[R-P] Re: [Politica] Subcomandante insurgente Marcos
edgar smith
condornacional en yahoo.com.ar
Dom Oct 3 14:02:44 MDT 2004
¡el Subcomandante lee las traducciones de Monsieur Du
Baraibar!
Eso para que Rolo sepa porqué Mnsr Du Baraibar va a la
Selva Lacandona
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--- Sergio Desa <jose_grill en yahoo.es> escribió:
México
Subcomandante insurgente Marcos
SUBCOMANDANTE MARCOS*
México D.F. (México)
1ro de octubre de 2004
Primera parte: Botas
Sub comandante Marcos
No corre la madrugada en las montañas del Sureste
mexicano. Como si no tuviera prisa, se regodea en
todos y cada uno de los rincones, como amante paciente
y dedicada. La niebla le va de la mano, con su largo
vestido de nube, y consigue asfixiar la luz más
empecinada, le tiende cerco, la rodea de su nívea
pared, la encierra en un aro difuso. Desde la mitad
del cielo, la luna se bate en retirada. Una voluta de
humo se confunde con la neblina, despacio, con la
misma lentitud con la que la nube arropa, bajo el
amplio vuelo de su nagua, las champas dispersas. Todos
duermen. Todos menos la sombra. Todos sueñan. Sobre
todo la sombra.
Apenas extiende la mano y atrapa una pregunta. ¿Cuál
es la velocidad del sueño?
No lo sé. Tal vez es... Pero no, no lo sé... En
realidad, acá, lo que se sabe, se sabe en colectivo.
Sabemos, por ejemplo, que estamos en guerra. Y no me
refiero sólo a la guerra propiamente zapatista, que no
acaba de satisfacer las ansias de sangre de algunos
medios de comunicación y de algunos intelectuales "de
izquierda", tan afectos como son, los unos a las
cantidades de muertos, heridos y desaparecidos, los
otros a traducir muertes en errores "por no hacer lo
que yo les decía".
No sólo, también hablo de ésta a la que nosotros
llamamos "IV Guerra Mundial", que se libra por el
neoliberalismo y contra la humanidad. La que
transcurre en todos los frentes y en todas partes,
incluyendo las montañas del Sureste mexicano. Lo mismo
en Palestina que en Irak, en Chechenia o en los
Balcanes, en Sudán, o en Afganistán, con ejércitos más
o menos regulares. La que, de la mano de éstas, el
fundamentalismo de uno y otro bandos lleva a todos los
rincones del planeta. La que, asumiendo formas no
militares, cobra víctimas en América Latina, en la
Europa Social, en Asia, en África, en Oceanía, en el
Lejano Oriente, con bombas financieras que hacen volar
en pedazos estados nacionales enteros y organismos
internacionales.
Esta guerra que, según nosotros (insisto:
tendencialmente), pretende destruir /despoblar
territorios, reconstruir/reordenar las geografías
locales, regionales y nacionales, y crear, a sangre y
fuego, una nueva cartografía mundial. Esta que, en el
camino, va dejando su firma de identidad: la muerte.
Tal vez la pregunta "¿Cuál es la velocidad del sueño?"
debería ser acompañada de la pregunta "¿Cuál es la
velocidad de la pesadilla?" Todavía unas semanas antes
de los atentados terroristas del 11 de marzo de 2004
en España, un periodista-analista político mexicano
(de ésos a los que les dan un dulce y se sueltan
cantando loas ridículas) alababa la visión "de Estado"
de José María Aznar.
El analista decía que, al acompañar a Estados Unidos y
a la Gran Bretaña en la guerra contra Irak, Aznar
había conseguido un campo promisorio para la expansión
de la economía hispana, y que el único costo que tenía
que pagar era el repudio de una "pequeña" parte de la
población española, "los radicales que nunca faltan,
incluso en una sociedad tan boyante como la española",
dijo el "analista". Y más, señaló que entonces a los
españoles sólo les tocaba esperar sentados a que el
negocio de la reconstrucción de Irak se echara a
andar, y entonces sí, a recibir carretadas de dinero.
