[R-P] La Causa de Arafat -Jose Steinsleger (muy bueno)

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Jue Nov 18 08:05:21 MST 2004


LA CAUSA DE ARAFAT

La Jornada - México D.F. Miércoles 17 de noviembre de
2004 

Por José Steinsleger 

(Gentileza de Mirando al Sur) de A.Alvarado

Cuando un intelectual o corresponsal del "primer
mundo" se instala en el tercero para interpretarlo o,
viceversa, siendo del tercero lo interpreta con ojos
del primero, nada impide que pueda convertirse en
talentoso supermán de la interpretación. Pero, al
igual que el doctor Jekyll y Clark Kent, vivirá
debatiéndose en la doble identidad. 

Hay quienes creen que ser "progresista" es igual a
"tener identidad". ¿Lo uno incluye lo otro? Hay
progresistas que viven en la indefinición, y están los
que reivindican con claridad su identidad. ¿Qué
propuesta política progresista puede surgir sin
identidad? 

En su artículo "¿Qué dirán de Arafat?" (“La Jornada”,
12/11/04), Robert Fisk arranca diciendo: "Fue (Arafat)
totalmente leal al sueño palestino y ese sueño lo hizo
miserable", y asocia al dirigente con el maldito:
"Como tantos líderes árabes, Arafat gobernó por la
emoción más que por la razón; George Bush hijo es el
equivalente más cercano, con su guerra en Irak". 

¿Es justo? Seguramente muchos progresistas como Fisk
creerán que no hay diferencia entre los niños que
gritaban en Gernika y Auschwitz y los gaseados en
Fallujah, Gaza y Afganistán. Está muy bien decir que
los niños son inocentes y está menos bien recordar que
niños como Bush y Sharon se formaron y se forman en la
cultura que del genocidio hizo negocio supeditado a
"opinión", y construye endecasílabos fervorosos para
llorar la "crisis ética y moral del mundo" con
vehemencia profesional. 

En el pasado medio siglo, el Norte produjo las grandes
mentiras que han servido para beneficiar al
imperialismo. Una de tantas sostiene que la nación es
algo abstracto, cuyo origen y fin no están claros pues
sólo puede constituirse en el nivel de lo imaginario.

Idem con el pim-pam-pum del "fin de las ideologías",
desarrollado por Seymour Lipset en El hombre político
(1955), el sociólogo Daniel Bell en libro homónimo
(1960) y el economista gringo Lester Brown, para quien
la nación "... impedía la organización eficaz de la
actividad económica y la transferencia de tecnología
en todo el mundo"(1972). 

Ideas que empezaron a circular en el Congreso por la
Libertad de la Cultura, financiado por la CIA (Milán,
1955), cuando se constituyó el Movimiento de los No
Alineados. Lo del "fin de la historia" tampoco fue
invento de Francis Fukuyama, burócrata del
Departamento de Estado, sino de su maestro, el ruso
neofascista Alexander Kójeve (1902-68) quien dijo que
la historia había terminado en tanto conflicto, y que
en su lugar regía la lógica del mercado impuesto por
las naciones hegemónicas.

Clonados por los capataces criollos del intelecto, se
cae en herejía cuando se propone examinar la validez
de criterios revestidos de "cientificidad" y aplicados
mecánicamente a realidades que no son aquéllas para
las cuales fueron concebidos. Por izquierda y derecha,
sin pensamiento propio, preocupada por los prestigios
que les fabrica el aparato cultural, la inteligencia
liberal carece de identidad porque piensa de afuera
hacia adentro, quedando atrapada en los temas y
"puntos de vista" buenos para abrir la puerta de
ciertos círculos, universidades, centros de
investigación, editoriales y periódicos. 

El sociólogo argentino Carlos Paz dice: "Un
pensamiento no es nacional por su localización
geográfica, atavismo folclórico o mezquino
patriotismo, sino porque renuncia a la imitación, a la
repetición, y el hábito acomplejado de quienes
revuelven pensamientos de segunda mano". Refutando al
historiador liberal Tulio Halperin Donghi, de igual
nacionalidad, Paz agrega: 

"En la construcción de una nación interviene lo
imaginario, pero aún en ese imaginario interviene la
historia y los actores de la historia. Creer que la
nación es una abstracción importa en los hechos
derogarla y renunciar a plantear la cuestión nacional"
(“Aportes” Núm. 3, Buenos Aires, 12/1994). 

En suma, lo imaginario no sería la nación ni el
estado-nacional, sino el racionalismo conservador o
liberal que Israel y Estados Unidos pretenden imponer
al mundo. Modalidad del pensamiento que, devenido en
artículo de fe y consumo, avanza sobre las nuevas
"tierras prometidas". Racionalismo vs. racionalidad.
¿Qué vencerá? 

Islámico de confesión, laico de ideas, Yasser Arafat
resucitó a Palestina, nación negada, pueblo oprimido,
cultura soterrada y tierra ocupada, cuya identidad
nació con el despertar de las civilizaciones. Para
ello luchó y negoció con todos y contra todos:
cristianos, islámicos, judíos y... palestinos. 

La exigencia de Arafat fue clara: devolución de la
Franja de Gaza, la Rivera Occidental, Jerusalén Este
(árabe), desmantelamiento de todos los asentamientos
ilegales y las tierras ocupadas en la guerra de 1967. 

Dice Fisk que Arafat"... era un soñador,
característica popular entre los palestinos, que sólo
tienen los sueños para darse esperanza". ¿Sólo ellos?
Los palestinos sueñan y combaten. El Estado terrorista
y criminal de Israel también combate. Pero tras haber
sido sueño, hoy es pesadilla. 





"Quien tenga patria, que la honre; y quien no tenga
patria, que la conquiste: ésos son los únicos
homenajes dignos de Bolívar" - José Martí
 


	

	
		
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