[R-P] ¿Conservadores? Conservadores eran los de antes
Dr. Rodolfo E. Parbst
drparbst en ciudad.com.ar
Mie Nov 3 12:52:50 MST 2004
Entrevista a Vicente Solano Lima; Revista Cuestionario, mayo de 1974.
Es un raro ejemplar político. Conservador, fue un decidido adversario de
Perón en otros tiempos. Pero, poco a poco, fue distanciándose de sus
correligionarios y, sobre todo a la caída del peronismo, se mostró favorable
a una política de unión nacional. Fundó el conservadorismo popular y,
pasando por alto la aparente contradicción que significa ligar al pueblo con
la conservación de un sistema que no lo favorece, Vicente Solano Lima se
convirtió en figura prominente de un frente inorgánico que se designaba con
expresiones tan difusas como "movimiento nacional". Candidato a presidente
en 1963 por el Frente Nacional y Popular, que incluía al peronismo, Solano
Lima ( "el presidente que hace falta en la Argentina", según rezaba la
propaganda), fue de hecho proscripto por el régimen de Guido, que opuso
múltiples trabas a la fórmula que él integraba junto con Carlos Sylvestre
Begnis. Su carrera política parecía terminada cuando Perón lo eligió para
secundar a Cámpora. Vicepresidente hasta que le pidieron la renuncia, no
sufrió, tras la caída, ninguno de los ataques que debió soportar el resto
del gobierno camporista. Seguía contando con la confianza de Perón, quien lo
designó Secretario General de su presidencia, y - a la vez- conservó la
condición de ser una de las pocas figuras confiables para la juventud. Por
eso, sin duda, terminaron confiándole la problemática Universidad de Buenos
Aires. ¿Qué piensa hacer con ella? Es lo que procuró indagar Francisco
Ferrara:
CUESTIONARIO: _ ¿Qué tipo de Universidad es la que se proyecta?
LIMA: _ Una universidad democrática para el pueblo, con un alto nivel
intelectual.
_ ¿Está ese proyecto universitario integrado al otro, más amplio, que es el
nacional?
_ Desde luego. Todo constituye una concatenación, y este proyecto es el
afianzamiento de los nexos entre la Universidad y el Estado, y una
identificación perfecta entre la conciencia universitaria y el país.
_ ¿Eso no lleva a propiciar una Universidad de masas, integrada a la
producción, interrelacionada con las fábricas?
_ Claro, cuando nosotros hablamos de identificación con el país, queremos
significar eso mismo, es decir, poner en comunicación a la Universidad y sus
actividades con la producción nacional. Y que además desde la Universidad se
preste auxilio y consejo, mediante estudios, a los gobiernos de la Nación y
las provincias, a los efectos de una mejor realización de la obra que está a
su cargo.
_ La Universidad del pueblo exige, aparte de esta gratuidad formal que hoy
existe, el allanamiento de los accesos a la misma y la gratuidad efectiva.
Por ahora, sólo son gratis las clases. En cambio, textos, instrumental,
suponen fuertes inversiones.
¿Habrá subsidios? ¿Se podrá transformar a Eudeba en una Editorial para los
universitarios? ¿Se podrían levantar, con el trabajo de los propios
estudiantes, laboratorios y fábricas de materiales?. ¿Habrá, en una palabra,
una política tendiente a que las puertas de la Universidad estén realmente
abiertas al pueblo?
_ Ese es el propósito. Se trata de una empresa de gran aliento porque la
Universidad ha estado reducida a ser una isla, completamente independiente
de los latidos de la vida nacional. Se trata, ahora, de hacer un ensamble
perfecto. Los estudiantes prestarán una valiosa colaboración en ese sentido
y el espíritu de la Universidad tenderá hacia ese logro. Nosotros pensamos
que EUDEBA - que se mantendrá como empresa de la Universidad - deberá ser
reorganizada y secundada en su esfuerzo para cumplir su cometido. Lo mismo
los estudiantes, puesto a su tarea sin eludir ninguna responsabilidad,
formarán los grupos que edificarán laboratorios, prepararán salas de
investigación, montarán aparatos de estudio. Es decir, el trabajo proficuo
que debe mediar en la Universidad para que esta produzca sus frutos. No se
trata de expender al interior del país diplomados, se trata de crear hombres
en condiciones de comprender sus responsabilidades en la vida nacional y de
realizar un gran esfuerzo conjunto - comunitario, diríamos - a los efectos
de transformar el país, de agrícola-ganadero en país industrial y con alta
capacidad de investigación.
