[R-P] El Colorado Ramos (Agenda de Reflexion)

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Dom Oct 3 07:41:19 MDT 2004


No para dar por pensado,sino para dar en qué pensar 
Agenda de Reflexión Número 223, Año III, Buenos Aires,
domingo 3 de octubre de 2004

El Colorado Ramos


Hoy 3 de octubre se cumplen diez años de la
desaparición de Jorge Abelardo Ramos (1921-1994), el
más alto exponente de la Izquierda Nacional argentina.

            Tras una militancia anarquista en la
adolescencia, se plegó a los primeros grupos
trotskistas de Buenos Aires, como el GOR (Grupo Obrero
Revolucionario), junto a Liborio Justo, Nahuel Moreno
y sobre todo Aurelio Narvaja (del periódico Frente
Obrero y el grupo Octubre). Pero a diferencia de
otros, Ramos, desde el socialismo criollo, reivindicó
el carácter revolucionario del nacionalismo de los
países dependientes y una visión fervorosamente
latinoamericanista, renegando del socialismo cipayo
europeísta del Partido Socialista de Juan B. Justo y
del Comunista de Victorio Codovila.

            Intelectual de una solidez y una
profundidad asombrosa, notable historiador, polemista
incisivo y sarcástico, escritor controvertido y de un
humor fenomenal, fue al mismo tiempo un hombre de
acción y un militante político. Acompañó desde sus
convicciones el proceso popular del peronismo. En 1954
fundó el Partido Socialista de la Revolución Nacional,
que fue puesto fuera de la ley después de la
contrarrevolución de 1955. Desde entonces "el
Colorado" creará diversas agrupaciones adaptadas al
convulsionado avatar de la política argentina (como el
Frente de Izquierda Popular, el FIP del 73) e
infinidad de publicaciones y editoriales, cosechando
aciertos y seguramente también algunos errores
-condición inevitable de la acción política- que en
nada empañan una trayectoria de patriota al servicio
de la revolución nacional.

            Supo develar así que "la historia de los
argentinos se desenvuelve sobre un territorio que
abrazó un día la mitad de América del Sur. ¿De dónde
proceden nuestros límites actuales? El origen de estas
fronteras, ¿responde acaso a una razón histórica
legítima? [...] ¿O es el resultado de un infortunio
político, de una vicisitud de las armas, de una
derrota nacional? Somos un país porque no pudimos
integrar una nación y fuimos argentinos porque
fracasamos en ser americanos. Aquí se encierra todo
nuestro drama y la clave de la revolución que vendrá"
[Revolución y contrarrevolución en la Argentina].

            Hace casi un mes también falleció Jorge
Enea Spilimbergo, su mejor compañero durante
tantísimos años.

OBRAS PRINCIPALES

América Latina un país (1949)
Crisis y resurrección de la literatura argentina
(1954)
Revolución y contrarrevolución en Argentina (1956)
Manuel Ugarte y la revolución latinoamericana (1961)
El Partido Comunista en la política argentina (1962)
Historia política del ejército argentino (1964)
Ejército y semi-colonia (1968)
Marxismo para latinoamericanos (Recopilación de los
años 60)
Historia de la nación latinoamericana (1968)
Introducción a la América criolla (1985)
       

América criolla: sumisión o conflicto

[Exposición de Jorge Abelardo Ramos en agosto de 1984
durante el Meeting 84 de Rímini, Italia. Versión:
Marxists Internet Archive, noviembre de 2002]

Al hablar bajo el cielo de Italia sobre el Nuevo
Mundo, sería inexcusable no rendir homenaje a
Cristóforo Colombo, el obstinado navegante de Génova
que descubrió "por error" la terra nova y al sutil
cosmógrafo florentino Américo Vespucio, que describió
con rigor científico la flora, la fauna y los hombres
nuevos. ¡Extraña América criolla! Como atormentado
símbolo de su atormentado destino histórico, fue una
hija no deseada y llevará un nombre diferente al de su
padre.

            Si se mira la cuestión más de cerca se
comprobará que, para los aborígenes, el Nuevo Mundo
era el de los europeos, y que el suyo propio era tan
viejo como las civilizaciones que los europeos venían
a conquistar y destruir. El poder europeo dominó luego
a los así llamados "americanos". Fueron
"descubiertos", pero a su vez descubrieron a Europa.
Ha llegado el momento que se descubran a sí mismos. En
definitiva, ¿qué resulto de aquel "Jardín del Edén",
como lo llamara Colón, o "Paraíso Terrenal", según las
palabras de Vespucio? La ilustración europea elaboró
de alguna manera la justificación filosófica y
científica de la ulterior empresa colonial. Un mundo
tan diferente a la sociedad civilizada de Europa no
podía ser sino "salvaje". 