En suma, un sueño.
La realidad no tardó en pasar a cobrar la verdadera
factura de "la visión de Estado" de Aznar. Esa mañana
del 11 de marzo se cumplía aquello de que Irak no está
en Irak, quiero decir no sólo en Irak, sino en todo el
mundo. En fin, la estación de Atocha como sinónimo de
pesadilla.
Pero antes de la pesadilla estaba el sueño, pero el
sueño neoliberal. Con holgada anterioridad a los
atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en
territorio estadunidense, la guerra contra Irak se
había puesto en marcha.
Para ir a ese inicio nada como una foto...
Suelo llano, rojizo. Se adivina duro. Tal vez arcilla
o algo parecido. Una bota. Sola, sin su par.
Abandonada. Sin pie que la calce. Algunos escombros
esparcidos. De hecho, la bota parece un escombro más.
Es todo lo que hay en la imagen, así que es el pie de
foto el que aclara que se trata de Irak.
¿Fecha? 2004, septiembre.
No se alcanza a discernir si es la bota de alguien que
murió, que la abandonó en la huida, o que se trata,
simple y llanamente, de una bota botada.
Tampoco se sabe si es la bota de un soldado
estadunidense o británico, o de un combatiente de la
resistencia, de un civil iraquí o de otro país.
Sin embargo, a pesar de la falta de más información,
la imagen da una idea de lo que es el Irak de la
"posguerra" de Bush: violencia, muerte, destrucción,
desolación, confusión, caos.
Todo un programa neoliberal.
Si el falaz argumento de que la guerra contra Irak era
una guerra "contra el terrorismo" se ha venido abajo,
las verdaderas razones emergen ahora, más de un año
después de que, ayudada por los tanques de guerra
estadounidenses, fuera derribada la estatua de Hussein
y un eufórico Bush se erigiera otra a sí mismo
declarando el fin de la guerra. (Probablemente la
resistencia iraquí no escuchó el mensaje de Bush: el
número de soldados estadounidenses y británicos
muertos y heridos no ha hecho sino aumentar desde que
"terminó la guerra", y ahora se suman las bajas de
civiles procedentes de varias naciones.) La ideología
neoconservadora en Estados Unidos tiene un sueño:
construir la "disneylandia" neoliberal. En lugar de
una "aldea modelo", reflejo de los manuales de
contrainsurgencia de los 60, se trataba de edificar
una "nación modelo". Se eligió entonces el territorio
de la antigua Babilonia.
El sueño de la construcción de un "ejemplo" de lo que
debe ser el mundo (siempre según los neoliberales) se
nutrió de "(...) la más apreciada creencia de los
arquitectos ideológicos de la guerra (contra Irak):
que la codicia es buena. No buena sólo para ellos y
sus amigos, sino buena para la humanidad, y
ciertamente buena para los iraquíes. La codicia crea
ganancias, las cuales crean crecimiento, el cual crea
trabajos, productos y servicios, y cualquier otra cosa
que alguien pudiera posiblemente necesitar o querer.
"El papel de un buen gobierno, entonces, es crear las
condiciones óptimas para que las corporaciones
prosigan su codicia sin fondo, de modo que, a su
turno, puedan satisfacer las necesidades de la
sociedad." El problema es que los gobiernos, aun los
gobiernos neoconservadores, raramente tienen la
oportunidad de probar lo correcto de su sagrada
teoría: a pesar de sus enormes esfuerzos ideológicos,
aun los republicanos de George Bush son, en sus
propias cabezas, eternamente saboteados por
entrometidos demócratas, obstinados sindicatos y
alarmados ambientalistas. Irak iba a cambiar todo
esto. En un lugar de la Tierra, la teoría finalmente
sería puesta en práctica en su más perfecta e
incomprometida forma.