_ Asegurada esta política que quite a la Universidad la condición de
privilegio económico, ¿No cree usted que deberá elevarse el grado de
exigencia académica y de disciplina, no en el sentido liberal, apolítico,
retardatorio, sino en un sentido revolucionario: disciplina y rigor
científico para formar los técnicos que implementarán la liberación?
_ Desde luego. Ahora, nosotros debemos rehuir el mero cientificismo y
procurar que la ciencia que se desarrolle aquí sea posible como un anticipo
de la praxis, mediante la cual se redundará en un esfuerzo productivo para
el país. Nosotros creemos que los estudiantes deben ser más ayudados
económicamente, por medio de pensiones, becas y aún ayuda económica a sus
hogares. Me alarma el bajo índice de estudiantes hijos de familias obreras.
La gran población de la Universidad se compone de gente venida de clase
media - pequeña y mediana - que es la que ha producido la llamada irrupción
en los claustros. Nosotros tenemos mucho interés en que los obreros se
asocien a la causa de la Universidad y queremos propender a una política de
aproximación de la C.G.T. con la Universidad. Nada nos separa y todo nos une
con ellos. De manera tal que en mis próximas gestiones me voy a ocupar de
buscar en los medios obreros puntos de apoyo para que la Universidad sea
comprendida y se ponga al alcance de los hogares obreros, mediante una
plataforma económica y despertando en los obreros el sentido de la ciencia y
de la técnica.
_ Para que ese propósito sea factible. ¿No cree usted que será necesario
superar algunos antagonismos que, no por falsos han sido menos efectivos,
entre estudiantes y obreros?. Ha habido, en nuestra historia reciente
estribillos antiestudiantiles entre los trabajadores, así como una explícita
desconfianza estudiantil hacia las direcciones sindicales ¿Cómo piensa usted
resolver estas cuestiones?
_ yo creo que esa antinomia ya ha desaparecido, porque el general Perón ha
demostrado que el acceso de las clases obreras a todos los ambientes de la
cultura, de la ciencia, del arte, o de la investigación, ha aniquilado la
idea de clase. Mientras el movimiento obrero se valió de una premisa
clasista, se divorció de los otros sectores del país. Pero destruida la idea
de clase y buscando la creación de la verdadera comunidad organizada, es
evidente que se podrá obtener un acercamiento y una comprensión entre
universitarios y obreros. Pienso, con respecto a esto, que cada vez que los
universitarios tienen una reivindicación de orden popular, siempre piensan
que serán acompañados por los obreros. No hay ningún motivo para que haya
una división, y menos con un pensamiento clasista.
_ Usted ha dicho que se propone incorporar a la Universidad los contenidos
de unidad y concordia nacionales que en el plano político general orientan
la acción del gobierno. ¿De qué modo se traducirán en el desempeño de sus
funciones, en lo específico universitario, esos contenidos?.
_ La Universidad no debe estar en manos de ninguna tendencia filosófica o
doctrina en forma exclusiva. Lo que el presidente de la República desea es
que se repita, en la constelación universitaria, lo que ocurre en el ámbito
político nacional: la aproximación de todos los grupos, la coincidencia de
todos los partidos y de todas las tendencias, así como de todas las
doctrinas y definiciones filosóficas. Desea, además, que la Universidad sea
un reflejo del pensamiento nacional, para que el mundo político, intelectual
y social sea reflejado totalmente en la Universidad como si ésta fuera un
espejo.
_ ¿Qué forma posible de expresión tendrá esa orientación en la distribución
de los decanatos y demás cargos de dirección en las distintas facultades?