            La idea fue fructuosa para los
civilizadores. Nada resultaría mas práctico a los
codiciosos hijosdalgos españoles que excluir a los
habitantes de la tierra nueva del género humano, y a
sus animales de la geografía zoológica reconocida.
Todo aquello que no se parecía a Europa sería
clasificado como salvaje o bestial. El eurocentrismo
se abrirá camino con los primeros navegantes para
alcanzar su culminación plena con dos veredictos
inapelables: el de Buffon en el siglo XVIII y el de
Hegel en siglo XIX. Buffon afirmó que América era
inmadura, que sus hombres eran insignificantes,
lampiños y asexuados; que sus batracios eran
gigantescos, pero en compensación, sus animales
feroces resultaban ridículamente pequeños. 

            Con la mayor seriedad del mundo, Voltaire
agregaría que los leones de América eran calvos. Ya en
el siglo XIX el padre Acosta decía en una carta al rey
de España: "A muchas destas cosas de Indias, los
primeros españoles les pusieron nombres de España".
Espejo de infortunio, las clases ilustradas de América
Latina siguieron llamando con nombres europeos a las
cosas más propias y originales de la vida
latinoamericana. Dominaba la obsesión de la similitud,
como patrón de medida para lo óptimo. Y luego avanzó,
imponente, inapelable, el filósofo del estado
prusiano. 

            Hegel pronunció una sentencia
condenatoria: América del Sur es antes naturaleza que
historia. A nuestras espaldas no hay nada: sólo el
porvenir dirá si hay una historia posible. América del
Sur esta fuera del reino del espíritu. Hegel la
expulsa de la historia. Pese a tales dictámenes,
España había realizado la hazaña inverosímil de
desdoblar su propia sociedad hacia las Indias. A
diferencia de las empresas de saqueo colonial de las
restantes potencias europeas, los españoles mezclaron
su sangre con los aborígenes de la Vieja América. Por
medio de tal formidable fusión, nació en cuatro siglos
una nueva raza cultural, étnica y política, una
sociedad mestiza, criolla, de inmigración cristiana y
de paganismo cristianizado, algo muy peculiar que no
resultó ser en definitiva ni la América original ni la
Europa colonizadora, sino una creación histórica
nueva, lanzada hacia el azaroso destino de procurarse
una identidad nacional. Lo cual no resultó nada fácil.
Pues en tanto Europa y Estados Unidos, desde los
siglos XVII, XVIII y XIX, constituyeron sus estados
nacionales y aseguraron de tal manera el marco
jurídico para la expansión de su plena soberanía y su
libertad económica e intelectual, las grandes
potencias se opondrán a que los continentes marginales
acometan una tarea análoga. 

            No era "el fantasma del comunismo" el que
acechaba a aquella Europa entrevista por Marx y Engels
en el Manifiesto Comunista, sino el fantasma del
nacionalismo. Las naciones que lograban constituirse,
prohibían esa meta a aquellas que deseaban hacerlo. En
la misma Europa, en la lejana América del Norte y con
mayor razón en los países así llamados bárbaros, los
civilizados cerraban el camino a los que querían
civilizarse. La América Criolla, desprendida de España
en las guerras de la Independencia, fue "balcanizada"
por las potencias anglosajonas. Aparece en la historia
del último siglo y medio como un mosaico incoherente
de 20 Estados supuestamente soberanos, adornados de
todas las baratijas jurídicas, filatélicas,
arancelarias y rituales de "naciones" verdaderas. 

            Pero en realidad se trata de provincias,
de repúblicas simbólicas, perpetuamente conmovidas por
pronunciamientos militares, la sujeción cultural hacia
los Estados Unidos o Europa, sumidas en los cultivos
de exportación y con las clases ilustradas hechizadas
por las civilizaciones clásicas, la democracia formal
inmovilista o los marxistas importados. También el
pensamiento político de los hijos de la América
Criolla es sometido a la "balcanización". Cada
latinoamericano supone pertenecer a una nación. Pero
en realidad se trata de naciones no viables. 

            El imperialismo triunfará en la cabeza de
los latinoamericanos, sean de derecha o de izquierda,
en tanto los latinoamericanos conciban todas las
fórmulas de redención, aún las mas atrevidas, excepto
unirse en Nación o Confederación de Estados. Un siglo
de dispersión ha logrado borrar en la memoria
histórica colectiva que las 20 provincias deben
confluir a la gran Nación posible o privarse de un
destino. 

            Hacia el año 2000 América Latina alcanzará
a contar más de 600 millones de habitantes que hablan
la lengua hispano-portuguesa, que poseen el mayor
reservorio de minerales, energías y alimentos que ha
conocido la historia y que constituirá la región que
cobijará mayor numero de católicos. 