"Un país de 25 millones de habitantes no sería
reconstruido como era antes de la guerra: sería
borrado, desaparecido. En su lugar aparecería una
deslumbrante sala de exposiciones para las políticas
del laissez-faire, una autopía como el mundo jamás
había visto." ("Bagdad año cero. El pillaje de Irak
tras una utopía neoconservadora", Naomi Klein, en
Harper's Magazine, septiembre de 2004. Traducción:
Julio Fernández Baralbar.)
En lugar de eso, Irak es un ejemplo sí, pero de lo que
le espera al mundo entero si los neoliberales ganan la
gran guerra, la IV Guerra Mundial: desempleo de casi
70 por ciento, la industria y el comercio paralizados,
aumento exorbitante de la deuda externa, muros
antiexplosiones por todos lados, crecimiento
geométrico del fundamentalismo, guerra civil... y
exportación del terrorismo a todo el planeta.
No voy a saturarlos con algo que sale a diario en las
noticias: ofensivas militares de la coalición (ojo: en
una guerra que "ya terminó"), movilización de la
resistencia iraquí, atentados, ataques a objetivos
militares y civiles, secuestros, ejecuciones, nuevas
ofensivas de la coalición, nueva movilización de la
resistencia iraquí, etcétera.
Estoy seguro de que podrán encontrar abundante
información en la prensa de todo el mundo. En
castellano, sin lugar a dudas la mejor fuente es el
periódico mexicano La Jornada, que cuenta entre sus
colaboradores a algunos de los analistas más serios y
documentados sobre el tema de Irak.
Lo cierto es que este video ya lo hemos visto antes en
otras partes... y lo seguimos viendo: Chechenia, los
Balcanes, Palestina, Sudán, son sólo ejemplos de esta
guerra que destruye naciones para tratar de
"reconvertirlas" en "paraísos"... y terminan
convertidas en infiernos.
Una bota abandonada en suelos del Irak "liberado"
resume el nuevo orden mundial: la destrucción de
naciones, la desertificación de cualquier indicio de
humanidad, la reconstrucción como el reordenamiento
caótico de las ruinas de una civilización. Hay, sin
embargo, otras botas, aunque sean unas...
Botas rotas. Sí, las botas de la insurgenta Erika
están rotas. En la puntera derecha, la suela está
desprendida y le da a la bota un aspecto de boca
insatisfecha. Los dedos no son visibles aún, así que
la Erika no parece haberse dado cuenta de que sus
botas, marcadamente la derecha, están rotas.
Desde los primeros días en la montaña, el mirar hacia
abajo se me hizo costumbre. El calzado suele ser uno
de los sueños/pesadillas del guerrillero (¿otros?: el
azúcar, tener los pies secos, y otras obsesiones más
bien húmedas), así que dedica a él buena parte de su
atención. Tal vez por eso uno adquiere esa manía de
mirar siempre a los pies del otro.
La insurgenta Erika ha venido a avisarme que ya
acabaron de editar el cuento de La naranja mágica
(última producción de Radio Insurgente que trata de...
bueno, mejor escúchenlo). Yo le respondo que tiene
rota la bota. Ella baja la mirada y me dice "tú
también". Saluda militarmente y se va.
La Erika va a cambiarse porque al rato juegan futbol
dos equipos de insurgentas, uno se llama "8 de Marzo",
y el otro "Las Princesas de La Selva". No sé mucho de
futbol pero, a mi entender, las "princesas" juegan con
un estilo bastante alejado de las buenas costumbres de
la corte real, y las del "8 de marzo" lo hacen como si
fuera el alzamiento del primero de enero. O sea que
buena parte de ellas termina en el puesto de salud
insurgente. Es más, cada vez que van a jugar, las de
sanidad tienen la camilla a un lado de la cancha.
"Para no dar la vuelta", dicen.