_ Mientras los decanatos pudieron ser designados por mí mismo, yo he tratado
de dar representación a otras fuerzas, sobre todo a las que lo solicitaron.
En cierta manera, ello se ha logrado. En cuanto a la política a seguir
dentro de la Universidad, no será una política de partido, sino totalmente
operativa, y en consecuencia los futuros concursos para designar
profesionales serán garantidos y podrán ingresar como tales los hombres de
todas las tendencias políticas conocidas. Además, no habrá en ese sentido
ningún prejuicio de ningún orden. En consecuencia, lo que la Universidad
necesita - que es establecer esa pluralidad de opiniones de que hablo - lo
pondrá en práctica con concursos que sean realmente garantía de evaluación
de la capacidad de los postulantes. Si nosotros logramos no proyectar
ninguna sombra política sobre los concursos, la Universidad tendrá una
representación de lo que es el país entero desde el punto de vista
intelectual.
_ Precisamente, las alternativas en torno a la designación de decanos, en
ciencias exactas (Dussel versus Sadosky) y arquitectura (notorias
dificultades para asumir su cargo por parte del arquitecto Ibarlucía) hacen
presuponer la existencia de agudas luchas de tendencias, apuntadas a la
obtención del control de puntos clave. ¿Pondrá esto en peligro la enunciada
política de unidad y concordia?
_ Yo creo que no, de ninguna manera. El caso del doctor Sadosky por ejemplo,
una autoridad de gran prestigio científico, se debió al exceso de
sensibilidad de él mismo, quien quiso contar con el consenso de la casi
unanimidad de los estudiantes. Pero me consta que los estudiantes que
propiciaban al decano Dussel respetaban y respetan al doctor Sadosky como
uno de los grandes profesores de la Universidad, y están dispuestos a
recibirlo como maestro , como ya lo hicieran durante tantos años.
En cuanto al arquitecto Ibarlucía, fue una cuestión de comprensión recíproca
y de cambio de ideas, que culminó en un acuerdo. Yo he pensado siempre que,
en el caso de los decanos que aseguraban el orden en sus facultades, que
tenían el consenso general de los estudiantes y que no eran impugnados por
sus colegas profesores, era mejor continuar con ellos y no alterar las
situaciones creando nuevos problemas.
_ La composición del Consejo Asesor del Rectorado presenta algunas
particularidades, como, por ejemplo, la presencia del ingeniero Martínez,
desplazado de la dirección de la Facultad de Ingeniería, y la inclusión de
ex rectores como el doctor Olivera y el ingeniero Fernández Long. ¿Qué papel
jugará ese consejo en la reorganización universitaria?
_ Es un consejo de asesoramiento, del cual yo pienso valerme para las
cuestiones fundamentales de la reforma universitaria de que se trata. Yo
aprovecharé su experiencia y su dominio del problema universitario para ser
aconsejado.
_ ¿Cuál será la representación estudiantil y no docente en ese consejo?
_ Todavía no está determinada, ya que el Consejo está en plena formación.
Pero dada la calidad de la tarea que tendrán estos consejeros, estimo que no
es indispensable la representación de los estudiantes, que por otra parte
pueden llegar al rectorado cuando lo deseen y exponer aquí sus puntos de
vista con toda amplitud.
_ ¿Cómo piensa encarar usted la contradicción producida por un estudiantado
notoriamente politizado y la prohibición que el capítulo quinto de la ley
universitaria establece para las actividades políticas en las casas de
estudio?
_ Yo creo que ese artículo se refiere a las actividades de tipo proselitista
a favor de tal o cual partido - que es lo que se prohibe - pero no alcanza
el proselitismo de las corrientes de ideas, que en la Universidad poseen una
libre expresión. Yo tengo una tendencia a interpretar ese artículo con una
intención muy amplia, de manera de llegar a la conclusión de que está
permitido, dentro de la Universidad, discutir los grandes problemas
nacionales. Si hay estudiantes conservadores, radicales, peronistas o
socialistas, ellos podrán sostener los puntos de vista de sus partidos con
respecto a problemas fundamentales del país, ya sean económicos o sociales.