            Nadie pondrá en duda que se trata de una
larga marcha, y, ante todo, de una batalla intelectual
de inmensos alcances. Dante reinventó la lengua
italiana y luego Maquiavelo, desde Florencia,
reflexionó sobre la constitución de la unidad
nacional, que recién llegó para Italia tres siglos más
tarde. ¿Cuál sería el destino de la República de
Massachussets o de la República de Nueva York, si
Lincoln no hubiera fundado los Estados Unidos mediante
una guerra revolucionaria que abolió la esclavitud,
sometió a los refinados plantadores del Sur y expulsó
la influencia inglesa de la economía norteamericana?
Cada uno de esos Estados de la América del Norte
¿habría llegado a erigirse en potencia mundial? Es
justo dudarlo. Más bien podría conjeturarse que el
actual territorio de los Estados Unidos será escenario
de una inestabilidad crónica, teatro de aventureros
militares y de una armonía social semejante a la que
reina en la infortunada Centroamérica.

            El conjunto del pensamiento europeo se
resistió a concebir la idea de que la exigencia
interna de América Latina consistía en procurar su
unidad nacional. La escuela liberal burguesa exportó a
las grandes ciudades-puerto del Nuevo Mundo los
códigos civiles y los textos de la democracia formal,
para que su aplicación en cada país latinoamericano
por separado, operasen las maravillas que exhibían
tales textos en la escena del Occidente capitalista.
Pero en la América Criolla no había capitalismo (en un
sentido pleno y generalizado) y los textos
constitucionales producían resultados grotescos. De la
izquierda hegeliana, a su vez, de aquellos jóvenes
discípulos del gran maestro, provinieron luego las
fórmulas revolucionarias. Pero tanto Marx como Engels
aplicaron al pie de la letra las despectivas hipótesis
de Hegel en su Filosofía de la Historia Universal,
respecto de la América del Sur. 

            También los fundadores del socialismo
llamado "científico" expulsaban a los pueblos
latinoamericanos de la historia, así como juzgaban
"residuos" destinados al "basurero de la historia",
nada menos que a los pueblos eslavos del sur europeo.
Marx y Engels juzgaron a los americanos del sur como
desprovistos de potencia histórica, perezosos e
ineptos para ingresar por sí mismos en el camino de la
civilización, salvo con la ayuda de los enérgicos
yanquis. 

            Desde el campo de la ciencia social recién
nacida, los fundadores del socialismo moderno
desvalorizaban a la América Criolla (y a la India, que
según ellos despertaría de su sueño milenario gracias
al ferrocarril inglés) de la misma manera que lo
hacían con fines menos caritativos y métodos nada
teóricos las potencias imperialistas que saqueaban al
tercer Mundo. Hubo una coincidencia perfecta entre la
izquierda marxista de Europa y en el desarrollo de la
supuesta universalización del capital. 

            La división internacional del trabajo y el
mercado mundial reservaba la tecnología compleja a los
"países avanzados" y la exportación de productos
primarios a los pueblos periféricos condenados para
siempre a recibir ayuda de las potencias civilizadas.
Cuanta mas ayuda recibían mas crecía la deuda externa.
Si algo faltaba actualmente para ligar entre sí a los
estados de América Latina, sería justamente la deuda
de casi 350.000 millones de dólares, en su mayor parte
fruto de la usura lisa y llana, en parte fruto de la
estafa bancaria más descarada y de la asociación
ilícita entre las oligarquías latinoamericanas con
numerosos bancos "serios". 

            Con dos flotas imperialistas en los mares
de América Latina, una norteamericana que pretende
intimidar a Nicaragua (sin entrar a juzgar ahora
aspectos de su política interna) y otra armada inglesa
que ocupa las islas argentinas de Malvinas podemos
evaluar el valor real de las democracias occidentales
contemporáneas. 
Recordemos asimismo, cuando en el Consejo de Seguridad
de 1982 se debatía la reconquista argentina de las
Malvinas, no sólo contra la Argentina votaron Gran
Bretaña, Estados Unidos y otros estados satélites,
sino que se abstuvieron China, la URSS y Polonia. Sólo
votó a favor de la Argentina la República de Panamá ,
aquel pedazo de tierra sagrada donde Bolívar, en 1826,
convocó a la unión de la Patria Grande. 

            Reintegrar a la América Criolla su
conciencia histórica perdida quizás sea una aventura
tan azarosa como aquella que emprendieron Cristóbal
Colón y Américo Vespucio. Pero una gran época define
su carácter por el tamaño de las empresas que son
capaces de concebir sus contemporáneos. Hemos brindado
tolerancia -impuesta o inducida- durante cuatro
siglos. Ahora necesitamos cincuenta o cien años de
conflicto. Conflicto político, cultural, económico,
para unir a la gran Patria disgregada. Después
podremos ofrecer al mundo, de igual a igual, milenios
de tolerancia. Con la realización de ese magno
objetivo, transformaremos una historia pasiva en
historia creadora. La utopía se trocara en acto. Y
llamaremos pumas, soberbios pumas, a los leones calvos
de la leyenda europea.





	
	
		
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