Empataron. O sea que en el fútbol las insurgentas
empataron. Se fueron a penaltis y llegó la hora de la
formación sin que desempataran. A decirme eso viene la
insurgenta Erika. La Erika es como la asesora
sentimental de las insurgentas, pero esta vez no viene
a contarme que a una compañera "le duele su corazón"
por mal de amores, sino que ya acabó el partido y ella
ya se va a dar plática a los pueblos, más en concreto,
a las mujeres de los pueblos. Va de civil, o sea con
ropa civil.
Bueno, eso dice ella. Porque yo veo que trae unas
botas hechas en talleres zapatistas y que tienen
grabado un "EZLN" en un costado. "Mmh, si vas a llevar
esas botas mejor lleva el uniforme completo", le digo
intentando ser sarcástico. Se va la Erika.
Al rato regresa con el uniforme puesto. "¿Adónde
vas?", le pregunto. "Al pueblo", responde. "Pero,
¿cómo se te ocurre ir de uniforme?, le
pregunto/regaño". "Pues así me dijiste", dice que le
dije. Entiendo que es inútil tratar de explicar las
cualidades de la ironía sutil, así que sólo ordeno:
"No, ponte de civil y quítate esas botas". Se va. Al
rato regresa, con ropa civil... y descalza. Yo
suspiré, ¿qué otra cosa podía hacer? No le crean a la
Erika, mi bota no está rota. Está descosida, que no es
lo mismo. Además, es un ojillo el que se ha
desprendido, y por eso el entrecruce de las agujetas
parece sistema político en el neoliberalismo, o sea
que es un revoltijo y no se sabe adónde va la derecha
y adónde va la izquierda.
Le estoy explicando esto a Rolando cuando llega... La
Toñita Primera-Generación, o sea la Toñita I (la del
beso negado porque "mucho pica", la de la tacita rota,
la del olote de maíz habilitado como muñeca), tiene ya
15 años. "O sea que cumplió 14 pero entró en 15, o sea
que ya va para 16", me dice su papá, un responsable
zapatista de los más antiguos con nosotros.
Yo asiento, sin confesar que nunca he entendido las
altas matemáticas que rigen los calendarios en las
comunidades rebeldes zapatistas (después de tratar de
explicarme, inútilmente, el Monarca se resigna y sólo
agrega: "Creo que es porque así es nuestro modo, que
de por sí es muy otro").
El papá de la Toñita I (o sea la Toñita
Primera-Generación) viene para que yo la mire, porque
tiene más de 10 años que la vi por última vez. Diez
años no pasan en vano, así que la Toñita I no sólo no
me niega un beso, sino que, sin que yo alcance a decir
nada, me abraza y me estampa un beso en la acolchada
mejilla del pasamontañas y se pone de todos colores
(la Toñita I, no el pasamontañas).
Yo no digo nada, pero pienso "Mmh, ando mal este
año... y eso que no me he quitado el pasamontañas ni
para bañarme".
Entonces la Toñita I saca de una su mochila unas sus
botas y se las pone. Yo voy a preguntarle por qué se
pone las botas después de caminar descalza seis horas
desde su pueblo, en lugar de ponérselas para el camino
y quitárselas al llegar, pero la Toñita I se adelanta
y me pregunta si puede ir "allá" -y señala para donde
están un grupo de insurgentas-.
La Toñita I sabe lo que un beso, manque sea sobre el
pasamontañas, puede conseguir, así que no espera la
respuesta y se va. Mientras la Toñita I corre a ver si
la dejan jugar en el partido de futbol de las
insurgentas, su papá me cuenta de su pueblo (al que yo
siempre he llamado, cuidando de que nadie me escuche,
"Cumbres Borrascosas"). He alcanzado a ver la cicatriz
de un rasguño en el brazo izquierdo de la Toñita I,
así que le pregunto de eso.
Me cuenta el papá de la Toñita I que un joven del
pueblo quería llevársela a la letrina. (Nota: le
aclaro al improbable lector de estas líneas que la
letrina en algunos pueblos no sólo cumple sus olorosas
funciones higiénicas, también suele ser lugar de
encuentro de parejas. No son pocos los matrimonios en
comunidades que tienen como origen el nada romántico
sitio de la letrina. Fin de la Nota.)
