  Ahora está cometiendo algunos errores"  De
> manera que su mención en la Biblioteca Nacional fue muy moderada 
> acerca de su menemismo explícito de cuando Menem era presidente.

Se podría calificar de extemporánea la precisión de Hugo, afirmando 
que poco importa lo que Methol pensaba y decía en 1997 o 1998, que lo 
que importa es lo que dice y piensa hoy.  

Mas así se tiende a reducir la política a la coyuntura, eliminándole 
hondura hacia el pasado, y achicando su _proyección hacia el futuro_. 
 "Historia, es decir Política", tituló Luis Alberto Murray uno de sus 
libros; nunca más adecuada esta observación.  No conviene enterrar 
cadáveres bajo el parquet.  Tienen la mala costumbre de corromperse, 
tornan irrespirable la atmósfera, los huesos hacen ruidos 
inquietantes.  Según Edgar Allan Poe, además, los corazones siguen 
latiendo, _y delatan_.

Esto se aplica también a la Izquierda Nacional.  La precisión de 
Hugo, lejos de ser extemporánea, resalta la incómoda constatación de 
que la maratón de ditirambos que cubrió la figura egregia de Jorge 
Abelardo Ramos con motivo del décimo aniversario de su fallecimiento 
culmina, en casi todos los casos, con la frase ritual "lástima que al 
final apoyó a Menem".  Frase que además se estampa sin el más ligero 
intento de explicación de semejante "apostasía".

Y tanto la frase como el silencio son incómodos porque -salvo en el 
caso de quienes no hacen política en la Argentina- su único sentido 
práctico es desvincular al emisor de tan desafortunado final, 
liberarlo de la responsabilidad de haber apoyado a Ramos _en todo el 
proceso que lo llevó, finalmente, a apoyar a Menem_.  Total, Ramos no 
puede alzarse de la tumba e increpar: "¿Y vos, cuando yo hice tal o 
cual cosa, no me aplaudías acaso? ¿Porqué me endilgás ahora toda la 
responsabilidad? Una cosa trae la otra, querido, y yo solo fui 
consecuente con el rumbo que vos defendiste todo el tiempo..."

Antes de escribir que "olvidar también es tener memoria", José 
Hernández redactó enterito el _Martín Fierro_, para que nadie adujese 
desconocimiento de _qué era, exactamente, todo lo que, a su juicio, 
habría que olvidar_.  Muy freudiano (_avant la lettre_) el hombre.  

En respuesta anticipada al uso oportunista de esa frase (tan plena de 
grandeza política como la defensa de las FF.AA. uruguayas que hacen 
hoy los antiguos tupamaros torturados y llevados al borde de la 
locura por la propia milicia oriental), el federal censurado la 
estampó al final -y no al principio- de su inmensa denuncia.

Es muy fácil tomárselas con Ramos y reducir todo a una (inexplicada) 
"menemización";  se retroyectan opciones propias en un gran hombre 
que ya no puede defenderse.  No salgo tanto en su defensa por prurito 
de verdad histórica, sino para proteger las condiciones de 
posibilidad de confluir eventualmente en una corriente amplia de 
Izquierda Nacional donde la divergencia del pasado no se proyecte en 
desconfianzas hacia el futuro.  Léase: (1) se dice la verdad, (2) se 
la admite (repito: se la admite, algo que la frasecita sobre Ramos 
busca evitar) si al caso viene, y (3) después sí, todos en paz y se 
olvida.  Es condición de toda fraternidad la aceptación del mensaje 
de la denuncia.  

Se puede discrepar, e incluso pelearse.  Pero hay que ser veraz.  
Lealtad a los hechos, es la primera consigna.

Una vez que todos tengamos la misma lealtad a los hechos (garantía de 
la construcción real de un posible futuro en común), entonces sí será 
el momento de olvidar para tener memoria.  Mientras tanto, no 
descarguemos en una supuesta apostasía senil de Ramos -cuando no en 
el mezquino "se vendió por una embajada" (lo he escuchado, no lo 
invento, jamás se me hubiera ocurrido)- nuestras propias historias.

Y esto puede explicarse mejor aún defendiendo a Methol Ferré de 
aquello que de acusatorio podría tener el recuerdo de Hugo Presman.  
Aunque apena ver que alguien de semejante talla haya caído en el 
mismo pozo, seguramente lo hizo del modo involuntario en que le puede 
tocar a cualquiera de nosotros:  porque también a él se le aplica, en 
lo personal, eso de que olvidar -en este caso, "olvidarse"- es tener 
memoria; y se debe tener la caridad intelectual y moral de tomar a 
nuestros próceres vivientes sin beneficio de inventario, como seres 
humanos que por suerte son.

Pero esas (y otras) trampas necesarias de la memoria, que a uno -como 
ser humano individual- le permiten seguir viviendo con sus propias 
contradicciones, se hacen inadmisibles al momento de _construir una 
memoria colectiva_.  Desde ese punto de vista, absurda, paradójica 
pero concretamente, son más serios quienes aún hoy se siguen 
considerando menemistas y no arrojan sobre el antiguo dirigente sus 
propias responsabilidades, porque en su descripción del pasado son 
leales a los hechos, nada ocultan: tienen el mérito de la veracidad 
consecuente.  Y esto es _independiente de que uno concuerde con ellos 
en sus opciones políticas de hoy_.

En sus grandezas y sus miserias, Ramos fue grande porque expresó 
fuerzas sociales inmensas.  Esas fuerzas nos incluían.  Como tal hay 
que juzgarlo.  Es la única manera de hacerle justicia y rendirle 
honores.

De aquellos que lo siguieron y apoyaron por largos años, para dejarlo 
solo recién cuando se hizo menemista, Ramos merece por lo menos el 
mismo respeto con que lo trató Spilimbergo, quien fue de los primeros 
en ver las máculas de la rosa.  Eso puede comprobarse en el artículo 
suyo que ayer o anteayer envió Rolando.  

Esa nota, en efecto, intenta _situar históricamente_ ese rumbo de 
desmoralización que décadas después terminó en la explicitación 
completa y coherente de la menemización de aquello que aún quedaba 
del MPL;  lo hace nacer en el combate de Ramos contra Spilimbergo y a 
través suyo en el combate de "la nueva conciencia" contra "la vieja 
conciencia de la Izquierda Nacional" -como diligentemente tematiizó 
diez años después otro de nuestros muertos queridos, Blas Alberti-.  

Por cierto, puede aducirse que  esta era la convicción de Spili y la 
explicación pasa por otro lado (hasta ahora, sin embargo, nadie 
encontró explicación mejor).  Pero lo que importa señalar, sin 
embargo, no es la validez de esa interpretación sino el hecho de que 
precisamente por haber ensayado _esa hasta ahora única explicación no 
sicologista del origen histórico y social de esas flaquezas_ fue el 
mismo Spilimbergo quien levantó a Ramos por encima de sus miserias de 
un modo que no parecen capaz de hacerlo ninguno de quienes ahora se 
diferencian de él.  Es que todo otro camino no hace sino olvidar para 
borrar la memoria, en vez de proyectarla triunfante hacia el mañana.

Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar

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"Sí, una sola debe ser la patria de los sudamericanos".
Simón Bolívar al gobierno secesionista y disgregador de 
Buenos Aires, 1822
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