[R-P] Negocio Chino (2)
edgar smith
condornacional en yahoo.com.ar
Sab Nov 20 10:08:21 MST 2004
¿que impacto social puede tener el Tratado?
a. Argentina avanza hacia una estructura de
monocultivo
b. Deja de tener una industria competitiva en su
propio mercado.
Sacar lápiz y papel y ponerse a calcular.
¿Y los 'progres? Bien, gracias, hablando de Derechos
Humanos, derechos de trolos y las Culicéntricas
Almejas Lesbianas
Edgar el Fascista (para todos menos para Stella)
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Una perla más del Imperio Chino
por Mariano Rovatti
En 1933, la Argentina firmó en Londres un tratado con
Gran Bretaña. Por nuestro país, lo hizo el
Vicepresidente Julio Argentino Roca (h), y por el
Imperio, el Primer Ministro Runciman.
Un año antes, en elecciones escandalosamente
fraudulentas, Agustín P. Justo, el líder del ala
conservadora del Ejército, se había consagrado
Presidente, dentro de una entente llamada
Concordancia, que agrupaba a conservadores, radicales
alvearistas y socialistas independientes. Derrotada en
las urnas quedó la Alianza Civil, que sumó a
demoprogresistras y socialistas, con la fórmula
Lisandro de la Torre-Nicolás Repetto. La UCR -en medio
de una crisis de liderazgo e identidad- se abstuvo de
participar, ante la inevitable consumación del fraude.
Justo había llegado al poder para restaurar el orden
conservador, quebrado en parte en 1916 con el acceso
de Hipólito Yrigoyen a la presidencia. Los radicales
habían logrado purificar las instituciones, dejando en
pie la estructura económica agroexportadora y
dependiente que habían construido sus adversarios
desde 1853. Hasta la presidencia de Alvear, ese
sistema le daba al país abundantes recursos,
repartidos injustamente y conformando un paisaje de
colonia próspera.
Tras la crisis financiera de 1929, Gran Bretaña tomó
una serie de decisiones que generó un cierre de su
economía, afectando los intereses argentinos. Además,
tras esa crisis y ante el deterioro del comercio con
Gran Bretaña, la Argentina se había endeudado
progresivamente para seguir manteniendo el esquema
económico que ya comenzaba a hacer agua.
Mientras la oposición se peleaba entre sí, entre
nacionalistas, radicales y socialistas, el gobierno
conservador actuaba a piacere, sin obstáculos
institucionales que lo detuvieran.
El pacto consistió en el compromiso británico en
comprar carnes argentinas, sin imponerle restricciones
que redujeran esas importaciones a una cantidad
inferior a la importada en el mismo trimestre del año
1932. A cambio, la Argentina mantenía libres de
derechos el carbón y todas las otras mercaderías que
entonces se importaban libremente. Respecto de los
demás derechos, se volvía a los aforos anteriores a
1930, sin imponer ningún derecho nuevo. También la
Argentina se obligó a no reducir las tarifas
ferroviarias y entregó el monopolio del transporte
automotor a los ingleses a través de la creación de la
Corporación de Transportes.
Con cipayo orgullo, Roca manifestó entonces que con la
firma del acuerdo, la Argentina podía considerarse una
perla más del Imperio Británico.
El pacto derivó en la renuncia del Ministro de
Hacienda Alberto Hueyo, y en una tenaz oposición de
Lisandro De la Torre, quien denunció que a través del
pacto se le permitía a los frigoríficos ingleses
Vestey, Swift y Armour actuar con plena libertad en
detrimento de los frigoríficos argentinos. Años más
tarde, una bala dirigida al veterano senador
santafecino dio muerte a su joven colega de bancada
Enzo Bordabhere, en plena sesión en donde se
discutían temas derivados de éste.
Fruto del acuerdo, respiró el gobierno, y su sostén
político, la oligarquía exportadora de carnes y
granos. Se aseguró un flujo de capitales que le
permitió al país mantener su esquema dependiente,
hasta su colapso, apenas iniciada la Segunda Guerra
Mundial.