Un problema de soberanía, por ejemplo, puede ser discutido dentro de la
Universidad y es también una cuestión política.
_ Al parecer, las tendencias estudiantiles se aprestan a dar batalla sobre
dos cuestiones particularmente explosivas del ámbito universitario: la
democracia interna y la escasez presupuestaria, incrementada esta última por
el reciente ingreso de 70.000 nuevos alumnos. ¿Qué respuestas tendrá usted
ante estos reclamos?
_ Con respecto a la cuestión presupuestaria, yo acompaño, en grado máximo,
la aspiración de los universitarios - profesores y alumnos - en el sentido
de asegurar una estabilidad económica para la Universidad que no impida su
desarrollo ni el cumplimiento de sus grandes fines nacionales. La irrupción
masiva de contingencias estudiantiles en todas las facultades, debe ser
correspondida por el Estado adecuando los locales, el número de profesores,
el equipamiento, a las nuevas necesidades de la Universidad. Ese problema
debe ser resuelto por el Estado con urgencia.
En cuanto a la participación estudiantil dentro de la vida universitaria,
creo que no puede motivar ninguna inquietud porque la ley asegura el sistema
democrático. Se ha impuesto, por ella el sufragio obligatorio y universal de
los estudiantes. Además, se va a dictar una reglamentación para el encuadre
de todos los grupos organizados dentro de la Universidad , no sólo de
profesores sino también de alumnos. De manera que la representatividad
estudiantil quedará así asegurada, y el libre juego de las ideas, la
posibilidad de debatir asuntos, no solamente científicos, sino de interés
nacional, determina que haya un amplio espíritu de democracia universitaria.
_ Consultados algunos nucleamientos estudiantiles acerca de esta medida que
usted menciona, expresaron preocupación por los alcances de tal
reglamentación de las organizaciones, los que podrían implicar un tipo de
control o fiscalización interna. ¿Usted justifica estas inquietudes?
_ De ninguna manera. La organización que se autorizará es simplemente para
que la Universidad tenga la garantía de la representatividad de los grupos,
pero en otros aspectos no habrá ninguna intervención por parte de la
Universidad, la cual será respetuosa de la voluntad de cada uno de los
grupos.
_ Resumiendo: ¿Cree usted que la actual Ley Universitaria facilita o traba
el desempeño de sus funciones como rector de la casa de estudios más grande
y conflictuada del país?
_ Bueno, yo no me rijo precisamente por la ley, sino por el nombramiento
condicionado a que yo ejerza las funciones del Consejo Superior y los
decanos ejerzan las funciones de los Consejos Académicos. Es un régimen de
transición, que no es propiamente el régimen legal, aunque yo tiendo a hacer
prevalecer el espíritu de la ley en las organizaciones provisorias que vamos
creando. Creo que cuando estén funcionando todos los cuerpos universitarios,
de acuerdo con la ley, es decir, la Asamblea Universitaria, el Consejo
Superior, el Rectorado, los Decanatos y los Consejos Académicos, un juego
armónico de facultad y atribuciones dará gran sentido a las reformas
logradas por la ley.
_ ¿Cuál es su pronóstico personal sobre la suerte inmediata de esta
Universidad de Buenos Aires?
_ Yo pienso que si los estudiantes no tienen problemas de orden extra
universitario que los movilicen, y si se contraen al cumplimiento de la ley,
secundando la tarea del rector y de los decanos normalizadores, pueden tener
en un plazo mínimo una gran Universidad, que les servirá para mejorar la
condición de los acuerdos, y sobre todo para obtener, mediante los
concursos, un profesorado de prestigio y de capacidad pedagógica. Yo siempre
digo - se lo he dicho a los profesores - que solamente los docentes que
saben mucho pueden obtener la disciplina en los claustros. El mal profesor
es un germen de desorden.
Revista Cuestionario, mayo de 1974.
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