El caso es que la Toñita I no quiso ir a la letrina.
"O sea que no era su gusto", me confirma su papá. Y
entonces el muchacho la quiso obligar y entonces,
"como no era su gusto" -reitera su papá-,
forcejearon. La Toñita I logró escaparse pero, como
luego dicen, se publicó y el asunto llegó a la
asamblea del pueblo. Me cuenta su papá de la Toñita I
que la querían meter a ella a la cárcel. Yo
interrumpo: "¿Pero por qué, si a ella la atacaron y
hasta trae rasguñado el brazo?" "Ah, Sup, es que viera
cómo quedó el joven... -me dice el papá-, de plano
quedó privado, y es que la Toñita es, como luego se
dice, muy brava."
La Toñita I, además de un rostro agraciado, tiene un
físico corpulento, o sea que... ¿cómo les explico?,
bueno, para que me entiendan sólo les diré que Rolando
quiere que juegue de defensa central en la selección
zapatista de futbol.
"Pero el equipo de las insurgentas ya está completo",
le digo a Rolando. El sólo agrega: "Acaso es para el
equipo de insurgentas, yo la quiero para el equipo de
los hombres". En eso pasan las de sanidad con dos
insurgentas bastante golpeadas. La Toñita I está
llorando porque por su culpa le marcaron dos penaltis
a su equipo. Yo entiendo a Rolando y volteo hacia el
papá y le pregunto. "¿No ha dicho la Toñita si quiere
ser insurgenta?"
La Toñita I se quitó las botas y las puso en una su
mochila. Se va con su papá, caminando descalza. No
tiene mucho que se fue cuando aparece, acompañando a
su mamá... la Toñita Segunda-Generación, o sea la
Toñita II.
La mamá de la Toñita II, o Segunda Generación, se
llama Elena. Es teniente insurgenta de sanidad y
cuenta en su haber que en enero de 1994 salvó la vida
de varios insurgentes y milicianos que salieron
heridos de los combates de Ocosingo. En un más que
modesto hospital de campaña, Elena operó heridas de
bala y extrajo pedazos de metralla del cuerpo de
zapatistas. "Se nos murió un compa", dijo cuando
informó. No mencionó a los más de 30 combatientes, que
hoy viven y luchan en estas tierras, a los que salvó.
La Toñita II tiene tres años. "¿O sea que cumplió dos
y va para cuatro?", me adelanto a la explicación de
Elena. Ella ríe. Quiero decir, Elena ríe. Porque la
Toñita II está pegando unos chillidos dignos de mejor
causa. Y es que resulta que, asumiendo mi mirada
coqueta (la número 7 de mi exclusivo "catálogo de
miradas seductoras") le pedí un beso.
La Toñita II ni siquiera dijo "mucho pica" (o sea que
no es un versión mejorada), simplemente se echó a
llorar con tal vehemencia que ya tiene a su lado a un
grupo de insurgentas que le ofrecen caramelos, una
bolsita con cara de conejo (aunque a mí me parece que
tiene cara de tlacuache -la bolsita, se entiende-), y
hasta le están cantando la del chivito, una rola que
tiene inusitado éxito entre los niños y niñas
zapatistas. "No te quieren", me dice, lloviendo sobre
mojado, la mayor Irma. Yo respondo: "Bah, está loca
por mí", y hago como que no tengo roto el corazón.
Saliendo de la bodega, Rolando me da una de esas
agujas llamadas "capoteras" y un rollo de hilo de
nailon. Ya en la champa de la comandancia general del
EZLN dudo... Si no sé cuál es la velocidad del sueño,
tampoco sé si remendarme las botas o el corazón.
(Continuará...)
Desde las montañas del Sureste mexicano
México, septiembre de 2004, 20 y 10.
Subcomandante Marcos
EZLN - Ejército Zapatista de Liberación Nacional -
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