El entendimiento firmado esta semana entre Néstor
Kirchner y Hu Jintao tiene algunas semejanzas con el
celebrado en los albores de la década infame. La
Argentina reconoce el carácter de economía de mercado
del sistema chino. Este eufemismo significa que
renuncia a ejercer su poder soberano de aplicar
sanciones económicas en forma unilateral a China en
casos de dumping, debiendo someterse a las reglas de
la Organización Mundial de Comercio, que no son de
aplicación automática y exigen una serie de
condiciones que las tornan difíciles de efectivizar en
la práctica.
Los chinos producen con costos laborales mucho más
bajos que nosotros, y en economía de gran escala, para
mercados de varios cientos de millones de personas.
Además de las condiciones de semiesclavitud a que
someten a sus trabajadores, en China casi no existe la
seguridad social, dado que los ancianos son mantenidos
por sus hijos y nietos. Ello responde a una tradición
ancestral, por lo que casi no sería necesaria la
jubilación. Todas esas características culturales de
los chinos podemos observarlas en la mayoría de los
inmigrantes de ese país que se encuentran entre
nosotros trabajando en supermercados o locales de
internet.
En la comparación, es muy probable que la mayoría de
los productos comerciales entren a la Argentina a
precios inferiores a los costos de los mismos
productos argentinos, que se producen a menor escala,
y con costos laborales mayores, al menos, por la
existencia de un maltrecho sistema de seguridad
social. Por ello, queda configurado el caso de
dumping, dada la desigual conformación de precios, por
lo que no hay competencia leal posible.
Ello es lo que ha generado gran preocupación entre los
industriales argentinos, que nuevamente ven amenazada
su subsistencia. Una entrada masiva de productos
chinos puede ser tan devastadora como la política de
Martínez de Hoz, o la relación desfavorable que
generaba la convertibilidad 1 a 1.
Como contrapartida, la Argentina obtuvo la posibilidad
de venderle a China cuatro mil millones de dólares más
de fruta y carne, es decir, productos primarios, en un
lapso de cinco años. No está mal, pero consolida la
estructura dependiente de la economía argentina,
proveedora de materias primas y requirente de
productos industrializados.
Sobre los veinte mil millones de dólares en
inversiones, se trata sólo de una promesa -sin
plazos- condicionada a que la Argentina se consolide
como una economía previsible y ordenada. Tan sólo una
expresión de deseos sin compromiso formal.
Lamentablemente, la negociación con China fue
realizada por Argentina, Brasil y Chile por separado.
¿Qué hubiera pasado si la negociación hubiese sido
entre China y el Mercosur?
También aquél tratado fue anunciado con exitismo por
el gobierno de entonces. Pero mayores similitudes
encontramos en el contexto político que rodea al
acuerdo.
En 1930 estalló la crisis en la Argentina y se llevó
al gobierno de Yrigoyen. Tras un breve interinato de
Uriburu, asume Justo tras elecciones fraudulentas,
restaurando el orden conservador.
En 2001, estalló la crisis que se llevó al gobierno de
De la Rúa. Tras el interinato de Duhalde, en un
proceso electoral groseramente manipulado, es elegido
un Presidente con el 22% de los votos, que cumple
religiosamente con el FMI y organismos multilaterales
de crédito, tras el default de diciembre de 2001.
En ambos períodos, proliferan el clientelismo
político, atado de un crudo aumento de la pobreza. Hay
corrupción generalizada en todos los estatamentos
dirigenciales, y un escaso compromiso de la clase
política con la ciudadanía.
En ambos períodos, ésta se halla fuertemente
condicionada por los factores de poder económico: la
oligarquía vacuna en los años 30, y la
financiera-mediática, en estos tiempos. Tanto hoy como
entonces, los partidos políticos padecen de una fuerte
crisis de liderazgo e identidad ideológica.
Aquel sistema venal, colapsó con la Segunda Guerra
Mundial, debiendo la Argentina desarrollar un proceso
industrial a la criolla para sustituir importaciones.
Ello generó una masiva migración interna del campo a
la ciudad, y el nacimiento de una burguesía industrial
nacional; y como correlato, una clase obrera
industrial autóctona. Ambas expresiones sociales
confluyeron en lo que fue el primer movimiento de
masas de la Argentina: el peronismo.
Algunos ven la historia como una larga sucesión lineal
de hechos absolutamente inéditos. Otros, como el
acontecer inevitable de situaciones, previsto ya por
una lógica determinista.
¿Hacia dónde estamos yendo?
Buenos Aires, 19 de noviembre de 2004
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