[R-P] Elucubraciones físicas
Manuel Martínez
marmac en cantv.net
Sab Oct 2 19:29:05 MDT 2004
177_28_09_KK4
Manuel C. Martínez M.
Sadelas
Acerca
de la velocidad de la luz
Cuando se afirma que la velocidad de los fotones (de la luz) es alrededor de
300MKm/s solemos imaginarnos unas micropartículas que a esa increíble
velocidad se trasladan desde el foco emisor hasta un sitio que dista de este
semejante longitud.
Esa apreciación prima facie se parece a la que tenemos cuando se nos habla
de las aves migratorias a las que nos imaginamos volando incansablemente
desde su partida hasta el sitio donde invernarían. Y nada más falso, habida
cuenta que ellas se limitan a timonear y planear en las corrientes eólicas
con las que se desplazan en esas oportunidades tanto de ida como de vuelta.
En el caso de la luz, se nos invita a creer que la misma irradiación
deslumbrante que parte y nos llega desde el Sol atraviesa la bicoca de 144MM
de Km durante los 8' luz aprox. que este astro dista de la Tierra.
Ahora bien, si consideramos que las micropartículas materiales se generan a
partir de determinadas y elevadas cuantías de empujes energéticos que
colisionan con el emboscado y abigarrado mundo circundante, gaseoso y
plasmático, nos vemos obligados a inferir que los fotones que inicialmente
parten de un foco ad hoc, en determinada dirección y sentido prevalecientes,
terminan su vida de luminosidad tan pronto colisionan con el entorno
inmediato, y generan así una nueva porción de fotones nuevos que
desencadenadamente siguen su rumbo chocando y generando ad infinítum más
lotes voluminoos de fotones, a tal punto que, si respetamos los números de
la v. de la l. actualmente establecida (*c* en la nomenclatura
einsteiniana), al cabo de 1 s los fotones iniciales habrían generado fotones
en el extremo de una trayectoria cuya longitud es de esos 300M Km.
De manera que nos inclinamos por una revisoón del concepto de la velocidad
de la luz, en tanto y cuanto sígase afirmando y creyéndose que los fotones
viajan como podría hacerlo una piedra lanzada al vacío. Sólo la pequeñez
corpuscular de conducta ondulatoria, sumada a la ingente *rapidez * de
formación, explica cómo puede propagarse la luz que se *encienda* en un
punto del espacio, y si este se halla vacío, mucho mejor, a distancias
virtualmente infinitas y con respeto a la ley e conservación de la energía,
ya que esta sólo intervine en los sucesivos y periódicos momentos de
encendido cuánticamente desarrollados.
Por analogía, obsérvese, por ejemplo, que no es la porción de agua afectada
con el choque inicial de la piedra que cae en el estanque la que se
desplaza en los círculos correspondientes, sino la porción de energía que
cada vez y en cada onda se va trasmitiendo al resto del agua hasta su
anulación por choque de valores encontrados en su regreso. En el agua va
quedando el efecto calórico de disipación involucrado durante el proceso.
Asimismo, no son los fotones iniciales los que viajarían por el espacio,
sino la energía de formación que en cada fase se va recuperando por
liberaciones de fuerzas equivalentes de las capas electrónicas que en forma
fotónica se hallan en el camino recorrido.
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