[R-P] Perón opina sobre el F.M.I. en el año 1967

omar zanarini bobarlt en yahoo.com.ar
Jue Nov 4 11:28:13 MST 2004


En casi todos los países adheridos al famoso Fondo
Monetario internacional se sufren las consecuencias y
se comienzan a escuchar las lamentaciones 
Cuando en 1946 me hice cargo del gobierno, la primera
visita que recibí fue la del presidente del Fondo
Monetario Internacional que venía a invitarnos a que
nos adhiriéramos al mismo. Prudentemente le respondí
que necesitaba pensarlo y, enseguida, destaqué a dos
jóvenes técnicos de confianza del equipo del gobierno
para investigar a este monstruo tan peligroso, nacido
según tengo memoria en los sospechosos acuerdos de
Breton Woods. El resultado de este informe fue claro y
preciso: en síntesis, se trataba de un nuevo engendro
putativo del imperialismo. Yo, que tengo la ventaja de
no ser economista, puedo explicarlo de manera que se
entienda. 
La política de las áreas monetarias, después del
abandono del patrón oro, ha sido fructífera en
acontecimientos donde siempre el negocio ha estado de
por medio. Mediante diversas maneras de deformar la
realidad, se ha 
conformado ya una larga historia a través del área
esterlina como el área dólar y, aunque el pretexto
fuera dar respaldo indirecto a las monedas de los
países pobres de reservas de oro, en realidad de
verdad, verdad todo ha 
sido una nueva forma de especular con la buena fe de
los demás. 
Hasta después de la Primera Guerra Mundial existió el
área esterlina, que cobijó a numerosas monedas merced
al oro de Inglaterra, que la guerra fue llevando
paulatinamente hacia Fort Knox, hasta el extremo de
que Gran Bretaña se vio en un grave problema para
sostener su área monetaria. Lo intentó hacer fundando
el Banco Central de Inglaterra y declarando a renglón
seguido que, si antes el área esterlina estaba
garantizada por el oro de Inglaterra, ahora lo estaba
por el imperio inglés. 
Pero resulta que Estados Unidos en el interín había
acumulado casi el 80% del oro del mundo y dicta su
famosa Ley Fiduciaria que establecía que quien
presente un dólar en el Banco de la Reserva Federal
recibiría su equivalente en oro. Esta promesa, aunque
jamás se cumplió, tuvo la suficiente atracción natural
como para forzar hacia el nacimiento del área dólar.
Es así como, desde ese momento, el dólar pasa a ser la
moneda de cambio en el mundo occidental, en tanto la
esterlina deja de serlo. 
Desde entonces, así como antes todas las semanas,
desde la Torre de Londres, los ingleses anunciaban el
valor oficial del oro, frente al pueblo y de viva voz,
Wall Street se encargó de reemplazarlos en silencio y
desde sus oficinas de la quinta Avenida, fijando el
valor de la Onza Troy por el dólar americano
sobrevalorado, con un precio político que, no
obedeciendo a la ley de oferta y la demanda en el
mercado áureo-internacional, les permitiera cobrar un
Royalty en todas las operaciones en que interviniera
esta moneda de cambio. 
Poco después de finalizada la Segunda Guerra Mundial,
la pérdida de gran parte de la reserva oro de los
Estados Unidos amenazaban gravemente la existencia del
área dólar, gravedad que sigue aumentando con los
gastos de posguerra, con lo que USA se colocaba en
situación parecida a la de 
Inglaterra después de la guerra anterior si alguna
Nación conseguía la formación de esa reserva. En
consecuencia era preciso crear el instrumento
necesario para consolidar el área dólar. El Fondo
Monetario internacional fue la solución. En él
participarían la mayoría de los países occidentales,
comprometidos mediante una larga contribución al
fondo, desde donde se manejarían todas sus monedas, se
fijaría no solo la política monetaria, sino 
también los factores que directa o indirectamente
estuvieran ligados a la economía de los asociados. La
realidad después se encargó de ir mucho más allá, como
podemos ver ahora, cuando llega la hora de los
lamentos. 
He aquí alguna de las razones, aparte de muchas otras,
por las cuales el Gobierno Justicialista de la
República Argentina no se adhirió al Fondo Monetario
Internacional. Para nosotros, el valor de nuestra
moneda lo fijábamos en el país, como también, nosotros
establecíamos los cambios de acuerdo con nuestras
necesidades y conveniencias. Para el intercambio
internacional recurrimos al truque y así nuestra
moneda real fueron nuestras mercaderías. Ante el
falseo permanente de la realidad monetaria
internacional y las maniobras de todo tipo a que se
prestaba el insidioso sistema creado, no había más
recurso que hacerlo así o dejarse robar impunemente. 
Ha pasado el tiempo, y en casi todos los países
adheridos al famoso Fondo Monetario Internacional se
sufren las consecuencias y se comienzan a escuchar las
lamentaciones. Este fondo, creado según decían para
estabilizar 
y consolidar las monedas del "Mundo libre", no ha
hecho sino envilecerlas en la mayor medida. 
Mientras tanto, los Estados Unidos se encargaban, a
través de sus empresas y capitales, de apropiarse de
las fuentes de riqueza en todos los países donde los
tontos o los cipayos le daban lugar, merced a su dólar
ficticiamente valorizado con referencia a las
envilecidas monedas de los demás. 



Juan Domingo Perón


	

	
		
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